N/A: Muchas gracias a todos. Sé que estais un poco desesperados porque no veis que Klaine tenga una buena salida de todo esto pero os pido que confieis en mí. En este capítulo pasan cosas que todos deseabais y esperabais. Sabeis que si digo que el fic es Klaine... Es porque es Klaine, ¿me entendeis? Ya sabeis que otras veces he puesto dos o incluso tres parejas si no lo tenía claro (Ciudad Eterna ¿Amor eterno? y Estafa De Amor) pero esta vez es sólo Klaine, con lo que eso significa. Por otro lado, los que me leeis sabéis que me gusta juntar a las parejas muy tarde, haciendo que el amor crezca poco a poco. Así que sólo pido paciencia...


CAPÍTULO 10: UNA OPORTUNIDAD

– ¿Por qué vamos a casa de un gigoló? – Sebastian preguntó mal humorado. Acompañaba a Kurt a casa de Blaine para darle la noticia de que finalmente había conseguido comprar la boutique y que había un puesto de trabajo disponible.

– Para decirle a Blaine que lo voy a contratar. Tengo que hablar con él. – El ojiazul respondía con paciencia.

– Cambio la pregunta. ¿Por qué voy YO a casa de un gigoló? – El más alto se señaló a sí mismo mientras alzaba la voz al decir "yo".

– ¿Porque me amas? – Hummel sonrió mientras su amigo bufaba.

– No entiendo por qué haces esto pero me gustará ver como Blaine y tú pasáis tiempo juntos. Todo esto me huele a divorcio próximo... – El ojiverde comentó como si estuviera hablando de algo muy normal.

– Apenas estaremos juntos. Me pasaré todos los días después del cierre para hablar con él y que me explique las cuentas. Nada más. Yo estaré en la boutique y él en la tienda de música.


Llegaron al apartamento. Era la primera vez que Kurt estaba allí pero tenía la dirección desde el día del cumpleaños de Finn. Sin embargo, se sintió fatal al comprobar que el lugar no era realmente acogedor. Era el último lugar en el que se debería criar un niño. Llamaron a la puerta y abrió Sam que se quedó paralizado al ver a Sebastian.

– Hola. – El rubio evitaba mirar a su cliente. – ¿Qué os trae por aquí?

– Tengo que hablar con Blaine, tengo grandes noticias. – El ojiazul ignoró la reacción del chico.

– Pasa. Cooper, Dave y él están de compras. Pronto vendrán, puedes esperarlos aquí.


Blaine, Dave y Cooper llegaban al apartamento con varias bolsas de supermercado. Cuando entraron se sorprendieron al ver a los dos castaños. El moreno reconoció a Sebastian de la despedida de soltero. Por su parte, Karofsky estaba extrañado.

– Que suerte que hayas venido. – Las palabras de Sam eran ciertas, los tres habían estado esperándolo en un silencio muy incómodo. El rubio no se sentía a gusto frente a Smythe.

– ¿Qué haces aquí? – El moreno se dirigió directamente hacia su amigo tras dejar la compra en la mesa. Evans se puso a recoger las cosas que habían comprado pero como el apartamento tenía cocina americana no había pared que la separara del salón y podía escuchar la conversación.

– Tengo una gran noticia. Vas a cambiar de trabajo. – El ojiazul mostró una amplia sonrisa.

– ¿Qué? – El ojimiel se quedó mirándolo mientras Cooper se abrazaba a Hummel para saludarlo.

– Voy a ampliar el negocio. Mejor dicho, voy a hacerme cargo de una boutique y no puedo estar en dos sitios a la vez. Necesito a alguien que se haga cargo de la tienda de música y pensé en ti. – Kurt dijo directamente.

– ¿En serio? – El castaño asintió con una sonrisa y el otro lo abrazó con intensidad. – Gracias, gracias, gracias... – El más bajo susurraba en la oreja del otro mientras lo apretaba fuerte contra su cuerpo.

Hummel nunca había creído que un simple abrazo pudiera detener el corazón, nunca había creído en las mariposas en el estómago, nunca había creído en el dolor del amor. Nunca hasta ese momento. Él había creído que estaba enamorado de Adam, que él era feliz junto a su marido y que lo que ellos tenían era amor verdadero. Sin embargo, esos brazos rodeándolo, saber que lo estaba haciendo feliz y notar el agradecimiento del otro estaba llenando su corazón más de lo que nada en su vida.

Anderson se separó de él para volverse y abrazar a Karofsky, dándole un beso en los labios. Mientras la pareja se besaba, un nudo se formó en el estómago de Kurt. Había visto a muchos hombres coquetear a su marido y nunca había experimentado nada como eso. Dolía verlo pero dolía aun más saber que no podía hacer nada, que no tenía derecho a pedirles que se alejaran. Miró a Cooper recordando que Finn y él habían intentado juntarlos pero vio la sonrisa del niño, entendiendo que el más fuerte se lo había ganado. También pudo ver la sonrisa de Sam, que mostraba lo feliz que estaba por su amigo. Todo eso terminó por romper su corazón, se había dado cuenta de todo tarde.

Blaine se volvió para abrazar a Evans. El rubio lo levantó del suelo, sabía que eso era algo que su amigo siempre había deseado y le encantaba que lo habría conseguido. Se merecía ser feliz, lejos de un mundo que le dolía tanto, lejos del recuerdo de todo lo que le dañaba. Lejos de sentir que no vale nada y que no merece nada. La vida de su amigo cambiaría y él se alegraba por ello.

Por último, Anderson levantó a Cooper por los aires. El niño reía al ver la felicidad en su hermano. Él no era consciente del cambio, no entendía por qué todos estaban tan felices pero él también lo sentía. No era consciente de que por fin su hermano podría cuidarlo sin dañarse a sí mismo, que podría ayudarlo con sus estudios gracias a todo lo que ya había ahorrado, que ya no sería una vergüenza para él, que todo lo que hacía y había hecho hasta ese momento era por él, para que fuera un niño normal y feliz. Lo único que no había tenido en cuenta el mayor era que la felicidad del menor pasaba porque él también encontrara su propia felicidad.

Sebastian se sentía como un intruso entre tanta felicidad. No entendía por qué tanto alboroto, no era para tanto, ser dependiente, no suponía un gran avance. Él realmente no era consciente de todo el dolor que le suponía a Anderson esa profesión que para él sólo era una más, una manera de ganarse la vida.


Kurt se sinceró con su amigo durante el camino de vuelta a la casa de Sebastian. El ojiverde lo escuchó sin decir nada, simplemente lo escuchaba. Hummel le contó lo que sentía y aclaró la situación de Blaine, haciendo que el otro entendiera el motivo de tanta felicidad. El dependiente contaba todo lo que hasta ese momento había ocultado y se sintió aliviado al comprender que no lo juzgaba. Cuando llegaron a la casa de Smythe, el más alto le sirvió un whisky a su amigo y se sentó a su lado.

– Kurt... Tienes que ser sincero contigo mismo. No sólo contándome lo que sientes. Tienes que actuar conforme a tus sentimientos.

– No entiendo que esperas que haga. – El ojiazul lo miró intrigado.

– Hablo de romper tu matrimonio. Todos sabíamos que era un error, todos menos tú. Ahora que ya te has dado cuenta, tienes que empezar una nueva vida. Tienes mucho que hacer todavía, sólo tienes que atreverte a soñar.

– Tal vez no me entiendas pero sé que estoy haciendo lo correcto. ¿Para qué voy a dejar a Adam? Blaine jamás me va a amar, está muy feliz y enamorado de Dave. No voy a arriesgarme a estar solo para toda la vida. Adam me ofrece estabilidad y me hace sentir querido. Puede que no lo entiendas pero para mí es suficiente.

– ¡Estás mintiéndole! Le has sido infiel, varias veces, y en todas has pagado para disfrutar de las caricias de un hombre que te satisfacía más de lo que él jamás podrá hacer y no intentes negarlo. – El más alto levantó la mano para evitar que Hummel siguiera hablando. – Ahora reconoces que te has enamorado de ese hombre. Tienes que ser sincero y valiente. Rompe esa relación que ya está terminada. Por suerte la familia de Adam te obligó a firmar la separación de bienes y no hay niños, por lo que todo será muy fácil.

– No lo voy a dejar. No me voy a quedar solo. Blaine tiene a Dave y yo a Adam.

– ¿Y si tú pudieras tener a Blaine?

– En ese caso dejaré a Adam, pero sólo si tengo la seguridad de que Blaine estará a mi lado.

– Temes quedarte solo y eso puede que te impida ser realmente feliz.

– O puede que eso me libre de ser inmensamente desdichado.

Hummel no podía seguir con esa conversación, por lo que decidió volver a su apartamento.


Kurt llegó a su hogar y Adam estaba allí. Llevaba cinco minutos esperándolo cuando entró y le sonrió con amor, como siempre. El castaño se sintió miserable por no ser capaz de corresponder los sentimientos tan puros que tenía el rubio pero él no mandaba en su corazón. Decidió besarlo pero pronto se dio cuenta de que esos besos ya no eran lo mismo. Deseaba que fueran los labios de Blaine, así que decidió imaginarse que era el moreno. Esos deseos y las imágenes de encuentros en la agencia hicieron que la pasión y el deseo lo desbordaran. Se entregó a su marido como nunca antes había hecho. Fuerza, deseo, pasión, amor... Todo era poco para demostrar lo que su corazón gritaba, aunque no lo gritara por Crawford, que se dedicaba a recibir esas atenciones sin protestar y disfrutar de ese momento que para él era único porque nunca se habían amado así.

El mundo de Hummel estaba rompiéndose en mil pedazos y sabía que pronto acabaría con él sufriendo. Pero tenía miedo de que un paso en falso le hiciera perder todo lo que tanto le había costado conseguir. Estaba casado con un futuro médico y tenía dos negocios... ¿Podía arriesgar todo eso por alguien que no tenía nada?