N/A: Avisé que el protagonista de la historia sería Blaine. Sé que al principio no lo parecía, pero ahora veréis que todo vuelve a lo que estáis acostumbrados cuando leeis mis historias. Blaine es el protagonista...


CAPÍTULO 7: UNA NUEVA PERSONA EN TU VIDA

Blaine pasó unos días en su casa, recuperándose de sus heridas y esperando los resultados de los análisis. No vio a Kurt durante todo ese tiempo ya que su marido hizo el examen que tanto había estado preparando y los dos se dedicaron a pasar más tiempo juntos. El moreno aprovechó para pasar más tiempo con su hermano. Lo llevaba al colegio y lo recogía, iban juntos al parque, jugaban al fútbol... Esa tarde los dos se divertían mientras el mayor le enseñaba un regate. En una jugada, el balón se alejó de ellos y Cooper fue tras él. Un hombre corpulento recogió la pelota. El ojimiel se acercó a su hermano para vigilar que no le pasaba nada.

– Creo que ésto es tuyo. – El desconocido le dio el balón al niño.

– Sí, gracias señor. – El ojiazul se mostró respetuoso pero sin ser demasiado amigable.

– Gracias. – Blaine llegó al lado de su hermano y puso sus manos sobre los hombros del niño.

– ¿Es tu hijo? Pareces muy joven... – El hombre quiso saber.

– Es mi hermano. – Aclaró el pequeño, haciendo que el ojimiel se sintiera incómodo.

– Wow, vaya suerte tienes. Yo no tenía un hermano que jugara conmigo al fútbol americano.

– Yo no juego al fútbol americano, prefiero el europeo. – Cooper comentó. Podía ser un niño, pero se había percatado de que el desconocido miraba a Blaine de una manera especial. Si Kurt o Sam no iba a ser el novio del mayor de los Anderson, él tenía que encontrar a otros candidatos. Por eso necesitaba mantener la conversación. – ¿Usted sabe jugar?

– No, nunca he jugado... ¿Me enseñarías?

El pequeño miró a su hermano, no sabía qué responder. Por una parte quería que ese hombre se uniera a ellos en el juego para ver si podía emparejarlos. Por otra, sabía que no podía confiar en extraños y que ya había hablado un poco más de lo que debería.

– Creo que alguien acaba de darse cuenta de que está hablando con un desconocido. – Blaine aclaró al ver el silencio del niño.

– Claro, no hay que hablar con extraños, lo que hace esto muy raro porque yo soy un extraño... Me llamo Dave Karofsky.

– Yo soy Blaine y él es Cooper. – El mayor de los Anderson aclaró, un poco más relajado al darse cuenta de que el interés del otro era por él y no por el pequeño.

Siguieron jugando un rato los tres, Dave era muy cariñoso con el niño pero sin que llegara a parecer raro. Además, era amable con Blaine e intentaba coquetear con él de manera sutil. Estuvieron allí hasta que el sol comenzó a ocultarse y ya no se veía con tanta claridad. Estaban a punto de encender las luces del parque.

– Creo que es hora de irnos a cenar. – El moreno comentó.

– Sí... ¿Podría tener tu número de teléfono? Tal vez podamos encontrarnos otra vez y pasar más tiempo juntos. – Karofsky preguntó ilusionado.

– Claro, ¿por qué no?

Blaine cogió el teléfono del otro adulto y apuntó su número de teléfono. Dave hizo lo mismo.


– Así que... ¿Un chico? – Preguntó Sam alzando una ceja y con una sonrisa pícara. Él, Blaine y Cooper estaban cenando la pizza que habían preparado entre los tres, una de las especialidades de esa "familia". Esa noche era la vuelta al trabajo del moreno, por lo que pronto saldría de la casa.

– Sí, era alto y grande. No sé si guapo o no... No sé cuando un hombre es feo o guapo pero era muy divertido y sabe jugar al fútbol. – Cooper aclaró, dando los datos que él consideraba importantes en ese momento.

– ¿Tú que dices, Blainy? ¿Era guapo? – El rubio preguntó con una sonrisa.

– No tanto como tú. – El moreno bromeó antes de mandarle un beso.

– Jajajaja. Ya sé que soy irresistible, pero si esperas a encontrar a alguien a mi altura, lo tendrás claro... Además de que será demasiado alto para ti y tendrás que saltar para llegar a darle un beso en la mejilla. – El ojiverde siguió burlándose.

– Por algo jamás tendría una relación contigo. – El mayor de los Anderson comentó.

– ¡Seamos serios! Blaine, dejemos nuestras tonterías y háblame en serio de ese hombre... ¿Te gustó? – Evans quiso saber.

– Bueno... Fue muy simpático y amable con Cooper. Además de que fue dulce. Tiene su atractivo y... – El moreno se sonrojó.

– ¿Y...? – El rubio estaba muy atento a las reacciones de su amigo. Sin embargo, en ese momento sonó el teléfono del ojimiel. Anderson lo abrió y vio un mensaje.

"Ha sido un placer jugar contigo y con Cooper... ¿Podríamos tomar un café juntos? Dave"

El ojimiel no pudo evitar sonreír, ese hombre era amable y le gustaba que coqueteara con él. Decidió responder.

"Trabajo los fines de semana. Tengo libre los lunes, martes y miércoles hasta la hora de ir a recoger a Coop. Blaine"

– ¿Ligando por teléfono? Me encanta verte con esa sonrisa. – Sam comentó y el niño no pudo estar más de acuerdo. El moreno iba a decir algo pero el sonido de tu teléfono le avisó de que tenía un nuevo mensaje.

"En ese caso, cambio la invitación a una comida. Podríamos estar juntos durante mi hora para comer. Dave"

– Sam... ¿Te importa si salgo a comer el lunes? – El ojimiel miró a su amigo.

– Blaine tiene una cita, Blaine tiene una cita... – El rubio comenzó a cantar y pronto el menor se unió a su canción. Blaine no podía parar de reír por las caras que ponía su mejor amigo y lo feliz que parecía su hermano. – Así que... ¿Me vas a cambiar por otro? – El ojiverde puso cara triste, como si realmente le habría cambiado por otro.

– Sabes que tú siempre estarás en mi corazón...


El primer día de trabajo de Blaine en la agencia tras sus "vacaciones" fue agotador. Todos sus clientes habituales se habían enterado de su regreso y quisieron satisfacer su deseo de estar con él. Odiaba eso, lo peor de estar tiempo sin ir a trabajar era que a su vuelta parecía que tenía que recuperar el trabajo perdido. Y normalmente, sus clientes no se conformaban con algo sencillo, esos días lo llevaban al límite. Además, el fin de semana fue como solía ser habitual y no tuvo un sólo día tranquilo, muchos clientes, todos en busca de sexo rápido. Por eso el lunes se levantó muy cansado. Sam le ayudó a elegir ropa para su cita (aunque no estaba seguro de que fuera una cita) y le dio algunos consejos.

– Estás nervioso. – Afirmó el rubio mientras su amigo intentaba hacer el nudo de la pajarita.

– Es mi primera cita... Si es que ésto es una cita. – Susurró el moreno.

– Relájate, sé tú mismo y sonríe. Te amará. – El ojiverde se acercó para ayudarle con la pajarita.

– ¿Qué pensará cuando se entere de que trabajo en la agencia? ¿Y cuando sepa que no he tenido nunca una cita o una relación? ¡Tengo veintiún años!

– Inspira... – El ojimiel hizo lo que su amigo le pedía – Espira... – El más bajo soltó el aire que retenía. – Eres una gran persona y cualquiera sería afortunado de estar contigo.


Blaine se sintió un poco intimidado al entrar al restaurante donde Dave lo había invitado. Era un sitio elegante aunque no en exceso. Una mujer vestida con pantalones negros y camisa blanca lo acompañó hasta una mesa donde Karofsky lo esperaba. El más alto se levantó para saludar al otro estrechando su mano y dándole una palmada en el hombro. Luego esperó a que el otro se sentara para volver él a su asiento. Era claro que intentaba ser todo un caballero. La camarera les dio el menú y el ojimiel se tensó un poco. Aunque los precios no eran excesivos, no era algo que él pudiera permitirse.

– Pareces nervioso. – Dijo Dave cuando la camarera se marchó después de apuntar sus pedidos.

– Hace mucho que no tenía una cita. – Anderson comentó aunque pronto se arrepintió porque no estaba seguro de que fuera cita.

– Adorable... ¿Cuánto tiempo si se puede saber? – El más alto quiso saber.

– La verdad es que... Nunca he tenido una cita. – Blaine susurró, sus mejillas se volvieron rojas.

– ¡Oh! Vale... No te preocupes. No entiendo por qué un chico tan atractivo y maravilloso como tú no ha tenido nunca una cita, pero me halaga ser el primero.

– No tengo mucho tiempo... Mi hermano es mi prioridad y... Sólo tengo libre los lunes, martes y miércoles hasta que voy a buscarlo al colegio. Normalmente las personas están trabajando a esas horas.

– Bueno, tú y yo podemos quedar siempre que quieras a esta hora. No es mucho pero podemos vernos... Además, tu hermano me cae muy bien, también podríamos ir al parque los tres... Quiero conocerte y tal vez podamos llegar a ser más que amigos algún día. Encontraré la manera de que podamos conseguirlo.

– Me encantaría... – Anderson sonrió porque era la primera vez que alguien buscaba todas las posibilidades de verlo y pasar tiempo con él.

Tal vez Dave Karofsky era lo que Blaine necesitaba para encontrar una vida más o menos normal. No sabía que pasaría cuando el más alto descubriera su pasado y a lo que se dedicaba. Pero hasta ese momento, disfrutaría de lo que vendría a su vida. Algo le decía que todo mejoraría.