CAPÍTULO 8
Masajes y caricias
Un nuevo día de rodaje seguía su curso. Las escenas eran más intensas y las horas de grabación más amplias, al menos para los tres protagonistas, al quedar poco tiempo para la finalización de la película. Pasaban la mayor parte del día en el set, únicamente contando con algunas mañanas o medias tardes libres, el resto de las horas, se concentraban al máximo para que el trabajo del final de rodaje saliera perfecto.
Al mediodía, justo cuando el equipo hizo un parón para comer, Rachel se dirigía al comedor que habían improvisado para la película en un carrito de golf que les servía para moverse con mayor rapidez por el set. No pudo evitar sonreír cuando al girar, se encontró con un grupo de fans que esperaban casi como cada día detrás de una valla y por supuesto, Quinn estaba junto a ellos, atendiéndolos con un abrigo que le llegaba a las rodillas para protegerse del frío que golpeaba aquel día Los Angeles.
Pensó en seguir su camino, pero decidió acercarse hasta donde estaba la rubia viendo como algunos empezaban a llamarla para pedirle que se acercara a ellos.
-¿Te espero y te llevo? – preguntó a sus espaldas, haciendo que Quinn se girase para mirarla.
-Por favor. – pidió mientras firmaba un nuevo papel.
La morena no dudó en abandonar el carrito durante unos minutos para atender encantada la petición de sus fans, comenzando a dejar su firma y a poner su mejor sonrisa para cada foto.
-¿De verdad Quinn Fabray también cantaba? – preguntó una adolescente a Rachel casi en un susurro, mirando de reojo a la rubia que seguía a lo suyo.
-Sí, yo no miento. – dijo guiñándole un ojo. – Oye, Quinn, canta un poco, la gente me toma por mentirosa.
-Cállate, Berry. – se quejó, haciendo reír a los que estaban allí.
-Ok, yo no quería llegar a esto, pero… - advirtió mirándola divertida mientras seguía firmando. - ¿Quieres ver a Quinn cantar? – preguntó a la chica, que asintió sin dudarlo. – Busca videos de New Directions, te vas a sorprender con ella y con el resto de nuestros compañeros.
-¿Qué? – dijo una pálida Quinn, que miraba con cara de terror a Rachel una vez terminada su sesión de autógrafos y fotos. – Te voy a matar. – susurró acercándose a ella. – Vamos a comer que se nos hace tarde chicos, gracias por venir. – dijo con una fingida sonrisa y tirando de la morena hasta el pequeño coche.
-¡Quinn! –se quejó por los tirones.
-Dime que es mentira, que no hay videos de esos.
-Si hay.
-Rachel, hubo un tiempo en que actué embarazada y la gente no sabe nada de eso. – dijo desesperada.
-Eh, tranquila Quinn, lo sé. No hay videos de esa época, si no, no hubiera dicho nada. – la tranquilizó, viendo como la rubia soltaba todo el aire contenido. – Los subió hace unos años el Sr. Schue. Hay videos de las competiciones y algunas actuaciones en el instituto, pero él sabía que nadie sabe lo de Beth y lo que podría pasar si mostraba los videos del primer año, así que esos los tiene él, guardados bajo llave.
-Joder, que susto, Rach… - dijo llegando junto a la morena al comedor, donde ya se disponían a servirse la comida. - ¿Estás segura de que no los subió?
-Totalmente. El mismo me dio la explicación de porqué no lo hizo cuando le pregunté. Aunque te cueste creerlo, los que te queremos hemos seguido apoyándote y protegiéndote a pesar de tu desaparición, el señor Schue el primero. – dijo sentándose frente a Quinn en una mesa para ellas solas.
-Pues si tienes la oportunidad de hablar con él, agradéceselo de mi parte… - dijo agachando la mirada.
-Podrías decírselo tu misma. Una llamada o una visita a Lima no te van a hacer daño.
-No. – dijo de forma rotunda. – Y no insistas de nuevo. – cortó antes de que volviera al tema. - Además, aunque no estén los videos que me delatan, hay videos donde salgo cantando Rachel. – volvió a quejarse al darse cuenta.
-¿Y qué?
-Que me da vergüenza que todo el mundo lo vea.
-No digas tonterías. No entiendo porque no cantas…
-Porque no lo hago bien, eso es para ti. Aquello era una manera de pasar el tiempo y de disfrutar, pero no nos engañemos, mi voz no destacaba dentro del grupo…
-Tu voz es preciosa, Quinn. A mí personalmente, era una de las que más me gustaba, no sé, había algo en tu voz que me relajaba, me gustaba verte cantar. – dijo ante una incrédula Quinn.
-Míratelo, porque creo que tienes fiebre. – dijo haciendo que Rachel pusiera los ojos en blanco. – Ahora solo canto en la ducha, así que si quieres escucharme, tendrá que ser mientras me enjabonas la espalda. – dijo de forma sugerente, levantando ambas cejas que hizo sonrojar a Rachel de forma inmediata, sobre todo por considerar en su cabeza aquella falsa propuesta.
-No me tientes, Fabray. – intentó disimular sus nervios, dando resultado, ya que Quinn soltó una carcajada al escucharla. Durante unos minutos, comieron en completo silencio, hasta que la rubia volvió a hablar.
-Fue una buena época…
-La mejor. – confirmó la morena. – He conseguido mi sueño, he actuado en los mejores musicales y he ganado premios importantísimos, pero la emoción, la alegría, el compañerismo que sentía cuando actuábamos en las regionales o las nacionales, cuando ganamos… No he vuelto a sentir eso en mi vida…
-Te entiendo… Para mí, ya sabes que no fue mi mejor época, pero de alguna manera, el Glee me ayudó tanto…en todo… Las bases buenas de la persona que soy hoy, no las aprendí en mi casa, me las enseñasteis vosotros, a veces con cariño y otras con algún tirón de oreja, pero siempre sintiéndome respaldada…
-Éramos un buen equipo… A veces, si pudiera volver a atrás y volver a vivir durante unos minutos aquello, lo haría… Cuando visito el instituto y me paso por la sala de coro, me da una envidia infinita ver a los chicos con toda la ilusión en su cara. – dijo sonriendo ampliamente, consiguiendo otra pequeña sonrisa de la rubia.
-No estaría mal poder dar marcha atrás de vez en cuando… - dijo volviendo la atención a su plato.
La conversación se había dado por concluida y mientras que Rachel no dejaba de darle vueltas a algo que llevaba preocupándola algunas semanas, Quinn hacía un gran esfuerzo por mantenerse firme como llevaba haciendo todo el día. Los dolores cada vez eran más intensos y sus quejidos más evidentes, algo que no pasó desapercibido para la morena, la cual, llevaba notándola algo rara toda la mañana.
-¿Estás bien? – preguntó Rachel ante la mueca de dolor que la rubia había puesto, soltando en el momento sus cubiertos.
-Sí, perfecta. – dijo con una sonrisa que no convenció a la morena.
-¿Segura? Te noto rara hoy.
-Estoy bien, de verdad.
-Te creeré… - dijo no muy convencida. – Oye, Quinn.
-Dime.
-El rodaje termina en dos semanas, ¿tienes ya alguna película para después?
-Para dentro de unos meses. Creo que por ahora me voy a tomar un pequeño descanso, llevo sin parar desde que empecé… ¿Tu, te han ofrecido alguna película o algún casting?
-No paro de hacer castings y empiezo a preocuparme la verdad…
-¿Por qué?
-Porque no me han llamado de ninguno, en la mitad ya me han dicho que no y en los otros no creo que me llamen… Esta tarde tengo otros dos y cada vez estoy más nerviosa, no por los castings, sino porque no me llamen.
-Eres demasiado impaciente, Rachel. Ten paciencia, te llamarán y tendrás que elegir donde participar. No sufras por eso, anda. – dijo cogiendo su mano encima de la mesa y dándole un suave apretón, animándola, algo que la morena agradeció enormemente.
Pero las horas fueron pasando y Rachel siguió pensando en lo mismo, hasta que su día de grabación dio por concluido y antes de marcharse hacia donde debía hacer sus castings, pasó a hacer una visita para que la tranquilizara a Quinn en su tráiler, donde había estado encerrada la mayor parte de la tarde.
-Quinn, necesito que… - dijo entrando al tráiler sin llamar a la puerta y parando de hablar al ver a la rubia en el sofá, boca abajo y tapando con sus manos su cara. - ¿Qué te pasa? – preguntó acercándose a ella de inmediato. – Y no me digas que nada porque no te creo, llevas todo el día haciendo muecas de dolor y quejándote aunque intentes disimularlo.
-Rach, no es nada, de verdad. – dijo mirándola y recibiendo una mirada fulminante por parte de la morena. Ante esto, Quinn suspiró y fue a incorporarse para sentarse, pero al hacerlo, un latigazo de dolor la atizó, por lo que no pudo evitar un pequeño grito de dolor.
-Joder, Quinn, me estás asustando. Espera un momento, voy a llamar a alguien.
-Rachel, no lo hagas, en serio. – dijo una vez sentada. – ¿Recuerdas que te dije que tenía algunas secuelas del accidente? – la morena asintió. – Bien, pues hoy el dolor de espalda me está dando un poco la lata, pero no te preocupes, estaré bien, me sucede de vez en cuando. – dijo al ver la cara de angustia de su amiga.
-Madre mía, Quinn, cuanto lo siento.
-Otra vez… No sientas nada, porque no hay nada que sentir.
-Claro que sí, yo…yo fui egoísta ese día, yo…no estaba segura de casarme con Finn y quería que llegaras con la esperanza de que pararas aquella locura, por eso insistía, si no lo hubiera hecho, tú no…
-Yo no habría parado esa boda, así que deja de lamentarte. Me alegra escuchar aunque sea ahora que te quedaba un poco de cordura y no estabas convencida. Me alegro de haber colaborado en la no celebración. – dijo burlonamente.
-¡Quinn! – se quejó infantilmente, dando un golpe en el suelo con su pie.
-¿Qué? – dijo riéndose.
-No es gracioso. Y encima te pasas todo el día trabajando sin decir nada, te puede perjudicar.
-No me va a perjudicar. Llevo años con esto ya te lo he dicho. En cuanto salga de aquí me espera el fisioterapeuta y quedaré como nueva. De verdad Rachel, deja de culparte por favor, me haces sentir mal. – le pidió.
-Está bien.
-Vale, ¿Qué querías?
-Nada, que ya me iba para el casting, para que me tranquilizaras un poco…
-No necesitas que te diga nada, estás preparada, no tienes que tener nervios. Ahora vete, vas a llegar tarde.
-Todavía tengo tiempo. Déjame darte un masaje. No soy fisioterapeuta, pero al menos creo que podré aliviar un poco el dolor.
-No hace falta, Rachel, gracias.
-¿Quieres que deje de sentirme un poco culpable? Pues esta sería una buena forma. – al ver el suspiro derrotado de Quinn, la morena sonrió. – Genial, quítate el jersey.
-¿Cómo? – dijo alzando su característica ceja.
-¿También tengo que explicarte como quitarte un jersey? Es fácil, levantas los brazos y lo sacas.
-Eres tan graciosa… - dijo mirándola mal. - No me refería a eso.
-Lo sé. Venga Quinn, no voy a violarte si es lo que te preocupa, te recuerdo que no me gustan las mujeres.
-Podrías caer rendida ante mis encantos… - dijo con una sonrisa coqueta.
-Deja de decir tonterías, quítate el jersey túmbate de una vez. – esta vez, la rubia obedeció sin rechistar.
Una vez que Quinn estuvo en posición, Lea se colocó sobre sus piernas, notando como la rubia se tensaba ante ese acto. Rachel había cogido el pequeño bote de crema que siempre la acompañaba en su bolso y ahora se embadurnaba las manos para poder deslizarse mejor por su piel.
En cuanto sus manos se posaron en la espalda de Quinn, su cuerpo reaccionó, saliendo a la luz los nervios y la sequedad en la boca que últimamente empezaba a provocarle la rubia. No para de hacerse notas mentales para encontrar novio o algún amigo fiable para descargar tensiones. Quinn no podía gustarle de aquella manera, estaba totalmente convencida de ello. Aquella atracción repentina la estaba matando… No podía negar que la ex capitana de la animadoras era guapa, sexy y que podía llegar a confundir a cualquiera, pero no a ella. Rachel Berry no se dejaría caer en las redes de la rubia, porque volvía a repetir, su único problema era la falta de sexo.
De repente, algo llamó la atención de la morena. Una fina cicatriz resaltaba en la espalda de Quinn. Empezaba donde la espalda perdía su nombre y llegaba unos seis o siete centímetros más arriba. No pudo evitar estremecerse al verla, como tampoco pudo evitar llevar sus manos hasta ahí, acariciando con todo el cuidado del mundo la zona, notando como ambas acababan con la piel de gallina al contacto.
La atmosfera del tráiler estaba cambiando. Las dos podían notarlo. Las manos de Rachel cada vez más expertas por la espalda de la rubia, estaba dejándolas a ambas en una situación complicada. A la morena, porque sus manos empezaban a pedir más piel que descifrar, mientras la respiración, cada vez más pesada quería delatarla. En cambio Quinn, llevaba una lucha más dura, porque se moría por seguir sintiendo las caricias de Rachel por su cuerpo, provocando mil sensaciones en ella, quitando el dolor o al menos haciendo que no consiguiera acordarse de él, y no podía evitar sentirse culpable por ese pensamiento con su amiga. A la rubia hacía tiempo que la respiración le había jugado una mala pasada, pero acabó de delatarse al no poder evitar un claro gemido al sentir las manos de la morena desplazadas hasta los laterales de sus pechos.
Se quedaron congeladas, estáticas, Quinn ni siquiera respiraba, cerrando los ojos con fuerza por lo que acababa de hacer por un simple masaje, mientras que a Rachel, aquel sonido se los abrió como platos, notando como un fuego que pocas veces había sentido empezaba a subir por su vientre.
-Se me está haciendo tarde. Tengo que irme ya si quiero llegar a los castings. – dijo reaccionando exageradamente, quitándose de un salto de las piernas de Quinn para ponerse de pie, mientras que esta, con un poco más de esfuerzo, se incorporaba y se ponía el jersey.
-Claro, siento haberte entretenido con esto y por… - no sabía cómo seguir, mientras notaba como las mejillas le ardían.
-No pasa nada, no ha sido nada. – dijo sin mirarla a los ojos por la vergüenza. – Bueno, será mejor que me vaya, hasta mañana. – se despidió, dirigiéndose a la puerta con la vista fija en el suelo.
-Rachel. – la llamó antes de que saliera, logrando que esta vez sí, la mirara. – Ve tranquila, eres una estrella. Tú no sabes hacerlo mal, así que estoy segura que tanto los castings de hoy, como los de los días anteriores traerán algo bueno. No necesitas que te desee suerte, la gente como tú no la necesita, solo tienes que hacer lo que sabes, dejarlos con la boca abierta.
-Gracias. – respondió con una sonrisa sincera, llena de nervios e ilusión por esa nueva prueba, dejando en ese tráiler lo que había pasado, dejando a un lado como venía haciendo hasta ahora, las cosas cada vez más raras que le sucedían con Quinn.
-¿Por qué te pasan estas cosas, Fabray? – se preguntaba la rubia en la soledad que le había dejado Rachel, sin poder evitar soltar una risa incrédula por haberse excitado con un inocente masaje en la espalda. – Estás fatal, necesitas acabar la película y salir un poco más a distraerte…
La noche había llegado y Quinn, tratando de relajarse después del largo día de trabajo y una sesión bastante fuerte en el fisioterapeuta, preparó un sándwich y se tiró en el sofá, enrollada en una manta, dispuesta a no hacer nada hasta que el sueño pudiera con ella. En eso estaba, a mitad de su cena, cuando el timbre sonó. Se extrañó porque no esperaba a nadie. Normalmente Brody llamaba y sus amigos sabían que con el rodaje a punto de finalizar no se permitía ninguna fiesta.
Pensando que se trataba de ellos, intentando arrastrarla a una noche desenfrenada, abrió la puerta desganada, pero lo que se encontró tras ella no era lo esperado. Una Rachel Berry tiritando y llorando como si no hubiera un mañana fue su sorpresa.
-Rachel… ¿Qué…que te pasa? ¿Ha pasado algo? – preguntó preocupada, reaccionando al abrazo de la morena, que rodeando su cintura, apoyaba su cabeza en su pecho para seguir su llanto. – Oye, tranquilízate, por favor… - pidió llevándola con ella al sofá, sentándose sin dejar en ningún momento el abrazo.
-Quinn…es que…yo no voy a ser capaz… - dijo separándose un poco de ella para mirarla y rápidamente volver a esconderse, esta vez en su cuello.
-¿Capaz de qué?
-De que me llamen de ningún casting. Han vuelto a decirme la frase de ya te llamaremos y yo… me voy a tener que ir a Nueva York y yo estoy a gusto aquí, no quiero irme antes de lo previsto. – explicaba ante una incrédula Quinn, que escuchaba lo que le pasaba intentando no negar con la cabeza.
-Me habías asustado, creía que era algo grave…
-¡Esto es grave! – exclamó separándose nuevamente de ella.
-No, no lo es. ¿Cómo has hecho el casting?
-Pues parece que no muy bien, porque no me han dicho nada.
-No, no quiero que te bases en ellos, quiero que me digas como crees que lo has hecho tú.
-Pues bien, perfecto, no se… Empiezo a creer que a lo mejor esto no es lo mio y solo sirvo para Broadway…
-Dices eso como si fuera poco… Rachel, yo también estoy segura de que lo has hecho perfecto. Te conozco, sé lo mucho que te esfuerzas por conseguir lo que quieres… - dijo acariciando su mejilla con una sonrisa, quitando las lágrimas que seguían saliendo de los ojos de la exagerada chica. – Te lo he dicho, tienes que tener paciencia, las cosas van lentas al principio. Estoy convencida de que te llamarán no de una, sino de decenas de proyectos y llegará un momento en el que ni siquiera tendrás que hacer casting, serán los productores y directores los que vendrán a ti, exactamente como te pasó en Nueva York, pero tienes que creer un poco más en tus posibilidades… - decía mientras acariciaba el pelo de Rachel con suma delicadeza, sintiendo la respiración tranquilizándose de esta en su cuello, donde había vuelto a esconder la cabeza buscando refugio. – No vas a irte a Nueva York, Broadway puede esperar por su estrella. Todavía nos queda mucho tiempo aquí, tienes que aguantarme un poquito más. – dijo para luego sonreír al notar como Rachel dibujaba una en sobre su cuello. – Te llamarán, es cuestión de tiempo.
-Gracias, Quinn… - dijo aun sobre su cuello, cada vez más calmada con las caricias y la seguridad que la rubia le proporcionaban.
-No hay de qué. ¿Estás mejor?
-Si… - dijo separándose de ella para poder mirarla con una sonrisa. – Siento que tengas que aguantar mis berrinches…
-Me gustan tus berrinches y tu vena dramática. Puedo soportarlos.
Y ahí estaban de nuevo, demasiado cerca, atrayéndose mutuamente, clavando su mirada en la otra, Rachel sintiendo como no se había fijado en aquellos ojos verdes tan hipnotizantes, tan maravillosos y Quinn empezando a desviar sus ojos a sus labios, por los que había muerto años atrás y por lo que empezaba a sufrir en la actualidad por tenerlos tan cerca y no tener ni idea de que hacer.
-Esto no puede estar pasando… - dijo Rachel mirando los labios de la rubia con un hilo de voz, en un tono tan bajo que incluso a Quinn, a tan solo unos centímetros le costó entenderla.
-¿El qué? – preguntó consciente de la situación, consciente de cómo no era la única que notaba aquella creciente tensión, de cómo Rachel parecía sentir la misma atracción por su cuerpo como ella sentía por el suyo. Aquella pregunta hizo que la morena volviera su mirada a ella y tras un breve trance, reaccionara.
-Que…que no te haya preguntado por tu espalda… - dijo levantándose nerviosa del sofá, sin ver como Quinn sonreía divertida por el nerviosismo de su amiga. – No puede ser que me preocupe por tonterías y no en cosas importantes como tu espalda.
-Mi espalda está perfecta después de una sesión de masajes con Rachel Berry y otra un poco más dolorosa con el fisio.
-Bien… Eso es bueno.
-Sí, muy bueno. – dijo apiadándose de ella, dejando aquellos pensamientos de llevar las cosas a un sitio que no le convenía, sobre todo a ella. - ¿Has cenado?
-¿Qué? No. – dijo al pillarla de improvisto.
-Siéntate anda, te preparo un sándwich.
-No hace falta, me voy ya.
-Siéntate. – le ordenó con una mirada marca Fabray, la cual no dejaba hueco a una nueva protesta. – Así nos hacemos compañía mientras cenamos y vemos una peli, tienes que apuntar técnicas para tus próximas pruebas, no quiero que vengas llorando por eso otro día… - se burló sacándole la lengua a una morena que se adueñaba del mando al sentarse en el sofá y ponía los ojos en blanco, ignorando su comentario.
Mientras que la rubia preparaba su cena, Rachel aprovechó para poner su serie favorita y salir al jardín a saludar a un Ringo cada vez más grande y a Jagger. Por supuesto, durante la cena no perdió la oportunidad de recriminarle a Quinn que tuviera todo el día a un cachorro en el jardín sin permitirle entrar en la casa, como hacía cada vez que iba. Esta vez no consiguió que los perros entraran, ya que la rubia se había cerrado en banda. El perro crecería y lo destrozaría todo allí dentro, en el jardín tenía espacio, un compañero de juegos como Jagger y una caseta enorme donde no pasaba frio. Lo que sí pudo conseguir fue elegir la película que verían, un nuevo musical al que Quinn accedió sin ganas de seguir discutiendo.
La película la empezaron cada una en una punta del sofá, pero a medida que avanzaba y el frío se instalaba en sus cuerpos, bastó una mirada para que Rachel se acurrucara en los brazos de Quinn, las dos bajo la manta que las cubría y donde la morena sucumbió al sueño en paz, tranquila mientras sentía las suaves caricias que Quinn iba dejando por su brazo o su espalda, dejando un par de besos en su cabeza al ser consciente del cansancio de la chica.
No pudo evitar sentirse emocionada y viva por primera vez en mucho tiempo y antes de dejar a Rachel en la habitación de invitados, una sensación de miedo a repetir la historia de hace años la invadió. No. Aquella vez era diferente, ella no estaba enamorada de Rachel.
