CAPÍTULO 14

Kurt y Blaine

Sin tiempo para más, la promoción de la nueva película de Quinn había llegado, llevándola por todo el país para hacer entrevistas, tener encuentros con fans o para realizar algunas sesiones de fotos. Llevaba dos semanas fuera de Los Angeles, había vuelto para el estreno aquella noche y al día siguiente, pondría rumbo a Europa otras dos semanas.

El ritmo era agotador, sin tiempo para nada, solo sonreír y contestar las mismas preguntas una y otra vez, pero promocionar era parte del trabajo. Había que saber enganchar al público para que fuera al cine y diera una valoración de su trabajo y Quinn lo hacía de maravilla. Siempre había tenido magnetismo y la simpatía que desprendía en cada entrevista, la cercanía que trataba de mostrar con sus fans, eran el mejor tirón para la taquilla de sus películas. Sin saberlo, sin ser consciente, la rubia conquistaba a medio mundo con una sonrisa.

Rachel por su parte estaba por terminar el rodaje de su película. Estaba feliz e ilusionada, los castings empezaban a dar sus frutos y tenía varios proyectos cada vez más importantes para continuar con su carrera en Hollywood, y eso se notaba. Cada vez eran más los eventos a los que acudía, algunas marcas empezaban a solicitarla para que los representara y su amistad con Quinn ya era conocida por todo el mundo.

Más de una vez habían salido en portadas como la nueva amistad a seguir. Además, el haber accedido a conocer a los amigos de ambas, hizo que llegaran a pasar más tiempo juntas del que ya pasaban de por sí.

La rubia finalmente le dio el gusto a Rachel y acudió a aquella reunión con sus amigos. No fue tan desastroso como pensó en un principio y congenio con algunos, además, aprovechó la ocasión para conocer al famoso Barney, totalmente interesado en la morena. No le prestó mucha atención, el chico dejaba demasiado claro que estaba dispuesto a conseguir algo con Rachel, mientras que esta se limitaba a ignorarlo o en el mejor de los casos, alguna sonrisa incomoda por la insistencia.

La mañana del día del estreno había llegado. Rachel y Quinn se habían mantenido en contacto durante el tiempo que la rubia estuvo fuera con llamadas de Quinn en su tiempo libre y algunos mensajes por parte de Rachel, la cual saltó de alegría cuando una semana antes, su manager le dijo que iría al estreno, tardando menos de un minuto en informar a la rubia.

A parte de eso, otra noticia que no hizo tanta gracia a Quinn fue que para ese fin de semana, Kurt y Blaine finalmente le harían aquella anunciada visita a la morena, por lo que coincidirían en la ciudad. La rubia se aseguró de dejarle claro a Rachel que no quería verlos por nada del mundo, a lo que la morena tuvo que aceptar. No podía forzarla a hacer algo que no quería y Kurt y Blaine lo entendieron sin problema, si algún día volvían a verse, debía ser porque Quinn quisiera, no por imposición.

Quinn llegaba a su cafetería preferida. Había aterrizado hacia una hora y en menos de dos, debía estar en una esteticien para que la dejara estupenda para aquella noche. Se pasaría todo el día en un hotel con sus estilistas y peluqueros para preparar la gran noche.

Hubiera ido a la casa de la morena para verla después de esas semanas, pero sabiendo que no estaba sola, que sus amigos estaban con ella, aquella opción no era viable, por lo que optó por tomarse un café mientras se ponía al día con Lindsey.

Al mismo tiempo, Rachel y los dos chicos, desayunaban tranquilos en la mesa de una cafetería, ajenos a que una rubia se acercaba a su destino.

-Rachel – la llamó Blaine.

-Dime.

-¿Esa que está a punto de entrar, no es Quinn? – preguntó señalando disimuladamente la puerta. Rachel y Kurt miraron hacia el lugar confirmándolo.

-Mierda, mierda… Joder, me va a matar, no lleváis ni un día aquí y os la vais a encontrar… - se lamentó mientras Quinn sin percatarse de la presencia de los chicos, se metía tras la barra para saludar a aquella mujer que hacía las veces de madre, sorprendiendo a la pareja de la cercanía que demostraba la rubia con esa mujer a pesar de que Rachel ya se lo había comentado al presentársela.

-Lindsey, ¿me has echado de menos? – preguntó la rubia todavía abrazada a la mujer.

-Pues claro que si mi niña. – dijo sonriéndole tiernamente mientras le dejaba una cariñosa caricia en la mejilla. – Te llamé hace unos días, pero no me lo cogiste.

-Lo sé, lo vi, pero no he tenido tiempo ni para respirar yendo de un lado a otro. Acabo de llegar de San Francisco y en un rato me van a secuestrar para arreglarme para lo de esta noche… - se quejó con mala cara. – Y todavía me quedan dos semanas intensas en Europa… ¿Tú crees que sobreviviré?

-Más te vale, porque si no, ¿Qué vamos a hacer Brody y yo sin nuestra rubia? – preguntó divertida. – Anda, desayuna un poco y coge energía para el día. – la animó, viendo como Quinn empezaba a prepararse su propio café. Aquel día lo necesitaba para mantenerse en pie.

-Podrías venir esta noche a la premiere, ser mi acompañante.

-Gracias, pero no. Ya sabes que yo prefiero verte después en las revistas y disfrutar de la película unos días más tarde. Yo no pego en esos sitios con tanta estrella.

-Eso son tonterías. Algún día me acompañarás, me hace ilusión poder presumir de la acompañante más guapa que he llevado nunca, y mira que me han acompañado muchas… - dijo guiñándole un ojo mientras se sentaba en un taburete.

-Que pelota eres, hija… - dijo negando con una sonrisa. – No me vas a convencer. A esos estrenos tienes que ir con la gente joven. Ve con Rachel y sus amigos, ella me ha dicho que iría esta noche, los invitáis a ellos y lo pasáis bien entre amigos…

-¿Qué amigos? – preguntó descolocada. No entendía muy bien que quería decirle la mujer, ni cuando había hablado con Rachel.

-Rachel y sus amigos. – dijo señalando algo detrás de la rubia, que lentamente, giró su cabeza para quedarse muda ante lo que veían sus ojos.

La morena y los chicos la miraban sin querer llamar demasiado la atención, sintiéndose descubiertos y temerosos de la reacción de la rubia, que después de unos segundos con los ojos abiertos de par en par, volvió a girarse.

-No me lo puedo creer… - susurró cerrando los ojos con fuerza.

-¿El qué, que esté con esos chicos? Son agradables, me los ha presentado antes.

-Son de Lima, Lindsey, los conozco. – dijo acercándose a ella para seguir hablando en susurros, sintiendo como un enfado repentino empezaba a formarse en ella. – Se lo advertí…

-Quinn… - sintió que la llamaban a sus espaldas. Rachel se acercaba a ella queriendo aclarar las cosas. - ¿Cómo estás? ¿Cómo va la promoción? – preguntó rompiendo el hielo, tanteando el terreno.

-¿Qué cómo estoy Rachel? ¿De qué vas? – le preguntaba enfurecida, sin querer levantar la voz más de lo debido, pero demostrando con sus gestos la disconformidad. – Te digo que no quiero verlos, te lo pido por favor y es lo primero que haces. Para una cosa de mierda que te pido y no eres capaz.

-Controla ese lenguaje. – le advertía la mujer metiéndose en la conversación. – Seguro que Rachel no lo ha hecho con mala intención, así que contrólate Quinn que nos conocemos.

-Quinn, yo no lo he hecho aposta, no pensaba que fueras a venir. – se excusó.

-Ya claro… - dijo sarcásticamente, algo que molesto a la morena. - ¿Y me lo tengo que creer? Has estado insistiendo con esto desde que nos volvimos a ver.

-Pues es la verdad. – la cortó enfadada, poniéndose igual de borde que la rubia. – Me dijiste que estarías ocupada todo el día y no pensaba que podríamos encontrarnos aquí. Queríamos desayunar y que mejor sitio que este.

-Tú casa, ese es el mejor sitio. – la señaló sin querer ceder en la disputa.

-¿Pero qué dices? No tienes por qué saludarlos, pero, ¿qué pretendes, que porque tú no quieras verlos nos quedemos encerrados en mi casa? Estás muy equivocada, Quinn. – le reprochó.

-Aquí la única equivocada eres…

-Perdón… - dijo una voz a su lado. No se habían dado cuenta de cómo los chicos se habían acercado a ellas y Kurt era el que hablaba. – No queremos interrumpiros…

-Solo queríamos decirte que Rachel no tiene la culpa de esto, no sabíamos que vendrías, si no, habríamos escogido otro sitio… - disculpó Blaine a la morena.

-Sabemos que no quieres vernos y nosotros te respetamos. Ya casi habíamos terminado, así que en un minuto nos iremos, no te preocupes. No queríamos que te sintieras incomoda, solo me he acercado para darte un abrazo, ¿puedo? – preguntó mirando a los ojos a una alucinada Quinn que no se esperaba nada de aquello. – Te prometo que después nos iremos, nos veremos solo cuando tú quieras.

La rubia tardó unos segundos en reaccionar y cuando lo hizo, solo atinó a asentir débilmente con la cabeza. Aquel gesto lo tomó Kurt como una aceptación del abrazo, por lo que sin dudar, rodeó a la rubia con sus brazos en un abrazo cálido, en el que Quinn no sabía qué hacer, tan solo se dejaba abrazar, hasta que otros brazos se unieron a aquel abrazo, los de Blaine, que yendo un poco más allá, dejó un beso en la cabeza de la rubia.

-Te echamos de menos, Quinn… - susurró el chico sin deshacer el abrazo.

Quinn no tardó en corresponder aquel lio de brazos mientras cerraba sus ojos, sintiendo un nudo enorme en su garganta que no la dejaba tragar. Aún en la misma posición, abrió los ojos, encontrándose con la mirada tierna de Rachel, que con media sonrisa contemplaba la escena al igual que Lindsey.

-Lo siento mucho. – se disculpó la rubia sin alzar la voz, solo bastó que Rachel le leyera los labios para que aumentara su sonrisa y le hiciera ver que todo estaba bien con un guiño de ojos que le quitó toda la importancia a la pelea anterior.

Poco a poco, los chicos se separaron de Quinn, que entre tímida y avergonzada, sin saber que hacer o decir, intentaba borrar el nudo de su garganta con un leve carraspeo.

-Será mejor que nos vayamos ya… Ha sido un placer conocerte, Lindsey. – dijo Blaine. – Espero volver y saludarte cuando volvamos a Los Angeles.

-Por supuesto que sí, sois más que bienvenidos, se lo dije a Rachel la primera vez que vino y no falla en sus visitas, así que, aquí os espero.

-Y nosotros en Nueva York, está más que invitada a visitarnos allí, la vamos a tratar genial.

-Muchas gracias, pero no me llames de usted porque me puedo enfadar mucho. – bromeó la mujer.

-Muy bien, pues hasta pronto, Lindsey. – dijo con una sonrisa, dejándole un rápido abrazo.

-Nos vemos esta noche supongo. – dijo la morena pasando al lado de Quinn, que solo asintió. – Hasta luego.

Los tres emprendían la salida, casi habían alcanzado la puerta, pero la voz de Quinn los frenó.

-Un momento… - les pidió. – ¿Os… os apetece venir esta noche a la premiere? – preguntó casi sin voz.

-Eh… no hace falta, Quinn, de verdad. – dijo Blaine con media sonrisa.

-No, no pasa nada… Yo… Puedo conseguiros unas entradas si queréis… Rachel va a ir y bueno… yo también estaré.

-En serio, no queremos molestarte. – se excusó Kurt.

-No es molestia… Venga, os las consigo. Luego le diré a Rachel lo que tiene que hacer para que las recojáis. – dijo con una sonrisa que empezaba a aparecer en su rostro.

-Está bien. Gracias. – dijo Blaine ante una sonriente Rachel, que miraba a la rubia con una pizca de orgullo por lo que estaba haciendo, dando ese paso adelante que tanto le había costado.

-No hay de qué. – dijo antes de que esta vez sí, los chicos abandonaran la cafetería gratamente sorprendidos por aquel acercamiento que parecía querer tener la rubia.

No sabía porque lo había hecho. Invitar a Kurt y Blaine a la premiere significaba continuar con el contacto, volver a verlos, y se suponía que no era aquello lo que quería. Pero aquel abrazo, el volver a tenerlos cerca, aquel te echamos de menos, removió sentimientos, recuerdos de su etapa en el Glee y no pudo evitarlo.

Ninguno de ellos habían sido grandes amigos para ella, no era con los que más relación tenía, pero ahora eso no contaba, contaba que en conjunto, todo el Glee Club fue su familia durante unos años y ellos formaban parte de ella.

Un remolino de sentimientos entremezclados la persiguió durante todo el día. Estaba contenta, alegre de volver a verlos, no lo podía negar, pero también asustada por cómo podrían hacerla sentir si en algún momento sacaban el tema de su huida del grupo, lo que era lo más probable, y sentía angustia al darse cuenta como le afectaba aquel encuentro con dos de los miembros del grupo con los que menos tenía en común. ¿Qué pasaría si algún día se encontraba con Brittany, con Mercedes, con Puck o Santana?

No podría. Prefería guardar en su memoria los momentos buenos que pasó con ellos y no reproches por no haber dado señales de vida en tantos años. Ella estaba bien tal y como estaba.

La hora del estreno había llegado. Rachel y los chicos llegaron antes que los protagonistas. La chica posó unos minutos para los medio y se volvió a encontrar con Kurt y Blaine, que estaban alucinando con su primera alfombra roja. No tenía nada que ver con las de Broadway, aquello era otro mundo y estaban encantados de poder estar allí.

La rubia llegó, atendiendo a la prensa con su mejor sonrisa, ilusionada por estrenar su nuevo proyecto y aunque ella era la protagonista absoluta, posó junto al resto de actores que junto a ella daban vida a esa película como una más, satisfecha con lo que había logrado y humilde, creyendo en nuevos talentos que buscaban su primera oportunidad como ella la tuvo en su momento.

No supo nada de sus amigos hasta que estuvo dentro del recinto. No fue hasta que una vez emitieron la película después de la presentación y ella atendió a la prensa y productores que se acercaban para felicitarla, que pudo ver a los chicos, a un lado de la sala, esperando a que terminara con los compromisos.

-Hola. – dijo la rubia, acercándose a ellos con una tímida sonrisa.

-Hola. – dijeron los tres, pero fue Blaine el que continuó. – Dios, Quinn me ha encantado la película, haces un papel genial.

-¿Tú crees? – preguntó algo sonrojada. – Muchas gracias.

-No, gracias a ti por invitarnos, esto es una pasada. – dijo Kurt emocionado. – He visto a un montón de gente que admiro, es impresionante…

-Sí, suele venir bastante gente a los estrenos…

-¿Conoces a todos los que han estado aquí?

-Eh, si, al menos a casi todos, si no he trabajado con ellos, he coincidido en algún evento.

-Oh, Dios, esto es un sueño… - dijo haciendo reír a los demás. – Rachel a ver si espabilas y me presentas a alguno.

-Relájate, que yo conozco también a muchos, pero no voy a presentarle a un histérico como mi amigo. – se defendió ante la cara de ofensa del chico.

-Oye, estás muy guapa. – le dijo Quinn a la chica, dirigiéndose directamente a ella por primera vez, viendo como dibujaba una sonrisa coqueta, pero al ver como los otros dos la miraban, intentó disimular. – Y vosotros también, estáis muy elegantes.

-Teníamos que estar a la altura. – dijo Kurt como si fuera obvio.

-Por supuesto. – sonrió. - ¿Os apetece venir a la fiesta? No es gran cosa, pero bueno, alguna copa de champagne nos ofrecerán.

-Sí, claro. – contestó la morena empezando a andar al lado de Quinn. – Por cierto, tú tampoco estás nada mal, estás preciosa. – le susurró, consiguiendo que la sonrisa de la rubia se agrandara y dejara escapar un suspiro.

Aquella fiesta privada se alargó hasta poco más de la media noche. Las chicas cumplieron los deseos de Kurt y le presentaron a varios compañeros de profesión, consiguiendo que el chico se pasara toda la noche con la boca abierta. Rachel y Quinn tuvieron que atender algunos compromisos con personas importantes que sus agentes les indicaban, pero tuvieron tiempo para charlar entre los cuatro antes de abandonar el local.

-¿Os apetece venir un rato a casa? – ofreció la rubia viendo que los dos chicos se habían quedado con ganas de alargar la noche.

-Si, por supuesto, me encantaría ver tu casa. – dijo Kurt de inmediato.

-¡Kurt! – le regañaron tanto Blaine como Rachel ante la sonrisa de Quinn.

-¿Qué? – preguntó inocentemente.

-No pasa nada, podéis venir y así la veis, parece que a Kurt le hace ilusión.

-No, Quinn, mañana tienes que madrugar para viajar, creo que la fiesta ha terminado por hoy. – dijo la morena.

-No te preocupes, no pasa nada porque duerma un poco menos hoy, mañana recupero el sueño en el avión, el viaje es largo. – la tranquilizó. – Vamos.

Todos se fueron en el mismo coche que ofrecía la organización, rodeados de flashes que los fotógrafos lanzaban para capturar a las dos amigas junto a dos chicos desconocidos en el medio.

No tardaron en llegar a la casa de la rubia, que pudo ver como los dos chicos se quedaban boquiabiertos al ver la entrada, algo que continuó pasando mientras les hacía un tour por el resto de la casa, omitiendo aquella habitación tan especial. Rachel no dijo nada de ella, sabía que la rubia necesitaba mantener un grado de privacidad con todo el mundo para lo que ella consideraba importante, que no les dejaba ver cada recoveco de ella a cualquiera, solo Rachel era una de las pocas afortunadas.

Con unas copas que sirvió Quinn, decidieron sentarse en el jardín, aprovechando el buen tiempo de Los Angeles en ese tiempo. Alabaron el buen gusto de la rubia para la decoración, hablaron de cine, de música, contaron anécdotas que les habían pasado con Rachel por separado y sobretodo rieron mucho.

Quinn cada vez se sentía más cómoda y relajada junto a los chicos. Estos habían evitado sacar cualquier tema que pudiera molestarla, ignorando por completo aquellos años pasados como si nunca hubieran pasado, algo que la rubia agradecía enormemente. Estaba siendo una noche fantástica.

-Me encanta ese cuadro, Quinn. – dijo Blaine señalando un cuadro del salón que se veía desde aquella zona.

-¿Si? Gracias.

-Sí, la verdad es que todos los cuadros que he visto me han encantado, son una pasada.

-Pues los hace ella. – informó la morena sonriendo mientras bebía de su copa.

-¿En serio? – preguntó Kurt. - ¿Desde cuándo pintas?

-Hace algunos años…

-Vaya, que sorpresa…

-Está hecha una artista, es una pena que solo nosotros podamos verlo, porque sus cuadros y sus fotografías son arte en estado puro. – dijo la morena.

-Deja de exagerar. – le pidió avergonzada. – No le hagáis caso, solo son cosas que hago cuando me aburro, me gusta…

-No creo que exagere por lo que he visto… Quiero que nos hagas uno para nuestra casa. – le pidió Blaine.

-Sí, te pagaremos lo que quieras. – asintió Kurt.

-No digáis tonterías, no hace falta que me paguéis por eso. Si queréis uno, yo os lo hago, un regalo para disculparme por lo de esta mañana… - dijo con media sonrisa, agachando la mirada.

-No hay nada que perdonar, está bien, todo. – dijo Kurt mirándola a los ojos, haciéndole entender con aquella frase que ellos no tendrían en cuenta aquellos años sin verse, que lo que importaba era el ahora.

-Gracias. – dijo sincera. – Voy un momento a por otro refresco, ¿queréis algo más?

Todos negaron con la cabeza y la rubia se perdió dentro de la casa. Aprovechó aquellos minutos para serenarse después de esa conversación y tras coger el refresco, se dirigía de nuevo al jardín, pero se encontró a la morena en el salón.

-Ey, ¿quieres algo? – preguntó extrañada por verla allí.

-No…

-¿Entonces?

-Nada… - dijo acercándose a ella de forma sugerente, arrinconando a Quinn contra una pared de forma que no las vieran desde el jardín. – Solo quería saludarte…

-Ya nos hemos saludado, llevamos gran parte de la noche juntas. – dijo con una sonrisa divertida.

-Me falta saludarte de otra forma y más después de todo lo que estás haciendo con Kurt y Blaine… - susurró contra su cuello, rozando con su aliento la piel de Quinn, que ya sentía como se le erizaba el bello. – Estoy orgullosa de ti… - decía dejando un delicado beso sobre el cuello. – Estoy feliz por verte sonreír con ellos… - dijo rozando de nuevo sus labios con su cuello para después pasar la lengua, oyendo como la rubia suspiraba.

-Me… me alegro de… de hacerte sentir orgullosa… - decía con sus manos alrededor de su cintura, atrayéndola un poco más a ella. – Sobre todo si me lo vas a recompensar así…

-Te lo recompensaría de otra forma… - dijo llegando con sus besos hasta su mandíbula. – Pero los chicos están en el jardín…

-No pasa nada… No tienen porque oírnos… - replicó completamente ida.

-Mmm… Esto de hacer tantos viajes no me gusta ahora mismo… Demasiado tiempo sin hacer lo que quiero contigo…

-Eso, se puede arreglar rápido… - dijo mirándola a los ojos, atravesándola de deseo, consiguiendo que la morena por fin uniera sus labios.

El choque de sus labios se convirtió en algo frenético cuando sus lenguas entraron en el juego, devorándose con todas las ganas, encendiendo la pasión que empezaba a consumirlas.

-Oh, Dios, lo siento… - dijo Kurt de repente, girándose de espaldas al verlas en aquella situación. Las chicas sorprendidas como dos adolescentes, se separaron de inmediato, limpiando los restos de saliva con el mayor disimulo. – Yo… solo… Se hace tarde y Quinn tiene que descansar y… ¡Oh, Dios! – volvió a decir al ser consciente de lo que había visto.

-Sí, tienes razón, es hora de que nos vayamos. – dijo la morena sonrojada. Sus amigos nunca la habían pillado en una situación como esa.

-¿Pasa algo? – preguntó Blaine apareciendo en la sala y notando la tensión.

-No, nada, ¿qué va a pasar? – preguntó Rachel nerviosa, mientras Quinn intentaba camuflar la sonrisa divertida al ver así a la morena. – Que nos vamos ya, Quinn está cansada y tiene que descansar, los viajes cansan mucho y no es bueno que la estemos entreteniendo tanto… - decía sin pararse a respirar.

-Sobre todo tu… - dijo Kurt en un susurró que escuchó todo el mundo, llevándose como regalo una mirada fulminante de Rachel y una carcajada de Quinn. – Bueno, será mejor que nos vayamos… - dijo pasando de largo para abrazar a Quinn. – Me ha encantado verte.

-Y a mí.

-Espero que nos veamos más a menudo. – pidió Blaine cuando fue su turno para abrazarla.

-Claro, cuando vengáis a ver a Rachel, tenéis aquí vuestra casa, me encantaría volver a veros.

-Vendremos a veros a las dos ¿no? Ahora no solo tenemos a Rachel en Los Angeles…

-Claro… - dijo un poco desconcertada pero sin borrar la sonrisa, consciente de que aquella idea le agradaba.

-Nos vemos pronto, Quinn. – dijo mientras salía de la casa acompañado por Kurt.

-No te rías, Quinn que no tiene ninguna gracia. – le exigió la morena al ver como la rubia la miraba riéndose por lo sucedido.

-Si tiene gracia.

-Ahora se lo estará contando a Blaine y me va a tocar escuchar preguntas toda la noche…

-Pero él ya sabía de nuestra amistad ¿no? Eso me dijiste.

-Sí, pero ya has visto a Kurt, es un cotilla y va a querer detalles…

-Bah, no ha visto nada, solo era un beso inocente.

-De inocente no tenía nada, Quinn…

-Anda deja de quejarte y ve con ellos, mañana cuando llegue te llamo y me cuentas que tal el interrogatorio… Y por cierto, cuando vuelva, tenemos que acabar esto que has empezado, ibas por muy buen camino… - dijo con una sonrisa pícara. – Me tienes que recordar cómo es eso de hacer sentir orgulloso a alguien, era algo que nunca me había pasado, pero creo que me gusta… - dijo para atrapar sus labios y besarla lentamente, llevándose con ella el sabor de sus labios para aquel viaje.