CAPÍTULO 12
Pequeñas pinceladas de carácter
Los días iban pasando dejando paso a las semanas en las cuales, las chicas cada vez estaban más seguras de haber tomado una buena decisión al llevar su amistad a algo más carnal. Lo disfrutaban, iban aprendiendo lo que estaba permitido y lo que no, sobrepasaban límites que Rachel jamás pensó cruzar, descubriendo un mundo nada aburrido en el sexo de la mano de Quinn.
Además, su amistad se afianzaba, seguían descubriendo pinceladas de sus personalidades que iban fascinándolas en silencio y otras que aceptaban a pesar de no compartir. El sexo no era lo importante, no era lo principal de su amistad, por lo que ambas estaban satisfechas de poder seguir llevando con normalidad su relación, sabiendo dejar a un lado lo que pasaba en la cama y lo que pasaba fuera de ella.
Aquel día, aprovechando el buen tiempo en la ciudad, Quinn había propuesto una tarde de piscina a Rachel, que metida de lleno en su nueva película, intentaba seguir sacando tiempo para todo, y entre ese todo, una de las cosas más importantes era Quinn, la cual, aprovechando un merecido descanso, solo aceptaba algunas sesiones de fotos mientras hacia algunos cursos de fotografía, a la espera del estreno de algunos proyectos de meses anteriores y que la llevarían a las pesadas promociones.
-Quinn, ¿puedes tomártelo en serio? – se quejó la morena que sentada en una hamaca del jardín de la rubia, iba recitando las líneas del guión que pertenecían a su personaje. – He venido porque me aseguraste que me ayudarías con el texto.
-Y lo estoy haciendo. – se defendió desde el interior de la piscina, donde jugueteaba con sus perros, que intentaban huir del agua que les echaba la rubia.
-Estás poniendo voces raras y no le estás poniendo entusiasmo a tu parte.
-Porque llevamos toda la tarde con lo mismo, Rachel. – dijo dejando el juego para acercarse al filo de la piscina donde se encontraba la hamaca de la morena. – Metete un rato anda y deja eso.
-No, si no me vas a ayudar me voy. – dijo molesta, provocando que la rubia se armara de paciencia mientras rodaba los ojos ante el capricho de Rachel, uno de tantos por los que Quinn hacia el intento de no discutir y dejar que la morena se saliera con la suya.
-Está bien… - dijo aburrida. – Lo repasamos otra vez… Pero te lo sabes, Rach, a la perfección.
-Todavía no, puedo mejorarlo.
-Rachel, escúchame, llevas toda la tarde con lo mismo y te aseguro que lo bordas. Debes relajarte y no darle tantas vueltas, dejar tu irritante perfeccionismo a un lado y venir a la piscina a nadar conmigo. – dijo salpicándole agua.
-¡Quinn! – se quejó. – Has mojado los papeles.
-Son una copia… - dijo saliendo del agua y acercándose a ella. Adoraba a Rachel, pero esos histerismos que la perseguían a veces la sacaban de quicio. – En tu casa tienes otra. – dijo apartando los papeles de la mano de la morena mientras se sentaba sobre ella, rodeando con sus piernas la cintura de Rachel.
-Quinn… - le advirtió viendo las intenciones que reflejaban la sonrisa de la rubia, viéndose contagiada sin remedio a dibujar otra en su rostro.
-Creo que necesitas relajarte para olvidarte del maldito guion un poco y luego ya podemos nadar… - dijo mientras posaba sus labios en el cuello de la morena que soltaba un pequeño suspiro.
-A lo mejor, la que necesita que la relajen, que le bajen la temperatura que le ha subido con el sol, eres tu… - dijo poniendo sus manos en la cintura de la rubia, acariciándola con la yema de los dedos.
-Puede ser…
-Sí, creo que es eso lo que necesitas…
Quinn asintió con una provocativa sonrisa y cerró los ojos para sentir el beso que le entregaba la morena, que perdiendo el control, se aferraba a su cuello para hundirse en sus labios. La rubia hizo lo mismo, enredando sus manos en el pelo de Rachel, viendo como el beso había pasado de un prometedor roce de labios, a un pulso feroz por ver quién era capaz de acaparar más de la otra.
Entre caricias, la morena abandonó los labios de Quinn para centrarse en su cuello y repartirlos entre la mandíbula y su clavícula marcada, cosa que la rubia facilitaba alzando su cabeza.
Apartándose para mirarla, Rachel deshizo el nudo que mantenía atada la parte superior del bikini de la rubia, dejando a al descubierto su pecho, el que miró sin ningún pudor, admirando el cuerpo de Quinn hasta llegar a sus profundos ojos que la miraban divertida.
-Menos mal que no te gustaba mirar, que preferías la luz apagada…
Rachel no contestó, se limitó a rodear su cintura con una mano para atraerla más a ella y con la otra recorrer la perfecta silueta de la rubia con sus dedos, llegando al pecho para rodearlo, para provocarlo de forma suave para que Quinn no pudiera evitar un intenso suspiro mientras seguía su recorrido.
Cuando sus manos llegaron a la cadera de la rubia, esta no dudó en acoplar sus labios en los de la morena, que entendiendo perfectamente lo que pedía Quinn, dirigió su mano hasta su muslo, colándose en la entrepierna de la rubia en un movimiento rápido y eficaz, empezando a perder la cabeza al sentir la humedad y el calor que desprendía aquella zona.
El movimiento que habían empezado sus caderas, incrementó al sentir la presión de la mano de Rachel sobre su centro, que apartando las braguitas del bikini, acarició la piel de la rubia, haciéndole estremecer con ese simple roce y haciéndole enloquecer al dibujar pequeños círculos en aquel pequeño punto.
Los suspiros y los jadeos se transformaron en inspiradores gemidos que la rubia intentaba contener sin éxito, pidiéndole con ese simple sonido a Rachel más, que sintiendo el grado de humedad de Quinn, no dudó en adentrarse en su cuerpo mientras la rubia apoyaba su frente contra la suya, intentando sincronizar los movimientos de su cuerpo y la mano de la morena, que debido a la posición era algo complicado.
Abortando el intento de Rachel de cambiar la posición, Quinn empezó a llevar el ritmo de la situación, moviéndose sobre la mano de una fascinada Rachel, que la observaba sentir todo el placer como algo único, mientras sus dedos eran participes y testigos de excepción perdidos en el interior de la rubia.
La cara de Quinn no tenía precio, parecía estar en un mundo paralelo al que solo Rachel tenía acceso, viendo como los movimientos iban en aumento al igual que los gemidos hasta que finalmente, con sus cuerpos totalmente unidos, Quinn se dejó llevar.
-Rachel… - gimió pegando sus labios a los de la morena, deteniendo su balanceo mientras su cuerpo se convulsionaba entre los brazos de Rachel.
Se mantuvieron en silencio unos segundos, el tiempo que necesitó la rubia para recuperarse.
-Eso no ha estado nada mal… - sonrió mirando a la morena.
-¿He conseguido bajarte la temperatura?
-No del todo. – dijo tirando de su brazo para que se levantara, dirigiéndola dentro de la casa.
-¿Dónde vamos?
-A la habitación.
-¿No íbamos a nadar? – preguntó divertida.
-¿Quién ha dicho que íbamos a nadar? – dijo arrugando la frente, haciendo reír a Rachel que ya se veía atrapada bajo el cuerpo de la rubia, que no perdió ni un segundo en desnudar a la morena por completo, dejando al descubierto aquel cuerpo que empezaba a conocer como la palma de su mano.
Comenzando de nuevo un beso donde dejaba ver la pasión que la inundaba, pasó a acariciar cada milímetro del cuerpo de Rachel, que pedía a gritos con sus gestos el terminar aquel encuentro de la mejor manera.
Aun concentrada en esa lucha que mantenían sus lenguas, queriendo abarcarlo todo, Quinn deslizó su mano para acariciar la entrepierna de la morena, que de forma instintiva, alzó su cadera y suspiró sobre la boca de la rubia.
Deslizándose, Quinn iba bajando sus besos de forma provocadora, degustando el cuerpo de la morena como si se tratara de un manjar, dibujando formas indescifrables con su lengua hasta llegar a su vientre, donde se entretuvo sin esfuerzo, buscando sutilmente lo que realmente quería.
-Quinn, para… - pidió con la voz entrecortada debido a la excitación. – Ahí no.
-¿Por qué? – preguntó sin dejar la zona, volviendo a dejar sus labios en la morena.
-Porque eso es algo muy íntimo.
-Lo que estamos haciendo es algo íntimo.
-Por favor…
Al mirarla, Quinn se quedó pensando unos segundos, dibujando una sonrisa de triunfo ante la idea que había tenido.
-¿Dónde vas? – preguntó la morena algo asustada al ver que Quinn abandonaba la cama.
-Un segundo… - dijo mientras buscaba algo en su armario, algo que Rachel no tardó en descubrir.
-¿Me vas a atar? – preguntó incrédula y con las cejas alzadas al ver a la rubia con un pañuelo que utilizaba para utilizarlo a modo de bufanda.
-No, algo mucho mejor. – dijo volviendo a ponerse sobre ella. – Voy a taparte los ojos. – le hizo saber mientras ya procedía a hacerlo.
-¿Qué? No, no, no, Quinn… - decía mientras se resistía.
-Mírame. – le pidió, logrando que le hiciera caso. – Confía en mi ¿vale? No te estoy pidiendo que tú me hagas esto, pero yo si quiero hacerlo contigo, Rachel, lo estoy deseando… Ya verás como no piensas tanto en ello si no lo ves. - le aseguró, viendo como la morena cedía todavía dudosa, dejando que tapara sus ojos con aquel pañuelo.
Viendo todos sus sentidos incrementados al no poder ver, Rachel se limitó a sentir cada roce de Quinn, cada beso, cada pequeño mordisco que la rubia le regalaba, llevando su cuerpo a un grado de excitación y de intensidad que no había sentido nunca. Tan solo podía adivinar cuál sería el siguiente paso de Quinn, que volviendo a su recorrido, se quedó unos segundos justo donde lo había dejado.
Bajaba sin prisa por su vientre, lamiendo y besando a partes iguales, regocijándose al escuchar los suspiros cada vez más profundos de Rachel, que no dejaba de moverse. Sujetando sus caderas con una mano, empezó el descenso hasta su objetivo, hasta la zona más íntima del cuerpo de la morena, al lugar donde le había prohibido el paso una y otra vez a su boca.
-Oh, no…
-Oh, si… - susurró la rubia con una sonrisa.
-Déjalo, Quinn, en serio, no creo que esté preparada todavía para esto y… ¡Oh Dios! – exclamó nada más sentir los labios de la rubia sobre aquella zona.
La habitación empezó a llenarse de suspiros y jadeos, ya que Rachel no atinó a decir nada más con algo de cordura, la lengua de Quinn divirtiéndose en aquella zona de su cuerpo, se lo impedían.
Estaba perdida. Su cabeza daba vueltas, olvidando completamente porque no quería que la rubia hundiera su boca en su centro, olvidando la vergüenza que le daba aquel acto y desinhibiéndose completamente, entregándole su cuerpo a la rubia sin impedimento, dejándola a su entera disposición para que hiciera con ella todas las maravillas que se le ocurrieran. Las sabanas eran su soporte, a las que sus manos se aferraban aguantando las embestidas de Quinn, que trataba de mantener las caderas de Rachel, que inquietas se despegaban del colchón una y otra vez, tratando de conseguir más contacto con la rubia.
La lengua y los besos repartidos por sus muslos y su zona más íntima, empezaron a inundar a Rachel de calor, sabiendo que no tardaría mucho en llegar, en explotar de placer. En un movimiento rápido, se deshizo del pañuelo, viendo por primera vez a la rubia entre sus piernas, disfrutando de ella, de tenerla a su entera disposición.
Aquella imagen hizo que la morena no lo aguantara más, con la respiración totalmente pesada, con su cuerpo palpitando con cada recorrido que hacía la rubia y con su espina dorsal recibiendo un escalofrío, Rachel tembló al tiempo que dejaba escapar un gemido gutural.
Con la sonrisa más grande que le había visto a Quinn, esta frenó sus movimientos de forma escalonada, esperando que el cuerpo de la morena se relajara totalmente para dejarle un último beso y encontrarse con ella apoyada en la almohada.
-Hola. – dijo la rubia con aquella perfecta sonrisa.
-Hola. – dijo más tímida.
-Al final… ¿te ha gustado lo que acaba de pasar o no vas a dejar que te saboree nunca más? – preguntó traviesa. – Por tus grititos, diría que será la primera opción…
-¡Quinn! – se quejó totalmente roja, dándole un pequeño golpe en el hombro que hizo reír a la rubia. – Odio cuando eres así…
-¿Cómo? ¿Irresistible? – dijo con una sonrisa altiva.
-No, odiosa. – le rectificó, riendo ante la cara de la rubia. – Ya veremos si vuelves ahí abajo… - dijo con una sonrisa que le hizo saber a Quinn que aquella no sería la última vez.
-Voy a darme una ducha, demasiado ejercicio intenso hoy… - dijo mientras se levantaba de la cama sin molestarse en tapar su cuerpo, haciendo las delicias de Rachel.
-Yo voy a repasar el guión un poco más mientras te duchas y me voy a casa.
-Puedes quedarte, no hay problema.
-No, ya sabes que no. Dormir y acostarnos son dos cosas totalmente distintas. – dijo viendo como la rubia se alejaba, sin saber que cada vez que rechazaba aquella invitación a dormir, que le recitaba alguna de las reglas no escritas entre amigas con derechos, algo en el interior de la rubia se desilusionaba sin ningún motivo aparente.
-Como quieras.
Tal y como dijo, Rachel salió en busca de su guión con las sabanas cubriendo su cuerpo. Tomándose aquel papel con más calma, intentando no exigirse más de la cuenta después de aquel momento de pasión, buscó en algún cajón un boli que le ayudara a hacer un pequeño apunte.
Cuando el cajón que abrió fue el de la mesita de noche de la rubia, algo llamó su atención, haciendo imposible que lo dejara de lado, cogiendo aquellas dos fotos antiguas totalmente sorprendida. Ante ella tenía dos fotos donde una Quinn con la sonrisa más genuina que jamás había visto, sostenía entre sus brazos a una recién nacida Beth y otra donde tan solo aparecía la pequeña, riendo, provocando que el parecido con su madre fuera extremos teniendo apenas unos meses. Suponía que aquella foto pertenecía a cuando Shelby volvió al instituto, el último contacto que tuvo Quinn con su hija.
Ensimismada en aquellas fotos por minutos, no oyó como el agua dejaba de sonar ni como Quinn se acercaba a la habitación hasta que su voz la asustó.
-¿Qué diablos haces? – preguntó en la puerta con una cara que delataba enfado mientras observaba a Rachel con las fotos en su poder.
-Yo…estaba buscando un boli y… - se intentó excusar la morena.
-¿Y te crees con el derecho de tocar mis cosas, de rebuscar en mis cajones? ¿Quién te piensas que eres? – decía arrebatándole las fotos, volviéndolas a colocar en el cajón sin controlar aquel grado de frialdad y prepotencia que de vez en cuando dejaba salir a flote, haciéndole recordar a Rachel a la Quinn Fabray del instituto. Ahí estaban otra vez aquellas pinceladas de carácter.
-Lo… lo siento… - dijo sin poder mirarla, sintiéndose culpable por haber invadido algo tan privado y tan sagrado para Quinn, que hacía un esfuerzo enorme por controlarse y no seguir diciendo cosas de las que se arrepentiría. – Será mejor que me vaya… - dijo con un hilo de voz, abandonando la habitación y dejando a una rubia totalmente confundida dentro.
Cerró los ojos y suspiró con fuerza, recriminándose su reacción tan desmesurada, por hablarle de aquella forma que a veces no podía evitar. La frialdad, el intentar mantener su coraza y sus apariencias intactas estaba en su naturaleza, aunque con el paso de los años, había aprendido que la calidez de las palabras eran mucho mejores que querer aparentar que nada te afectaba.
-Lo siento. – dijo al filo de las escaleras, llegando justo cuando la morena se dirigía a la puerta.
-No tienes porqué, soy yo la que debe pedirte disculpas, no he debido buscar entre tus cosas sin permiso, tienes razón. – decía con la mirada agachada, intentando disuadir el nudo de su garganta que amenazaba con hacerla llorar.
-No me hagas caso, sabes que a veces soy así de estúpida, me conoces, tienes la suerte de hacerlo incluso mejor que yo a veces… - dijo llegando junto a ella, sujetando su cara entre sus manos para que la mirara. – Lo siento. Hay veces que no puedo controlarlo… Se trata de Beth y… es algo mio, por lo que lucho contra mí misma con uñas y dientes, por lo que lo mantengo como si fuera un tesoro… - le explicó casi en un susurro, volviendo a abrirse a Rachel como no lo hacía con nadie, sintiéndose protegida y segura, sin temor a que la juzgara. – Yo…todas las noches, antes de acostarme miro esas fotos y…pienso en muchas cosas… Ya sé que es un poco tonto pero… - dijo encogiéndose de hombros.
-Eh, eso que haces no es nada tonto, es algo precioso. – dijo muy segura, acariciándole la mejilla. – Se lo que significa Beth, por eso siento haber encontrado esas fotos. Son algo totalmente fuera del alcance de cualquiera.
-De ti no… Sé que a veces ves a la que un día fui en el instituto, que parte de mi forma de ser no se ira nunca, pero contigo es fácil no ser todas esas cosas, haces que sea fácil confiar en ti y contarte casi todo… Es solo que…a veces necesito un poco de tiempo…
-Gracias… - dijo conmovida por sus palabras. – Eres una gran mujer Quinn y no lo digo por el sexo. – dijo tratando de bromear, sacando de vuelta la sonrisa de la rubia. – No sé si acabaré pronto mañana, te llamo y te digo cosas ¿vale?
-Vale. – dijo abrazándola, aferrándose a ella con fuerza, sintiéndose gracias a ella, menos sola de lo que solía sentirse a menudo.
-Cena algo y duerme un poco, anda. – dijo dándole un beso en los labios, sintiendo que por primera vez, Quinn necesitaba que se saltara el protocolo de no ser más cariñosas de lo necesario. – Y baja ese temperamento, Fabray. – dijo abandonando la casa y dejando a la rubia con una sonrisa y con los ojos brillándoles, sintiéndose afortunada por contar en su vida con Rachel Berry,
