CAPÍTULO 11

Luz apagada o encendida

Había pasado poco más de una semana desde que la amistad de las chicas había dado un paso más allá, días en los que no pudieron verse tanto como les hubiera gustado debido a algunos compromisos de ambas.

Quinn sabía que Rachel estaba incomoda con la situación, que había momentos en los que no sabía cómo actuar, por lo que intentaba llevar el peso de la extraña relación ella misma hasta que las cosas se normalizaran para la morena. Seguían quedando para tomar algún café, para hacer deporte o para charlar, la diferencia era que ahora, los sofás de sus casas empezaban a ser testigos de algunos cambios.

Besos cada vez más subidos de tono y caricias que cada vez encontraban más piel era a lo máximo que habían llegado. Por parte de Quinn, no era por falta de ganas, pero le prometió a la morena ir paso a paso para que se sintiera cómoda, sin prisa. Rachel por su parte, cada vez se dejaba llevar más, cada minuto que pasaba con la rubia era más fácil no pensar en nada y disfrutar, pero la vergüenza y algunos complejos ridículos que la habían acompañado en el sexo durante años la privaban de dar el paso definitivo y que tanto deseaba.

Llevaban dos días sin poder verse por un breve viaje de Rachel a Nueva York, donde se desahogó con Kurt, haciendo que Rachel no se sintiera tan culpable por hacer eso con su amiga.

-¿Cómo te va por Los Angeles? – preguntó después de un rato poniéndola al día de su vida mientras tomaban un café.

-Bien… - dijo dándole vueltas a su taza, pensando la mejor forma de decirle a Kurt lo que quería. Necesitaba desahogarse con alguien y él era el indicado. – Estoy viendo a Quinn…

-Ya… - dijo mirándola confuso. – Por ahora pasa de nosotros, pero por lo que vas contando, se está portando bien contigo y está contenta.

-No me refiero a eso. Lo que quiero decir es… - después de unos segundos resopló. – Quinn y yo estamos empezando a vernos de forma distinta. – siguió diciendo sin que Kurt la siguiera en la conversación. – Ahora somos algo así como… "amigas con derecho" – dijo haciendo las comillas con sus dedos y bajando la voz considerablemente, dejando al chico boquiabierto.

-Es broma ¿verdad? – preguntó, viendo como la morena negaba con la cabeza. - ¿Me estás diciendo que te estás acostando con Quinn Fabray? – dijo inclinándose hacia ella en la mesa, susurrando fuerte mientras Rachel miraba a su alrededor para ver que todos estaban en sus asuntos.

-Todavía no…no nos hemos acostado, cuando estamos en el tema… - decía totalmente avergonzada. – Me bloqueo… No sé, me pongo a pensar y lo dejamos.

-Vamos a ver, Rachel, ¿a ti te gusta Quinn?

-Me siento atraída por ella… Llevo así un tiempo y luego nos besamos y salí corriendo, pero no pude sacarme el beso de la cabeza. – decía de carrerilla. – No sé cómo, pero acabó proponiéndome esto de ser un poco más que amigas y acabé aceptando…

-¿Estás enamorada de ella?

-No. – dijo rotundamente.

-¿Y desde cuando te gustan las mujeres?

-Pues no lo sé, a lo mejor se me ha pegado algo rodeada de tanto gay siempre, mis padres, tú y Blaine, Santana… - se defendió para ver como el chico enarcaba una ceja. – No me gustan las mujeres, pero no sé qué me pasa con Quinn y quiero llegar hasta el final. No me hagas sentir peor…

-No voy a juzgarte, Rachel, si tú estás de acuerdo yo poco tengo que decir, eres mayorcita para saber lo que haces y sé que eres responsable, es solo que me ha pillado por sorpresa y se me hace raro… Joder, ¡es Quinn! – dijo haciendo un gesto con las manos.

-Créeme, lo sé, es rarísimo estar así con Quinn, pero me hace sentir bien.

-¿Y porque no has llegado a más?

-Por lo mismo que has dicho tú, porque es Quinn. Joder, soy insegura en ese tema y que de repente la chica más guapa del instituto y la que se metía con mi físico todos los días quiera acostarse conmigo, le atraiga sexualmente es una locura… - dijo encogiéndose de hombros.

-Quinn ha cambiado, ya te explicó que lo hacía para llamar tu atención.

-Lo sé, no se lo echo en cara, es solo que me pongo nerviosa por no estar a su altura. Además, es mi amiga, a veces me siento culpable y no sé porque…

-Le das demasiadas vueltas a algo que debería ser casual, no deberías pensar tanto.

-Si ¿verdad? – dijo pensando en las palabras del chico. – Puede que lleves razón, a lo mejor lo hacemos y a ella no le gusta, o a es a mí a la que no le satisface eso de estar con una chica por muy desesperada que esté.

-Exacto. Oye, ¿se lo has dicho a Santana? – preguntó con una sonrisa.

-No y no se te ocurra decirle nada a ella o Brittany, te lo prohíbo, ya sabes cómo se pone Santana cuando nombramos a Quinn, no quiero pensar si se entera de esto. M dejaría de hablar.

-Exagerada…

-Bueno, lo que tú digas, pero no les digas nada.

-Está bien, a cambio quiero todos los detalles de lo que pase entre vosotras dos.

-No voy a contarte nada, eres un cotilla y un perverso. – poniendo cara de resignación, el chico no insistió, pero después de unos segundos en silencio habló.

-Espero que os salga bien el experimento este, pero ten cuidado, Rach, Quinn estuvo enamorada de ti y es peligroso el juego este, alguna podría salir perdiendo.

-No te preocupes, está todo hablado y aclarado con ese tema. – dijo dando por finalizado el tema, sabiendo que esos puntos no serían problema para ellas, ya que en ese momento se acabaría el juego.

Aquel día, después del regreso de Rachel a la ciudad angelina, ambas se preparaban para un evento donde se daban unos premios de cine, pero ninguna sabía que la otra iría. Quinn estaba encantada con la nueva faceta de su amistad. Se había imaginado aquello mil veces durante su vida, pero hasta ese momento solo eran sus mejores sueños. Que ahora esos sueños se hicieran realidad la tenía en una nube de felicidad de la que Brody se encargaba de bajarla, recriminándole que alargara aquella amistad, preocupado por que saliera herida. No lo escuchó, ni siquiera se molestó. Estaba segura de que aquello era agua pasada. Los sentimientos por Rachel murieron, ahora quedaba una amistad que se había hecho fuerte en pocos meses y una atracción llena de deseo que era totalmente físico. Nada más. El dolor no era parte de su plan.

Posando en la alfombra roja que habían desplegado para la ocasión, Quinn sonreía, dejando a todos encantados con su belleza, como siempre había ocurrido. No tenía ganas de estar allí, le hubiera encantado poder llamar a Rachel y cenar en su casa para poder acabar a besos en el sofá a sabiendas de que no pasarían de eso, de unos simples besos. Pero no podía, el deber la llamaba y mostrándose amable con la prensa iba respondiendo a todos y cada uno con una paciencia infinita.

Pero algo la desconectó. Unos metros más adelante, una morena radiante atendía a los medios, explicándoles algo de una forma tan apasionada que logró sacarle una sonrisa a la rubia. Sintiendo una fuerza que la llamaba, Rachel giró su cabeza para encontrarse con la mirada de Quinn, que la observaba embobada, sacándole una tímida sonrisa de inmediato.

-¿Qué haces aquí? – preguntó recibiendo un beso en la mejilla de la rubia, que se había acercado a ella sin importarle que la prensa estuviera a unos metros pendientes de ellas.

-Entrego un premio. ¿Y tú? No sabía que vendrías. – dijo pensando que su noche acababa de dar un giro de ciento ochenta grados.

-Yo también. – dijo emocionada. - ¿Te lo puedes creer?

-Es lo que te espera a partir de ahora… - dijo encantada de la ilusión que mostraba la morena por todo aquello que era nuevo para ella e incluso para lo que ya estaba acostumbrada. Era admirable la forma en que disfrutaba de cada paso en su carrera. – Pronto estarás aquí para recibirlos en vez de para entregarlos. – dijo guiñándole un ojo, provocando un leve temblor de piernas en la morena que no pudo evitar morderse el labio inferior.

-Ojala... Estás guapísima, Quinn… - dijo mirándola de arriba abajo, sorprendida por los pensamientos que venían a su mente de las mil formas en los que se lo quitaría.

-No más que tú. – dijo coqueta. – En cuanto te he visto me he quedado sin aire… Me encantaría estar en casa y aprovechar el vestido de otra manera. – dijo acercándose a su oído, dejando a la morena con la garganta seca por la excitación de las palabras y movimientos de Quinn, que con una sonrisa traviesa al ver que Rachel no reaccionaba, tiró de ella para agarrarla por la cintura y accediendo a posar para los fotógrafos a petición de la prensa, que ya se había hecho eco de la amistad de las chicas desde hacía meses, siguiéndolas en algunas salidas que habían hecho en sus ratos libres.

Después de posar sonriente junto a la morena, Quinn volvió a dejar un beso en la cabeza de Rachel y siguió andando por la alfombra sin decir nada más a la morena, que negando con la cabeza, sonreía por la actitud que mostraba Quinn. No volvieron a coincidir, por lo que la gala dio comienzo mientras ellas no tardaron en localizarse con la mirada, miradas que lo decían todo y que empezaban a pasar factura a Rachel que intimidada y temiendo que las descubrieran, retiraba la mirada para intentar prestar atención a lo que pasaba en el escenario. Un mensaje en su móvil que miró disimuladamente la distrajo.

-"¿Nerviosa?" – leyó, levantando la vista para encontrarse con la sonrisa burlona de la rubia.

-"Para nada, ya he subido a dar el premio. ¿Hay algo más por lo que debería estarlo?"

-"Depende…"

-"¿De qué?" – preguntó entrando en su provocación.

-"De si voy a estar cerca de ti esta noche."

-"A lo mejor la que tendría que estar nerviosa eres tu… Llevo pensando toda la noche como quitarte el vestido y en lo que voy a ver debajo de él" – dijo tomando las riendas de la situación, sorprendiendo a la rubia, que con la anticipación escrita en la cara, buscó su mirada.

-"¿Me estás diciendo que esta noche vas a acabar en mi casa?"

-"Puede ser…"

-"¿Desnuda?" – preguntó haciendo reir suavemente a Rachel.

-"Puede ser…"

-"Oh, Dios, vámonos YA" – escribió haciendo reir nuevamente a la morena, que guardó su móvil y con un movimiento de su dedo le dijo que no, a lo que Quinn respondió con un divertido fruncimiento de cejas.

La ceremonia fue pasando, dando lugar a un pequeño coctel donde los invitados podían disfrutar un poco más, relajándose después de lo formal de la gala. Las chicas iban siendo guiadas por sus managers, invitándolas a saludar a actores, directores o productores que creían oportuno que conocieran. La rubia se desenvolvía con más soltura, ya que conocía a muchas de las personas que estaban en la sala, sin embargo, Rachel, a pesar de que sabía mantener el tipo y controlar su euforia, se sentía la mujer más afortunada del mundo de poder estar en ese momento rodeada de tanto talento.

Pasado un tiempo, ambas pudieron deshacerse de sus managers para disfrutar ellas también de la fiesta, dejándose de formalismos y localizándose la una a la otra en segundos. Cada una a un lado de la sala, volvían a lanzarse miradas cargadas de pasión mientras intentaban no descuidar las conversaciones que mantenían en el momento.

La salida de Rachel hacia los lavabos fue la señal que necesitaba Quinn, que disculpándose con un grupo de personas con las que había entablado una charla bastante amena, se dirigía en busca de la morena como un león buscando a su presa. Era su noche de suerte, después de visualizar a Rachel retocándose el maquillaje, se aseguró de que no hubiera nadie más en aquel baño, algo que parecía estar sucediendo.

Las dos solas en aquel lugar, Quinn lanzándole una mirada a través del espejo que hizo temblar cada centímetro del menudo cuerpo de la morena, que expectante por lo que pudiera hacer, veía como la rubia se acercaba a ella sigilosamente.

-Quinn… - le advirtió casi en un susurro, pero la rubia no estaba por la labor de escucharla, con un suave tirón en su brazo, logró que quedara de cara a ella y parándose a mirarla a los ojos durante un segundo, se lanzó a por sus labios desesperada. – Quinn, pueden vernos. – decía sin convencimiento alguno.

-Aquí no hay nadie. – se defendió la rubia mientras empezaba a caminar con la morena pegada a ella, sin romper el contacto con sus labios más de lo necesario.

-Fuera la sala está llena de gente famosa…

-Tú y yo somos famosas. – dijo cuando consiguió meterla en un cubículo, cerrando la puerta tras ellas, siendo consciente de que cualquiera podría entrar y verlas si no ponía una puerta de por medio.

Rachel no puso más impedimento, con las mismas ganas que la rubia, respondió al beso que por momentos iba tornándose más pasional. Sus lenguas habían empezado a batallar, mientras que las manos de Quinn habían ido a parar al trasero de la morena, pegándola totalmente a ella, lo que produjo un suspiro por parte de Rachel. Cuando los besos de Quinn empezaron a descender hasta su cuello, la morena lo tuvo claro.

-Vamos a tu casa, Quinn… Por favor. – pidió casi sin voz debido a la excitación. La rubia la miró, intentando adivinar si aquello significaba lo que tanto deseaba. La mirada que le estaba dando Rachel se lo confirmó.

-Por supuesto. – dijo con un leve tartamudeo. – Lo que quieras…

Dicho y hecho. Con todo el disimulo que pudieron, salieron de aquel baño, dirigiéndose hasta el coche que la organización del evento les ofrecía para llevar a los invitados a sus casas. Los flashes volvieron a iluminarlas, captando sus sonrisas, que a los ojos de los demás, no eran más que el de unas amigas que abandonaban los premios juntas para compartir el coche mientras aprovechaban el trayecto para hacer balance de la noche.

Nada más lejos de la realidad. El camino fue en completo silencio, únicamente acompañadas por miradas furtivas y leves roces de sus manos. En cuanto pusieron un pie en casa de la rubia y dejaron sus bolsos de mano en una mesa, Quinn sujetó su mano, llevándola con ella escaleras arriba hasta la misma puerta de su habitación.

Silencio. Solo había dos sombras de pie junto a la puerta del dormitorio con sus manos entrelazadas mirándose de la forma más intensa que jamás habían sentido. No hacía falta pensar los movimientos. El instinto se movía por Quinn y parecía hacerlo por Rachel cuando inclinaron sus cabezas para volver a encontrarse, para volver a sentir esa unión tan perfecta de sus labios juntos.

Entraron a la habitación, encendiendo la rubia la luz por el camino, llegando hasta los pies de la cama. Buscar el cierre del vestido de la morena se convirtió en lo más importante para Quinn, que una vez que dio con él, sonrió triunfante a la morena, que con una sonrisa tímida, notaba como una vez bajado el cierre, el vestido caía por su cuerpo sin oposición alguna, dejándola únicamente con la ropa interior ante una maravillada Quinn por lo que veía.

Rachel volvió a besarla, capturando su labio inferior con los suyos mientras sus manos también querían despojarla de su vestido para dejarlas en igualdad de condiciones, sintiendo las manos de Quinn sobre su piel con una suavidad exquisita. No tardaron en estar encima de la cama vestidas únicamente con la ropa interior con la rubia tomando el control de la situación, repasando la boca de Rachel, recordando lo que había memorizado de ella en los días anteriores, recreándose con su lengua junto a la suya, dando por finalizado el beso cuando sus dientes atraparon el labio inferior de la morena, que no pudo evitar un jadeo.

Fue dejando leves besos por su mejilla hasta llegar a su cuello, donde hizo las delicias de Rachel mientras mordía y pasaba su lengua al sentir el pulso de la morena en esa zona. Una vez llegó a su garganta, pasó la punta de su lengua hasta la mandíbula, donde volvió a dejar un pequeño mordisco para volver a besarla con desesperación, dejando que sus manos recorrieran la silueta de Rachel, la cual, tenía posadas sus manos en la espalda de la rubia.

Cuando Quinn sin dejar de besarla hizo el intento de llegar a su sujetador para poder quitárselo, la morena la descolocó.

-Apaga la luz… - le pidió en un susurro, pudiendo notar Quinn como su cuerpo se había tensado por completo.

-¿Qué? – dijo separándose de ella unos centímetros.

-Por favor…

-No voy a apagar la luz, Rachel… Está bien hacerlo con la luz apagada de vez en cuando, en mitad de la noche, pero no me gusta palpar. - le dijo tratando de que la mirada de la morena no la desarmara.

-Me da vergüenza, Quinn, siempre lo hago así.

-Esta vez no. Quiero disfrutar contigo, quiero ver tu cuerpo, ver lo que toco y maravillarme contigo. Quiero aprenderme tu cuerpo de arriba abajo, Rachel y quiero que tú te aprendas el mio, si no lo veo, no habrá forma de hacerlo.

-Pero…

-Soy yo…

-Parte del problema es ese, eres Quinn Fabray.

-No, solo soy Quinn ahora mismo, tu amiga, a la que solo por tenerte así la tienes temblando como una imbécil. Eres preciosa, Rach, déjame que te demuestre que me encantas. – susurró sobre sus labios mientras sus manos volvían al lugar indicado, soltando el sujetador de Rachel que parecía haberse serenado con sus palabras. – Déjame demostrarte que soy la chica con más suerte del mundo por tenerte así. – dijo besándola con toda la dulzura que fue capaz. – Se trata de que experimentes, de probar cosas nuevas y te aseguro que me agradecerás el hacerlo mientras nos vemos. – seguía hablando mientras ya se había deshecho del sujetador de la morena, atrapando los pechos entre sus manos. – Cálmate y confía en mí, no voy a hacer nada malo. – dijo dejando un último beso antes de detenerse a mirar a Rachel. Aquella visión le nubló la mente. Tener a la morena en su cama con aquel grado de excitación la estaba llevando a la locura. Era perfecta. Nunca había tenido oportunidad de verla así y lo único que tenía claro es que era la mujer más guapa que conocía.

Besos, caricias, mordidas y más besos con la ayuda de su lengua estaban llevando a Rachel al borde del abismo y no había pasado de sus pechos. La morena decidió dejarse llevar ayudada por las palabras de Quinn y no dudó en quitarle el sujetador a la rubia con manos temblorosas, dejando una visión ante ella maravillosa. Quinn Fabray era una diosa y ella tenía la suerte de verla en las mejores circunstancias. Sentir a Quinn piel con piel hizo que los pocos argumentos para frenar aquella locura se desvanecieran, Rachel acababa de llegar al punto de no retorno.

El calor que desprendían sus cuerpos, el deseo en sus ojos convertido en caricias en las zonas más íntimas de sus cuerpos, el olor de cada una embriagando a la otra, recorridos de ida y vuelta que las tenían en el límite. Ver sus caras pidiendo más, recibiendo todo el placer que les era entregado las llevó al tan ansiado orgasmo, dejando sus cuerpos sudorosos y temblorosos con la máxima satisfacción.

La forma en que Quinn trató a la morena en todo momento, cuidándola, estando pendiente de no dar un paso en falso, provocó una sensación en Rachel nunca vivida. Estar en los brazos de la rubia la hicieron sentir segura, cuidada y reconfortada, incluso la confianza en su cuerpo cambió al ver lo que provocaba en Quinn.

-Querías privarme de ver esto… - dijo en un susurro en su oreja después de regalarle el segundo orgasmo a la morena, que con la boca ligeramente abierta, se retorcía bajo una rubia fascinada con cada gesto que descubría de ella. – No te lo hubiera perdonado nunca… - dijo dejando un último beso en su boca antes de caer rendida a su lado, buscando tranquilizar sus respiraciones con dos sonrisas adornando sus rostros.

-¿He estado bien? – preguntó dudosa. – Era la primera vez que hacia esto con una mujer, a veces no sabía muy bien como…

-Has estado perfecta. – dijo acariciando su mejilla.

-¿De verdad? Entonces, ¿no te arrepientes de seguir con esto?

-Yo no, ¿tu si?

-No, para nada.

-¿Te ha gustado?

-Ha sido… - dijo volviendo a sonreír de forma adorable. – Ha sido mucho mejor de lo que esperaba… Joder, ha sido increíble, Quinn. – dijo haciendo reír a la rubia. - ¿Puedo…quedarme aquí a dormir? Solo por hoy, se dónde están los límites de la amistad.

-No pensaba pedirte que te marcharas… - dijo con la sonrisa más deslumbrante que Rachel le había visto, contagiándola a ella, que perdida en el brillo que desprendían los ojos verdes de Quinn, no tardó en conciliar el sueño más sereno del que había disfrutado en años.