Hola!
Aquí estoy de nuevo con nuevo capítulo. Hoy ha sido mi cumpleaños, así que después de soplar las velas y antes de irme de fiesta he pasado a dejaros otro pedacito. Espero que los regalos vengan en forma de muchos comentarios!
Un besazo y a celebrar!
CAPÍTULO 7
Heridas abiertas
Llevaban toda la mañana visitando los lugares menos conocidos de Los Angeles pero que Quinn creía que eran los mejores. Rachel en un principio pensó que le haría un tour por los lugares más emblemáticos de la ciudad, pero ahora, sentadas en un restaurante nada glamuroso, alejado de la ostentosidad de Hollywood, la morena agradecía aquellos lugares desconocidos que había ido descubriendo gracias a la rubia. Parques, museos insignificantes a primera vista o aquel simple restaurante acompañada por las conversaciones y bromas junto a Quinn, estaban haciendo de su día uno de los mejores.
Llevaban varios minutos en silencio, cada una acabando de degustar su plato. En el tiempo que llevaba quedando más con Quinn, Rachel había aprendido a respetar los silencios de la rubia. De vez en cuando, solía quedarse ensimismada en más de una ocasión, pensativa, con la mirada perdida mientras parecía esforzarse por encontrar la fórmula de algo totalmente concentrada, olvidándose de su alrededor.
A la morena no le molestaba que la dejara fuera durante esos minutos. Aprovechaba para observarla, para intentar adivinar el rumbo de sus pensamientos, examinando cada gesto, cada mueca. Había veces en que Quinn salía del trance al darse cuenta que había estado demasiado tiempo en su propia pompa, disculpándose con una sonrisa tímida que Rachel aceptaba, sabiendo que tras eso había dos posibilidades, una era que se lo guardara para ella y no compartiera aquello que parecía tan interesante en su cabeza y otra era que la rubia se abriera a ella, sacando a la morena de la curiosidad que le causaban aquellos silencios.
Esta vez parecía que la segunda opción era la elegida por Quinn, rompiendo el cómodo silencio que había entre las dos.
-A mi madre no le hacía mucha gracia que no aceptara su dinero… - empezó, sorprendiendo a Rachel por el tema del que parecía iría la conversación. – Yo…no lo quería, no podía aceptarlo… - dijo encogiéndose de hombros.
-¿Por qué?
-Porque no quería nada de ella… Sigo sin quererlo. – confesó mirándola a los ojos.
-¿No te hablas con tu madre? ¿Te llevas mal con ella? Pensaba que cuando volviste a tu casa con ella, las cosas estaban bien…
-Si me hablo con ella y no nos llevamos mal, pero la evito todo lo que puedo… Las cosas nunca volvieron a ser lo mismo… En casa apenas cruzábamos palabra, supongo que no le facilitaba la conversación por mucho que lo intentara y luego cuando vine a Los Angeles acabé de distanciarme de ella… Empecé por no coger su dinero y seguí al no volver a Lima desde entonces…
-¿No has vuelto a Lima desde que llegaste aquí?
-No, ni pienso hacerlo. Allí no queda nada más que recuerdos y la mayoría no son agradables para mí… - dijo desviando la mirada brevemente, ligeramente abrumada por esos recuerdos, viendo como Rachel asentía sin decir nada. – Ha venido a visitarme en varias ocasiones, después de que le pusiera mil excusas para que no viniera y nos llamamos en ocasiones especiales, ya sabes, cumpleaños o navidades… Parece que cada año se da un poco más por vencida conmigo… - dijo casi en un susurro, agachando la mirada.
-¿Y tú padre y tu hermana? – preguntó, recibiendo una risa irónica de la rubia que volvía a fijar su mirada en ella.
-Mi hermana pasó de mí hasta que empecé a salir en las revistas… Entonces quiso acercarse y ser la hermana mayor que no fue cuando lo necesité… Mi madre me pidió que lo intentara, que le diera una oportunidad y lo intenté, te juro que lo intenté, pero verla con sus hijos con su marido, tan hipócrita, con su vida tan…clásicamente perfecta… Me asqueaba, podía conmigo, así que me negué a seguir manteniendo contacto, el único que mantenemos es por mis sobrinos, ellos no tienen la culpa de nada y no se parecen en nada a algo que tenga que ver con mi familia. – dijo con media sonrisa al pensar en ellos, dibujando una en la morena al escucharla. – Voy a visitarlos a Chicago de vez en cuando o ellos pasan algunas semanas aquí conmigo cuando tengo más tiempo. Es lo único que le puedo agradecer a Frannie, que no me negara ver a mis sobrinos.
-¿Son los que están en algunas fotos de tu casa? – la rubia se lo confirmó asintiendo. – Son muy guapos.
-Sí, y muy traviesos. – dijo riendo. – La próxima vez que vengan te los presentaré, ya verás cómo sales huyendo en una hora. – dijo provocando una suave risa en Rachel, luego siguió hablando. – Mi padre murió hace dos años…
-Lo siento mucho, Quinn, no sabía nada. – dijo cogiendo la mano de la rubia por encima de la mesa, apretándola suavemente como muestra de afecto, recibiendo una sonrisa sincera por parte de Quinn.
-No lo sientas, yo no lo sentí. – dijo siendo consciente de lo duras que sonaban aquellas palabras. – Era mi padre, pero fue el que me complicó la vida cuando era solo una adolescente… Y luego… Luego ni siquiera se molestó en pedir perdón, en buscarme y arreglar las cosas. No volví a saber nada de él hasta que mi hermana me llamó para decírmelo. Ni siquiera fui a su entierro.
-¿Y te arrepientes? – preguntó buscando en sus ojos algo de arrepentimiento, pero no lo encontró, lo único que vio fue dolor.
-No, no tenía nada que hacer allí. A los pocos días me enteré que me había dejado cincuenta mil dólares para ella… Que cuando cumpliera los dieciocho los heredaría… - explicó sin ser consciente de que Rachel no sabía a quién se refería. – Rechacé la herencia de inmediato, se la pase a mi hermana para que hiciera lo que le diera la gana, yo no iba a permitir que recibiera ese dinero… Me echó de su casa porque me quedé embarazada, no le importó una mierda lo que fue de mi o de ella y una vez muerto me da dinero para ella ¿para qué? ¿Para resolverle el futuro? No lo necesito y mucho menos Beth… - dijo con todo el dolor de su corazón, nombrando por primera vez al motivo de todas sus disputas familiares, provocando en Rachel una ráfaga de comprensión por la mujer que tenía delante. – Si alguna vez necesita algo, me sobra el dinero para darle la luna, pero con mi dinero, no con el de alguien que puso la primera piedra para separarme de ella.
Y ahí estaba, la oportunidad ideal para que la morena preguntara algo que llevaba rondando por su mente desde que la vio, pero que había preferido callar por el tema tan delicado, no queriendo molestar a Quinn.
-¿Sabes algo de ella? ¿Le…has vuelto a ver? – preguntó lentamente, asegurándose de sonar dulce, pero aun así, el cambio en los ojos de Quinn era evidente. Su mirada no transmitía más que dolor y rabia.
-No… - dijo aguantando el nudo en su garganta. – Desde que Shelby se fue del McKinley después de intentar quitársela no he sabido nada… Desapareció. La busqué un tiempo, pero está claro que no quería que la encontrara. Muchas veces he pensado en utilizar mi fama para encontrarla, en contratar al mejor detective y que me dé una respuesta, pero soy consciente de que me equivoqué y que estoy pagando las consecuencias… No puedo presentarme en la vida de Beth cuando renuncié a ella nada más nacer y menos cuando me dieron una oportunidad de oro para estar cerca de ella y la desaproveché…
-¿Cuántos años tiene ahora?
-Hace tres semanas cumplió diez años…
-No puedo creer que haya pasado tanto tiempo…
-Ni yo… No dejo de imaginármela, de ponerle cara, de pensar en cómo le irán las cosas en el cole, si tiene muchos amigos… - dijo suspirando profundamente. – No puedo mirar a la cara a mi madre sin ver a Beth… Cada vez que la miro o hablo con ella, lo único que quiero es atacarla por no haberme ayudado, así que sigo huyendo de ella, pagándole con silencio y sé que ella lo sabe, que sufre por mi comportamiento, pero no puedo evitarlo… Lo llevo clavado todo lo que pasé y las repercusiones que van a tener en mi toda mi vida. No voy a tener a mi hija conmigo, nunca. – dijo limpiando una solitaria lagrima que corría por su mejilla. – Sé que tengo mucha culpa en que eso sea así, que la decisión la tomé yo, pero no vi otra salida… Mi familia me dio la espalda y me dejó sin lo más grande que he hecho en mi vida… Yo no volveré a sentirme así, jamás seré madre. - dijo encogiéndose de hombros.
-Puedes serlo, eres joven. Encontrarás a alguien con quien formar una familia.
-El día que encuentre a la persona indicada, tendrá que entender que no quiero hijos. No pienso darle a alguien lo que no le di a Beth.
-Eso será injusto para tu pareja. – dijo intentando que entrara en razón.
-Pues lo tendrá que entender, es lo que hay. Tampoco sería justo para Beth que sea la madre de otra persona cuando a ella se lo negué. – dijo muy segura de lo que decía. Rachel prefirió guardar silencio, no queriendo entrar a debatir algo tan delicado para la rubia. - Tú… ¿Tú sabes algo de Shelby? – preguntó después de unos segundos con la esperanza inundando sus ojos, rompiéndole el corazón a Rachel.
-No… Lo siento. – dijo sin saber bien como no provocarle más dolor. – Shelby siguió apareciendo en mi vida intermitentemente. Vino a verme a Nueva York, me ayudó con mi audición de Funny Girl y ni siquiera pude decirle que conseguí el papel… Cambió de ciudad y cambió de móvil, hasta que un año después apareció de nuevo para hacer lo mismo. Lo soporté un tiempo, pero acabé pidiéndole que me olvidara, que hiciera como si no existiera como yo haría con ella. Esas idas y venidas solo me hacían daño, Quinn… Cuando me ilusionaba por tenerla, porque se quedase en mi vida y compartir nuestros momentos como madre e hija desaparecía sin decir nada y me dejaba destrozada. – dijo evitando la mirada de la rubia, sabiendo que después del momento de Quinn, podría romperse por todas las emociones acumuladas. – Al menos hizo eso bien conmigo, respetó lo que le pedí, porque no he vuelto a saber de ella hasta el día de hoy. Y en cuanto a Beth… No la vi nunca, supongo que quería evitar que viera que con ella si estaba actuando como se debería haber portado conmigo, pero sé que estaba bien, que estaba bien cuidada y que recibía el cariño y el amor que tocaba.
-Bien… - dijo soltando el aire contenido en sus pulmones durante la conversación. – Gracias por decírmelo y siento mucho que Shelby no te acabara de valorar…
-No te preocupes, está asumido y superado. – dijo forzando una sonrisa.
-Bueno, ¿porque no dejamos ya este tema? Nos estamos poniendo demasiado sentimentales con todo esto. Vamos a dejar las cosas malas a un lado y a acabar de pasar este día maravilloso de la mejor manera ¿vale? – dijo recuperando su actitud de siempre, sonriendo de oreja a oreja a una Rachel que la miraba admirándola.
-Vale…
Salieron del restaurante sin comer postre, ya que Quinn quería llevarla a su heladería preferida. Rachel decidió dejar la gorra y las gafas en el bolso, cansada de andar camuflada y la rubia, resignada, hizo lo mismo con sus gafas, pero manteniendo la gorra. A la morena le hacía gracia ver el entusiasmo de Quinn por enseñarle la ciudad, queriendo que Rachel por fin se sintiera casi como en casa en Los Angeles y la verdad es que lo estaba consiguiendo. Allí tenía a la rubia y ahora que empezaba a conocer más a fondo los sitios que merecían la pena, la idea de pasar más de una larga temporada en la ciudad no parecía para nada descabellado. Establecer su hogar en Los Angeles era un planteamiento real gracias a que afortunadamente parecía que no le faltaría trabajo, por lo que no tendría que volver de inmediato a los escenarios de Broadway.
Caminaban en dirección a otro punto de la visita guiada que Quinn había preparado, metidas de lleno en sus historias, en sus propias bromas y recuerdos.
-Mira, un instituto, aquí podrás traer a tus hijos, seguro que es el mejor de Los Angeles, no te lo puedo asegurar al cien por cien porque no tengo muchas referencias en la materia, pero seguro que lo es. – dijo haciendo reír a la morena, sin percatarse de la hora que era. Hora punta de salida de colegios e institutos y dos estrellas de Hollywood estaban rondando por los alrededores. – Mierda. – fue lo único que dijo al darse cuenta de la situación. Los adolescentes empezaban a salir, emprendiendo el camino a sus casas o buscando a sus padres dentro de los coches y si alguno notaba la presencia de las chicas, nadie las salvaría de ser rodeadas por cientos de hormonas andantes. Después de ajustarse la gorra, Quinn actuó en menos de un segundo, atrapando a una Rachel que no se percataba de nada entre sus brazos, apoyándose ella en una pared, vigilando que nadie las reconociera mientras se tapaban la una a la otra.
Quinn estaba tan concentrada en que no las viesen, vigilando que nadie hiciera algo extraño, que no se dio cuenta de lo que estaba provocando en Rachel. La posición en la que habían quedado era bastante comprometida, al menos así lo veía una morena que notaba las manos de Quinn en su trasero para pegarla a ella totalmente. Estaban a escasos centímetros y la mirada de Rachel estaba clavada en los labios de la rubia.
-Quinn… - intentó llamar su atención, queriendo deshacerse de una repentina sequedad en su boca.
-Shh, no digas mi nombre. – susurró sin mirarla.
-¿Qué…que estás haciendo? – insistió con un hilo de voz.
-Rach, nos van a descubrir.
Rachel no entendía que pasaba, pero estaba demasiado concentrada en pasear su mirada por los labios y la mirada perdida de Quinn. No entendía que le estaba pasando, no entendía porque aquella cercanía la estaba poniendo tan nerviosa y no entraba en su cabeza porque tenía el impulso de lanzarse a los labios de la rubia. Aquello no podía estar pasándole. Sus pensamientos iban a mil por hora hasta que decidió que llevaba demasiado tiempo sin sexo, que necesitaba encontrar a alguien que le quitara aquellas ideas repentinas y estúpidas de besar a Quinn, ¡su amiga! No podía ser otra cosa…
Pero mientras ese alguien llegaba, seguía en trance, sin poder apartar su mirada. Los centímetros que las separaban, esa proximidad de notar todo su cuerpo pegado al suyo estaban matándola y Quinn seguía sin darse cuenta.
-Por fin, parece que han salido todos… - dijo antes de bajar su mirada para encontrar los ojos de Rachel en sus labios, siendo consciente de la postura de sus cuerpos.
Cuando la morena subió su mirada para encontrarse con la de Quinn, ambas tragaron con dificultad, quedando atrapadas la una en la otra. Estaban tan cerca… Y sus labios parecían llamarse… ¿Qué pasaría si simplemente rompieran la inexistente distancia? La rubia se obligó a reaccionar o al menos a decir cualquier cosa por estúpida que fuese, ignorando el ritmo acelerado de su corazón.
-Yo…estaban saliendo y…nos iban a pillar… - se explicó nerviosamente. – Pero ya…ya se han ido…
-¿Entonces puedes soltarme ya? – preguntando sin ser brusca, avergonzada por lo que hubiera hecho si llegan a pasar dos segundos más.
-Oh, lo siento, solo era para disimular, para que no se dieran cuenta… - dijo aflojando el agarre de sus brazos, dejando que el aire volviera a pasar entre ellas.
-Quinn…
-¿Qué?
-Tus manos…siguen en mi culo… - dijo la morena, provocando que de forma inmediata, la rubia alejara sus manos de ahí, escondiéndolas en su espalda.
-Lo siento… Yo…no me he dado cuenta, no lo he hecho aposta… No era mi intención… - se disculpó de forma precipitada, con los nervios invadiendo su cuerpo.
-Está bien, no pasa nada… - dijo aclarándose la voz, tranquilizándose a sí misma después de la escena. – Vamos…vamos a continuar…
La tarde iba pasando y la incomodidad se había apoderado de ellas por completo. La conversación no fluía, la vergüenza las invadía cada vez que se miraban y las dos no dejaban de darle vueltas al error que estuvieron a punto de cometer.
-Bueno ya está. – dijo Quinn cansada. – Ha sido una tontería y esto se está volviendo muy incómodo. Somos amigas, no pasa nada porque nos acerquemos un poco más de la cuenta para disimular… - se excusó. – Parecemos dos niñas de quince años…
-Tienes toda la razón. – dijo ante la queja de la rubia. – Estamos haciendo un mundo de una tontería.
-¿Entonces estamos bien? ¿Amigas como siempre? – preguntó entrecerrando los ojos, sacando una sonrisa en Rachel que no dudó en abrazarla al notar el ambiente nuevamente distendido.
-Amigas.
-Genial, porque ahora voy a llevarte a un lugar maravilloso, estoy segura de que no has visto nada parecido en tu vida.
En coche llegaron hasta el parque Griffith. No había muchas personas aquel día haciendo caminatas como era habitual, así que después de que Rachel le reprochara a la rubia lo poco original que había sido en esa ocasión al pensar que la llevaba a ver el famoso cartel de Hollywood, se asustó al verse arrastrada por Quinn, que desviándose del camino, tomaba un atajo poco visible para el resto.
-Quinn, en serio, ya había visto el letrero, ¿Por qué no volvemos ya? No me gusta esto y llevamos caminando un buen rato.
-Deja de quejarte un minuto, ya verás cómo merece la pena.
-No lo creo, ¿qué me vas a enseñar un árbol?
-¿Confías en mí, Rachel? – preguntó deteniéndose un segundo.
-Sí. – contestó sin dudar, sorprendiéndose por la seguridad de su respuesta, algo que hizo sonreír a la rubia.
-Entonces sigue andando, queda poco.
Y no se arrepintió, Rachel no podía arrepentirse de haber confiado en Quinn al llegar al sitio adecuado. Delante de ella, tenía la inmensidad de la ciudad de Los Angeles a sus pies en una atmosfera que solo transmitía tranquilidad y paz, relajación. Al ver que la rubia tomaba asiento en el suelo, la imitó.
-Esto es lo más perfecto que he visto en mi vida… - dijo sin poder apartar la mirada de aquella vista.
-Te lo he dicho… - dijo sonriendo, observando lo mismo.
-¿Cómo lo descubriste?
-Por casualidad. Un día, aburrida con Brody nos dio por jugar a los exploradores y acabamos aquí. En ese instante se convirtió en mi lugar favorito en el mundo. Por aquí no pasa nadie, está escondido, así que Brody no lo sabe, pero no he parado de venir desde entonces. - confesó mientras cerraba los ojos para recibir la brisa del aire californiano, observada por una Rachel embobada ante aquella imagen. – Este lugar me da paz, me ayuda a pensar, a escucharme a mí misma, así que cuando algo me preocupa o los recuerdos duelen más que de costumbre, vengo aquí y me siento mucho mejor.
-¿Y en qué piensas cuando estás aquí? ¿En mí? – preguntó con tono burlón, haciendo reír a la rubia.
-No puedo negarte que más de un pensamiento ha sido para ti… Pero no sé, suelo analizar si mi vida está yendo por el buen camino y sobretodo pienso en el pasado, en como mi padre me convirtió en una persona odiosa por su afán de que su familia debía ser la mejor, en lo diferente que podría ser mi vida ahora si mi madre o yo nos hubiéramos revelado contra él, si yo hubiera sido valiente para hacerme responsable de mis errores y me pregunto constantemente si hubiera sido más feliz de lo que soy ahora…
-No puedes atormentarte con eso, tu misma lo dijiste hace años, no puedes cambiar tu pasado, pero puedes dejarlo pasar y empezar tu futuro y tú de algún modo lo has hecho, Quinn. Has seguido adelante y te ha ido bien, por mucho que remuevas, las cosas no van a ser diferentes a lo que son.
-Es difícil. – dijo asimilando sus palabras y el hecho de que Rachel se acordara de algo que dijo hacía tantos años. – Mira, te estás perdiendo lo mejor. – dijo señalando el horizonte.
El sol empezaba a descender por lo que la luz anaranjada del momento hacía que aquel sitio se sintiera más especial de lo que ya era.
-¿Por qué me has enseñado este lugar? Quiero decir, es tu sitio…
-Me apetecía… - dijo clavando su mirada en ella. – No voy a permitir que vengas a robármelo, pero puedo compartirlo contigo de vez en cuando si quieres.
-Me encantaría… - dijo volviendo su vista a la ciudad con una sonrisa de satisfacción en su cara.
-¿Te apetece ir al teatro?
-¿Ahora?
-Si
-Mira como estamos vestidas… Será mejor dejarlo para otro día.
-No importa la ropa, no vamos a ir a que nos saquen la foto para la portada de mañana. Es algo informal. ¿Te animas? – preguntó levantándose y estirando su mano hacia la morena.
-Sí, vamos a completar este día. – sonrió aceptando su mano para incorporarse.
No supo cómo no lo dedujo antes, no podía ser otra cosa y no supo verlo. En cuanto la obra dio comienzo, casi se cae del asiento al ver en medio del escenario a Brody. Giró hacia Quinn que la miraba a modo de disculpa, con su mejor cara de actriz, fingiendo no haber roto un plato en su vida.
-Esta me la pagas… Te odio, Fabray… - dijo frunciendo el ceño y cruzándose de brazos en la butaca.
-Ya…No seas dramática anda. – dijo dándole un codazo amistoso.
-Yo no soy dramática. – fue lo único que dijo, dejando a la rubia con una sonrisa divertida en sus labios.
Después de una hora y media, la obra finalizó con un gran aplauso del público. Las chicas dejaron que la gente saliera antes que ellas para pasar desapercibidas, logrando que los únicos que se fijaran en ellas fueran las personas de sus lados, a los que se limitaron a sonreír amablemente y los que entendieron que no era momento ni lugar para acorralarlas.
-¿Quieres saludarlo? Si no quieres, no importa, nos vamos.
-¿Cómo nos vamos a ir? ¡Nos ha visto! Te ha saludado al final… Si nos vamos va a pensar que huyo de él o que no quiero verlo.
-Pero no querías verlo, estás nerviosa.
-Porque no lo veo hace muchos años, Quinn y la última vez no fue muy agradable que digamos, descubrí que era un gigoló y le confesé que seguía enamorada de Finn… No nos deja en muy buen lugar. – susurró mirando a su alrededor.
-Tranquilízate. – dijo intentando aguantar la risa. – No pasa nada, te dije que Brody no lo tiene en cuenta. Mira ahí viene.
Efectivamente, el chico se acercaba a ellas con cara de circunstancia al ver a la morena junto a Quinn. En el escenario no se había fijado en ella, pero después de la primera impresión, dibujó una sonrisa encantadora en su cara.
-Rachel, cuanto tiempo. Me alegro de verte. No sabía que ibais a venir. – dijo acercándose a ella para abrazarla, calmando de esa manera los nervios de Rachel, que al ver la actitud amistosa del chico se relajó.
-Hola, Brody. Quinn lo propuso y aquí estamos. – dijo mirando de reojo a la rubia a su lado. – La obra es muy buena, has estado genial.
-Oh, muchas gracias. – dijo algo tímido, pasando su mano por el cuello. – Solo es una forma de despejarme. – dijo dándole un beso a Quinn. – Hola, rubia.
-Hola, rompecorazones. – dijo pasando su mano por su cintura para quedarse abrazada a él.
-¿Os apetece ir a tomar algo? Así me ponéis al día con la película. – propuso el chico.
Sentados en una terraza conversaban animadamente. Rachel al principio estaba totalmente desubicada, asimilando ver a aquellos dos tan cercanos, con tanta confianza, pero media hora después, ambos la hicieron sentir a gusto, incluyéndola en sus bromas y temas de conversación. Se sentía cómoda, no podía negarlo. La que no se sintió tan cómoda fue Quinn al final de la noche y todo por culpa de Brody.
-Oh, Rachel, me encanta que estés aquí, pero tienes que prometerme que algún día volverás a Broadway… Eres un genio, una estrella en el escenario. Cada vez que Quinn y yo íbamos a verte salíamos más alucinados. – dijo para acto seguido recibir una patada directa a su espinilla por parte de la rubia, que al recibir una mirada cuestionando lo que había hecho, lo fulminó con la mirada.
-Un momento, ¿me habéis visto actuar en Broadway?
-Eh, si… - contestó el chico algo cohibido por la repentina tensión.
-No tenía ni idea. – dijo mirando algo seria a Quinn.
-Oye donde tampoco lo hiciste nada mal es en la película, cuéntame, ¿hiciste alguna prueba o te ofrecieron el papel? – preguntó el chico tratando de desviar el tema.
Rachel tardó unos segundos más de la cuenta en contestar, centrando su mirada en una rubia enmudecida, que hacia lo posible por mirar a cualquier otro sitio que no fuera ella. Suspirando largo y profundo, centró su atención en Brody, hablando con él y aparentemente, dejando pasar ese asunto.
Pero el asunto no había pasado y Quinn fue consciente de ello cuando en el camino de vuelta en el coche ellas dos solas para llevar a la morena a su casa, esta no abrió la boca en ningún momento, ignorándola por completo y concentrada en la ventana del coche.
-Rachel… - dijo apagando el coche en la puerta de la casa, todavía con sus manos en el volante y sin mirarla.
-¿Por qué no me habías dicho que habías ido?
-Soy actriz, hago películas en distintos sitios y Nueva York es una ciudad importante, además, luego en los estrenos, recorremos todo el país y medio mundo, creí que no hacía falta que te dijera que había estado. – se excusó sin éxito.
-Mírame, Quinn. – pidió, consiguiendo que la rubia tuviera su atención. – Sabes a lo que me refiero, podía imaginarme que habías pasado por Nueva York en varias ocasiones, pero no que fueras a ver mis obras y no te dignaras a saludarme.
-Lo siento, Rachel, ¿vale? Esto ya lo habíamos hablado, yo… no sabía con qué cara ir y decirte, "eh Rachel, llevo años sin saber nada de tu vida, pero estoy aquí, pendiente de ti aunque no lo sepas…" Creía que me mandarías a la mierda, por eso prefería sentirme orgullosa de ti en silencio… Una de las veces que fui me armé de valor y fui a vuestra casa, pero ya no vivíais ahí. Imaginé que cuando las cosas os empezaron a ir bien, cada uno se independizó y tiró a un lado. – dijo viendo como Rachel asentía dándole la razón. – Esa fue la única vez que me atreví a buscaros. Me muero de vergüenza cada vez que pienso en cómo me fui y cuando nos encontramos el primer día, por un momento temí que me reprocharas todo… En cambio, llegas y me das el abrazo de mi vida… - dijo sonriendo, contagiando a una Rachel ablandada. – No quiero hablar más del tema, me he equivocado constantemente y lo sigo haciendo, pero vamos a dejar esa parte atrás, no estropeemos este día. Estaba siendo perfecto, no dejes que el bocazas de Brody te haga enfadar conmigo. – dijo torciendo el labio inferior.
-Está bien… No estoy de acuerdo en tu forma de actuar, pero no puedo cambiarlo… Al menos dime si te gustaron mis actuaciones… - dijo sacando una sonrisa a la rubia.
-No he visto a nadie que lo haga mejor encima de un escenario, Rach. Naciste para eso, lo supe desde el segundo en que te vi cantando por primera vez, nunca he dudado que lo conseguirías…
-Gracias. Por lo que has dicho y por el día que hemos pasado… Eres genial, Quinn y creo que no acabas de verlo. La persona que tengo delante de mí, es una de las más maravillosas que he conocido en mi vida y créeme, he conocido a mucha. Deberías perdonarte los errores que cometiste y sentirte orgullosa de lo que has conseguido, de haberte superado. Tienes demasiadas heridas abiertas… – dijo acariciando su mejilla. – Nos vemos mañana.
Y dicho esto, Rachel abandonó el coche después de dejar un tierno beso en la mejilla de la rubia, que con el corazón acelerado, veía alejarse a la mujer que la había traído de cabeza durante años y la que sospechaba volvería a hacerlo si no frenaba aquella desconcertante cercanía y comodidad en la que se estaba viendo envuelta su amistad.
