N/A: Siento no haber actualizado la semana pasada. Estuve muy ocupada pero ya estoy libre y vuelvo a estar por aquí.

Guest, gracias por el comentario. Sé que os he sorprendido con el giro de la historia. Espero que te guste lo que viene. Besos


CAPÍTULO 5: LA VERDAD SOBRE LOS... ¿ANDERSON?

Blaine estaba trabajando. En esos momentos estaba tumbado boca arriba mientras otro hombre lo penetraba sin piedad. Era de esos días en los que odiaba su trabajo. Ese era ya su cuarto cliente y todos habían sido iguales. Amantes brutos sin ningún tipo de cuidado que llegan, obtenían lo que querían directamente, sin preliminares, sin rodeos y se iban. Era un mal día, aunque lo peor solía ser los sábados, los viernes no era nada tranquilo. Sin embargo, siempre había contado con su momento de paz, que era cuando llegaba a casa sigilosamente, desayunaba con Sam ya que él se levantaba para hacer algo de ejercicio antes de su turno en la agencia y luego se metía en su cama. Compartía habitación con su hermano por lo que le encantaba mirar al menor durante unos instantes hasta que se dormía. Esa noche no podría hacerlo. El hombre que estaba sobre él llegó al orgasmo, haciendo que el moreno fingiera el suyo. El cliente se tumbó a su lado y el ojimiel se levantó para intentar disimular que él no había obtenido placer por ese encuentro.

Poco después volvió a estar sólo pero vio en la pantalla del ordenador que tenía otro cliente. Se acercó y vio que había pagado por un masaje de una hora. Perfecto, un pequeño respiro en ese día tan ajetreado. Avisó que tardaría en estar listo porque necesitaba una ducha y preparar todo. A pesar de que sólo habían estado en la cama y que el otro no se había lavado, necesitaba cambiar sábanas, toallas y fundas para que los clientes no se quejaran. Sin embargo, para él lo primero era la ducha. Necesitaba quitar el sudor y esa sensación de suciedad que normalmente tenía cuando trabajaba. Sabía que eso no era algo habitual pero su vida era diferente a la de los demás compañeros. Se aplicó bastante jabón en el cuerpo y lo aclaró. Después se puso unos calzoncillos rojos unos jeans rotos y una camiseta blanca sin mangas que dejaba ver sus brazos y preparó la habitación.

Cuando el nuevo cliente entró, Anderson no pudo evitar sentirse muerto de miedo. No se le ocurría un motivo por el que Kurt Hummel estuviera allí que no fuera preocupante.

– ¿Cooper está bien?

– Sí, tranquilo. Vengo a hablar contigo. Hay una cosa que tengo que contarte y hay algo que debes explicarme. – El castaño aclaró.

– ¿No podías hablarlo con Sam? Estoy trabajando.

– Necesito tratarlo contigo. He pagado para estar una hora aquí contigo así que no hay problema. No necesito el masaje, necesito hablar contigo.

– Está bien, te escucho. – Los dos se sentaron en el sofá.

– Cooper estaba jugando con Finn y Noah cuando tiró un jarrón. – El ojiazul se apresuró a explicar cuando vio que el otro quería hablar. – No importa, no es valioso ni es algo que sea personal, sólo era un adorno.

– Pero Cooper se asustó, ¿no es cierto? – Blaine lo miró comprendiendo cuál era la situación.

– Sí, así es. Tuvimos que presionarle para que nos contara el motivo de su reacción pero al final lo conseguimos. – Hummel anunció.

– No sé que quieres de mí. – El moreno se puso a la defensiva.

– Lo primero que quiero es asegurarme de que vuestro padre no forma parte de vuestra vida y que está en la cárcel.

– Yo tenía dieciséis años cuando saqué a Cooper de allí. No tenía dinero y estaba asustado. Tenía miedo de que nos separan o de que Coop acabara otra vez con mi padre. Decidí irme lejos con él. Era todo lo que se me ocurría. Alejé a mi hermano de la familia para protegerlo. No los hemos visto desde el día en que nos fuimos y no voy a permitir que se acerquen a él otra vez. Yo lo saqué de casa de mis padres en cuanto vi que le pegaba. Yo había estado aguantando los golpes con la esperanza de cumplir los dieciocho antes de que le hiciera daño y salir de allí los dos. Sin embargo, él decidió que seis años eran suficientes para pegar a su hijo. – El ojimiel tenía las manos cerradas muy fuertes, como si se estuviese preparando para golpear a alguien. Su cuerpo estaba en tensión, como si esperara que en algún momento su padre apareciera para hacerles daño nuevamente.

– Tranquilo, hiciste lo que pudiste. – Kurt le acarició la espalda para consolarlo. – Eras muy joven y nadie está preparado para afrontar esa situación. A ti tu padre te pegó, al menos, eso me dijo Cooper. ¿Era algo habitual? ¿Qué más te hacía?

– Me pegaba todos los días, si no era por un motivo era por otro. Siempre había hecho algo malo por lo que merecía ser castigado. – El menor evitaba mirar al otro y pasó sus manos por su cara. Esa conversación era más difícil de lo que pensaba. El castaño se dio cuenta de que no iba a obtener una confesión sobre la violación por lo que decidió que en ese momento era suficiente.

– ¿Cómo conseguisteis salir adelante? – El ojiazul cuestionó.

– Cuando salimos de casa fuimos corriendo a la estación de tren. Nos colamos en uno de los vagones y nos escondimos. Nos bajamos en una parada al azar para que fuera más difícil que nos encontraran y así fue como acabamos en Lima. – El más bajo aclaró.

– Y por eso acabaste trabajando en este lugar. – El mayor terminó la historia.

– El dueño me ayudó, me dio identificaciones falsas para Cooper y para mí ya que mi padre me denunció por secuestrar a mi hermano. Me ofreció pagar un abogado pero seguía teniendo miedo a que nos separaran o algo fuera mal. – Blaine no miraba al otro.

– ¿Tu apellido real no es Anderson? – Hummel lo miró extrañado.

– No, me lo cambié para estar a salvo. Tuve la suerte de conocer a una persona que me ayudó. Él me buscó nuevos papeles, me dio trabajo, me buscó un compañero de apartamento, un colegio para Cooper e incluso me adelantó dinero para poder empezar. Antes de eso pasamos dos noches en la calle. – El moreno le contó.

– Estoy muy sorprendido, no me esperaba una historia tan triste. Supongo que trabajas aquí por necesidad más que porque te guste. No sé como os puedo ayudar. – Kurt le acarició la espalda. El ojimiel comenzó a llorar a pesar de haber estado conteniéndose y el otro lo abrazó.

– Me sentí muy solo y pensé que no lo conseguiría. – El más bajo susurró.

– Tu hermano necesita ayuda. Tiene que ir a un psicólogo que le ayude a superar lo que ha vivido. Tienes que pensar en lo que es lo mejor para él. – El castaño seguía abrazándolo pero noto como el menor se apartaba de él de manera brusca.

– ¡Eso es todo lo que hago! No puedo llevarlo a un psicólogo porque haría preguntas y acabaría enterándose de la verdad. Yo podría ir a la cárcel y él podría volver con nuestro padre. – Anderson estaba muy enfadado y se levantó del sillón.

– ¿Has pensado en qué le dirás a Cooper cuando tenga edad para comprender las cosas? ¿Lo que sentirá cuando se entere de que has sacrificado todo por él? Además... – El ojiazul se mordió el labio, había estado a punto de desvelar la confesión que le había hecho el niño.

– Lo sé, sé que llegará un punto en el que se avergonzará de lo que hago y que sentirá asco por mí, porque realmente eso es lo que merezco. Mi profesión no es respetable y no he sido lo suficientemente bueno para él. Sin embargo, me alegra decir que cuando tenga dieciocho seré capaz de darle el dinero suficiente para que estudie lo que quiera. Soy consciente de que probablemente lo perderé pero al menos sé que estará seguro. – Blaine se paseaba por la habitación nervioso. Esa conversación no era algo agradable.

– ¡¿Qué?! Estás criando a Cooper de una manera increíble, es un buen chico y será capaz de hacer juicios por sí mismo. Él entenderá que todo lo has hecho por él y me cuesta creer que ese inocente y dulce niño vaya a alejarse de ti sólo porque trabajas aquí. Me refería a que él se sentirá mal porque estás cargando tú solo con toda la responsabilidad y olvidándote de ti. ¿Acaso no tenías sueños con dieciséis años? ¿No querías ir a la universidad o dedicarte a algo? ¿Te dedicas tiempo a ti o sólo se lo dedicas a él? ¿Has acudido a fiestas, discotecas o pubs? ¿Te has emborrachado alguna vez? ¿Has tenido pareja? ¿Has viajado? Eres muy joven para vivir como lo estás haciendo. – El más alto se movió y acabó sentado en el borde del asiento.

– No tengo tiempo para mí. Trabajo y estoy con él. El día tiene veinticuatro horas, ni un segundo más.

– ¿Has intentado encontrar otro trabajo?

– No tengo el graduado escolar, no tengo experiencia en nada. Lo he intentado pero nadie quiere contratarme. La cosa se pone peor cuando saben a qué me dedico ahora. – El moreno volvió a sentarse.

– Tal vez pueda encontrarte algo. Dame tiempo y veremos qué consigo. – Los dos se abrazaron con cariño.


Cooper se despertó y tardó unos segundos en recordar el motivo por el que no estaba en su cama y su hermano no estaba dormido en la cama de al lado. Se levantó y bajó a desayunar. La señora Hummel lo recibió en la cocina y le entregó un vaso de leche y unas tortitas con trozos de fruta y sirope de chocolate. El niño comenzó a comer cuando sus amigos entraron ya que habían sido despertados por Adam. Finn parecía molesto mientras el rubio se marchaba porque había quedado para hacer un proyecto de la universidad.

– Lo odio. – Susurró el más alto. – ¿Por qué Kurt no se casó con Sebastian?

– Sebastian sólo es amigo de Kurt. – Aclaró su madre.

– Pero Adam es aburrido...

Los niños terminaron de desayunar y se fueron a jugar al jardín.

– ¿Quién es Sebastian? – Anderson quiso saber.

– El mejor amigo de mi hermano. Son inseparables.

– ¡Ah! Como Sam y Blaine. – Cooper entendió.

– No. Seb no va a buscarme al colegio ni vive con Kurt... ¿Has pensado que tal vez tu hermano te miente y Sam es su novio? – Hummel lo miró.

– Ojalá, pero sé que no son nada. Sam ha traído una novia a casa. Sin embargo rompieron por mi culpa. – El niño parecía triste.

– ¿Qué le hiciste a la chica? – Puckerman preguntó.

– Ella no quería pasar tiempo conmigo pero Sam me tenía que cuidar mientras Blaine trabaja. Una tarde discutieron mientras yo estaba en mi habitación. Dijo cosas muy feas de mi hermano y de mí y Sam la echó de casa. No la he vuelto a ver. – Aclaró Anderson.

– Es una bruja. – Noah se compadeció de su amigo. – ¿Y tu hermano ha tenido novia?

– No, nunca me ha presentado a nadie. Creo que no tiene tiempo para conocer a nadie. Aunque creo que le gustan los chicos. Una vez escuché a Sam decir que lo que Blaine necesitaba era un novio que lo ayudara.

– ¿Y si juntamos a Kurt y a Blaine? Así Finn se deshace de Adam y Blaine obtiene esa ayuda que necesita. – Puck pensó que había tenido la mejor idea de la historia.

– Me parece bien. – El más alto estuvo de acuerdo.

– A mí también. – Cooper sonrió. Era consciente de que su hermano se esforzaba mucho para que él fuera feliz y sabía que debía hacer algo por él. Tal vez Kurt era el mejor "regalo" que podía hacerle a su hermano...