N/A: Muchas gracias a todos por leer y comentar... Espero que os guste el capítulo (algo me dice que sí XD). Aprovecho para desearos un Feliz 2015 en el que se cumplan vuestros sueños... Os dejo el capítulo...


CAPÍTULO 11: EMPEZAR DE CERO

Blaine empezó en la tienda de música acompañando a Kurt para aprender todo sobre los instrumentos, la organización, los libros, los CD's... Para sorpresa del castaño, el moreno sabía ya mucho porque siempre le gustó la música y durante su infancia pudo aprender bastante. Aun así, el ojimiel se mostraba atento a cada una de las indicaciones. Durante el segundo día el ojiazul dejó que atendiera a un cliente habitual. Era un momento clave para saber si podría dedicarse a eso, si la tienda quedaría en buenas manos. Los pocos temores que Hummel podía tener se disiparon cuando vio a Anderson, tratando al cliente con amabilidad y escuchándolo atentamente. Era un seductor nato y conseguía conectar con las personas muy fácilmente. No le extrañaba, lo había visto en la agencia y sabía que su éxito se debía en gran parte a su carácter.

Sin embargo, ese periodo de aprendizaje llevó a que los dos pasaran mucho tiempo juntos. La amabilidad y el agradecimiento de Blaine se mezclaba con el deseo de Kurt de que sintiera algo más, haciéndole pensar que podría haber algo entre ellos. En diversos momentos se había descubierto a sí mismo mirando ese esculpido cuerpo o su perfecto trasero. No le extrañaba que fuera uno de los chicos más solicitados de la agencia. El castaño incluso había empezado a soñar con él, lo que hacía que todas las noches se despertara totalmente excitado y empapado en sudor. Adam había bromeado con él sobre eso, pero su marido era tan comprensivo que le había dicho que era normal y que no se ofendía por eso. Si el rubio supiera lo que realmente pasaba por la mente de su esposo no pensaría lo mismo.

Sin embargo, lo peor de todos esos días llegaba a la hora de cerrar, cuando Karofsky pasaba a buscar a su novio. El castaño los veía irse juntos, agarrados de la mano y dirigiéndose miradas cómplices. Eso era lo que más le dolía, deseaba ser él a quien el moreno lo mirara así.

El último día de las dos semanas de prueba de Blaine, los dos estaban en el almacén durante la hora de la comida. Ya habían tomado sus sándwiches y estaban haciendo recuento de las existencias para saber de qué necesitaban hacer pedidos. El moreno se había quitado el jersey que llevaba porque el lugar tenía una temperatura elevada debido a que era el lugar en el que estaba la caldera de la calefacción de la tienda. La camiseta que llevaba era muy ajustada, no dejando nada a la imaginación. Tampoco era que Kurt necesitara mucha imaginación para saber como era el cuerpo del ojimiel, lo había visto desnudo muchas veces.

El castaño no pudo reprimirse y se acercó a él todo lo que pudo. El más bajo se quedó mirándolo extrañado hasta que el ojiazul juntó sus labios en un beso desesperado. Anderson entendió pronto lo que el otro quería y no dudó en dárselo. Blaine siguió con el beso y agarró la cintura del más alto con algo de fuerza. Ya conocía sus gustos y sabía que la delicadeza era lo que le daba su marido y que lo que buscaba era pasión y desenfreno.

Los dos acabaron chocando contra la mesa y la movieron hasta la pared, pero no les importó. Lo único que les importaba era el cuerpo del otro, sentir sus caricias y dejarse llevar por la pasión. La ropa estorbaba por lo que fue cayendo al suelo rápidamente.

Una vez desnudos, el moreno sentó al otro sobre la mesa y se acomodó entre sus piernas. Los dos estaban excitados y deseando tener ese encuentro.

– ¿Tienes preservativos? – El ojimiel preguntó a Hummel en el oído.

– No. No compro porque mi marido y yo no los usamos. No me importa hacerlo sin preservativos o sin lubricante. Sé que los dos estamos sanos. Sólo... Por favor, fóllame.

El más bajo masturbó los dos miembros a la vez hasta que ambos llegaron al orgasmo. Cogió todo el semen con sus dedos y empujó el cuerpo de su amante para que Kurt apoyara su espalda en la mesa. Introdujo sus dedos humedecidos en el líquido viscoso, haciendo que el castaño soltara un gemido alto. Se concentró en prepararlo todo lo que pudo porque sabía que sin lubricante sería doloroso.

Cuando Anderson se dio cuenta de que no podía hacer más, humedeció su mano con su propia saliva y acarició su miembro para que no produjera un roce extremadamente doloroso. Blaine levantó las piernas del ojiazul para apoyarlas sobre su pecho y sin decir nada penetró al otro.

El ritmo era frenético, puro sexo. No había besos ni caricias debido a la posición, sólo había placer. Tal vez era porque el moreno llevaba dos semanas sin trabajar pero todo era más placentero de lo que recordaba. Tanto así que acabó llegando al orgasmo tres segundos antes que el castaño.


Sebastian llamó a la puerta del apartamento de Sam y Blaine. Sabía que el moreno estaría en la tienda con Kurt, pero tenía que hablar con el rubio. Cuando Evans abrió, se quedó sorprendido mirando al castaño.

– ¿Puedo pasar? – Smythe preguntó con la ceja alzada al comprobar que el otro estaba sin palabras.

– Sí, claro... Cooper. – El gigoló se volvió hacia el niño. – Ve a jugar a tu habitación, vamos a tener una conversación de mayores.

El menor no preguntó nada, simplemente asintió y se fue por el pasillo que conducía a las dos habitaciones y el baño del apartamento.

– Vengo a pedirte un favor. – Sebastian miró al otro a los ojos.

– Mira... Yo trabajo en la agencia. Tengo suficiente con eso. No me gusta hacer nada fuera de mi horario de trabajo. Tengo derecho a descansar como cualquiera. – Sam levantó las manos alejándose un poco del otro.

– ¿Tanto te repugno? – El castaño quiso saber.

– Soy heterosexual. Me acuesto con hombres sólo por dinero. No confundas las cosas. – El rubio se sentó y le hizo un gesto al otro para que lo imitara. Smythe ocupó el otro sillón. No eran muy cómodos ni bonitos, pero eran prácticos.

– ¿También tú eres un pobre chico al que la agencia ayudó a sobrevivir? – Por primera vez, el amigo de Kurt estaba intrigado.

– No, yo no he sufrido tanto como Blaine. No quiero contarte mis cosas, has venido a pedirme un favor. Si es sexo, puedes irte ya. Si no es eso, habla. – Evans estaba muy incómodo.

– Quiero que me ayudes a juntar a Kurt con Blaine.

– ¿Qué? – Sam echó su cuerpo hacia adelante asombrado. – No lo entiendo. Kurt está casado y Blaine está con Dave... ¿Por qué quieres que salgan juntos?

– Kurt se ha enamorado de Blaine. Es la oportunidad que llevo años esperando. Adam no lo merece, Kurt es mucho mejor que él y había pensado que Blaine podría ser la solución. – Sebastian hizo un gesto con la mano acompañando sus palabras.

– Un discurso conmovedor. Sin embargo, has estado hablando todo el rato de lo que Kurt necesita... ¿Qué hay de lo que Blaine necesita? – El rubio cuestionó.

– Blaine estaría con Kurt y él lo ayudaría a cuidar a Cooper, además de que todo sería perfecto entre ellos. Kurt es un gran partido, propietario de dos negocios, tiene dinero... – El castaño intentaba reunir toda la paciencia que necesitaba para aguantar esa conversación. No quería que el otro se enfadara.

– Blaine está con Dave. Él supo verlo cuando nadie más lo veía, fuera de la agencia. Le contó toda su historia y no le juzgó. Lo ha amado y apoyado en el momento que él lo necesitó. ¿Pretendes que le quite eso para mandarle a los brazos de alguien que pagaba por acostarse con él? No juzgo a Kurt, de verdad que no lo hago. Es sólo que Blaine es una persona muy insegura y con muchos problemas de autoestima. Dave sabe como llevarlos y es perfecto para Blaine. Por eso jamás se me ocurriría apoyar una locura como la que estás proponiendo.

– Blaine debe estar con Kurt. – Smythe se levantó de manera agresiva. El otro lo imitó.

– Blaine debe estar con Dave.

Sebastian tenía ganas de pegar al otro y dio un paso hacia adelante. En ese momento, Cooper entró, había estado escuchando la conversación y, aunque había partes que no había entendido, sabía lo principal. Sam estaba defendiendo a su hermano y el castaño quería agredirle por eso. Se abrazó a Evans como si fuera un salvavidas.

– ¿Qué le pasa al mocoso? – El amigo de Hummel estaba intrigado.

– Tiene la fea costumbre de escuchar conversaciones que no debe. Veremos que dice Blaine de eso. – El niño agachó la mirada, sabiendo que se había ganado un castigo. Sin embargo, eso no le importaba. Sabía que había cosas que le ocultaban y quería enterarse.

– Lo que sea. Piensa en lo que te dije. Sería una gran oportunidad. Además, el niño también quería que Blaine estuviera con Kurt. ¿Verdad?

– Sí, pero era porque yo quería que Blaine tuviera novio. Ha estado muy sólo y como a Sam le gustan las chicas... – El pequeño se encogió de hombros, como si ese fuera el razonamiento lógico sobre la situación.

– Sam no me quiere ayudar... ¿Me ayudas tú a que Kurt y Blaine sean novios? Así podrías pasar más tiempo con Finn. – Smythe comentó.

– No juegues con Cooper. – El amigo de Anderson intervino. – Estás manipulándolo y no lo voy a permitir.

– ¿Qué? Es la verdad, su hermano saldría con el hermano de Finn. Se verían en todas las reuniones familiares. Ya sabes, cenarían juntos en Acción de Gracias, Nochebuena... Lo normal en las familias.

– Deja de confundirlo. Blaine está con Dave y Kurt con Adam. Nadie va a hacer nada para cambiarlo. Soy una persona pacífica pero si tocas a mi familia te las verás conmigo. Y ellos son mi familia. – Las manos del rubio apretaron al menor más fuerte contra su cuerpo.

– Esto es sólo una batalla. Ya veremos quién gana la guerra...