N/A: Muchas gracias a todos. Sé que suelo actualizar los martes pero mi ordenador se rompió y perdí partes de algunos capítulos. Por suerte no ha sido mucho y sólo llevo un día de retraso XD. En este capítulo no pasan muchas cosas, pero introduzco a tres personajes que van a tener mucha importancia en el fic...

Guest, muchas gracias por el comentario. Todavía no sé si será Mpreg o no... Es algo que pregunté para saber vuestra opinión pero no he decidido todavía... Espero que te guste lo que viene... Besos


CAPÍTULO 3: BLAINE ANDERSON

Kurt llegó a Lima después de su luna de miel, su piel estaba de un tono rosado ya que para él era casi imposible ponerse moreno. Sin embargo, una semana bajo el sol de Hawai había conseguido quemar su piel a pesar de todo el protector y el After Sun que había utilizado durante las vacaciones. Al llegar a su apartamento puso la lavadora y recogió todos los productos que se habían llevado al viaje.

– Me voy. – Adam informó.

– ¿Qué? Acabamos de llegar a casa. – Protestó el castaño.

– He quedado con los chicos para salir un rato. No me esperes a cenar, llegaré tarde.

El rubio le dio un beso a su esposo antes de salir de allí a toda prisa. Hummel se cruzó de brazos enfadado por lo que acababa de pasar. Sin embargo, decidió que no sería un amargado que se quedaría esperando a que su marido llegara de fiesta, por eso metió la ropa a la secadora en cuanto acabó de lavarse y se fue a casa de su padre.

Nada más escuchar que se abría la puerta, Finn dejó la galleta que estaba comiendo para correr a abrazar a su hermano. A sus diez años admiraba y quería al mayor, quería parecerse a él. Siempre habían estado unidos a pesar de no compartir la misma madre. Sin embargo, sí tenían el mismo padre.

– Hola enano. ¿Has crecido otra vez? ¡Dentro de poco no te voy a poder llamar enano! Si sigues creciendo así serás más alto que yo. – Kurt sonrió a su hermano.

– ¿Qué tal el viaje? ¿Ha venido Adam? – El menor preguntó.

– No, Adam no ha venido. Y te traigo un regalo. – El ojiazul levantó una bolsa que llevaba en su mano para entregársela a su hermano que la cogió y sacó un balón de fútbol.

– ¡Gracias! Es genial. – El niño botó la pelota en el suelo. – ¿Vendrás mañana a buscarme al cole? Mamá no puede y está buscando a alguien, pero tú me puedes ir a buscar, ¿Verdad?

– Claro que sí.

– Tendrás que hablar con la señora Puckerman y la señora Anderson. Vamos a hacer una fiesta en casa el viernes por mi cumpleaños y vamos a invitarlos a dormir. Se lo íbamos a decir mañana. ¿Se lo dirás tú?

– Seguro que las convenzo, nadie puede resistirse a mis encantos.

– ¡Kurt! – Una mujer exclamó mientras bajaba unas escaleras.

– Carole. – El castaño sonrió hacia su madrastra. La mujer se casó con su padre hacía doce años. Para él era casi como una madre ya que la suya murió cuando él tenía cinco años.

– ¿Qué tal la luna de miel? – La señora Hummel cuestionó.

– Bien, hemos tomado el sol, practicado deportes acuáticos... Lo habitual.

La madrastra lo miró extrañada. Lo habitual en una luna de miel no era eso, lo que solía hacerse era algo más romántico, cenas a la luz de la luna, paseos, flores... O cosas más sexuales. Sin embargo, eso no le extrañaba. Adam era diferente, nada detallista, aburrido y descuidaba a su hijo. Le habría encantado que no se casaran pero conocía al joven lo suficiente como para saber que nada le haría cambiar de opinión.

Después de una agradable charla con su madrastra, Kurt se fue a casa de Sebastian. Rachel estaba en Nueva York y él pasaría la noche con su mejor amigo. Irían a cenar y luego harían algo, si Adam llegaría tarde, el castaño planeaba llegar aun más tarde.

– Hola princesa. – Smythe saludó.

– Hola suricato. – Hummel le devolvió el piropo.

– ¿Qué tal la luna de miel?

– Bien, ha sido genial. El hotel era lujoso, había muchas cosas para hacer.

– Porcelana, tú sabes que una luna de miel no es para salir de excursión. Había pensado que después de los problemas que tuviste en la noche de bodas... ¿Os habéis reconciliado?

– No discutimos.

– Pero le has sido infiel, dos veces.

– Me siento mal por eso. Ha sido un grave error, no lo voy a volver a hacer. Prométeme que no se lo dirás a Adam.

– Te lo prometo pero... Kurt, tienes que pensar que tal vez sea un error estar con él. Aun no es tarde, existe una cosa que se llama divorcio.

Kurt dejó a su ayudante en la tienda. Ella se encargaría de cerrar mientras él iba a buscar a su hermano a la salida del colegio. Realmente había contratado a Victoria para que se encargara de la tienda cuando su madrastra trabajara por las tardes, cosa que se había vuelto algo habitual. Prefería ser él quien cuidase a Finn y que otra persona se ocupara de su negocio que no al revés.

Llegó al colegio y se encontró con la señora Puckerman, madre de Noah, el mejor amigo de su hermano.

– Buenas tardes. – Saludó el joven.

– Hola, Kurt. ¿Qué tal la boda y la luna de miel? – Quiso saber la mujer.

– Muy bien, todo fue perfecto.

– Me alegra mucho. Y has vuelto para el cumpleaños de Finn. ¡Once años ya! Hay que ver como crecen.

– Ni que lo digas, cada vez me queda menos para los veintitrés. – El ojiazul bromeó.

– Pero si todavía eres muy joven. Ya verás cuando llegues a mi edad.

– Ojalá me conserve tan bien como tú.

– Eres todo un galán. – La mayor no pudo evitar sonrojarse.

– ¡Casi me olvido! Finn quiere hacer una pequeña fiesta con Noah y... ¿Cooper?

– Sí, Cooper. Es un chico nuevo que lleva con ellos desde principio de curso. Al parecer iba a otro colegio pero tuvo problemas de bullying. No entiendo por qué, es un niño normal. Se lleva muy bien con Finn y Noah.

– ¿Sabes quién es su madre? Tengo que pediros permiso para algo. – Hummel miró a su alrededor como si esperase que la madre de ese niño llevara un cartel indicando que era ella a la que buscaba.

– No sé quién es su madre. Siempre lo viene a buscar un chico por las tardes. Ahora que lo dices, por las mañanas lo trae otro chico. No he conocido a sus padres... Y los chicos no hablan mucho con los demás, sólo traen y dejan al niño... Es igual, allí está a quién buscas.

La mayor señaló hacia un chico moreno, no muy alto que llevaba un abrigo azul marino y unos pantalones marrones. Al darse la vuelta, el castaño se quedó sin respiración. No podía ser, definitivamente no podía ser...

– ¡Kurt! – Finn salió del colegio y corrió hacia su hermano. – ¿Has hablado ya con la señora Puckerman? ¿Y con la señora Anderson?

– Hola enano, yo también me alegro de verte. No, todavía no. Vamos a buscar a Cooper. – El ojiazul dijo al ver como Noah entregaba su mochila a su madre. Los cuatro caminaron hacia el lugar donde el amigo de los menores estaba saludando con un choque de puños al joven que lo había ido a buscar.

– ¡Cooper! – Noah decidió gritar para evitar que se fueran. El aludido se volvió y sonrió hacia sus amigos mientras su hermano miraba a Kurt con una expresión asustada.

– Así que tú eres el famoso Cooper, Finn me ha hablado mucho de ti. – El mayor de los hermanos Hummel saludó antes de volverse hacia el otro y fingir que no lo conocía. – ¿Y tú eres...?

– Blaine Anderson. – El moreno respondió. – El hermano de Cooper.

– Yo soy Kurt Hummel y ella es Rose Puckerman. Finn, Cooper y Noah. ¿Por qué no vais un rato a jugar mientras los adultos hablamos? – El ojiazul pidió y los niños no se lo pensaron dos veces, el más alto de los tres dejó la mochila mientras se iba corriendo, seguido muy de cerca por Noah. El tercer niño le dio a su hermano sus cosas antes de seguirlos.

– ¿De qué quieres hablar con nosotros? – La señora Puckerman quiso saber.

– El viernes es el cumpleaños de Finn. No quiere una fiesta como las que ha tenido hasta ahora porque dice que ya es grande para eso. – Kurt sonrió negando con la cabeza. – Después de mucho hablarlo con mis padres, hemos decidido que tal vez sea una buena ocasión para su primera... "fiesta de pijamas para chicos" – El castaño hizo un gesto de comillas. – Mis padres y yo estaremos en casa vigilándolos, simplemente les pondremos películas, pero siempre aprobadas por nosotros, nada para lo que sean demasiado jóvenes, cenarán pizzas, jugarán con la consola y luego dormirán. Evidentemente necesitamos vuestro permiso para eso.

– Me parece una gran idea, Kurt. Supongo que el viernes te los llevarás tú después del colegio. – La mujer estuvo de acuerdo.

– La idea es esa, tendríais que traer una bolsa con sus cosas, ya sabéis, pijamas, cepillo de dientes... Incluso se la podríais dar a mi padre cuando venga por la mañana a traer a Finn y así no sería necesario que vinierais por la tarde. – Hummel propuso.

– Tienes mi permiso para llevarte a Noah.

– Supongo que tú deberás hablar con tus padres. – El ojiazul miró al otro joven.

– No tengo que hablar con nadie. Soy yo el que toma las decisiones sobre la educación de Cooper. No estoy seguro de que sea buena idea. – El moreno respondió muy serio.

– ¿Qué problema tienes? Mis padres y yo los cuidaremos bien, se lo pasarán genial... – Hummel intentó convencerlo.

– ¿Eres consciente de que me estás pidiendo que deje a mi hermano en casa de un desconocido? – El ojimiel lo miró con desconfianza.

– Te estoy pidiendo que dejes a Cooper en casa de su amigo. Te daré el número de teléfono de mi casa, el mío, el de mi marido y el de mis padres. Te daré la dirección de mi casa, la de mis padres, de mi tienda y del taller... ¡Todo lo que necesites! Sólo di que sí, por favor.

– ¿Se lo has pedido ya? – Finn interrumpió la conversación y todos miraron a los tres niños.

– Noah vendrá seguro. Sólo falta que le den permiso a Cooper. – Kurt miró a Blaine.

– Coop, ¿qué opinas? ¿Quieres pasar la noche en casa de la familia Hummel? – El ojimiel quiso saber.

Todos presenciaron un cruce de miradas entre los dos hermanos. Estaban teniendo una conversación entre ellos sin palabras, algo que nadie más entendía. El menor bajó la mirada sonrojado.

– Sí, quiero ir. – El niño de ojos azules susurró.

– En ese caso, no tengo ninguna objeción, supongo. – Los niños gritaron felices. – El viernes por la mañana va a ser difícil que te de las cosas de Cooper. Yo no lo traigo y dudo que Sam sepa quién es tu padre. Vendré el viernes por la tarde a dártelas y quiero que tengas preparados todos los números y direcciones que me has prometido.

– Las tendré.