CAPÍTULO 15
¿Celos?
Ya habían pasado varias semanas desde que Quinn terminara su promoción por todo el mundo, recibiendo como en la mayoría de sus trabajos excelentes críticas que la acercaban cada vez más a los premios importantes según los entendidos.
Su vuelta continuó con su amistad con Rachel, aquella en que la pasión tenía gran protagonismo, sobre todo después de tantas semanas separadas. Los arrebatos de pasión con los que Rachel la atacó a su vuelta, sorprendieron a la rubia muy gratamente, que con las mismas ganas que ella, accedía encantada a las eternas batallas de sus labios y a los sensuales bailes de sus cuerpos en la cama.
La morena estaba ilusionada por el acercamiento que Quinn había tenido con Kurt y Blaine durante su estancia en la ciudad, llenándola de esperanza de que después del agradable reencuentro con los chicos, de una vez por todas, la rubia accediera a encontrarse con el resto del Glee Club.
Aquel día no estaba siendo el mejor para Quinn. A sus molestias en la espalda durante el transcurso del día, había que sumarle reuniones interminables donde ninguno de sus proyectos salió adelante.
Ni el guión que ella misma había escrito había convencido a los productores con los que se reunió, ni su propuesta para exponer su arte en algún local o museo de Los Angeles fue aceptado por los trajeados tipos que parecían llevar el timón en cuanto al arte en la ciudad.
Su día había sido nefasto y su humor estaba totalmente perdido, por los suelos, más Fabray que nunca enfadada con el mundo.
Después de la última reunión, un taxi la dejó en casa de Rachel. La morena le pidió conducir a ella, ya que los tacones que llevaba no la dejaban conducir muy bien, a lo que la rubia accedió a regañadientes. Salir era lo último que le apetecía, deseaba tirarse en la cama a descansar su maltrecha espalda y olvidar el día, pero el día anterior había quedado con la morena en salir a cenar con sus amigos y sabía que si no acudía a aquella reunión de amigos, Rachel no se quedaría de brazos cruzados y lo que menos necesitaba era discutir con ella.
-¿Qué tal ha ido el día? – preguntó la morena después de acomodarse en el coche que ya ponía rumbo al restaurante.
-Mejor no preguntes… - contestó echando la cabeza para atrás en un gesto de cansancio.
-Intuyo por tu cara y tu respuesta que no muy bien.
-Mi día ha sido una autentica mierda y para colmo mi espalda ha decidido que llevaba tiempo sin darme la lata y ha escogido el día perfecto para molestar… - se quejó mirando a la morena durante un segundo con una sonrisa falsa en su cara. - Pero no me apetece hablar de eso… No me apetece hablar de nada en realidad… – dijo mirando al frente, concentrada en la carretera.
-Pues anda que estamos bien…
-Ya ves… - dijo fastidiada. - ¿Tu que has hecho?
-Me he ido de compras y he arrasado. Me siento un poco culpable por haber comprado cosas que ni necesito, pero es que me quedaba todo tan bien… - dijo como una niña pequeña, sacando la primera sonrisa sincera del día a Quinn. – Además, es mi dinero ¿no?
-Exacto, puedes comprarte todos los caprichos que te apetezcan con tu dinero, para eso está, para gastarlo. Me alegro que al menos tú hayas tenido un día productivo.
Mientras el silencio invadía el coche, Rachel estiró su brazo hasta el cuello de la rubia, colándose entre su pelo y acariciando su nuca de forma delicada. Sabía que Quinn no tenía su mejor día, intuía que su humor era de perros y suponía que había ido a aquella cena por ella.
Eran cosas como aquellas las que hacía que Rachel apreciara como nunca antes esa amistad, que su cara mostrara una sonrisa solo por pensar en el esfuerzo que estaba haciendo por ella.
Aquel gesto se había convertido en algo rutinario al ir en el coche. No supo porque lo hizo la primera vez, pero sin ser consciente, tenía su mano en la nuca de Quinn, dejando suaves caricias mientras observaba como la rubia dibujaba una fina sonrisa, lo que hizo suponer a Rachel que lejos de molestarle aquel acto, le gustaba.
-¿Sabes? Me gusta cuando haces eso… - habló la rubia con una sonrisa agradable.
-Lo había intuido… - dijo devolviéndole la sonrisa. – A ver si consigo relajarte y que te duela un poco menos la espalda.
-Lo estás consiguiendo…
Y era verdad. Cada vez que Rachel la acariciaba de aquella forma, el escalofrío que la recorría la llenaba de paz, de un agradable calor, de cercanía y de una tranquilidad difícil de explicar. Se sorprendió a si misma al darse cuenta de que incluso el dolor intenso de su espalda pasaba a un segundo plano. Todos y cada uno de los sentidos de su cuerpo estaban centrados en los suaves dedos de la morena en su nuca.
-¿Alguna vez vas a mostrarme el tatuaje que tienes ahí?
-No sé de qué hablas… - disimuló la rubia.
-Vamos, no soy tonta, el tacto es diferente, sé que es un tatuaje y tú se lo escondes al mundo.
-No se lo escondo a nadie, si no lo has visto es porque no has mostrado el interés suficiente, está a la vista.
-Eso es trampa. He intentado verlo y está ubicado estratégicamente para que tu pelo lo tape…
-Has tenido más ocasiones…
-Esas ocasiones de las que hablas, lo último en lo que pienso es en ese tatuaje… - dijo al ver la sonrisa pícara de la rubia. - No vas a dejar que lo vea ¿no?
Quinn no dijo nada, lo que hizo pensar a la morena que la respuesta era negativa, pero al parar en un semáforo, la rubia la miró y soltó un largo suspiro, después giró su cuerpo de forma que su cuello quedara a la vista de Rachel, que pudo ver aquel dibujo cuando la rubia se retiró el pelo a un lado.
Una simple letra, una B perfectamente entrelazada con el símbolo del infinito. Un dibujo precioso que era lo suficientemente pequeño para ocultarlo con su pelo, pero lo suficientemente grande para que al mostrarlo se entendiera. Aquel perfecto tatuaje no era nada de lo que había pasado por la mente de la morena, que impresionada no daba crédito.
-Quinn… - dijo con un hilo de voz. – Es… precioso…
-¿Tú crees? – dijo volviendo a su posición.
-Si… Se trata de…
-Sí, de Beth… - dijo desviando la mirada y volviendo a poner el coche en marcha. – Necesitaba tener algo de ella, algo que calmara un poco el dolor y la culpa… Beth es lo mejor que he hecho en mi vida, alguien de quien voy a estar orgullosa incluso sin conocerla. Pero ella no me pertenece, a pesar de ser mi vida y aun así, estaría dispuesta a darlo todo por ella en cualquier momento. Ella estará en mí hasta que me muera, en mi pensamiento, en mi corazón y en mi piel, por eso lo del símbolo del infinito.
-Vaya, Quinn… - dijo con un nudo en la garganta ante aquellas palabras.
-¿Qué? ¿Demasiado profundo? – preguntó forzando una sonrisa.
-No, es lo más bonito que he escuchado nunca…
-Tampoco es para tanto… Fue algo que hice sin pensar, un impulso… Me lo podría haber tatuado en cualquier parte más visible, pero no necesito ver el tatuaje todos los días para acordarme de ella.
-Aunque no te conozca, Beth tiene mucha suerte de que tú seas su madre…
-Su madre es Shelby. – la corrigió.
-No deja de ser tu hija y tú su madre biológica… - dijo la morena mirándola, pero al ver la incomodidad de Quinn y la tensión que parecía haber aparecido, decidió aliviar la situación. – No puedo negar que me he sentido un poco desilusionada… - dijo viendo como la rubia la miraba extrañada. – Si, no me mires así, por un momento pensé que la B esa era por Berry… - dijo intentando ocultar la sonrisa.
-¿Berry? ¿En serio? – preguntó riendo. – No lo había pensado, pero ¿en serio te ves conmigo eternamente? Piensa que está ligado al infinito…
-Uff, es verdad, infinito es demasiado tiempo juntas… No saldría bien… Berry y Fabray son como agua y aceite, no se pueden juntar… - dijo riéndose, logrando sacar una nueva sonrisa a Quinn.
Lo que quedaba de trayecto lo hicieron en silencio y justo cuando estaban a punto de llegar, Rachel decidió sacar un tema del que pensaba tendría una respuesta afirmativa después de los últimos acontecimientos.
-Quinn.
-Dime.
-Quiero preguntarte algo. Dentro de un mes más o menos, vamos a ir a Lima para hacer la cena del Glee. Casi todos han dicho que irán y he pensado que podrías venir. Les dije que a lo mejor ibas y estarían encantados.
-No. – dijo secamente, cambiando su actitud por completo y agarrando el volante con fuerza.
-¿No? Pero Quinn yo pensé que…
-Pues deja de una maldita vez de pensar por mí. – dijo alzando la voz. – No paras, Rachel, te lo pido por favor y sigues con el tema. No quiero ver a ninguno de ellos y no quiero volver a Lima. No lo voy a hacer, no voy a volver. Nunca.
-¿Y no puedes decirme todo esto sin necesidad de levantarme la voz? – preguntó seria, molesta por no esperarse aquella reacción.
-No, porque parece que no te entra. Eres una autentica pesada.
-No te preocupes, me acaba de quedar clarísimo. – dijo saliendo del coche y empezando a caminar hacia el restaurante, pero después de unos metros paró. – Entiendo que hayas tenido un mal día y pasaré lo que acaba de pasar por alto, pero la próxima vez, cuando te hable educadamente, me respondes igual, con educación.
La rubia no contestó, pasó por su lado enfadada, resoplando en voz baja. Una vez dentro del restaurante, Rachel actuó con normalidad, como si no hubiera pasado nada, dejando el tema a un lado. Habló, rio y se divirtió con sus amigos mientras comían.
En cambio, Quinn, por más que lo intentó no pudo prestar atención a las conversaciones que mantenían en la mesa, conversaciones en las que hablaba a duras penas, sin interés y donde se reía tratando de que no se notase su poco entusiasmo. Algunos amigos de Rachel le caían bien, pero su mal humor estaba siendo una barrera esa noche, donde la mayor parte del tiempo, estuvo escuchando como el chico que tenía todas las papeletas de estar loco por Rachel, no paraba de decir tonterías con las que Rachel no dejaba de reír a carcajadas.
No lo entendía, porque en su opinión, aquel tipo no tenía ninguna gracia, lo único que hacía era superarse en estupidez e insinuarse a Rachel, que sonriendo tontamente no se había separado de él en toda la cena.
Para colmo, decidieron alargar la noche en un local de copas, insistiendo en que Quinn los acompañara, sin darle opción a irse como tenía pensado en un principio. Intentó cambiar el chip, mantener una charla de verdad con ellos, pero le era imposible.
Los chicos iban y venían de la mesa, alternando los bailes con las copas, pero la rubia no se había despegado de la mesa, molesta con el mundo y viendo como Rachel bailaba cada vez más pegada a Barney y con una sonrisa cada vez más ancha, o al menos eso le parecía a ella.
-Necesito otra copa… - dijo el chico al llegar a la mesa junto a Rachel. – Eh, Quinn, despégate de la mesa y baila un rato. – dijo intentando ser amable.
-No, gracias. – dijo secamente.
-Si tampoco estás hablando mucho.
-Estoy bien aquí.
-Como quieras… - dijo encogiéndose de hombros. - ¿Has visto lo bien que baila Rachel? Es una bailarina profesional.
-Sí, ya te he visto muy contento bailando con ella. – dijo con una falsa sonrisa ante la atenta mirada de la morena.
-Voy a pedir a la barra, ¿quieres algo, Rach?
-Sí, ¿Quieres algo, Rach? – repitió la rubia antes de que contestara la chica. – Con un poco de suerte te invita a un par de copas más y te lleva a la cama ¿verdad? No te resistas mucho por favor, porque la cantidad de tonterías por minuto que dice por la boca son insoportables, cuanto antes dejes de hacerte la remolona antes se callará. – dijo acercándose al oído de la morena, pero lo suficientemente alto para que él también lo escuchara.
-¿Qué dices Quinn? – preguntó molesta, mientras fruncía el ceño.
-Oye, ¿de qué vas? – dijo el chico enfadado. – ¿Hoy que vienes en plan estrellita de Hollywood que se cree que tiene el derecho de decir lo que le da la gana o qué?
-No, para nada, ¿es que acaso no es verdad lo que he dicho? Estás loco por llevártela a la cama y que ella quiera ser tu novia.
-Creo que ya te estás pasando, Quinn. – le recriminó la morena.
La rubia solo le dio una mirada y luego salió del local, necesitaba un poco de aire, sabiendo que su comportamiento aquella noche estaba siendo nefasto. Que las cosas no hubieran salido como ella quería no era culpa ni de la morena ni de sus amigos y ella lo estaba pagando con ellos.
-¿Qué mierda te pasa Quinn? – preguntó Rachel al minuto de salir, llegando hasta ella totalmente enfadada.
-A mi nada.
-¿Estas enfadada con el mundo? Perfecto. ¿Te ha molestado que te pidiera ir a Lima? Lo siento, ya te he dicho que no volverá a pasar, pero olvida ya el tema y deja de amargarnos la noche.
-Yo no le estoy amargando la noche a nadie. – se defendió. – Solo he dicho la verdad, ese imbécil quiere llevarte a la cama y tú te estás dejando.
-¿Qué dices? Ese imbécil como lo llamas es mi amigo y está haciendo que lo pase genial, sin segundas intenciones.
-Ya seguro… - dijo sarcásticamente.
-No te aguanto, eres insoportable. ¿Estás celosa o qué? – preguntó con las manos en las caderas, desesperada por la actitud de la rubia.
Tras la pregunta el silencio se hizo presente y la tensión que mantenían sus miradas, aquella lucha la perdió Quinn, que desviando la mirada negaba con la cabeza en un claro síntoma de decepción.
-No, Rachel, no estoy celosa, no eres tan importante en mi vida… - dijo para después dar media vuelta, alejándose de Rachel y el local.
-¿Dónde vas? – preguntó desconcertada por cómo estaba desarrollándose todo. – Has venido en mi coche.
La rubia le contestó sin girarse, sin dignarse a mirarla.
-No te necesito.
