CAPÍTULO 18

Sexy

Hacía ya unas cuantas horas desde que la mañana hizo acto de presencia en Lima. Rachel seguía en la cama del hotel, empezando a despertar después de pasar parte de la noche dando vueltas sin poder dormir. Aquel "te quiero" de Quinn la puso en alerta, tensa, pero antes de dejarse vencer por el sueño, decidió dejarlo pasar, hacer como si no hubiera pasado nada y seguir como hasta ahora con la rubia. La necesitaba, así que con toda la convicción del mundo, se dijo a si misma que un te quiero no tenía que ser con connotaciones románticas en todos los casos, que aquel desliz en la cama, mientras mantenían aquel encuentro era un simple frase más, nada importante.

Perezosa, pestañeaba mientras se iba adaptando a la luz de la habitación, buscando por la cama a la rubia, pero su mano no encontraba nada. Extrañada por no verla allí ni dar con ella en el cuarto, se dio una ducha y empezó a arreglarse, dispuesta a encontrarla en el comedor o donde quiera que estuviera.

No hizo falta. Estaba sentada en la cama poniéndose los zapatos cuando una sudorosa Quinn entró en la habitación.

-Eh, ¿Dónde andas? Estaba a punto de llamar a la policía. – dijo divertida, acabando con el último zapato y viendo como Quinn sonreía a su ocurrencia mientras se quitaba los cascos y dejaba el móvil a un lado.

-Estaba corriendo, hubieras liado una buena si lo hubieras hecho… - dijo sentándose en el filo de la cama al lado de la morena. – Necesitaba un poco de ejercicio, despejarme un poco…

-Podrías haberme avisado, hubiera ido contigo.

-No…Prefería que durmieras un poco, creo que esta noche no lo has hecho mucho. – dijo mirándola de reojo.

-¿Te he molestado? – preguntó avergonzada. – Perdón, no se me iba mi abuela de la cabeza… - dijo sintiéndose culpable por mentir así. Pero no podía decirle que fue por sus palabras, sería incómodo para ella y para la rubia. Ignorar aquel hecho empezaba en ese mismo instante.

-¿Cómo estás con eso? – preguntó aliviada de que la morena no mencionara aquel "te quiero" y actuara como siempre con ella. Si aquella mañana había salido a correr era, en parte, para huir. No podía huir literalmente, no podía volver a desaparecer de su vida como si nada por haber dicho dos palabras que ni siquiera sabía de donde le habían salido, pero necesitaba respirar un poco de aire e implorar que Rachel no dejara aquella amistad que tanto bien le estaba haciendo.

-No sé… Dicen que hay algún momento en el que simplemente aceptas que ha muerto…pero yo…creo que nunca podré aceptar que alguien a quien quiero tanto se vaya. – dijo mirándola con los ojos brillantes. – Supongo que se trata de llevar la pérdida contigo y seguir adelante solo con los buenos momentos de esa persona.

-Creo que esa explicación que me acabas de dar es mucho mejor que una simple aceptación… - dijo besando su frente. – Russell… Mi padre… - se corrigió. – Murió y yo seguí adelante sin él, pero sin esos buenos momentos… No tenía, ni siquiera en mi infancia… - dijo apartando la vista y centrándola en el suelo. – Supongo que cuando das y recibes amor de igual forma todo es muy distinto… No sé si algún día a mí me pasará eso que dices… En fin… - dijo dando un profundo suspiro y poniendo sus manos en sus muslos para levantarse, pero la mano de Rachel lo impidió.

-Te pasará. – dijo muy segura. – Acabas de dar un paso importante con tu madre… Además, algún día, querrás a alguien tanto que dolerá y ese dolor, será compartido por la otra persona, porque te querrá de la misma manera.

Aquel momento fue más serio e intenso de lo que la morena había pretendido al quedarse colgadas la una en la otra, al reaccionar a esa convicción de Rachel con un beso tierno en los labios por parte de la rubia.

-Gracias… - dijo la rubia sin más, alejándose de ella. – Voy a darme una ducha, debó oler fatal.

-Un poco… - dijo arrugando la nariz, consiguiendo que la rubia alzara su ceja. – Es broma… - dijo sonriendo, haciéndose la inocente.

-Que bromista eres, Berry.

-¿Has visto? – dijo riendo. – Venga, dúchate que vamos a ir a un sitio.

-¿A qué sitio? – preguntó sin fiarse mucho de aquella propuesta.

-Sorpresa, tu dúchate.

-Podrías ducharte conmigo y ahorramos tiempo. – dijo levantando ambas cejas de forma sugerente.

-Me acabo de duchar.

-Pues que sepas que no se nota, puedo olerte desde aquí. – dijo tras soltar un bufido y cerrando la puerta del baño, logrando que la morena convirtiera la sonrisa que había reprimido en una sonora carcajada.

-Lo que hueles es colonia, Fabray. – dijo levantando la voz, recibiendo como contestación alguna palabra incomprensible de la rubia.

Mientras se enjabonaba, Quinn pensaba a qué lugar quería llevarla la morena. Ese día por la tarde se volvían a Los Angeles, por lo que pensó que Rachel pasaría el día con su familia mientras ella la esperaba en el hotel, pero parecía que la morena tenía otros planes.

Cuando fue consciente de donde la había llevado Rachel, Quinn no pudo evitar mirarla como si estuviera loca.

-¿El instituto, Rachel?

-Sí, ¿Qué pasa? ¿No te hace ilusión ver al Sr. Schue? Vengo a verlo siempre que estoy por aquí.

-Me encantaría verlo, pero esto es un instituto lleno de adolescentes y tú y yo sabemos que no es muy conveniente que nos vean aquí si no queremos morir aplastadas.

-No seas exagerada. – dijo tirando de su brazo para entrar. – Ahora están todos en clase, no vamos a ir anunciándonos. A mí me han visto algunas veces y no ha pasado nada grave. Un poco de tiempo para fotos y listo.

-No te compares conmigo, por favor… Una simple estrella de Broadway con unos cuantos Tonys y que empieza a triunfar en Hollywood no puede compararse a mí, Quinn Fabray. Todos morirían por una foto mía, la actriz del momento… - dijo intentando permanecer seria.

-Uhh, Fabray, es entrar al instituto y salir la jefa de las animadoras que hay en ti… Espero que no te dé por tirarme un Slushie.

-Cállate. – dijo riéndose, empujándola con su hombro mientras caminaban por los pasillos. – Dios no puedo creer que esté de nuevo aquí… Que sensación más rara…

-Me pasa cada vez que vengo.

-Tengo recuerdos en cada rincón de este sitio y me sorprende que todos los que me vienen a la memoria son buenos…

-Es que pasamos buenos momentos aquí a pesar de todo.

-Si… - dijo algo nostálgica.

-Vamos a preguntar por el Sr. Schue, quizás te haga ilusión ver a la directora.

-¿Quién es? – preguntó intrigada. Rachel no contestó, se limitó a sonreír hasta que llegaron al despacho. – ¿Entrenadora? – dijo incrédula, con una sonrisa de ilusión.

La mujer levantó la vista del periódico que estaba leyendo buscando quien la había nombrado. Cuando la vio, se levantó seria y se acercó a ella.

-Quinn Fabray, no te puedes hacer una idea de lo orgullosa que estoy de ti. – le dijo sorprendiendo tanto a Quinn como a Rachel, que en la vida había oído a esa mujer decir una buena palabra, mientras la envolvía en un abrazo.

-¿Cómo estás? No sabía que eras la directora.

-Como siempre Fabray, en forma y preparada para declararle la guerra al Glee Club.

-¿Todavía así? – preguntó riéndose.

-Ser directora es aburrido, meterme con Will es divertido, él y sus chicos siempre responden a los ataques. – dijo dibujando una sonrisa. - ¿Cómo es que te has dignado a hacernos una visita por fin?

-Bueno, la verdad es que no era mi intención, pero empiezo a agradecer bastante el haber venido a Lima… - dijo con media sonrisa y mirando de reojo a Rachel, la cual la observaba. – Vine para acompañar a Rachel, su abuela ha muerto…

-Oh, sí, algo había oído, lo siento… - dijo haciendo un gesto con su mano pero sin ni siquiera mirarla.

-Gracias. – dijo girando los ojos. Había cosas que jamás cambiarían y Sue Sylvester siendo odiosa era una de ellas para Rachel.

-No puedo creer que te hayas hecho su amiga, Q… En eso me has fallado… - le dijo a la rubia en voz baja, pero siendo escuchado perfectamente por la morena. – Hollywood te ha cambiado…

-Ya ves, entrenadora… Pero no pasa nada, puedo insultarla antes de salir de aquí para recordar viejos tiempos…

-Ni se te ocurra. – se adelantó Rachel a la sonrisa de Sue, haciendo que Quinn se riera. – ¿Nos puedes decir dónde está el Sr. Schue? Me imagino que estarás ocupada con otras cosas y no queremos molestar. – dijo con una falsa sonrisa.

-Con ese carácter no llegarás a ningún lado. – dijo la mujer sentándose de nuevo. – Está en su adorada clase de Glee. – respondió haciendo que los ojos de las chicas brillaran de ilusión.

Quinn y Rachel, sobretodo la rubia, se despidieron de la entrenadora antes de salir a los pasillos en busca de la que sin duda había sido su clase favorita. Mirándose a los ojos con una sonrisa, Rachel le hizo el gesto a Quinn de que esperara ahí mientras escuchaban al profesor dar algunas instrucciones. Sin pensarlo dos veces, Rachel dio dos toquecitos a la puerta.

-Adelante. – escucharon decir al hombre desde dentro.

-Hola, Sr. Schue… - dijo la morena entrando y acercándose al hombre, dejando a gran parte de la clase con la boca abierta al tener frente a ellos a una de las personas de moda en Hollywood y la más importante en Broadway a pesar de que ya les había hecho algunas visitas anteriormente.

-Rachel… - dijo el hombre abrazándola con media sonrisa. – Siento mucho lo de tu abuela… Quise ir ayer, pero no estaba en la ciudad…

-No se preocupe, no pasa nada. – dijo separándose de él con los ojos cristalinos pero forzándose a sonreír. – Hola chicos, ¿Cómo estáis? – les preguntó, obteniendo diversas respuestas. – Tenía ganas de volver y hoy traigo una sorpresa. A vosotros os va a hacer ilusión, pero sé que al que más será al Sr. Schue.

-¿Qué has traído? – preguntó arrugando la frente mientras Rachel volvía a la puerta.

-No es que, es quien. – dijo cogiendo la mano de Quinn y guiándola al interior.

-¿Qué tal Mr. Schue? – dijo con una sonrisa genuina, centrándose en el profesor después de saludar con la mano a los alumnos que habían acabado de alucinar. Nadie se creería que tenían a dos estrellas en su clase.

-¿Qué tal? ¿Qué tal tú, Quinn? – dijo dándole un abrazo y apretándola entre sus brazos, al cual la rubia correspondió llena de sentimiento. – Dios, no me creo que estés aquí, que alegría. – dijo riéndose.

-Estoy muy bien…

-Que bien que estés aquí. Te he seguido y tengo que decirte que lo estás haciendo genial, Quinn, puedo decir muy alto que estoy orgullosísimo de ti.

-Gracias, es importante su opinión para mi… - dijo sonrojándose por lo que le dijo el hombre. – Te portaste conmigo como un padre, mucho mejor que el mio y aunque no haya venido estos años…

-Eh, tus motivos tendrías. – la calmó. – Rachel me puso al día, me dijo que estabas bien y que habíais retomado el contacto y eso es lo que importa, que ahora estés.

-Vale…

-Chicos. – dijo el profesor a sus alumnos que observaban la escena en silencio. – Tenéis delante de vosotros a dos estrellas y no me refiero de Hollywood. Eso ya lo sabéis. Ellas son dos estrellas del Glee Club. Pertenecieron al primer Glee que yo llevé, el mejor de todos, el más especial… Cada uno de ellos tenía alma, tenía empuje y fuerza y gracias a ellos podéis estar aquí, si no hace mucho tiempo esto hubiera desaparecido. – contaba como si fuera una historia. – Eran especiales…

-Tampoco tanto… Te recuerdo que en el primer ensayo éramos cuatro gatos y fue un desastre… Diría que durante un tiempo fuimos un desastre… - dijo Rachel riéndose divertida.

-Eso es lo que os hace especiales. Chicos, no he visto un grupo más diferente y desigual nunca. Cada ensayo era un amago de pelea que terminaba en otro amago por renunciar a Glee. Pero cada pelea nos acercó más, a todos. Cada canción nos hizo mejores y cada minuto que pasamos aquí nos convirtió en una familia. De la nada, solo creyendo en ellos mismo cuando peor estaban las cosas, ganaron las únicas Nacionales que hemos conseguido…

-Fue un gran momento… - dijo Quinn con una sonrisa. – Recuerdo que entramos esperando que nos destrozaran y todos nos felicitaron… Fuimos los reyes del instituto, sin burlas o Slushies. ¿Os siguen tirando Slushies por estar en el Glee? – preguntó recibiendo un asentimiento frustrado de cabeza general. – Bueno, no os preocupéis, yo recibí unos cuantos y Rachel ni os cuento, tiene el record absoluto. – dijo haciendo reír a los alumnos al ver el gracioso asentimiento de cabeza de la morena. – Da igual, ahora, años después estaría dispuesta a recibir otro Slushie en la cara por el Glee Club. Yo no era la mejor persona ni la más centrada, así que no sé qué hubiera sido de mí si no llega a ser por mis compañeros y el Sr Schue…

-Lima Looser. – dijo Rachel divertida, formando una L con sus dedos. - ¿Por qué no nos enseñáis como lo hacéis? No puede haber nadie con mi talento, pero estoy segura de que hay gente muy buena por lo que me ha contado él. – dijo señalando al profesor mientras este y la rubia giraban los ojos ante el momento de diva que acababa de sufrir.

Los chicos cantaron para ellas, les contaron sus ideas para el próximo concurso, les pidieron consejos y les preguntaron por algunas anécdotas de sus ensayos. Las chicas estaban encantadas, como si hubieran hecho un viaje en el tiempo y nunca se hubieran movido de allí, incluso tuvieron que cantar, optando por el único tema que habían compartido, su "Ifeel pretty/unpretty", contando por supuesto toda la historia de detrás donde Rachel quería la nariz de Quinn.

La clase se alargó un poco más de lo previsto, pero tras unas fotos con las chicas y un par de autógrafos, los chicos reanudaron sus clases, pidiéndoles que no dijeran nada de su presencia hasta que se hubieran ido.

No tardaron en hacerlo. Tenían que aprovechar que estaban todos en clase para hacerlo, así que después de hablar un rato con el Sr. Schuester y prometerle una nueva visita, las chicas caminaban hacía la salida.

-¿Te ha comido alguien? ¿Te ha aplastado la multitud? – preguntó en tono burlón.

-No… - admitió a regañadientes. – Eres tan diva para algunas cosas y para otras te preocupas tan poco… No eres capaz de firmar un autógrafo si hace demasiado frio pero si entrar en un instituto… - dijo negando con la cabeza mientras salía por la puerta que sujetaba Rachel.

-Ahora entiendo porque los hombres sujetan siempre las puertas y pasan los últimos…

-¿Por qué dices eso? –preguntó sin saber a qué venía aquello. No tenía nada que ver con los que iban hablando.

-Que tienes un culo precioso, Fabray.

-¿Qué? – dijo riendo por lo que le había dicho, sin poder evitar sonrojarse.

-¿Te da vergüenza que te lo diga? Es verdad, tienes un culo perfecto, el más sexy que he visto… - continuó, acercándose a ella y tocándolo divertida.

-Rachel. – se quejó riéndose también. – Deja de decir tonterías y de hacerlas, te recuerdo que hay fotógrafos aquí.

-Vale, vale. – dijo rindiéndose, pero satisfecha al ver que Quinn seguía sonriendo avergonzada y muy sonrojada.

Tras aquella visita al instituto, las chicas solo tuvieron tiempo de despedidas. Rachel con sus padres y a última hora, Quinn decidió acercarse a ver a su madre, poniendo en práctica el perdón y el acercamiento, algo que su madre, sorprendida, agradeció.

Ya en el avión y a punto de aterrizar en Los Angeles, Quinn le hizo saber a la morena algo a lo que llevaba dándole vueltas desde el día anterior.

-Creo que iré a esa reunión de Glee en la que tanto me has insistido…

-¿En serio? – preguntó con una sonrisa, a lo que la rubia asintió. – Eso es genial, Quinn, se van a alegrar de que vayas, ya verás.

-Eso espero…

-Ya lo has visto, no tienes por qué temer a que te digan nada y si lo hacen, como sé que Mercedes hizo, es simplemente para arreglar las cosas y porque les importas.

-Lo sé… Podríamos organizarlo aquí… Tengo algunos compromisos y no creo que pueda salir en unas semanas y luego empezamos con la promoción de nuestra película… Si ellos pueden, ¿crees que querrán venir?

-Lo propondré, pero no creo que les importe, la mayoría se tiene que desplazar, así que no creo que sea un problema un sitio u otro.

-Pues a ver qué tal…

Una vez aterrizaron, se dirigieron a casa de la morena en su coche, el cual se había quedado esos días en el aeropuerto. Quinn no quería ir a casa de la morena. Al día siguiente tenía una sesión de fotos y estaba realmente cansada, necesitaba dormir y descansar, pero Rachel le había pedido que cenara con ella, recurriendo al chantaje emocional de no querer estar sola ante la negativa de la rubia.

Su compañía fue nula. Mientras que Rachel cocinaba, la rubia se había quedado dormida en el sofá, ante lo que Rachel solo pudo sonreír y taparla con una manta mientras ella cenaba y leía algunas propuestas que le había mandado su agente.

Habían pasado un par de horas, pero ella seguía leyendo atentamente hasta que sintió una mirada fija en ella. Ver a través de los cristales de sus gafas los ojos de la rubia llenos de lujuria tumbada en aquel sofá la hizo estremecerse.

-Ey, ¿Qué miras? Pensaba que seguías durmiendo.

-Nunca te había visto con gafas…

-No las suelo utilizar, solo cuando se me cansa la vista, para leer de vez en cuando.

-Pues tú con gafas es lo más sexy que he visto en mi vida… - le confesó sin apartar la mirada.

-¿Eso crees? – dijo dejando los papeles a un lado y acercándose a la rubia que se había sentado en el sofá.

-Estoy totalmente segura. – dijo recibiéndola en sus piernas, disfrutando de la morena a horcajadas sobre ella y acariciando su nuca.

-Somos un par de amigas sexys. Tú tienes el culo más sexy… - dijo rozando sus labios con los de la rubia. – Yo tengo el segundo culo más sexy… - dijo esta vez dejando un beso en ellos, haciendo reír a la rubia.

-Te quieres mucho a ti misma… - dijo recibiendo un mordisco en su labio inferior.

-Sí, me quiero mucho, pero tú me ayudas diciéndome cosas como las que me has dicho…

-¿El qué? ¿Que eres la persona más sexy que he visto? – preguntó tragando con dificultad al ver como Rachel desabotonaba su camisa poco a poco, botón a botón para dejarla caer.

-Con gafas… - dijo sonriendo traviesa mientras desabrochaba su sujetador.

-Y sin gafas. – dijo antes de quitárselas con cuidado para atacar su boca con desesperación.

Se había acabado el hablar, se había terminado las palabras y el juego. Quinn invadía la boca de Rachel con su lengua mientras con sus manos acaparaba sus pechos, volviendo a la morena loca, dejándola fuera de control.

No lo pensó mucho. Sin desatender uno de sus pechos con una mano, con la otra recorrió su abdomen llenándola de sensaciones hasta dar con el pantalón, desabrochándolo con una facilidad pasmosa e introduciendo su mano al lugar indicado, a su lugar.

No paró de besarla mientras la estimulaba, ni siquiera cuando la sintió lista para acoger a dos de sus dedos. Tan solo lo hizo para coger aire y cuando era muy necesario. Sentir los gemidos de Rachel en su boca mientras esta apretaba su trasero como si le fuera la vida en ello era un mundo del que salió únicamente para ver su cara, para mirarla en el momento de máximo placer, en el momento de verla estremecerse y sentir cada musculo de su cuerpo tensarse y sentir como su cuerpo reaccionaba a aquella imagen, tanto que sería incluso capaz de llegar sin que la morena la tocara.

Y solo se le vino una palabra a la cabeza…

-Sexy…