N/A: Muchas gracias a todos por seguir leyendo esta historia a pesar de todo. Sé que para muchos es difícil (o al menos, eso me han dicho).

Manuu, muchas gracias. Me alegra que te guste éste fic. Pronto tendrás Klaine, no te preocupes. Espero que te guste lo que viene. Besos

ADVERTENCIA: En este capítulo vuelve a haber algo de la amistad Blam, también hay algo de "la relación" de Sam y Vicky. La escena Klaine no es muy alentadora pero... Hay algo que les gustará a los Klainers... Si sólo queréis leer Klaine, quedaros con el primer párrafo y luego saltar al que dice "Anderson se quedó con la boca abierta viendo..." y de ahí leer hasta el final.


CAPÍTULO 14: GUERRÁ DE "TRAICIONES"

Kurt entró en la tienda de música. Faltaba poco para el cierre y tenía que comprobar las cuentas del día. No estaba de muy buen humor. Hacía dos semanas que Sam había recibido esa llamada que lo había alegrado tanto y desde ese día, el rubio se quedaba en la tienda hasta que terminaban de trabajar, para irse con Blaine y Cooper impidiendo que pudiera tener su momento privado con el moreno. El castaño tenía relaciones con su marido, pero cada día le satisfacían menos y deseaba más sentir al ojimiel dentro de él. Sebastian se había convertido en un auténtico "grano en el culo", intentando que dejara a Adam. Se preguntaba cuándo su vida se había vuelto tan mala.

Vicky reía por alguna broma que le había contado Sam en uno de los pasillos de los discos, lo que causaba una gran sonrisa en el Blaine y Cooper, que estaban en el mostrador con el niño sentado en alto entre las manos de su hermano, apoyadas en esa superficie.

– Hola a todos. – Dijo el recién llegado.

– Hola Kurt. ¿Qué tal las cosas en la boutique? – La joven preguntó, con su encantadora sonrisa aun deslumbrante por las atenciones del rubio.

– Bien, las ventas van muy bien. ¿Aquí? – El jefe quiso saber.

– Ha venido un padre a comprarles una guitarra y una batería a sus hijos. Ha sido un gran día. – El moreno respondió con una gran sonrisa.

– Perfecto. Victoria, tu jornada acaba ya. Puedes irte a casa. – El ojiazul sonrió hacia su empleada.

– Gracias. Antes de irme... Quiero pediros un favor. Ya sabéis que una de mis clases en la universidad es pintura, ¿no? – Los otros cuatro asintieron mirándola. – Me han pedido que pinte a un hombre... Ya sabéis... – La castaña se puso roja mirando a los tres adultos con expresión suplicante.

– No, no sabemos. – Evans intervino.

– No puedo decirlo delante de Cooper. – Ella susurró.

– ¿Qué? – Anderson frunció el ceño. – ¡Oh! Vale... Puedes decirlo delante de Cooper. No es como si no lo entienda. Lo he llevado a algún museo y ha visto desnudos. Sabe que eso es arte porque el cuerpo humano es bello y lo artístico es el punto de vista del pintor, sea como sea la persona a la que retrata... ¿Verdad? – El niño asintió recordando varios cuadros.

– Bueno... En ese caso... Estoy buscando un modelo para el desnudo y me preguntaba si vosotros... – La chica se mordió el labio.

– ¡Ah! No. Yo no. Lo siento pero me da vergüenza. Estaría demasiado expuesto. – Hummel negó con la cabeza y Vicky miró a los otros dos.

Los ojos de Sam y Blaine se encontraron en una mirada cómplice y comenzaron a reír. Los otros tres se quedaron mirándolos perplejos porque no entendían el motivo de la risa.

– Los dos estamos seguros de nuestro cuerpo y no nos importaría exhibirlo. – El rubio aclaró. Al haberse dedicado a la prostitución, los dos habían desarrollado una seguridad sobre su atractivo físico y no les cohibía mostrar sus cuerpos.

– Cierto, aunque creo que debería ser Sammy quién pose porque ahora tiene más tiempo libre. – El moreno añadió.

– ¿Qué? ¡No! Deberías ser tú. Hay más confianza entre vosotros, trabajáis juntos. – El ojiverde miró a su amigo como si quisiera matarlo.

– Vamos... ¿Vas a dejar a la chica sin pintar tus maravillosos y perfectos abdominales? – El dependiente no pudo evitar sonar seductor.

– ¿A cambio de que pinte tu redondeado y suculento culo? Sí. – El más alto se puso serio.

– Perdón... ¿Sois pareja? – La universitaria los miró sorprendida.

– No. – Los dos amigos contestaron a la vez y volvieron a mirarse de manera cómplice.

– Blaine y yo somos como hermanos.

Vicky suspiró aliviada. Durante unos segundos había pensado que los chicos eran pareja, rompiendo en mil pedazos sus esperanzas.

– En ese caso... ¿Quién me ayuda? – La artista preguntó.

– Sam estará encantado. – El moreno se adelantó. El rubio lo miró con enfado antes de sonreír con malicia.

– Como ya has acabado... ¿Qué te parece si vamos ahora a ver donde vas a pintarme y buscar ideas de posturas y eso? Total, tengo todo el tiempo del mundo. – Evans comentó.

– ¿Ahora? – El ojimiel se asustó.

– Sí... ¿Por qué no? No tengo nada mejor que hacer. – El más alto dijo.

– Pensé que iríamos juntos a casa. – El más bajo susurró.

– Puedes ir tu solito, te sabes el camino. Cooper se viene conmigo. ¿Verdad campeón? – El menor miró al ojiverde que le guiñó el ojo.

Anderson se quedó con la boca abierta viendo como su amigo se marchaba con su hermano y su compañera de trabajo. Parecía que se le había olvidado su pacto, ese en el cual él lo esperaba para que no se quedara a solas con Kurt y acabara cayendo en sus encantos. No sabía por qué no podía resistirse a Kurt, pero no quería ser "el otro", el amante... Y eso era lo que era para Hummel. Pasara lo que pasara, volvería con su marido.

– Por fin solos. – El castaño sonrió. Llevaba dos semanas esperando ese momento.

– Sí. – Blaine tembló, lo que no pasó inadvertido para el otro.

– ¿Estás bien? – El ojiazul preguntó preocupado.

– Sí. – La palabra apenas fue audible.

– ¿Qué te pasa? Puedes confiar en mí. – El más alto susurró muy cerca del moreno.

– No quiero acostarme contigo.

El corazón de Hummel se detuvo con esa frase. Así que ese era el motivo por el que Sam estaba siempre en la tienda, quería evitar que ellos estuvieran a solas para que no tuvieran sexo. El ojimiel no había querido ser tan directo pero con Kurt cerca no era muy racional.

– No lo haremos nunca más, no te preocupes. Te lo prometo.


Las semanas pasaban sin que nada cambiara en sus vidas. Bueno, algo sí cambió. Kurt empezó a tener nauseas y vomitar por las mañanas. Adam estaba preocupado, podía ser algo grave, por lo que le propuso a su esposo que fuera al hospital. El castaño protestó mucho porque no pensaba que fuera nada malo pero dejó a Vicky en la boutique para poder ir a hacerse unas pruebas y que su marido no se preocupara.

Al llegar al hospital, una doctora lo atendió y, después de un montón de preguntas, pasó a ordenar a una enfermera que le hiciera unos análisis. El rubio estaba al lado de su camilla, sujetándole con fuerza la mano para que no se sintiera solo.

Una hora después, la mujer llegó con los resultados.

– Traigo muy buenas noticias. Sus análisis muestran que está embarazado, lo que explicaría todos los síntomas. Enhorabuena. – La médico se fue, después de darle una nueva cita para una revisión con el especialista. Un hombre embarazado no era algo raro, aunque no del todo común. Sin embargo, dentro de la comunidad gay se informaba de todo y era difícil que un homosexual no conociera que existía una oportunidad de quedarse embarazado.

Crawford no estaba para nada feliz por la noticia. Miraba a su marido como si fuera un extraterrestre, casi con odio, pero sobre todo, con mucho dolor.

– ¿No te ilusiona ser padre? – El ojiazul preguntó.

– Me ilusionaría si no supiera que yo no puedo tener hijos. Kurt, soy estéril. De niño tuve una enfermedad y no puedo ser padre.

– ¿Qué? – Hummel se sorprendió, no sabía esa parte de la vida de su esposo.

– Sé sincero... ¿Me has sido infiel? – Adam estaba enfadado, pero mantenía la calma.

– Es obvio, ¿no crees? – Kurt intentaba mantener la entereza aunque en el fondo quería llorar. Ser borde era su arma cuando se sentía acorralado.

– ¿Cuándo? – La tranquilidad del rubio era temible.

– Desde mi despedida de soltero. – El orgullo del castaño hablaba solo.

– ¿Desde? ¿Ha sido algo habitual? – El estudiante sentía que se quedaba sin aire.

– Sí... Y no ha sido sólo sexo... Al menos, no por mi parte. – Las manos del diseñador se pusieron sobre su vientre, dentro del cual estaba creciendo un bebé fruto del amor, al menos por él si había amor. Un bebé mezcla de Blaine y él... ¿Qué más podía pedir? No le importaba ser padre soltero si el moreno se oponía a hacerse cargo de su responsabilidad. No mientras ese bebé tuviera algo de su otro padre, con eso le bastaba. Crawford se fue de allí muy enfadado y sin ganas de seguir discutiendo, lo que supuso un gran alivio para el embarazado. Sólo quedaba darle la noticia a Anderson y esperar la reacción de Adam. ¿Se divorciaría de él o decidiría ser el padre del bebé de todos modos?