N/A: Muchas gracias a todos por leer y comentar esta historia... Os anuncio que estoy preparando un nuevo Klaine. De momento os digo que está en construcción, pero pronto sabréis más.

ADVERTENCIA: para los que sólo leen Klaine, que vayan a la parte final, cuando dice "Blaine tenía su cabeza sobre el vientre de Kurt", la primera parte es sobre Finn y la segunda es sobre los sentimientos de Sebastian...

Muffinr, muchas gracias. Espero que sigamos con la ternura en este capítulo (y el siguiente) porque es la calma que precede a la tempestad... Se acerca el drama final... Bueno, espero que te guste lo que viene... Besos

Yamii, cariño, muchas gracias. Me alegra que te guste Klaine... Bueno, Blam se pelean pero como hermanos, ya sabes... Espero que te guste el capítulo... Besos


CAPÍTULO 16: SU NUEVA FAMILIA

Kurt había preparado crepes y salsa de chocolate casera. Era el momento de darle la noticia a Finn. Todos los demás lo sabían y los hermanos necesitaban pasar algo de tiempo juntos. Esa mañana había visitado a un abogado y ya habían empezado los trámites para el divorcio. Sería rápido ya que los dos estaban de acuerdo con la separación y habían firmado un acuerdo prematrimonial. Eso le alegraba, no podía esperar a que todo cambiara y poder empezar una relación con Blaine.

Carole llegó con el niño y se dirigieron a la cocina. El niño se emocionó y abrazó a su hermano al ver todo lo que había preparado. El mayor puso fresas y plátano sobre las crepes para darles el toque final. Las puso en la mesa y los tres se sentaron.

– Enano... Hay algo que tengo que contarte y espero que lo entiendas y me escuches. Sé que vas a tener muchas preguntas y habrá algunas que no podré responder pero espero que seas tan feliz como yo. – Kurt comentó, mirando al menor, que le asintió para que continuara. – Me voy a divorciar de Adam.

– ¡Genial! – El pequeño saltó a los brazos de su hermano, que lo recibió alegre.

– Veo que te gusta la noticia.

– No me cae bien Adam. – Finn se defendió antes de volver a sentarse.

– Lo sé. ¿Qué opinas de Blaine? – El mayor quiso saber.

– Es guay, juega con Cooper al fútbol...

– ¿Te parecería raro si él y yo pasamos tiempo juntos?

– ¿Vas a ser novio de Blaine? – Al niño se le iluminó la cara.

– Las relaciones son complicadas. Vamos a pasar tiempo juntos y espero que pronto seamos novios, pero acabo de empezar con los papeles del divorcio, necesito tiempo. Además, tengo algo que contarte... Estoy embarazado.

– ¿Adam es el otro papá? – El pequeño quiso saber.

– No, es Blaine.

– No lo entiendo...

Kurt miró a Carole que se unió a la conversación. Le contaron exactamente lo mismo que a Cooper, ya que sospechaban que los niños hablarían de esas conversaciones. El siguiente paso sería hablar con la madre de Noah, esos tres eran inseparables y compartirían todo, incluso esa información. Era mejor que lo supieran los adultos para que, al unir todas las versiones, no obtuvieran una visión distorsionada o demasiado explícita de la realidad.


– Por fin te dignas a venir. – Sebastian dijo de mal humor después de abrir la puerta y ver a su mejor amigo frente a él. Se apartó para que pudiera pasar. Kurt se quedó mirándolo, tenía los ojos rojos y había llorado.

– ¿Estás bien? – El ojiazul preguntó.

– No es mi mejor momento. – El ojiverde susurró antes de ir hasta el sillón y dejarse caer para quedar sentado en un extremo.

– ¿Por qué? Soy tu amigo, podrías haber venido a hablar conmigo. Tal vez yo pueda ayudarte. – Hummel se sentó a su lado.

– No puedes ayudarme. Estoy metido en un lío del que no puedo salir sin sufrir. Me gustaría decir que encontraré la forma de no hacerme daño o hacérselo a alguien pero... Lo dudo. – Smythe miraba al frente.

– Si no hablas más claro no te puedo entender. – Kurt se cruzó de brazos.

– Me acerqué a alguien con la intención de ser su amigo para conseguir algo. Ahora me he enamorado y él me corresponde. Se lo tengo que decir, no puedo mentirle pero sé que cuando se entere se enfadará conmigo. – Sebastian comenzó a llorar.

– Tienes que decírselo, no tienes otra opción.

Después de eso los amigos cambiaron el tema de conversación. Smythe se sorprendió al saber que Blaine se había declarado y que el ojiazul se iba a divorciar. Todo parecía sacado de un sueño, como si el Destino quisiera compensarle el sufrimiento que se le avecinaba. La alegría aumentó al saber de la existencia del bebé Anderson-Hummel. Tal vez la vida no era tan mala como él pensaba.


Blaine tenía su cabeza sobre el vientre de Kurt, no ejercía mucha presión pero su oreja tocaba la tripa. Los dos estaban en el apartamento del moreno, Cooper acababa de irse a dormir y Sam había ido con Vicky para el cuadro.

– No vas a escuchar nada. – El castaño rió.

– No importa, quiero sentirlo. – El moreno susurró.

– Tampoco lo vas a sentir, es muy pronto. – El ojiazul comentó y provocó un puchero en el otro. Decidió besarlo para cambiar esa expresión, no quería más tristeza en ese hermoso rostro.

– Te amo. – El más bajo dijo sin pensar. Le encantaba saber que ahora era totalmente libre de decirlo.

– Y yo te amo a ti.

Volvieron a besarse de manera más intensa. Sabían que no podían entregarse a la pasión porque muy cerca de allí estaba Cooper y no sabían si saldría por algo o a qué hora llegaría Evans.

– Tengo que buscarme un apartamento y tenemos que hablar con Vicky y Sam. Nosotros también tenemos que pasar tiempo juntos a solas. – El más alto protestó mientras juntaba sus frente tras el beso.

– ¿Sólo quieres el apartamento para que estemos a solas? Yo tengo algo de prisa porque el bebé no puede estar aquí y necesitamos un lugar para poder prepararle la habitación y todas sus cosas... – El ojimiel comentó.

– Blaine... – El menor de los Anderson salió frotándose los ojos.

– Coop, ¿qué ocurre? – El mayor de los hermanos quiso saber.

– No le hemos dado a Kurt el regalo. – El niño se acercó a los otros.

– No hacía falta que te levantaras, podemos dárselo mañana. – Blaine sonrió.

– ¿Y si alguien más le hace un regalo? El nuestro tiene que ser el primero. – Cooper hizo un puchero, el mayor de los tres estaba enternecido.

– Está bien. Ve a buscarlo. – El ojimiel sonrió y el pequeño fue corriendo a su habitación. Cuando estuvieron solos, miró a Hummel. – Si no te gusta lo entenderemos, de verdad. Es algo que queremos darte pero si no lo quieres, puedes decírnoslo.

El menor volvió con un oso de peluche marrón que llevaba una pajarita roja, el muñeco se veía algo viejo pero muy bien cuidado.

– Se llama "señor Bowtie", fue mío y de Blaine. ¿Te gusta? – El niño quiso saber.

– Es precioso, sobre todo porque es de su papá y de su tío. – Kurt besó al pequeño en la mejilla y luego le dio un pico en los labios al otro adulto.

– Campeón, ahora sí que te toca ir a dormir... Vamos. – El mayor de los Anderson se levantó y acompañó a su hermano a la cama. Después de un rato, volvió al salón donde el otro adulto miraba el peluche con cariño. Se sentó a su lado y lo abrazó. – ¿Sabes? Ese peluche fue mío durante muchos años. Dormía con él y me sentía acompañado, no me separaba de él. La primera noche que Cooper pasó en casa, yo tenía diez años. Ya era mayor para dormir con peluches pero seguía haciéndolo porque tenía miedo de mi padre. Sabía que el muñeco no me protegía, pero me hacía sentir más seguro. Cuando escuché a mi hermano llorar por la noche, no comprendía que era porque tenía que comer. Me levanté y me metí en su habitación para dejarle el peluche. Desde ese día, Cooper no se separó de él. Es lo único que nos llevamos de casa y fue porque cuando mi padre comenzó a gritarle antes de pegarle, lo cogió y se abrazó a él. Coop sabe la historia y eso hizo aun más especial el peluche. Fue su idea dártelo.

– Blaine... – El castaño limpió la lágrima que caía por la mejilla del otro. – Todo pasó, tu padre no volverá a haceros daño. – El ojiazul lo besó en los labios. – Hay que dejar atrás toda la tristeza, Cooper está bien, vamos a tener un bebé... Todo eso pasó.

La pareja comenzó una sesión de besos dulces y tiernos. Anderson sabía que había algo que le faltaba por contarle a Hummel, pero esperaba que eso no afectase a su relación. Esperaría unos días para contárselo, quería disfrutar de esa tranquilidad antes de arriesgarse a perder lo que más quería.