Hola!
Estoy de vuelta y lo primero que quiero hacer es pediros mil perdones por no dar señales de vida en estas semanas. Tuve un viaje inesperado por la operación de un familiar y no pude llevarme el ordenador ni pensar mucho en el fic. Ahora ya está todo en orden, ya estoy de vuelta en casa dispuesta a seguir con el fic con la regularidad de antes.
Espero que me entendáis y perdonéis, no era mi intención dejar esto tanto tiempo.
Muchísimas gracias por todas las reviews que vais dejando, sabéis que es lo que ayuda a seguir escribiendo, conocer lo que pensáis de la historia, si va por buen camino o no. Espero seguir leyendo vuestras opiniones.
Un saludo y de nuevo perdón.
CAPÍTULO 6
Desayuno
Había llegado el día de poner en práctica esa nueva oportunidad. Las chicas no tuvieron más problemas una vez hablaron del asunto, por lo que esos días en el set habían vuelto las bromas y el seguir pasando tiempo juntas. Era agradable para ambas ver cómo podían solucionar las cosas sin que pasara más tiempo del debido, aunque Rachel sabía que era gracias a Quinn, que fue la única que decidió tragarse el orgullo y dar el primer paso a pesar de no tener por qué hacerlo.
A las diez de la mañana, la morena iba saliendo de su casa para encontrarse con Quinn, que la esperaba fuera de ella. El día anterior Quinn le dijo la hora a la que tenía que estar lista y que llevara ropa cómoda, gorra y gafas de sol para poder ir más tranquilas por la calle, por lo que decidió ponerse unos vaqueros y una camiseta.
Rachel no tardó en visualizar a la rubia apoyada en el coche como se estaba volviendo costumbre. Al igual que ella, llevaba unos vaqueros, pero en vez de una camiseta, Quinn se había puesto una sudadera y ya tenía las gafas y la gorra en su estilismo. No podía negarlo, Quinn estaba guapa con cualquier cosa, algo que seguía impresionando a la morena, la cual no pudo evitar sonreír al ver la boca de la rubia ligeramente abierta al verla. Parecía que ella también pensaba igual sobre ella.
-Cierra la boca, rubia, que se te cae la baba. – bromeó al llegar a su altura, viendo como la otra le hacía caso de inmediato, dándose cuenta de que había sido descubierta.
-Estás muy guapa…
-Son unos simples vaqueros… Creo que he estado mejor de lo que estoy hoy…
-Pues yo creo que estás guapísima. – dijo guiñándole un ojo mientras se acercaba a dejar un beso en su mejilla, riendo al ver como se sonrojaba la morena. – Oye, ¿Dónde están la gorra y las gafas? No quiero que nos vayan parando cada dos minutos.
-A mí no me paran.
-Sí que lo hacen y lo sabes. Cada vez te reconocen más, así que entra a por lo que te dije. – le ordenó.
-Lo tengo aquí. – dijo abriendo el bolso, sacando su gorra para ponérsela en ese momento, haciendo que la rubia se mordiera el labio inferior al verla con ella puesta. Aquella imagen de la morena le parecía adorable.
-Rachel…
-¿Qué?
-¿No había otra gorra que no fuesen las iniciales de Nueva York? Estamos en Los Angeles…
-Si tengo otra gorra, pero yo estoy orgullosa de haber vivido allí, de algún modo es mi casa…
-Vas provocando, nos van a pegar. – dijo divertida.
-Bueno, para eso estás tú, se de primera mano que tus bofetadas son matadoras. – dijo riéndose.
-Estoy desentrenada, llevo años sin dar una. – dijo mirándose la mano antes de entrar al coche.
-¿Santana tuvo el honor de recibir la última?
-No, fue un productor.
-¿En serio? – preguntó alucinada, viendo como la rubia ponía el coche en marcha.
-Si… Digamos que se propasó… Me insinuó que hiciéramos algo que yo no estaba dispuesta para darme el papel de una película, pero en vez de llevarme a la cama se llevó una torta. – explicó sonriendo orgullosa.
-¿Y el que hizo?
-Me dijo que con esa actitud no iba a llegar a ningún sitio, que si quería triunfar acabaría aceptando eso antes o después. Parece que se equivocó…
-Afortunadamente…
-Si… Cuando me fui buscaba eso, ser capaz de hacerme valer… Estoy segura de que si me hubiera encontrado a ese hombre un tiempo antes, hubiera cometido una locura más…
-Entonces creo la espera ha merecido la pena, el no verte en todo este tiempo… - dijo sonriéndole dulcemente, contagiando a la rubia que sonreía de igual manera mientras conducía atenta al tráfico.
-¿Dónde me llevas que no me has dejado ni desayunar? – preguntó después de unos minutos de silencio.
-Ya estamos llegando. Te dije que te iba a enseñar lo mejor de Los Angeles, así que para empezar, vamos a ir a desayunar a la cafetería donde mejor te van a atender, no vas a encontrar nada igual.
-Te veo muy segura…
-Es la cafetería donde trabajé al llegar. – dijo saliendo del coche, después de aparcar en la entrada de la cafetería.
Rachel no dijo nada, solo observó el lugar. Parecía agradable el sitio. Solo había un par de mesas ocupadas, pero Quinn se dirigió directamente a la barra, sonriendo mientras se desprendía de la gorra y las gafas ante la imagen de una mujer que se encontraba haciendo un café de espaldas a ella.
-Deberías tomarte unas vacaciones, trabajas demasiado y te estás haciendo mayor. – dijo la rubia burlona, viendo como la mujer se giraba y reía por la broma.
-¿A quién llamas mayor? Estoy en plena forma, además, ¿Quién se va a hacer cargo de esto, tu?
-No me importaría. – dijo abrazando a la mujer que había salido de detrás de la barra para saludarla. – Hoy he traído a alguien…
-Veo que no es Brody. – dijo haciendo reír a las dos chicas. – Él ya me ha presentado a su novia, ¿es eso, es tu novia? ¿O por fin me traes a una estrella de Hollywood aquí?
-Es Rachel Berry, una amiga. Rachel, ella es Lindsey. – dijo haciendo las presentaciones. - No es mi novia y en cuanto a lo de estrella de Hollywood, lo es en Broadway y en unos meses, lo será aquí.
-Oh, ya sé quién eres… - dijo acercándose a ella. – Estás rodando con Quinn ¿verdad?
-Si… - contestó la morena sonriéndole, devolviendo el cálido abrazo que la mujer de unos cuarenta años de edad le daba.
-Pues estás en tu casa, serás bienvenida siempre que quieras. Quinn no suele traer amigos, de hecho, el único amigo que conozco es Brody y porque se encontraron aquí… - le reprochó a la rubia, que ponía los ojos en blanco. – Sentaos, voy a haceros un desayuno rico, rico. ¿Tú tomas café, Rachel o te pongo un batido de chocolate como a Quinn?
-Eh, yo prefiero un café… - dijo mirando a la rubia, intentando aguantar la risa al ver que la otra miraba a otro sitio haciéndose la desentendida por lo del batido. – Wow, Quinn, un batido de chocolate…que mayor. – le susurró una vez que Lindsey se volvía a perder detrás de la barra.
-Cállate, Berry. – dijo mirándola de reojo mientras tomaba asiento en un taburete en la barra. – Me gustan los batidos, ¿Qué pasa?
-Nada, están riquísimos. – dijo riendo suavemente por la actitud de la rubia. La morena observó unos segundos los movimientos de Lindsey, hasta que Quinn habló, consiguiendo captar su total atención.
-Lindsey es como una madre para mi aquí… Ella y Brody son lo más cercano a una familia que tengo. Cuando entré por primera vez aquí, estaba desesperada… A penas me quedaba dinero para un par de semanas, vivía en un apartamento que daba miedo y estaba muy lejos de mis objetivos. Supongo que le di lástima, porque aunque no necesitaba camarero me contrató. – le iba explicando con una sonrisa melancólica.
-¿Por qué no le pediste ayuda a tu madre?
-Ya te lo dije, no quería su ayuda, ni de ella ni de nadie de mi familia. – dijo cortante, desviando la mirada, haciendo saber a Rachel que no era un tema agradable para ella. La morena asintió, aceptando el silencio, sabiendo que cuando Quinn creyera conveniente le contaría que le pasaba con su familia. - En cierto modo, le debo todo lo que soy ahora a Lindsey… - siguió hablando después de un momento de silencio. - Me ayudó todo lo que pudo para que consiguiera ser actriz. Me facilitaba los turnos para que pudiera ir a castings y si me desanimaba, me daba un abrazo, me levantaba la barbilla y me decía "No te eches atrás por unos cuantos que no saben apreciar tu talento, cuando menos lo esperes, alguien llegará y lo sabrá ver y ese día, seré feliz de que mi niña de Lima triunfe, porque cuando te conozcan, no te dejarán escapar." Y tuvo razón… - decía con media sonrisa. - Me hizo sentir parte de su familia y a Brody igual, nos tendió la mano cuando éramos unos críos sin rumbo y ahora todo sigue igual con ella. Es agradable venir y que te traten como a una persona y no como a una estrella, tener a alguien que te mantenga sujeta en tierra. Por eso venimos todas las semanas Brody y yo.
-Vaya… Me ha parecido que era alguien especial, pero ahora no tengo dudas. Tienes suerte, no hay muchas personas como Lindsey en el mundo.
-Lo sé. – dijo sonriendo con total agradecimiento a la mujer, que en ese momento ponía el desayuno delante de ellas. – Gracias. – dijo guiñándole un ojo.
-¿Por qué no has traído a ningún amigo aquí para que la conozcan? – preguntó una vez que la mujer siguió con su trabajo.
-He traído a Brody.
-Él no cuenta, os encontrasteis aquí y conoce a Lindsey igual que tú. Me refiero a tus amigos.
-Porque son mis amigos, pero son para pasarlo bien, para salir de fiesta o divertirme pasando un día agradable en cualquier sitio. Ellos no estarían cerca de mí si no fuera famosa y no quiero decir que sean malas personas, sino que viven en un mundo y piensan distinto a mí. Yo me lo paso bien con ellos, pero a la hora de los temas serios, no acudo a ellos, no les dejo entrar del todo en mi vida, no sé si me entiendes… - dijo mirando a la morena, que después de unos segundos analizando la explicación asintió. – Y lo mismo con mis parejas… No quiero a alguien a mi lado que piense que soy perfecta, solo quiero a alguien que conozca mis defectos y los acepte. Mis novias se enamoraron de la actriz, se dejaron deslumbrar por los focos que hay a nuestro alrededor, y cuando conocieron a la persona que hay detrás de la fama se cansaron. Supongo que no soy una persona fácil. Mis amigos de verdad, los que saben absolutamente todo de mí y en los que confío plenamente, los puedo contar con los dedos de una mano…
-¿Quiénes son? Uno es Brody ¿Y los demás? – preguntó sin acabar de creerse que alguien se cansara de Quinn, que no viera lo maravillosa que era, que al empezar a conocer a la verdadera rubia la dejaran. A ella le pasaba todo lo contrario, cada cosa nueva que iba descubriendo de Quinn la asombraba más, provocando una tremenda admiración por la chica que tenía delante.
-Pues…tu… - dijo sorprendiendo a Rachel. – Por eso no entiendo que creas que te ofrezco mi amistad por pena… Me cuesta muchísimo confiar en la gente Rachel, pero por alguna razón, siempre he tenido facilidad para confiar en ti… No sé si me equivocaré… Espero que no, que no me falles… - dijo mostrando un momento de fragilidad.
-No lo haré. – dijo seria. – Agradezco que te abras a mí, que me des la oportunidad de conocerte de verdad, sin barreras… Sé que te cuesta, por eso lo valoro y confío en ti de igual forma…
-¿Qué tal el desayuno, chicas? – preguntó Lindsey, sentándose al lado de las chicas, interrumpiendo el cruce de miradas que mantenían en ese momento.
-Muy rico, creo que voy a empezar a venir a menudo. – dijo la morena apartando la mirada de Quinn con una sonrisa.
-Ya sabes que eres más que bienvenida. – dijo desviando la mirada a la puerta por donde entraba un hombre. – Parece que no me van a dejar parar hoy…
-Quédate aquí, lo atiendo yo. – dijo levantándose y metiéndose detrás de la barra.
-Siempre hace lo mismo, hasta que no atiende a dos o tres personas no se va tranquila… - dijo negando con la cabeza.
-Buenos días. – saludó amablemente al cliente la rubia.
-Buenos dí-as… ¿Eres Quinn Fabray? – preguntó el hombre al levantar la vista y verla.
-No, no lo soy, pero debo parecerme a ella porque no es el primero que me lo dice… - mintió, aguantando la risa al igual que Rachel. – Pero la morena que está ahí sí que es la actriz famosa, Rachel Berry.
-Oh, es verdad. – dijo el hombre mirando en la dirección que le indicaba Quinn.
-¿Qué le parece si le pongo un café con un autógrafo dedicado de la señorita?
-¿Me harías el favor de pedírselo? – preguntó entusiasmado.
-Claro, ahora mismo, es bastante simpática para ser actriz… - dijo haciendo que tanto Lindsey como Rachel negaran con la cabeza mientras reían suavemente. - ¿Cómo se llama?
-Gary.
-Muy bien, Gary, ahora le traigo su café y su autógrafo.
-Gracias. – dijo viendo como Quinn se acercaba sonriente a la morena.
-Pobre hombre… Si supiera con quien está hablando en realidad… - dijo Rachel cuando Quinn le pasó un papel y un boli.
-Gary se ha quedado contentísimo de conseguir el autógrafo de la nueva estrella, otro día le daré el mio y me sacaré una foto con él para recompensar. – dijo guiñándole un ojo y dándose la vuelta para preparar el pedido del hombre una vez que la morena terminó ese autógrafo.
-No tiene remedio… - dijo Lindsey, sacando de su ensimismamiento a Rachel, que se había quedado mirando los pasos de la rubia. La morena sonrió, fijando su vista en la mujer. - La adoro… Es encantadora y tiene un corazón de oro. Cada vez que viene intenta ayudarme a atender sin importarle que ahora sea una estrella y no tenga por qué hacer esto. No me gusta que lo haga, pero es demasiado testaruda. – dijo sacando una sonrisa en Rachel. – ¿Sabes? Es la persona más generosa que conozco… Yo… tengo dos hijas y una de ellas ya está en la universidad. Con la cafetería podemos vivir bien, pero costear una carrera hubiera sido muy difícil para mí… Mi marido murió poco antes de conocer a Quinn y mi vida dio un giro bastante brusco… Pero esa rubia ha sido un ángel caído del cielo… Aunque ella no lo sepa me ha ayudado enormemente desde que entró por esa puerta toda desprotegida del mundo y ahora con la fama, no sabe que darme a mí y a mi familia… Me he negado a todo, pero Quinn me ayudó económicamente para reformar la cafetería y encima le está pagando la carrera a mí Jess… Le debo mucho…
-Ella opina lo mismo de usted… Me ha contado cosas y le ayudó muchísimo. Me volví a encontrar con Quinn hace unos meses y a veces todavía me cuesta creer que sea la misma chica que conocía. Ella solía ser más… egoísta… - dijo casi susurrando, asegurándose que Quinn seguía ocupada, haciendo que la mujer sonriera al escucharla.
-Lo sé. Quinn llegó aquí siendo totalmente hermética con su vida pasada, hasta que poco a poco empezó a confiar en mí, a contarme cosas de su vida en Lima o en Yale. No paraba de hablar de una tal Rachel Berry… - dijo para sorpresa de la morena. – Siempre te tenía presente, nombrándote cada vez que tenía ocasión, asegurándome que aquella chica había nacido para triunfar en la vida… Y entonces me confesó que estaba enamorada de ti, al igual que Brody, pero que ella se comportó bastante mal contigo durante una época. Que quede entre nosotras, pero a Quinn le costó horrores superarte, lo que Brody consiguió en meses, a ella le tomó años a pesar de que me jurara y perjurara que eras pasado. – susurró dejando petrificada a Rachel, que no sabía que aquel enamoramiento por ella hubiera sido tan fuerte. - Me contó sobre su mal carácter, su soberbia y lo egocéntrica que podía ser, aunque ya había podido observar algo de lo que me contaba… - dijo sonriendo. – Pero Quinn quería cambiar y lo consiguió… En realidad, su cambio es simple, ha dejado salir a la verdadera Quinn, ha dejado de refugiarse en un caparazón y detrás de una capa de hielo. La que ves ahí, es lo que hay, una chica sencilla con un pasado complicado y con unas ganas tremendas de ser y hacer feliz, pero con la misma esencia de siempre.
Rachel no habría descrito mejor a la rubia. Aquella mujer le abrió los ojos a una Quinn nueva, fresca y que cada vez más, llamaba poderosamente su atención, sus ganas de seguir descubriéndola, sabiendo que lo que había dentro le atraía bastante, demasiado diría.
-Trátala bien… - volvió a hablar, sacándola de sus pensamientos. – Cuida la amistad que te está ofreciendo, porque no suele dársela a cualquiera…
-Lo intento, créeme, cada día me doy más cuenta de la oportunidad que me está dando de entrar en su vida… Ni siquiera cuando nuestra amistad se hizo más fuerte en el instituto me dejó conocerla bien. Ahora lo está haciendo y pienso aprovecharlo.
-Entonces bien…
-¿Has terminado de desayunar? Tengo que seguir enseñándote Los Angeles y aquí dentro todo el día no podré hacerlo. – dijo una recién llegada Quinn, ignorante de lo que se había hablado en su ausencia.
-Sí, ya estoy lista para conocer todo lo que quieras enseñarme. – respondió Rachel, consciente de que aquella frase significaba más para ella que para la rubia, ya que estaba dispuesta a profundizar en esa amistad, dispuesta a conocer cada recoveco de la intrigante mente y arrolladora personalidad de Quinn Fabray, pero no la estrella de Hollywood, sino su amiga, de la chica que salió de Lima con una carga de pasado sobre sus hombros demasiado pesada para una simple adolescente. Si Santana no era capaz de olvidar, de pasar página, ella sí lo era, así que haría caso a Kurt. Estaba entusiasmada por descubrir donde podría llevarla esa amistad.
