Hola!

Hoy me paro un momento para seguir agradeciéndoos los comentarios que me dejáis capítulo tras capítulo, sois geniales.

Siento haber tardado unos días más en dejar el capítulo, pero tengo la muñeca hecha polvo y no es fácil escribir así. De todas formas, el capítulo es de los más largos que he hecho, así que espero no aburriros y que al menos os guste.

Un besazo!


CAPÍTULO 17

Casa

La mañana comenzó con las dos en la cama. Rachel sabía que aquel día sería de los más complicados de su vida, pero despertar y ver a Quinn regalándole una sonrisa acompañada de un buenos días, además de un pequeño beso en los labios para decir que todo iría bien, le quitaba parte de tristeza al día.

Agradecía que la rubia estuviera allí, a su lado, preocupándose por ella como nunca había imaginado, demostrándole con actos su amistad.

Cuando bajaron a desayunar, en la cocina ya estaban los padres de Rachel y su tia, además de su marido y su hija recién llegados. La morena saludó a su familia, la cual, estaba totalmente impactada de ver allí a una de las actrices más famosas del momento. Después de las presentaciones, Quinn trató de ser amable con todos y mantenerse en un segundo plano cuando los temas a tratar se pusieron algo más serios.

Sabía que ella no tenía nada que hacer allí mientras ellos hablaban de papeleos, así que se ofreció a llevar a la niña al salón mientras se ponían de acuerdo. Rachel le sonrió antes de salir, recibiendo un guiño de la rubia.

Jugó con ella y hablaron. Tan solo tenía ocho años, pero había visto algunas de sus películas. No tardó en ganarse el cariño de la niña y de sus padres, que se mostraban agradecidos por entretenerla.

Durante la mañana, Quinn recibió varias llamadas de su madre, rechazando cada una de ellas. No sabía el porqué de la insistencia, pero no le apetecía hablar con ella. Rachel se había dado cuenta de las llamadas, pero no dijo nada, se mantuvo en silencio no queriendo incomodar a la rubia más de lo que estaba en la ciudad.

A primera hora de la tarde, llegó el momento del funeral. Para llegar al cementerio donde enterrarían a la abuela de Rachel, Leroy conducía el coche alquilado por la rubia donde iban él y su marido y Rachel y Quinn. Ellos decidieron dejarle su coche a la hermana de Hiram.

El coche se mantenía en absoluto silencio. La rubia mantenía las manos de Rachel entre las suyas, haciéndole saber que la tenía allí aunque no dijera nada. No quería que la morena se sintiera agobiada por su atención. De nuevo, una luz parpadeando en su móvil las sacó a ambas de sus pensamientos. El nombre de Judy volvía a insistir en la pantalla.

-Puedes cogerlo, te da tiempo antes de entrar. – dijo Rachel acariciando suavemente su mano.

-Da igual…

-A lo mejor sabe que estamos aquí, por eso te llama. – sugirió mirándola de reojo.

-Es imposible, nadie sabe que estamos aquí.

-Chicas… - llamó su atención Hiram. – Creo que hay más de uno que sabe que estáis aquí… - dijo señalando con su cabeza hacia el frente, donde a la puerta del cementerio, se amontonaban decenas de fotógrafos, cámara en mano tratando de averiguar cuando llegarían las chicas.

-Mierda… - se lamentó la rubia.

-¿Cómo se han enterado? – preguntó la morena boquiabierta.

-Alguien que nos vio en el aeropuerto debió decir algo en internet… - dijo con el coche ya parado en el aparcamiento. – Yo… lo siento… A lo mejor no debería haber venido… Somos dos actrices en Lima, si solo hubiera venido Rachel, quizás no hubiera pasado esto. Hay demasiada gente… Yo… me iré al hotel, así no se pondrán demasiado intensos si me ven.

-No, Quinn, por favor, ven conmigo… - le pidió Rachel con los ojos cristalinos. – Ya están aquí y saben que estamos las dos, es absurdo que te vayas ahora. No me importa si ellos están ahí, pero si quiero que tú estés.

-Quinn, no pasa nada. Supongo que teniendo una hija en Hollywood, debemos acostumbrarnos a esto… - la calmó Leroy con un intento de sonrisa.

-Pero no en momentos como este…

-Vamos, cuanto antes entremos, antes acabamos con la incertidumbre. – propuso Hiram.

Dicho y hecho. Los cuatro salieron del coche de riguroso luto, vestidos completamente de negro. Rachel tomó a sus padres de sus brazos mientras que Quinn caminaba justo detrás de ellos, tratando de soportar los flashes y de caminar entre los fotógrafos que se ponían delante y empezaban a rodearlos.

Las caras de las chicas no eran de amabilidad como los tenían acostumbrados. Estaban molestas por tenerlos allí en ese momento, por no permitirles aquel momento familiar. Por suerte, no podrían entrar al cementerio, por lo que en cuanto pusieron un pie dentro, los perdieron de vista.

La gente iba llegando, parándose con los familiares para dar el pésame. Quinn pudo darse cuenta por la cantidad de gente que había de que la abuela de Rachel era bastante querida allí, algo que no hacía más que confirmar todo lo bueno que se imaginaba de ella por lo que la morena le había explicado.

Al lado de Rachel, con su brazo pasado por sus hombros para reconfortarla ante las lágrimas que caían del rostro de la morena, Quinn no pudo evitar tensarse al levantar la vista y ver quienes se dirigían directos hacia ellas. Kurt y Blaine venían con cara de circunstancia al lado de otra pareja, Brittany y Santana.

Ni siquiera la miró, la latina fue directa a Rachel, dándole un abrazo que sorprendió a Quinn. Sabía que se habían hecho amigas, que eran cercanas, pero ver con sus propios ojos la preocupación de Santana por la morena la pilló de sorpresa.

-Lo siento mucho, Rach. ¿Cómo estás? – preguntó la latina en el oído de Rachel a pesar de que todos podían escucharla.

-Bien… No nos esperábamos esto, pero tenemos que asumirlo por mucho que nos duela…

-Rachel, lo siento… San me ha explicado que tu abuela se ha ido al cielo… - dijo Brittany con tristeza, sacando una sonrisa llena de ternura en Rachel y otra en Quinn al comprobar que aquella rubia seguía con su inocencia tan particular intacta por mucho que trabajara en uno de los laboratorios más prestigiosos del país.

-Sí, Britt…

-No te preocupes, seguro que Lord Tubbington cuida de ella y le explica cómo van las cosas allí arriba.

-Seguro que si… - dijo abrazándola cariñosamente.

Al separarse, Brittany se percató de la persona que estaba al lado de Rachel por primera vez.

-¡Quinn! – exclamó dando un saltito de la emoción, dándole un rápido abrazo que agradó a la rubia. – Hacía mucho que no te veía… Ves Santana como no está muerta… - dijo creando un silencio sepulcral. – San siempre me decía que habías muerto, pero yo no la creía.

-No se te puede engañar, cariño… - dijo la latina con mala cara.

-Ya ves que estoy muy viva, Britt… - dijo entre nerviosa y contenta por la recepción que había tenido por parte de la rubia, pero no todo iban a ser buenas caras.

-Pues ya que todos hemos visto que estás viva, ya te puedes largar, los amigos de Rachel ya hemos llegado. – dijo mirándola por primera vez, desafiándola con la mirada.

-Yo también soy amiga de Rachel, no me voy a ningún sitio… - contestó de igual forma. Aquella forma de hablarle le molestó mucho y no pensaba achantarse ante la latina. Sabía que no quería verla, que estaba enfadada con ella, pero su orgullo no permitiría que nadie le hablara de esa forma y se fuera sin su respuesta.

-¿Qué eres amiga de Rachel? – preguntó irónicamente. – Sacarla a pasear por las alfombras rojas no la hace tu amiga, las cosas se demuestran y tú lo único que has hecho es traer a la prensa a molestar a un funeral privado. – dijo encarándose a ella.

-No me das miedo, Santana, no voy a salir corriendo porque te pongas así.

-Pues qué raro, porque creía que esa era tu especialidad, salir corriendo… - dijo de forma hiriente.

-Basta, por favor. – pidió Rachel con un hilo de voz al ver que la rubia pensaba continuar con aquello. – No es el momento para esto, os lo pido por favor. – dijo mirándolas a ambas algo molesta por la actitud que tenían. – Las dos sois mis amigas, no tiene por qué irse nadie.

-Rachel… - protestó Santana sin dar su brazo a torcer. Quinn se limitó a mirar a Rachel. La vio cansada y triste y se lamentó por haber entrado al trapo a la latina. La morena no se merecía eso aquel día, por lo que dando un suspiro se retiró de la batalla.

-Da igual, no importa, Rachel, me pondré por atrás.

-No, Quinn…

-No pasa nada, en serio. – dijo regalándole una pequeña sonrisa mientras le daba un beso en la cabeza, haciéndole saber que todo estaba bien. – Hola chicos. – dijo saludando a Kurt y Blaine que habían visto aquella disputa en silencio.

-Quinn, me alegro de verte. – dijo Blaine.

-Y yo a vosotros.

-El lugar no es el que nos gustaría pero bueno… - dijo Kurt.

-Si... hubiera preferido volver a veros en Los Angeles… Cuidarme a Rachel. – les pidió antes de alejarse, recibiendo una sonrisa tranquilizadora de los chicos.

Apartándose de ellos, llegó a pensar que aquella fue la mejor decisión que tomó, ya que no solo fueron las dos parejas las que se acercaron hasta allí. Minutos antes de comenzar la ceremonia, Tina junto a Mercedes y Sam también hicieron acto de presencia junto a la morena y aquello no estaba dentro de sus planes. Demasiada gente a la que había estado intentando evitar estaban a unos metros de ella de repente y todos lanzaron miradas hacia su posición al darse cuenta.

Quería salir corriendo pero mantenía sus pies anclados al suelo con toda la tensión reflejándose en su rostro. Rachel la buscaba con la mirada de vez en cuando, asegurándose de que no se había ido y viendo en su cara que no estaba en su mejor momento. Había entendido que Quinn prefería enfrentarse a mil periodistas locos por saber cualquier trapo sucio y con ganas de ponerla en un aprieto que enfrentarse a sus amigos y tal y como un día le dijo, eso pasaba porque lo que dijeran aquellos periodistas no le importaba nada, pero lo que esas personas dijeran de ella sí.

Habían sido su familia y los había abandonado, pero Rachel necesitaba que Quinn entendiera que como su familia, la perdonaban y la echaban de menos al igual que le había pasado a ella. Aquella oportunidad sería la mejor para que viera que no todo se pondría en su contra, a pesar de que como era lógico, alguien le reprochara su actitud durante años.

Al finalizar la ceremonia, la familia se quedó hablando con las personas allí reunidas durante unos minutos. Los padres de Rachel acudieron a Quinn para que les aconsejara que hacer con los fotógrafos. Lo único que se le ocurrió a la rubia era que las esperaran con el coche ya en marcha para cuando ellas llegaran y no se formara un tumulto alrededor del coche.

Así lo hicieron. Los padres se fueron y ella se quedó esperando a que la morena terminara con aquel corrillo que habían formado sus amigos, pero la cosa no se puso mejor al ver que Rachel se acercaba a ella seguida por todos ellos.

-¿Nos vamos? – preguntó la morena con una pequeña sonrisa al llegar a ella.

-Sí, tus padres están esperando en el coche. ¿Cómo estás? – preguntó sujetando su cara sin importarle las miradas curiosas de los que estaban allí y la fulminante por parte de Santana.

-Estoy bien.

-¿Seguro?

-Sí. – dijo uniendo su mano con la de ella y caminando hacia la salida. – Ellos vendrán a casa un rato a acompañarnos. – le informó al ver que con disimulo lanzaba miradas a sus amigos, notando como la rubia al saber aquello sujetaba su mano con más fuerza. – No tienes que preocuparte, ya estás aquí, lo que tenga que pasar, pasará, ya verás como no es tan malo como imaginas. – decía mientras acariciaba con su pulgar la mano que tenía sujeta.

Y al salir al exterior, allí estaban esperándolas de nuevo todos los fotógrafos, preguntando y algunos haciendo una excepción, dando sus condolencias a Rachel.

-Gracias. – contestó amable. Fue lo único que dijo ante la insistencia de estos, provocando que Quinn la tuviera que abrazar a ella para no perderla en el camino.

-Por favor, ya ha contestado, sabéis que no nos importa hablar con vosotros, pero en estrenos, no aquí. Respetad a Rachel y su familia en este momento. – pidió molesta la rubia, soportando las continuas preguntas y fotos.

Los chicos las miraban alucinados ante la nube que las perseguía y sorprendidos por como Quinn protegía a Rachel, que se limitaba a ser llevada por la rubia. Las chicas llegaron al coche que no tardó en poner rumbo a casa de la morena, donde amablemente, los padres de Rachel atendían a los más allegados que se habían acercado hasta allí.

Quinn no participó en aquello en ningún momento. No podía. Por mucho que quisiera, no sabía cómo acercarse hasta ellos y entablar conversación. Los había echado tanto de menos, sobre todo a Mercedes, Brittany y Santana.

Mercedes había sido su refugio durante el embarazo, comportándose como no lo hizo su propia hermana, dándole un techo donde vivir y su amistad sin dobles intenciones. Santana y Brittany eran simplemente su Unholy Trinity, sus amigas desde el principio a pesar de tener sus más y sus menos, con las que no necesitaba decir nada, bastaba una mirada para comunicarse.

Kurt y Blaine se acercaron a ella un rato y junto a ellos, Tina y Sam. No dijeron nada, tan solo alabaron lo guapa que estaba y lo orgullosos que estaban de donde había llegado. Quinn no podía evitar emocionarse internamente al ver que como ya hicieron Kurt y Blaine, no sacaron nada de su alejamiento, tan solo la incluyeron en el grupo como una más, haciéndole sentir que nunca se había ido.

Pero los chicos se alejaron y cuando Quinn se entretenía con la prima de Rachel, fue Mercedes la que se acercó hasta ella.

-¿También voy a tener que venir yo a saludarte? Como mínimo, podrías haberte acercado… - le dijo seria, sorprendiendo a la rubia.

-Mercedes, yo… no sabía si querías verme… No quería…

-¿No querías qué, acercarte a mi o desaparecer durante años sin preocuparte por ninguno de nosotros? – preguntó, echándole en cara por primera vez su decisión.

-Yo…no actué bien, pero nunca he dejado de pensar en vosotros.

-¿Entonces? – dijo afectada. – Éramos amigas Quinn, estuviste en mi casa los meses más importante de tu vida, te convertiste en mi hermana y de la noche a la mañana se acabaron las llamadas, se acabaron las visitas y solo supimos de ti por la prensa…

-Lo siento… - dijo agachando la cabeza. – Se lo dije a Rachel, no sabía cómo volver, había pasado demasiado tiempo.

-Siempre te hemos esperado con los brazos abiertos. Eres parte de Glee, solo esperábamos que terminaras con esa distancia… Pensábamos que no te importábamos, que la fama había hecho de ti alguien peor que la chica fría que se paseaba por el instituto…

-No es así.

-Lo sé, Rachel nos ha explicado que estábamos equivocados, nos ha ido informando por emails que estabas bien, que necesitabas tiempo para ordenar tu vida y que lo has conseguido y que tenías miedo a nuestras reacciones.

-Sí, Rachel os ha hecho un buen resumen. – dijo mirando a la morena fugazmente, encontrándola abrazada a su padre.

-Rachel ha sabido defenderte delante de todos, de excusarte, porque si no, te aseguro que no me hubiera acercado hasta ti a hablarte.

-Ya… - dijo sin poder aguantarle la mirada. Durante unos segundos no dijeron nada y cuando la rubia pensaba que Mercedes se iría sin más, está la abrazó, con sentimiento, como se supone que lo deben hacer las hermanas.

-No vuelvas a marcharte, Fabray, porque te juro que no habrá más oportunidades para mi hermana blancucha. – dijo haciendo reír a Quinn, que embargada por la emoción, no podía contener las lágrimas al igual que Mercedes.

-No te preocupes, vamos a seguir en contacto y vamos a vernos, te lo prometo. – dijo separándose de ella para mirarla.

-Ya no llores. – dijo quitando algunas lágrimas de la cara de la rubia. – Mercedes Jones no llora y menos una gran estrella de Hollywood.

Las dos rieron, poniéndose al día de sus vidas, recuperando parte del tiempo que habían perdido en esos años, pero Mercedes tuvo que marcharse, volviendo a dejar sola a la rubia, lo que aprovechó Rachel para acercarse a ella y sentarse a su lado en el sofá.

-Recuperando amistades, eh… - dijo con media sonrisa, dándole un pequeño empujón con su hombro.

-Si…las que se pueden… - dijo mirando a Santana para luego centrar su vista en Rachel. – Y según me han dicho es gracias a ti…

-No creo que sea así.

-Gracias por defenderme…

-Solo hago lo que creo que está bien, te mereces recuperar a tus amigos… - dijo dándole un beso en el cuello antes de apoyar su cabeza en su hombro.

Todavía con un escalofrío recorriendo su espina dorsal tras aquel beso, Quinn volvió a ver como su móvil recibía una nueva llamada de su madre.

-Sabe que estás aquí, Quinn.

-Lo sé.

-Cógeselo y ve a verla.

-No quiero verla, Rach.

-Es tu madre…

-Sí, pero no se ha comportado como tal… Lo único que conseguimos cuando nos vemos es ponernos peor. Sé que ella se va triste porque no consigue llegar a mí y yo frustrada porque le diría mil cosas que ha hecho mal y llevo años callándome para no terminar peor de lo que estamos.

-Quinn, a veces al miedo hay que mirarlo de frente y enfrentarlo. Estás en Lima, lo tienes más de cara que nunca. Quizás deberías mantener una conversación con tu madre, decirle lo que te duele de ella y que te explique…

-No creo que sea buena idea… - dijo apartándose de ella.

-Solo te doy mi punto de vista… - dijo acariciando su mejilla para que no se marchara. – Tu eres la que decide si hacerlo o no. No creo que hacerle una visita después de…

-Casi dos años… - dijo al ver que la morena dejaba la frase en el aire.

-Que después de casi dos años sin ver a tu madre las cosas se pongan complicadas.

Quinn dio un largo suspiro y acercó su frente a la de Rachel.

-A veces me pregunto porque mi vida es tan complicada, si tendré yo la culpa de eso…

-No la tienes… Pero si puedes hacerla más fácil de lo que es…

-No lo creo, ojalá fuera todo tan fácil como dejarse llevar como cuando estoy contigo…

-Bueno, me tienes a mí para ayudarte en lo que sea, para intentar traerte un poco de felicidad de vez en cuando.

-Lo haces. – dijo mirándola fijamente, tragando saliva mientras quedaba atrapada en esos ojos color chocolate que expresaban tanto y le llegaban al alma. Tras unos segundos ensimismadas, Rachel carraspeó, apartando su mirada, dándose cuenta de donde estaban y del tiempo que se habían quedado así. – Voy a dar una vuelta, si llego a casa de mi madre, bien, si no…

-Si no, también estará bien. – dijo dándole un beso en la mejilla antes de que la rubia se alejara para coger su abrigo y salir por la puerta.

Había dado unos cuantos pasos cuando alguien la frenó.

-Fabray. – la llamó Santana. Quinn reaccionó dándose la vuelta lentamente, con las manos en los bolsillos de su abrigo, la miraba esperando lo que tuviera que decirle. – Aléjate de Rachel.

-¿Y tú quién eres para decirme lo que tengo que hacer? – preguntó riendo irónicamente.

-Alguien que te conoce. Termina lo que tengas con ella, he visto como la miras y no sé qué es lo que os traéis entre manos, pero le harás sufrir. Tarde o temprano saldrás de su vida y no quiero que Rachel se quede llorando. Es demasiado inocente, lo está demostrando fiándose de ti.

-No me conoces, para nada, Santana. – dijo muy seria. – Si de verdad crees que voy a volver a salir huyendo no me conoces y como sé que no vas a darme la oportunidad de que te lo demuestre, que no vas a dejar que te explique y te diga que el alejarme sirvió para algo en mi vida, simplemente te diré que no pienso alejarme de Rachel. – dijo acercándose a ella amenazadora. – Es mi amiga, una gran amiga y no pienso desaprovechar la oportunidad que me ha dado. No sé que te imaginarás, pero no tienes que preocuparte por nosotras.

-No me preocupo por ti, si no por Rachel y me conoces, sabes que no soy tonta, sé que algo pasa con vosotras. Ya se lo he dicho a Rachel y ahora te lo digo a ti, porque ella piensa que puede engañarme, lo que tengáis no traerá nada bueno, tú no eres buena para ella. – dijo señalándola.

-No voy a permitir que me digas como soy o no. Puede que en el instituto fuera alguien que rozaba la maldad a veces, pero eso ha cambiado, te aseguro que me he esforzado para que eso cambie.

-¿Estás segura? Porque yo diría que tengo delante de mí a la mismísima capitana de las animadoras con unas ganas incontrolables de darme una de sus bofetadas. – dijo sonriendo con maldad, viendo como Quinn tensaba su mandíbula, intentando controlarse. Finalmente, dio media vuelta y se alejó de allí. – Vuelves a huir… - rio la latina.

-No me interesa pelear contigo, Santana, no he venido para eso. Solo espero que algún día podamos hablar tranquilas y me perdones por todos estos años…

Fue lo único que dijo antes de irse de allí, escuchando como la latina susurraba un "ni en tus mejores sueños". No quería aquel enfrentamiento con Santana, no con ella. Había sido su mejor amiga durante años, su mejor defensora y su peor enemiga a partes iguales, pero siempre con ella. Los nervios de estar en Lima no debían traicionarla entrando al juego de provocación de la latina.

Mientras Quinn caminaba sin mucho ánimo sin un rumbo fijo pero teniendo clara su parada final en casa de su madre, no se imaginaba que Rachel era cuestionada por su padre.

-Rachel, cariño. – empezó Hiram aprovechando que tenían un momento a solas. Viendo que tenía la atención de su hija continuó. - Quinn y tú, ¿estáis juntas? Quiero decir, ¿Sois novias? – preguntó antes de que la morena no pudiera evitar toser al escucharlo.

-¿Qué? ¿Por qué preguntas eso? – preguntó frunciendo el ceño. – Somos amigas, nada más. A mí me gustan los chicos. – le recordó.

-Eso lo sé, pero también tengo ojos y no sé, he tenido una sensación rara… Quinn te mira…como si no existiera nadie más… Y tú estás siempre pendiente a ella y ella parece que está igual. Además, he visto un beso en el cuello que no sé dónde deja la amistad…

-Papá, no…no sé… - dijo tartamudeando. – No sé de donde sacas esas cosas, pero no hay nada, Quinn es mi amiga, ya está.

-Vale, te creo, pero no hay nada de malo en estar enamorada.

-No estoy enamorada. – dijo negando con la cabeza. – Simplemente Quinn se ha portado conmigo de maravilla desde que llegué a Los Angeles, eso no significa nada.

-Está bien. – dijo dejando el tema, dándole un beso en la frente. – Solo espero que entre apoyo y apoyo, ninguna salga sufriendo… - dejó caer antes de dejar a su hija sola, con los ojos abiertos de par en par y totalmente sonrojada.

Por otro lado, Quinn llegaba a casa de su madre, tocando el timbre después de soltar un largo suspiro. Aquel día se le estaba haciendo demasiado largo.

-Quinn. – dijo su madre al abrir la puerta, dándole un abrazo que la rubia respondió sin entusiasmo.

-Hola.

-Te he estado llamando. – dijo dejándola pasar.

-Si, por eso estoy aquí, ¿Qué querías?

-¿Qué quería? Quinn, vienes a Lima y no me dices nada, me tengo que enterar por la prensa… - le reclamó seria.

-Bueno, viajo a menudo y no te informo de cada viaje que hago.

-¿Incluso si vienes a Lima?

-Se ha muerto la abuela de Rachel, ha sido un viaje inesperado… - dijo cansada del tema, viendo como su madre negaba con la cabeza.

-Pasa al salón, en un rato hago la cena.

-No hace falta, no voy a quedarme mucho rato, solo he venido para ver porque llamabas.

-¿Te vas? ¿Dónde vas a dormir? – preguntó incrédula.

-Anoche dormí en casa de Rachel, hoy iré a un hotel.

-¿A un hotel? ¿Para qué vas a un hotel? Esta es tu casa hija…

-Mamá…

-¿Qué?

-No tengo ganas de discutir, déjalo.

-A veces es tan complicado contigo, Quinn… - dijo derrotada. – No sé en qué he fallado…

Y ahí estaba. El comentario que faltaba para que Quinn soltara lo que llevaba tiempo deseando decir.

-¿En qué has fallado? – le preguntó abriendo los ojos de par en par. – Me preguntaría más bien en que no has fallado… - dijo casi en un susurro, mordiéndose la lengua arrepentida al ver la cara de su madre.

-No, no te calles ahora, dime lo que tengas que decirme. Llevo años mirándote sin ver a mi hija, nos hemos convertido en unas desconocidas. No me dejas acercarme a ti, dime que te pasa.

-Me pasa que no has actuado como madre, no entiendo que ahora te sorprenda que quiera el mínimo contacto contigo. Papa me echó de casa y tú no hiciste nada, mama, ¿qué esperas que haga, que te aplauda?

-Pensaba que eso había quedado solucionado y en el pasado.

-No, si ha quedado en el pasado es porque nunca se volvió a hablar del tema, pero que volvieras aquel día y me dejaras volver a casa porque papa te engañó no solucionaba el problema. – dijo alterada. – Me viste sufrir, estuviste ahí cuando tuve a Beth, cuando se la entregué a Shelby llorando como una niña, me escuchaste llorar noches enteras por ella y nunca me diste tu apoyo, nunca estuviste ahí para darme un abrazo y decirme que había hecho lo correcto o que me había equivocado al darla, simplemente dejaste el tema a un lado, como si Beth no existiera, como si no doliera. Ni siquiera te importó cuando volvió y lo eché todo a perder con mi comportamiento…

-Yo…pensaba que si no hablaba de ella, sería mejor para ti, que no sufrirías más…

-Pues te equivocaste, no fue lo mejor para mi… Lo mejor para mí hubiera sido quedarme con mi hija teniendo el apoyo de mis padres, o al menos el tuyo…

-Lo siento, Quinn… - dijo con lágrimas en los ojos, siendo capaz de transmitirle a la rubia el dolor y la tristeza que llevaba con ella por aquel asunto. – Yo…soy consciente que no he sido la mejor madre del mundo, pero he intentado hacer las cosas mejor estos últimos años y no me dejas…

-No puedo, cada vez que te miro, veo a Beth… - dijo llorando.

-Cariño, lo siento… Sé que debí haber luchado por ti desde el primer momento, pero tiendo a ser una cobarde…

-En eso nos parecemos bastante.

-No, no te equivoques. Tú estás lejos de ser una cobarde. Eres la persona más valiente que he conocido nunca, Quinn… Ver todas las cosas que te han pasado cuando eras una niña y ver en la mujer que te has convertido, en alguien buena, generosa y amable, me hace sentir tremendamente orgullosa de ti aunque no te lo haya dicho nunca… - dijo acercándose a ella, retirando las lágrimas del rostro de su hija. – Me he equivocado mucho contigo, no hay día que no me reproche por mi actitud. Beth es mi nieta y no sé si me creerás, pero también me duele y lloro por ella.

Quinn no pudo más, se abrazó a su madre con fuerza, como cuando era niña y necesitaba su refugio, encontrando la estabilidad que ella le brindaba.

-Lo siento mucho mi niña… - repetía Judy en su oído una y otra vez, dejando pequeños besos en su cabeza.

Ya había anochecido cuando la rubia entraba en el hotel. Rachel le había avisado que ya había recogido las maletas de ambas de casa de sus padres y con el coche alquilado, ya la esperaba en el hotel, donde había decidido acompañarla aquella noche.

-Ey… - dijo la morena al ver entrar por la puerta a Quinn.

-Hola… - dijo con media sonrisa, dejando su bolso en una mesa y desprendiéndose de su abrigo.

-¿Qué tal el día? – preguntó notando en sus ojos que había llorado.

-Fatal, he tenido un día de mierda… - dijo dejándose caer al sofá mientras se tapaba los ojos con las manos en un síntoma de cansancio, luego se paró a pensar en lo que había dicho y miró a la morena. – Lo siento, yo aquí quejándome y tú has enterrado a tu abuela hoy… - se lamentó.

-No te preocupes… - dijo sentándose encima de ella, rodeando su cuello con sus manos. - ¿No te ha tratado bien Lima?

-Lima trae demasiadas cosas a mi… -resopló.

-¿Cómo te ha ido con tu madre? – pregunto acariciando su cara mientras la escuchaba atenta.

-No lo sé… Por fin hemos hablado y no sabía que me sentiría así de bien… Pero a pesar de que creo que la he perdonado, de que sé que está arrepentida, no sé si puedo dejar que la relación vuelva a ser normal así como así…

-Las cosas necesitan su tiempo… Estoy segura de que tu madre no va a forzar las cosas, se trata de ir poco a poco, de volver a encajar en la vida de la otra… - decía mientras Quinn la miraba embobada, escuchando sus consejos como si se tratara de la mejor melodía. – Si las cosas mejoran con tu madre, no tendrás excusa para no volver… - dijo sonriendo divertida.

-No creo que eso pase… - dijo arrugando la nariz.

-Lima es tu casa… - le aseguró. Por unos largos segundos, Quinn se quedó mirándola fijamente, contestando sin pensar, con lo que sentía en ese momento.

-No, Lima no es mi casa, pero tú, me haces sentir en casa aunque no lo esté y esa es una buena sensación cuando te pasan cosas malas…

Lo que recibió a cambio fue los labios de la morena sobre los suyos hasta que con el paso de los minutos se separaron, quedando Rachel sentada en las piernas de la rubia con su cabeza sobre su hombro y los brazos de esta rodeándola.

-Estoy agotada, me duele hasta la cabeza… - se quejó Quinn cerrando los ojos.

-Que excusa más barata para no acostarte conmigo, Fabray… - dijo provocando a Quinn, que de inmediato busco la mirada de Rachel y la encontró sonriendo mientras se mordía el labio inferior.

-No existe ninguna excusa que me impida acostarme contigo, Berry… - dijo atrapando sus labios con desesperación.

Caer en la cama desnuda sobre Rachel Berry era lo mejor que tenía para arreglar aquel día. Desnudarse mutuamente, sentir los besos y las caricias era locura, una bendita locura. Sus lenguas, sus manos y sus cuerpos buscaban lo mismo, necesitaban lo mismo y no dudaban en dárselo en un vaivén de caderas que las mantenía totalmente conectadas en su particular realidad, que las estaba llevando a tocar el cielo.

Y de repente, Quinn no supo cerrar su boca, no supo frenar sus palabras que llegaban directas de algún lugar concreto de su cuerpo que no tenía ninguna intención de detectar.

-Te quiero…

Simple. Dos palabras. Dos palabras que bastaban para sorprender a Rachel, que la miró sin aliento al sentir aquellas palabras, buscando amistad en su mirada y quedándose impactada al ver la misma sorpresa que ella sentía en su ojos mezcladas con admiración y algo que se asemejaba al amor.

No supo cómo responderle, así que tragó grueso y volvió a besarla como si fuera el fin del mundo mientras rozaban el ansiado orgasmo.

Minutos después, sin hablar ninguna palabra y con Quinn abrazada a su cintura después de aquella unión de sus cuerpos, Rachel no podía dormir mientras trataba de convencerse a sí misma que aquella confesión era debido a que la rubia estaba sensible con todos los acontecimientos, que aquel te quiero era él te quiero de una amiga, con el mismo significado con el que ella se lo decía a Santana o Kurt, pero en su interior empezaba a formarse una bola de angustia que decidió ignorar por completo, al igual que las palabras que Quinn había ido regalándole a lo largo del día.

Si le prestaba atención, aquello no sería bueno ni para ella ni para Quinn.