CAPÍTULO 10
Pacto
Dos días. Ese era el tiempo casi exacto que Quinn llevaba pensando en Rachel. Dos días en los que la morena no había dado señales de vida al no atender ni llamadas ni mensajes procedentes de Quinn. La rubia no se atrevía a llegar hasta su casa, ya que temía estropear más las cosas, así que preocupada y maldiciéndose por haber llegado a ese punto se encontraba en su casa junto a Brody, el cual había pasado aquella tarde a hacerle una visita al notarla extraña por teléfono.
-Dos días, Brody, dos días sin cogerme el teléfono… - se quejaba de pie, una vez que había terminado de contarle al chico lo ocurrido.
-Ve a su casa, a lo mejor ha estado ocupada y por eso no ha podido atenderte. – decía con toda la paciencia del mundo sentado en el sofá.
-No me jodas, Brody. Sabes tan bien como yo porque no me coge el teléfono, la he cagado y si voy a su casa puede que se moleste más…
-Vamos a ver, rubia… Me has dicho que te correspondió, que te siguió el beso, eso significa que le gustó, no tiene por qué estar molesta. – intentaba convencerla sin éxito.
-¿Qué parte de la de salió corriendo no has entendido? La besé y salió por la puerta como si hubiera visto un fantasma… Me correspondió pues porque…no sé, por inercia, porque la pillaría con la guardia baja.
-Mira, creo que te estás complicando mucho. ¿Sabes que pienso? – dijo con una sonrisa traviesa.
-¿Qué? – preguntó escéptica.
-Que deberías acostarte con ella. Se lo propusiste y no te dijo que no… De esa forma toda la tensión se iría.
-Céntrate, Brody y deja de decir tonterías. Eso lo dijo en broma, creo… - dijo no muy segura, intentando que su amigo no le metiera ideas innecesarias en la cabeza. – Además, no puedo hacer eso, Rachel es mi amiga.
-¿Y qué? Eso no te ha importado antes, no sería la primera vez que te acuestas con una amiga.
-Rachel no es de ese tipo de amigas, ella es especial.
-¿Cómo de especial? – preguntó entrecerrando los ojos.
-Lo bastante como para no acostarme con ella por simple sexo.
-Allá tú, pero creo que si lo hacéis una o dos veces os beneficiará, un amigas con beneficios exprés, algo momentáneo. Pero solo una o dos, nunca más.
-¿Y eso porque? – preguntó curiosa.
-Porque ibas a sufrir, Quinn…
-¿Qué?
-Tuviste sentimientos por ella y ahora no te separas de ella. No puedes enamorarte…
-No voy a acostarme con ella y por supuesto, no me voy a enamorar, no soy estúpida para caer en lo mismo. A Rachel le gustan los chicos, la besé y la aterroricé, ni por un segundo se le ha pasado por la cabeza acostarse conmigo.
-Pero a ti sí. – afirmó sin dudarlo.
-A mi si… - dijo viendo innecesario negarlo, Brody la conocía. – No soy de piedra… De todas formas, esta conversación está de más. Rachel no se va a meter en la cama conmigo, así que deja de meterme ideas raras en la cabeza cuando ni siquiera se digna a hablarme.
-Está bien… Ven aquí anda. – dijo tirando de su mano para sentarla junto a él en el sofá y rodearla con su brazo. – Siempre metiéndote en líos amorosos, Fabray… - le dijo tiernamente, dejando un beso en su cabeza.
-Vamos a dejar eso a un lado por hoy, cuéntame que tal te fue en la cena con tus suegros.
Quinn quería dejar de pensar en Rachel al menos unos minutos, apartar de su cabeza la preocupación y la expectación que Brody había creado con sus palabras. ¿Realmente Rachel sería capaz de acabar con ella en la cama? No lo creía, en absoluto. En cambio ella llevaba desde su adolescencia imaginándose un momento así, siempre había sido algo fantasioso, lejano. Ahora, la posibilidad era real, pero seguía viéndolo imposible.
Brody hizo su trabajo como amigo. Por unas horas, hizo que su amiga no pensara en sus líos y lograra sacar alguna sonrisa después de unos cuantos días, hablando de todo y de nada, haciéndose compañía mutua hasta que el chico se fue a buscar a su novia después de una agradable cena.
La rubia se dio un baño relajante y con una simple camiseta que le cubría parte de los muslos como pijama, se tumbó en el sofá, dispuesta a descansar su cabeza de tantos pensamientos mientras veía una película. A mitad de esta, el timbre de su casa sonó, asustándola por un segundo, pero en seguida se tranquilizó, segura de que sería Brody, que como siempre se había olvidado de algo en su casa.
-¿Qué te has olvidado esta vez? – preguntó con una sonrisa burlona que se desvaneció en cuanto alzó la mirada y vio a una Rachel deslumbrante en la puerta. – Rachel…
-¿Esperabas a alguien? Lo siento, pensé que… - decía nerviosa, alternando su mirada entre Quinn y el suelo. Verla con aquella simple camiseta cubriéndola le estaba disparando el pulso.
-No, no, es solo que Brody ha estado aquí y pensaba que se había dejado algo. – dijo sin poder apartar los ojos de ella. Se veía espectacular, metida en un vestido rojo que realzaba su figura, marcando su silueta, que con el cabello haciéndole algunas ondas, hacían de Rachel la mujer más perfecta que había tenido delante. – Pasa, no te quedes ahí. – dijo reaccionando, apartándose de la puerta tras unos segundos de incomodo silencio. – Vienes… muy guapa… - dijo esperando no incomodarla, tan solo halagándola con la verdad al no comprender que hacía en su casa a esas horas, vestida así y sin saber nada de ella en un par de días.
-Gracias… - dijo con una sonrisa tímida mientras tomaba asiento en el sofá, acompañada por la rubia que se había sentado a una distancia prudencial. – He estado en un estreno al que me habían invitado. – le explicó a Quinn, que ya sabía que la morena empezaba a ser reclamada en gran parte de los eventos que se organizaban en Los Angeles. Ella misma había declinado la invitación a ese estreno, aquel día no le apetecía hacer de estrella y tenía la suerte de permitirse algunos desplantes como aquellos.
-Pues los habrás dejado con la boca abierta. – dijo con una forzada sonrisa, sin saber muy bien que debía decir o hacer.
-Yo…pensé que debía venir…
-He estado intentando hablar contigo estos dos días… Estaba…preocupada y nerviosa… - dijo intentando que no sonara a reproche.
-Lo sé y lo siento… Necesitaba unos días para mí…
-Mira Rachel, entiendo que quieras alejarte de mí, pero si me huyes, no puedo disculparme y decirte que no hace falta que me ignores. Siento lo que pasó, fue un error, no debería haberte besado, se me fue la cabeza, me confundí y pensaba que tú también querías… - dijo totalmente incomoda, al igual que la morena que no sabía dónde poner sus manos y no era capaz de mirarla a la cara. – No volverá a pasar, siento haberte puesto en esa situación.
-Quinn, para. – le pidió. – Yo…no huyo de ti, simplemente necesitaba poner algunas ideas en orden, pero mi cabeza sigue siendo un caos…
-Lo siento, Rachel… No puedo decirte otra cosa… No pretendía asustarte…
-No me asustaste.
-Vamos, te vi la cara y después saliste corriendo.
-No fue por eso… Yo…Me gustó el beso, Quinn. – dijo mirándola a los ojos avergonzada. – Si salí corriendo, fue porque no esperaba que un beso tuyo me gustara…
-¿Qué? ¿Estás hablando en serio? – preguntó incrédula.
-¿A ti no te gustó? – preguntó dubitativa.
-¿Estás de coña? Claro que me gustó, no tanto lo que vino después, pero el beso fue…muy bueno. Dios, Rachel, había imaginado ese momento hace muchos años… - se sinceró.
-Estoy hecha un lio, Quinn…
-¿Por qué?
-Porque yo no estoy enamorada de ti. No te quiero, al menos no de esa manera…
-No esperaba que lo estuvieras…
-No me gustan las mujeres, nunca he sentido atracción, pero…me encantó… No he podido sacarme el beso de la cabeza estos días… Quiero más, necesito más… - dijo rendida.
Durante unos segundos estuvieron en silencio, el cual aprovechó la rubia para que su mente empezara a ir a mil por hora. La conversación con Brody se reproducía en su mente una y otra vez, viendo un rayo de luz en aquella historia. El problema era que estaba segura de que sería incapaz de conformarse con tener sexo una o dos veces con Rachel.
-Tú…El otro día me dijiste que serías capaz de todo, que te acostarías conmigo ¿era verdad?
-En ese momento no, pero ahora empiezo a dudarlo…
-Vale. Creo que lo que voy a proponerte es una locura, pero… Vamos a ver, tú necesitas sexo ¿no? – al ver que la morena asentía no muy segura continuó. – Yo… estoy dispuesta a dártelo.
-¿Qué? Quinn, somos amigas. – preguntó intentando mantener la calma, sobre todo después de comprobar que aquella idea, lejos de parecerle una locura, le gustaba, dejándolo claro su cuerpo, que solo de imaginarlo empezaba a reaccionar.
-Sí, eso no va a cambiar… Te lo dije, la gente hace estas cosas. Somos amigas, ¿Qué hay de malo en satisfacernos la una a la otra hasta que dejemos de divertirnos o encontremos a alguien? Todo lo demás seguirá igual.
-¿Lo has hecho antes?
-Sí, bueno, no con alguien que me importara demasiado, pero sí, he tenido amigos con derecho.
-Suena fatal… - dijo negando con la cabeza. – Yo nunca he estado con una chica…
-Puede ser un periodo experimental, no serías la primera.
Allí estaba Quinn, la que hacía unas horas le había dicho a su amigo que jamás se acostaría con Rachel solo por sexo, porque era especial, tratando de convencer a la morena de acostarse con ella a toda costa y no solo una vez, sino hasta que se cansara. No sabía que la morena, que en aquel momento rechazaba la oferta, estaba luchando con todas sus fuerzas por no lanzarse a por ella y volver a saborear sus labios y aprender a recorrer su cuerpo.
-No quiero que sufras…
-¿Por qué tendría que sufrir? – preguntó con el ceño fruncido.
-Porque estuviste enamorada de mí.
-Eso es pasado. No te veo de esa manera. Me gustan las mujeres, Rachel y tú eres una de las más bellas que conozco.
El mutismo durante minutos de la morena consiguió desanimarla, viéndose vencida antes de empezar aquel juego. Por un instante desistió, dándose cuenta de que aquello no funcionaria.
-Eh, Rach, no pasa nada. No tienes por qué decir que si, era solo una propuesta y ahora que lo pienso puede que un poco absurda. Olvídalo, te prometo que jamás voy a confundir las cosas y crear una situación incómoda como el beso. Somos amigas y por mi parte siempre vas a tenerme. – la morena asentía, digiriendo sus palabras. – A partir de ahora, seguiré recordando lo mejor que nunca nos ha pasado en la vida. – dijo con una sonrisa, llamando la curiosidad de la diva.
-¿Qué se supone que vas a recordar si nunca ha pasado?
-Verás – empezó a contar. -, Flaubert pensaba que la anticipación era la forma más pura de placer, y la más fiable, y mientras que las cosas que realmente ocurren terminan decepcionándonos, lo que jamás nos ha pasado nunca se empaña, ni desaparece, se graba en nuestro corazón con una especie de dulce tristeza. – le explicó con una voz hipnotizante, tanto que Rachel no había apartado la vista de sus labios, que la llamaban a gritos, teniéndolos cada vez más cerca. – En mi mente siempre ha habido un momento de pasión contigo, así que podré seguir teniendo eso, que es perfecto para mí.
-Eso es bastante…
-¿Profundo?
-No, cobarde… - dijo en un susurro, con una intensidad en su mirada que hizo temblar a Quinn.
-Siempre he sido una cobarde…
-Yo no… No me gustaría empezar a serlo ahora… No creo que la imaginación sea mejor de lo que se puede conseguir en la realidad, no creo que tú y yo juntas seamos decepcionantes…
No hubo más que decir. Estaban tan cerca y las palabras habían calado tan hondo, que lo único que tuvieron que hacer fue romper la pequeña distancia que había entre sus bocas. Un beso que iniciaba una especie de pacto de amistad que no sabían dónde les llevaría, sin saber que el amor que tanto negaban nacía allí con ellas en ese sofá mientras recorrían sus bocas, mientras sus lenguas se descubrían con ganas de más y sus manos buscaban donde agarrarse, donde tocar.
Las manos de Quinn ancladas a la espalda de la morena la acercaban más, necesitando sentirla junto a ella, mientras que un suspiró salía de su boca al notar las manos de Rachel en sus piernas, con una valentía que no sabía de donde había salido. Nunca había sido atrevida en el sexo, pero algo la impulsaba a seguir conociendo partes de Quinn jamás expuestas ante ella.
La cosa estaba calentándose cada vez más, recostadas sobre el sofá mientras batallaban con sus lenguas por el control, mientras que las manos de la morena se habían colado hasta tocar la piel de la espalda de Quinn, que torpemente, buscaba el cierre de su vestido.
-Para, para… - dijo la morena separándose de ella, buscando el oxígeno que le había robado aquel beso.
-¿Qué pasa? – preguntó ida, con la necesidad de no dejar que Rachel se separar ni un centímetro de ella, quedándose con ganas de seguir conociéndola de ese modo.
-No sé si estoy lista para avanzar ahora mismo… - dijo con las mejillas coloradas. – Cuando he venido, no era así como pensaba terminar. Yo…esperamos unos días…
-Sí, tranquila. – dijo enseguida, acordándose de la conversación que mantuvieron donde Rachel dijo no sentirse muy cómoda con su cuerpo. – Poco a poco. – dijo reincorporándose del sofá, mostrándole una sonrisa para tranquilizarla y dejando un beso en su frente. – No hay prisa.
No quería que la morena estuviera incomoda, quería que fuera bueno para las dos y para eso, ayudaría a Rachel a mostrarse a gusto con su cuerpo, a tener confianza en la cama y a hacerla sentir especial. Los pasos los iría marcando ella, solo tenía que tener un poco de paciencia.
-Quinn.
-Dime.
-Prométeme que si alguna vez sientes más de lo que deberías, si empiezas a sufrir por lo que vamos a hacer, me lo dirás.
-Voy a estar bien.
-Prométemelo.
-Te lo prometo. Eres muy creída, ¿porque tengo que ser yo la que caiga rendida a tus pies y no tú?
-Sirve para cualquiera, si alguna de las dos empieza a sentir algo que no debería, esto se acaba inmediatamente.
-Está bien. – dijo todavía con su sonrisa más radiante cubriendo su cara, acariciando las manos de Rachel bajo las suyas.
No pasó mucho más, una despedida rápida después de que Rachel se negara a dormir allí, acabando la noche con un beso que las entretuvo más de la cuenta, pero que las dejó en las nubes toda la noche.
Les llevaría tiempo saber que aquella atracción, que aquel deseo era más que esa simpleza.
