N/A: Muchas gracias a todos por leer este fic. Espero que os guste lo que viene. Es un giro en la historia y espero que, a pesar de lo duro y triste que es, os agrade...
AVISO: Finalmente el fic sí será MPreg (me habéis convencido y se me ha ocurrido una posibilidad interesante...)
CAPÍTULO 4: EL CUMPLEAÑOS
Blaine llegó al colegio de Cooper con una mochila al hombro que contenía las cosas de su hermano. No se sentía bien dejando al menor en casa de unos desconocidos pero no sabía como negarse. Tenía miedo de lo que podía pasar. Durante los últimos cinco años él había luchado para que el menor fuera un niño normal pero era consciente de que no era así. El pasado seguía afectándoles demasiado y sabía que todo se podía complicar y ni él ni Sam podrían hacer nada. Vio como Kurt esperaba a Finn y decidió acercarse a él.
– Hola. – Saludó el moreno.
– Hola. Veo que has traído las cosas de Cooper. Temía que te arrepintieras, la verdad. – El castaño le sonrió dulcemente mientras le tendía la mano para coger la bolsa. El ojimiel se la entregó.
– No te creas que me hace muy feliz pero al final Coop tiene que crecer y empezar a vivir cosas sin mí.
– Pareces una madre. – El ojiazul se burló. – No hace mucho tú tenías su edad y sabes tan bien como yo lo que se disfruta al empezar a tener algo de independencia.
– Cooper es un niño todavía.
La conversación fue interrumpida por el grito de Finn que corría seguido por sus dos mejores amigos hacia Hummel y Anderson.
– ¿Ya tienes las cosas de Cooper? ¿Podemos irnos ya? – El chico del cumpleaños estaba nervioso y ansioso.
– Hola chicos, hola campeón. – El moreno saludó a su hermano chocando sus puños. – Un minuto, antes Kurt tiene que darme los números y las direcciones que me prometió. Además yo le doy ésto. – Blaine sacó un papel. – Aquí está el número de Sam, si ocurre algo puedes llamarlo a él y te ayudará lo mejor que pueda. También está mi número y el de la... Agencia, ya sabes. No me llames salvo que sea una emergencia que Sam no puede resolver. Cooper es alérgico a los frutos secos así que si algo no puede comerlo es suficiente con que se lo digas. Él es responsable porque sabe que lo pasará mal si come algo que no debe. Si aun así en un descuido come, llévalo al hospital y luego avisa a Sam.
– ¡Sé como cuidar a un niño! He cuidado de Finn y Noah otras veces. No te preocupes. Estaremos mis padres, mi marido y yo. Cuatro adultos para tres niños. Toma el papel con toda la información que querías. Relájate y disfruta de tu viernes libre.
El moreno cogió el papel y lo observó como si quisiera asegurarse de que realmente ese papel contuviera toda la información que le había prometido el otro.
– Yo hoy trabajo. No tengo el día libre. – Informó el ojimiel sintiéndose raro. Pensaba que estaba claro ese punto al pedirle que se pusiera en contacto con Sam.
– Hay veces que se disfruta trabajando. ¿No crees? – El más alto comentó.
– Depende del trabajo, supongo. – Anderson se sintió molesto. A él no le gustaba para nada su trabajo y sólo las circunstancias lo mantenían en la agencia.
– No lleva frutos secos, ¿verdad? – Un excesivamente adorable Cooper miraba la tarta que había preparado el propio Kurt para el cumpleaños de su hermano. Todos estaban en una mesa que habían montado en la sala y habían preparado una pequeña merienda para todos que terminaba con la tarta.
– No lleva. Es un bizcocho relleno de fresas y cubierto con chocolate blanco. Cuando hemos venido he comprobado los ingredientes del chocolate y no lleva frutos secos así que puedes comer. – El castaño le informó al niño guiñándole un ojo.
– Me gusta el chocolate blanco. – Anderson sonrió ampliamente, para él era muy habitual no poder comer determinadas tartas o postres porque contenían alimentos a los que era alérgico.
Después de merendar, los niños se fueron al jardín. Adam los acompañó y jugó con ellos al fútbol mientras Burt se relajaba y Carole y Kurt terminaban de recoger las cosas. Ambos estaban en la cocina y el padre estaba viendo la televisión cuando el balón entró a la vivienda por un tiro desviado que Noah había realizado. Cooper siguió la pelota y sin querer golpeó una mesa haciendo que un jarrón cayera al suelo y se rompiera. Todos los que estaban en la residencia Hummel fueron allí para ver lo sucedido. Sin embargo, el pequeño Anderson se había escondido debajo de la mesa que había golpeado, sin importarle que algunos trozos del jarrón se le clavaran en la piel y lloraba desconsoladamente mientras temblaba y cerraba los ojos con fuerza. Los cuatro adultos se miraron confundidos, esa no era una reacción normal de un niño. Había algo raro y necesitaban saber qué.
– Cooper, cariño. ¿Qué ha pasado? – Carole se agachó frente a él. Se preocupó un poco al ver la mano ensangrentada del niño pero mantuvo la calma.
– Tiré el jarrón sin querer, lo juro. – Los sollozos del niño preocuparon a todos.
– Finn, Noah... Creo que será mejor que subamos a buscar cosas con las que animar a Cooper, seguro que podemos encontrar alguna película y videojuegos. – Adam agarró a los dos menores y subió con ellos las escaleras para llegar a la habitación del menor de los Hummel. Su intención era que los otros descubrieran el motivo por el que el niño estaba así sin que los otros dos se enteraran. Los demás adultos observaron a los tres marcharse. Una vez desaparecieron, volvieron su atención al niño que seguía bajo la mesa.
– Cooper, sal de ahí por favor. Te estás haciendo daño. – La mujer pidió.
– No quiero. El señor Hummel me va a pegar. Eso es lo que hacen los papás cuando los niños se portan mal.
La sangre de todos se congeló, no podían creer lo que habían escuchado. Eso era alarmante y un claro indicio de que algo no estaba bien. Eso hizo que Kurt recordara algo...
Flashback
– Supongo que tú deberás hablar con tus padres. – El ojiazul miró al otro joven.
– No tengo que hablar con nadie. Soy yo el que toma las decisiones sobre la educación de Cooper. No estoy seguro de que sea buena idea. – El moreno respondió muy serio.
Fin del Flashback
En ese momento no le dio importancia pero empezó a pensar que tal vez Blaine cuidaba de Cooper por lo pasado con su padre.
– Campeón... Tu hermano te llama así, ¿verdad? – El castaño preguntó y el niño asintió. – Estamos preocupados. Mi papá no va a pegarte. Sólo queremos que salgas de ahí para curarte las heridas.
El menor se dio cuenta de que estaba sangrando. El miedo le había impedido sentir el dolor. Gateó con cuidado para salir de debajo de la mesa y en cuanto estuvo fuera Kurt lo cogió en brazos y lo llevó al baño. Carole los siguió para ayudar a limpiar las heridas.
Con mucha suavidad le quitaron la ropa al niño porque estaba manchada. Burt les acercó alguna prenda de Finn, no querían ponerle el pijama todavía. Mientras curaban al pequeño pensaban como preguntarle, no querían ser rudos pero necesitaban saber las condiciones en las que vivía el niño.
– Campeón... ¿Podrías contestar a unas preguntas? – Kurt susurró mientras le ponía una camiseta limpia después de terminar de curar las heridas de las manos.
– Sé lo que me vais a preguntar. No puedo responder, Blaine me dijo que era un secreto. – El menor susurró. Carole miró a su hijo.
– Nosotros no se lo vamos a decir a nadie, sólo necesito saber si tu papá te pega. No quiero que te haga daño. – El castaño acarició la cara del pequeño y comenzó a quitarle los pantalones para curar los dos cortes que tenía en el muslo izquierdo.
– Me pegó una vez pero Blaine me defendió. Después salimos de casa y no hemos vuelto. Venimos a Lima y nos mudamos con Sam.
Los dos adultos suspiraron al escuchar las palabras del chiquillo. No negarían que les tranquilizaba saber que sólo había sido una vez y que el mayor de los hermanos había reaccionado pero en ese momento el ojiazul tuvo una duda.
– ¿Y a Blaine? ¿Tu padre le dañaba? – El joven preguntó.
– Sí, mucho. Usaba el cinturón o cualquier cosa que cogía para pegarle. Además... – De repente se silenció.
– Cariño, puedes contarnos cualquier cosa. – La señora Hummel comentó mientras terminaba de vestir al niño con cuidado para no dañar sus heridas.
– No se lo digáis a Blaine, si se entera de que entré en su habitación sin permiso se enfadará.
– Te prometemos que no le diremos nada. – Kurt dijo firmemente.
– Hay algo que vi y no entendí. Entré a la habitación de Blaine para coger sus tijeras, yo era pequeño y no me dejaban usarlas. No le digáis que las robaba de su habitación...
– No se lo diremos.
– Estaba buscándolas cuando escuché que Blaine llegaba y me escondí. Detrás de él llegó papá. Blaine intentó dejarlo fuera pero no lo consiguió. Mi papá tiró a Blaine contra la cama y lo desnudó y se puso sobre él. No vi bien qué hacían porque estaba escondido pero Blaine lloraba y mi papá gritaba... ¿Qué pasaba? ¿Me lo podríais explicar?
El aire abandonó los pulmones del castaño. Ese inocente niño estaba confesándole que su padre había violado a su hermano.
– Es algo que tienes que hablar con tu hermano. Él es el único que sabe lo que pasó. – Carole estaba al borde de las lágrimas pero intentó ser fuerte. – Ve a jugar con Finn y Noah.
Cuando el niño salió ellos se fueron a hablar con Burt y Adam. Debían hacer algo para conocer toda la historia y saber si los Anderson necesitaban ayuda porque no los dejarían solos.
– Tengo la dirección de su trabajo, creo que iré allí e intentaré hablar con él. – Kurt se levantó y cogió su abrigo. – Volveré en cuanto hable con él y me diga cómo actuar con Cooper y cómo ayudarlos.
El castaño se despidió de ellos con un beso y salió de casa de sus padres para dirigirse al prostíbulo donde trabajaba Blaine Anderson...
