N/A: Muchas gracias a todos por vuestro apoyo. Siento no haber actualizado la semana pasada pero estaba avanzando demasiado rápido en mis notas y no quería acabar el fic en pocos capítulos, por lo que paré para ver si se me ocurría alguna idea nueva... Puedo decir que ha sido algo productivo.
Marcy, muchas gracias. Me encanta hacer sufrir a Blaine, es mi favorito y siempre es el que más sufre. Él es mi bebé y el que tiene que merecer la felicidad absoluta. Siento lo que pasó en Gleeklatino pero la página está abandonada (egoístamente diré que al menos así he podido saber tu opinión, espero que vuelvas a comentar). Besos
Olga Moreno, muchas gracias. No te preocupes, aquí tengo seguidores y voy a seguir escribiendo, no tengo intenciones de abandonar el fic. Lo que pasó en Gleeklatino era algo que parecía inevitable desde hace un tiempo... Tuve mis dudas para subir este fic en GL desde el principio y el tiempo me ha mostrado que fue un error. Debí dejarlo sólo aquí y en Wattpad. El foro está abandonado y eso hace que las pocas que quedamos nos desanimemos... Espero que sigas leyendo el fic. Besos
Yamii, cariño. Muchas gracias. La perver de tu amiga tiene muchas cosas pensadas. Sé que no quieres que Blaine esté con Karofsky pero la historia es así... Espero que te guste lo que viene. Besos
CAPÍTULO 9: UNA NUEVA VIDA
Blaine y Karofsky llevaban dos semanas de relación. El más alto intentaba pasar todo el tiempo que podía con su novio. Sam y Cooper formaban parte de muchos de los planes de la pareja. El rubio además se ofrecía a cuidar del menor para que pasaran tiempo a solas y no sólo las comidas entre semana. Anderson había descubierto nuevas sensaciones. Ese cosquilleo en el estómago cuando el otro lo besaba, ese deseo de estar con él a todo momento, sentirse especial a su lado. Era la primera vez que Blaine sentía todo eso, sentía que podía ser feliz, que merecía ser feliz.
Sin embargo, esa noche estaba nervioso. Era la primera vez que estaría en la casa de Dave, la primera vez en la que se daban las condiciones para que ambos intimaran más allá de simples besos y dulces caricias. No sabía si estaba preparado pero al menos contaba con la seguridad de que sabía lo que tenía que hacer. Sólo esperaba que no fuera tan malo como en el trabajo.
La pareja cenó con tranquilidad, por suerte esa noche el más bajo no tenía que trabajar y eso facilitaba las cosas. Después fueron al sillón y comenzaron con una sesión de besos y caricias. La temperatura aumentaba y ellos se sentían inseguros, pero incapaces de detenerse. Cuando Blaine desabrochó el primer botón de la camisa de Karofsky, éste se separó un poco.
– Lo siento pero estoy nervioso. Has tenido muchos amantes y... No sé si estaré a la altura. – Dave susurró.
– Eso ha sido trabajo. Nunca he sentido por nadie lo que siento por ti. Aunque si hablamos de estar inseguros, yo también debo reconocer que no estoy confiado. Para mí el sexo siempre ha sido cosa de trabajo, obligación. Nunca he estado con nadie fuera de... Bueno, ya sabes. No tengo ninguna expectativa para esta noche. Lo único que tengo es miedo de no saber darle sentimientos a algo que para mí es tan rutinario. – Anderson no dejó de mirar a su pareja en ningún momento.
– Sé que sientes algo fuerte por mí y sé que me lo vas a transmitir como lo haces con tus besos y tus caricias. – El más alto comentó con una sonrisa mientras acariciaba la mejilla del otro.
– Los clientes sólo se preocupan por su propio placer. Muy pocos me han complacido. Con que no seas un amante egoísta me darás más que cualquier otro.
Siguieron con lo que habían dejado, besándose y acariciándose con mucho amor. Todo fue lento y suave, con Blaine intentando darle romanticismo a cada uno de sus movimientos y con Dave muy pendiente de cada una de las sensaciones que mostraba el más bajo para poder darle placer. La noche fue de ellos, de dos personas que se amaban y se entregaban a la pasión en cuerpo y alma. Dos corazones que latían al unísono y que no concebían una manera mejor que realmente demostrara el motivo de cada latido.
Kurt acababa de abrir la tienda de música esa mañana. Estaba organizando algunas cosas que habían quedado el día anterior sin colocar en su lugar cuando alguien entró. El castaño levantó la mirada para ver a alguien a quien conocía bien. El señor Roberts estaba allí, frente a él, sonriéndole. Era un hombre mayor, con canas en el poco pelo que le quedaba en la parte baja de la cabeza (casi en la nuca) y las patillas.
– Buenos días. ¿Qué te trae aquí? – El ojiazul se extrañó.
– Vengo a hablar contigo de negocios. – El recién llegado comentó. Él era el dueño de una de las boutiques de moda más conocidas en Lima. Vendía ropa elegante de otros diseñadores y suya propia. Contaba con Hummel como uno de sus mejores clientes.
– Te escucho. – Kurt se acercó a él y lo miró intrigado.
– Sabes que me voy a jubilar y estoy buscando a alguien que me compre el negocio. Sin embargo no puedo vendérselo a cualquiera. Necesito a alguien que entienda de moda y sólo puedo pensar en ti para eso. Diseñas parte de tu vestuario desde que tenías quince años y tienes un gusto exquisito.
– ¿Quedarme con la boutique? Estoy aquí, tengo que atender la tienda...
– Puedes ampliar el horario de Victoria o puedes contratar a alguien más. Sé que aun con eso seguirás teniendo éxito en ambos locales y puedes desarrollar tu talento como diseñador.
– ¿Puedo pensarlo? Es una decisión importante.
– Puedes hacerlo. Aquí te dejo las condiciones para el traspaso. – El mayor dejó unos papeles sobre la mesa y se marchó.
Sebastian llegó a BoysBoys y entró. Le había costado decidirse pero no podía evitarlo más. Necesitaba estar con el rubio que le había robado el aliento durante los últimos días. Él lo había querido para la despedida de soltero y había soñado con él varias veces desde ese día. Se acercó a la recepcionista para pedir los servicios de White Chocolate. La mujer sonrió y le dijo que en diez minutos estaría listo.
El castaño estuvo esperando sentado a que pudiera pasar. A su lado, varios hombres y mujeres esperaban a que sus chicos de compañía estuvieran dispuestos a recibirlos. Cuando llegó su turno, se levantó y entró en la habitación número 4, tal como le había indicado la trabajadora del local.
Abrió la puerta y se encontró al objeto de su deseo vestido con unos jeans rotos y una camiseta sin mangas, desaliñado y totalmente maravilloso.
– Hola. – Smythe se sintió idiota porque no sabía como comportarse en esa situación.
– ¿Es tu primera vez? – El rubio preguntó sugerentemente.
– Sí. – Sebastian quiso golpearse en la cabeza.
– No te preocupes, no hay problema. Estoy aquí para lo que tú quieras. Intenta relajarte... ¿Puedo hacer algo para ayudarte? – Sam intentó ser sensual.
– No sé...
– ¡Ven aquí!
Evans agarró el abrigo que llevaba el castaño y lo atrajo hasta su cuerpo para que ambos pudieran besarse con pasión. En ese momento Smythe se olvidó de todos sus miedos y se permitió disfrutar del cuerpo del dueño de todas sus fantasías que era incluso mejor que en sus mejores sueños.
Kurt organizó una cena con su padre, Carole, Finn y Adam para poder compartir con ellos la oportunidad que había surgido. Le atraía mucho, quería seguir creciendo y la tienda de música ya no suponía ningún reto para él. Tal vez de esa manera podría contratar a Blaine para que tomara su puesto en la tienda y él así podría dedicarse por completo a diseñar y vender ropa y complementos. Victoria podría ayudarlo en los dos sitios, dependiendo de donde fuera necesaria e incluso, si lo veía oportuno, ampliarle el horario. Sólo había un problema, el dinero. El castaño les contó todo a sus acompañantes y todos se alegraron por la oportunidad.
– No tengo el dinero necesario. – Aclaró Kurt. – Tengo algo pero no suficiente.
– Yo tengo unos ahorros. – Carole comentó. – Puedo hacerte un préstamo y si necesitas más podrías acudir al banco a ver si ellos te ayudan.
– ¿Harías eso por mí? – El joven miró a su madrastra sorprendido.
– ¡Claro que sí! Puede que no sea tu madre pero eres un hijo para mí y haría por ti cualquier cosa que una madre haría por su hijo. – Ella sonrió. – Sólo te pongo una condición.
– ¿Cuál?
– Contrata a Blaine. Sácalo de ese lugar donde sólo tiene dolor.
El ojiazul asintió, no era nada que no hubiera pensado ya.
Kurt y Adam llegaron a su apartamento entre sonrisas. El rubio no podía evitar ser feliz al ver como los sueños de su pareja se cumplían. Sabía que su vida se había vuelto monótona y que se presentara ante él semejante oportunidad era algo que él habría deseado. Sólo quería que su pareja fuera feliz.
El matrimonio se besó, al principio dulcemente pero pronto la necesidad empezó a mostrarse. Después de su boda habían estado un poco distanciados por los estudios de Crawford pero llevaban un par de semanas más tranquila. Hacía tiempo que habían perdido esa pasión desenfrenada que domina el corazón, el cuerpo y la mente durante las primeras semanas de relación pero seguían amándose.
Esa noche no había Hot Prince, gigolós o terceras personas que interrumpieran, sólo eran dos corazones recordándose que se amaban por encima de todo.
