N/A: Muchas gracias a todos por leer y comentar esta historia. Espero que os siga gustando...

Bruja Inocente, muchas gracias. Kurt tal vez trate en enterarse... Al final, Blaine y él no son buenos amigos pero... Llegará el momento en el que todo "estallará", pero aun no... Espero que te guste el capítulo... Besos


CAPÍTULO 8: ESPERANZA

Kurt estaba ansioso por ver a Blaine. Tantos días sin estar con él le estaban afectando. Se notaba nervioso, ansioso y con mucho deseo sexual. Llegó a la agencia y saludó a la recepcionista antes de dejar dinero. A pesar de la discreción del lugar, no quería arriesgarse a que descubriera lo que hacía. El castaño sabía que estaba engañando a su marido y también sabía que Anderson no se encontraba muy cómodo con esos encuentros pero él los necesitaba e intentaría hacer que el otro estuviera cómodo... ¿Eso lo convertía en egoísta?

Entró en la sala donde Blaine lo esperaba. Le sonrió tímidamente mientras cerraba la puerta. El moreno parecía que se relajaba al verlo. El ojiazul se desnudó a toda prisa y se tumbó en la cama. El más bajo se también se quitó la ropa y se tumbó sobre él. Comenzó a frotarse con Hummel, haciendo que éste se sintiera muy excitado.

Kurt sintió un deseo inmenso pero algo le hizo ver que tal vez no estaba siendo muy justo. Por eso abrazó al otro y rodó para que quedara debajo. Se estiró para conseguir un preservativo de sabores. En ese momento eligió uno amarillo, preguntándose a qué sabría. Abrió el papel y colocó el condón en el miembro excitado de Blaine. Si de algo estaba seguro el castaño, era de que se le daba bien lo que estaba a punto de hacer. Primero lamió el miembro del menor, comprobando que el preservativo sabía a plátano. El ojiazul se concentró en darle mucho placer al otro.

El moreno no podía creer lo que pasaba. Sentía como las caricias de la lengua ajena le daban un placer indescriptible y cada vez que su miembro golpeaba la garganta de Hummel le parecía que veía las estrellas. Nunca había sentido tanto placer, había tenido orgasmos durante su trabajo, eso era algo inevitable, pero nunca había experimentado sensaciones tan intensas. Tal vez porque nunca nadie se había centrado tanto en darle placer en vez de en recibirlo.

El cuerpo del ojimiel comenzó a tensarse y temblaba de vez en cuando. Aguantó durante unos segundos hasta que finalmente gimió con fuerza mientras llegaba al orgasmo. Era la primera vez que sentía uno con tanta intensidad. Quizá era porque todavía le afectaba el hecho de la penetración por el recuerdo de los abusos de su padre.

Kurt retiró el preservativo y comprobó que había conseguido su objetivo. Blaine había disfrutado de su encuentro y eso le permitía sentirse mejor.

– ¿Te ha gustado? – Preguntó el castaño.

– Sí, mucho. Pero creo que tú te has quedado con las ganas. – El moreno besó al otro.

– Para eso vamos a seguir ahora. Quiero que me hagas todo lo que me hiciste el día que nos conocimos, el masaje y también algo más, lo dejo a tu elección, lo que más te apetezca. – El ojiazul dijo, esperando que eso compensara un poco las cosas y que el menor buscara algo para que disfrutaran los dos.

Blaine así lo hizo, primero se dieron la vuelta para quedar sobre el otro. Se besaron mientras el moreno lo preparaba con sus dedos. Se puso el preservativo, se aplicó lubricante y penetró al castaño. Ambos sintieron un placer inmenso cuando el ojimiel estuvo completamente dentro del otro.

El más bajo comenzó con las embestidas duras y rápidas que sabía que volvían loco al ojiazul. Hummel llegó al orgasmo entre los fuertes brazos del menor, que lo sostenían con fuerza. Después, Anderson eligió servirle una cena a Kurt en su cuerpo. Por eso pidió que les llevaran la comida y la bebida a la habitación antes de empezar con el masaje.

Diez minutos después, alguien llamó a la puerta. Blaine abrió y entró la bandeja.

– ¿Tienes hambre? – Preguntó el moreno. El castaño lo miró intrigado mientras el otro se sentaba a su lado. – ¿Has comido alguna vez usando el cuerpo de alguien como plato?

El mayor abrió los ojos sorprendido. Era algo que nunca había hecho, sin embargo, le emocionaba poder hacerlo esa noche.

Anderson puso algo de Sushi en su vientre, pecho y boca. El ojiazul lo comió todo sin protestar, sintiendo toda la sensualidad y excitación que eso provocaba. Luego bebió algo de vino blanco del ombligo del ojimiel. Pidió que intercambiaran posiciones para que el menor también comiera algo en el cuerpo del otro. Eso era algo que lo excitó más. El postre también fue servido en el cuerpo de ambos, era fruta con chocolate. Sensual, erótico y placentero. Tanto que volvieron a tener relaciones... La noche fue cara para Hummel, pero pagó con gusto porque nunca había disfrutado tanto con un hombre... Ojalá Adam le dejase hacer la mitad de las cosas que hacía con Blaine...


La sexta cita entre Blaine y Dave fue como las anteriores, comieron juntos en un restaurante que era lo suficientemente caro para el menor como para poder pagar su parte. Poco a poco iban hablando de cosas personales, pero el ojimiel evitaba hablar de su niñez y de su profesión porque no se sentía cómodo.

– Blaine, yo... – El más robusto se puso nervioso. – Me gustas y quiero... Quiero... Quiero... ¿Querrías que fuéramos novios? Ya sabes, conocer a mis padres, yo a tu familia... No sé...

– Dave, de verdad que me encantaría pero... Hay cosas de mí que no sabes pero que cuando te las cuente querrás alejarte de mí. – El más bajo miró a su plato.

– Eres una gran persona, cuidas a tu hermano como si fuera tu hijo. Trabajas mucho para darle lo mejor. Eres dulce, amable, divertido, atractivo, sexy... ¿Qué puede haber en tu vida que me aleje de ti? – Karofsky agarró la mano de su acompañante.

– Yo... Soy prostituto. Me dedico a darle placer a los hombres y mujeres que solicitan mi compañía. – Anderson miró fijamente al otro.

– ¿Qué motivo te ha llevado a esa profesión? – Dave preguntó.

– ¿Qué? – Blaine estaba sorprendido.

– Quiero saber por qué te dedicas a eso. No es lo mismo que lo hagas porque te gusta o porque lo necesitas. Quiero que seas totalmente sincero. No voy a juzgarte, sólo quiero entenderte.

El ojimiel suspiró sonoramente, era muy raro contar su vida, pero sabía que le debía al otro sinceridad. Además, debía ser totalmente sincero, no podía ocultarle nada.

– Mi padre me pegaba... Me pegaba y me violaba... Aguanté todo lo que pude pero cuando vi que golpeaba a Cooper... No lo pude soportar más. Mi hermano y yo nos vinimos a vivir aquí pero no conseguía trabajo. No tuve alternativa, me tenía que encargar de todos los gastos de Cooper. No me gusta dedicarme a eso, pero no tengo alternativa.

Anderson dejó que una lágrima cayera por su mejilla. El otro la limpió con su mano, haciendo que sus miradas se conectaran de nuevo.

– Todavía no me has respondido.

– ¿A qué? – Blaine estaba confundido.

– ¿Quieres ser mi novio? – Dave sonrió y el menor lo imitó.

– Vas a necesitar mucha paciencia conmigo. Nunca he tenido novio.

– Tampoco habías tenido citas y creo que lo hemos hecho muy bien.

– ¿Y mi profesión? ¿No te molesta?

– No te negaré que no me agrada especialmente que haya otros hombres o mujeres que te toquen, te besen y... Pero entiendo la situación y es algo lógico, que encaja en como eres. Harías cualquier cosa por Cooper y eso es algo que admiro de ti. Antepones a las personas que amas a tu felicidad.

– Gracias por entenderlo.

– ¿Y tu respuesta?

– Sí, quiero ser tu novio.

Los dos se dieron un pequeño beso. Para Anderson era todo tan mágico que no se lo podía creer. Esperaba que le llegara el golpe pronto. La vida siempre le había dado un golpe cuando parecía que todo se solucionaba. Sin embargo, alguien había llegado para intentar hacerlo feliz, para intentar llevarle algo de luz a su vida. Por primera vez en su vida, Blaine tenía un motivo para tener esperanza y sonreír.