CAPÍTULO 19
Reunión
Todo había sido planeado a la perfección gracias a Rachel. Aquel reencuentro con el pasado de Quinn sería casi total. Prácticamente todos habían aceptado aquella cena que la morena propuso en nombre de Quinn en Los Angeles.
En un principio, la rubia pensó en hacer la cena en su propia casa, algo a lo que Rachel se negó, quitándole rápidamente la idea de la cabeza. No tenía por qué hacer eso y más conociendo a Puck, Mike y Sam. Los tres habían confirmado su presencia en una visita relámpago a la ciudad y sus reuniones solían terminar por todo lo alto. Rachel no estaba dispuesta a que la cuidada casa de Quinn sufriera ningún percance por el desastre que pudieran causar los chicos.
Quinn caminaba con prisa por la calle. Acababa de salir de una sesión de fotos que se había alargado más de lo que esperaba, por lo que llegaba tarde a aquella cena. Estaba nerviosa y a la vez ansiosa por poder verlos. Los únicos que no irían por motivos de trabajo serían Kurt, Tina y Finn, el resto ya deberían llevar más de diez minutos en el restaurante.
Así fue. El restaurante estaba lleno y al pasar por las mesas tuvo que pararse con algunos comensales que le pedían una foto. No era el momento, pero tampoco podía ser maleducada con la gente. Finalmente, consiguió llegar a su larga mesa.
Era la última en llegar y todas las miradas se posaron en ella. En las caras de las personas que ya había ido viendo junto a Rachel solo había sonrisas, en la de los demás, brillo de ilusión y nostalgia de volver a ver a su amiga tantos años después y convertida en toda una estrella. Fue Puck el primero que se levantó con una sonrisa que iluminó la cara de la rubia en cuanto estuvo entre sus brazos.
-Madre mía, mi sexy mama más sexy que nunca. – dijo el chico sin soltarla, dejando un cariñoso beso en su cabeza.
-Déjame que te vea. – pidió Quinn al chico separándose de él. No pudo evitar sonreír al verlo. Seguía igual, pero se le veía más maduro, algo cambiado y con un corte de pelo repeinado a un lado que solo incrementaba lo guapo que había sido siempre. – Estás más guapo que nunca… Que ganas tenía de verte, Puck… - dijo volviendo a abrazarlo emocionada.
-¿Y a mí no tenías ganas de verme? – preguntó Artie, acercándose a ella con una sonrisa tímida.
-Por supuesto, no me olvido de mi compañero de silla. Todavía me duelen los brazos de aquella cuesta que me hiciste subir con ella. – dijo haciendo reír al chico mientras lo abrazaba.
Uno a uno fue saludando a Quinn, que fue recibida con un inmenso cariño por todos y cada uno de ellos. Para terminar la ronda de saludos, la rubia se acercó a Rachel, la cual había observado toda la escena con una sonrisa increíble en su cara.
-Buenas noches. – dijo dándole un beso en la mejilla la rubia.
-Buenas noches, veo que sigues triunfando entre los alumnos del McKinley. – dijo guiñándole un ojo.
-Eh, hoy Quinn se sienta a mi lado, quizás al acabar la noche podamos recordar viejos tiempos tu y yo. – dijo con una sonrisa traviesa.
-Creo que te falta bastante información, Noah… Las cosas han cambiado un poco… - dijo accediendo a su petición de sentarse a su lado, haciendo reír a toda la mesa y dejando un poco confundido al chico.
Todos podían intuir por las revistas que la rubia prefería las mujeres a los hombres y aquel comentario lo confirmó sin darle más importancia de la debida, pero Puck no estaba muy puesto en esos asuntos.
Quinn quedó entre Puck y Brittany y enfrente de Rachel, que tenía a su lado a Blaine y Mercedes. La cena iba desarrollándose con normalidad, pero para la rubia no pasó desapercibida una ausencia que al menos para ella no estaba prevista, por lo que hablando con la rubia a su lado intentó salir de dudas.
-¿No ha podido venir Santana a Los Angeles al final? – preguntó a Brittany.
-Sí que ha venido… - respondió torciendo el gesto.
-¿Entonces? – preguntó extrañada.
-Cuando Rachel dijo que la que estaba interesada en la cena eras tú, se negó a venir… Si ha venido a la ciudad es porque medio la he obligado…pero no he podido convencerla para que venga a la cena, se ha quedado en el hotel… - respondió viendo la mirada llena de desilusión de Quinn. – No te pongas triste, Q, sabes que es una cabezota…
-Sí, lo sé, yo solo siento que no esté aquí disfrutando por mi culpa… - intentó forzar una sonrisa.
-No es tu culpa, si no la suya. Ella se lo pierde… Ya verás cómo al final todo se soluciona entre vosotras y la Unholy Trinity vuelve con más fuerza.
-Seguro que si…
-La conozco y es su orgullo el que actúa. Ahora mismo estará muriéndose de curiosidad por verte y escuchar todo lo que nos cuentas y sé que lleva años echando de menos a su amiga, si no, no vería tus películas a escondidas ni guardaría con orgullo cada cosa tuya que encuentra por revistas y periódicos.
Aquella información sorprendió a la rubia. Lo último que esperaba es que Santana estuviera pendiente de ella por como la había tratado y sabiendo que no quería ni que la nombraran delante de ella. La posibilidad de recuperar a su amiga se abría de par en par en el pensamiento y el corazón de Quinn, que se pasó la noche respondiendo curiosidades de los chicos y escuchando de sus vidas mientras su mirada no paraba de chocar con la de Rachel.
Las sonrisas especiales y las miradas llenas de entendimiento entre ellas estuvieron presentes toda la cena, pendientes la una de la otra en silencio, pero que no pasó desapercibido para algunos de sus amigos. Blaine era consciente de lo que pasaba, pero Puck, Sam, Mercedes o Artie, no paraban de observar aquella interacción de ambas sin comprender nada.
Apunto de abandonar el restaurante y mientras comían el postre, Quinn se acercó un poco más a Puck y preguntó algo que llevaba reconcomiéndole por dentro desde que sabía que el chico acudiría a aquella reunión.
-Puck…
-Dime, rubia.
-¿Sabes algo de…? ¿Has vuelto a ver a Beth? – preguntó mirándolo a los ojos, viendo en ellos esa unión que tendrían de por vida.
-No…No desde que Shelby se fue del instituto después de todos los líos que hubo… Supongo que no fue lo mejor jugar a los médicos con ella… - dijo con resignación. - ¿Y tú?
-Tampoco… - dijo llena de tristeza. – Debí haberte escuchado cuando se me fue la cabeza y quise recuperarla sin importarme nada… Lo único que conseguí es perderla para siempre…
-Eh, no pienses en eso… - dijo acariciando su espalda. – Beth es algo que va a ir con nosotros siempre y no podemos culparnos de lo que pasó, éramos dos niños, es más, yo aún lo sigo siendo… - dijo haciendo reír a la rubia. – No te pongas triste, hemos venido a divertirnos. – terminó diciendo mientras dejaba un beso en la cabeza de Quinn.
-Tienes razón. No sé dónde he dejado a la perra sin sentimientos del instituto. – dijo recomponiéndose y haciendo reír al chico.
Al girar su cara, vio la mirada preocupada de Rachel hacía ella después de ver los gestos de la rubia durante su conversación con Puck. Quinn le sonrió y le guiñó un ojo, indicándole que todo estaba bien, que no tenía de que preocuparse.
Con ganas de continuar con aquel reencuentro y sin que nadie les pudiera sacar la idea de seguir la noche, la mayoría de los chicos propusieron acudir a algún local donde poder bailar mientras tomaban algunas copas. Todos estuvieron de acuerdo, por lo que en cuanto pagaron, se dispusieron a ir al local que Quinn había recomendado.
La rubia caminaba la última y sin pensarlo mucho se acercó hasta Rachel.
-Ey, ¿sabes cómo se llama el hotel donde está Santana?
-No lo sé, he ido esta tarde pero no me acuerdo del nombre. Está a dos calles de aquí.
-¿En serio?
-Sí, ¿Qué quieres hacer? – preguntó curiosa.
-Tener una conversación. Adelantaros vosotros, tú ya sabes dónde está el local, en un rato os alcanzo. – dijo dejando un beso en su mejilla antes de empezar a caminar al contrario de sus amigos.
No sabía cómo podría recibirla Santana, pero tenía que intentarlo. Debía y sentía que empezar a calmar la situación con la latina era lo mejor y lo que más quería.
Dos golpes certeros en la puerta 14 del cuarto piso fue lo que dejó la rubia después de intentar calmar sus nervios y algunos autógrafos en la recepción para poder averiguar la habitación que ocupaban Santana y Brittany.
-¿Quién es? – preguntó al otro lado de la puerta. Sabía que si no mentía, mantendría una conversación absurda con la puerta interponiéndose entre ellas, así que habló con su mejor invención.
-El servicio de habitaciones. – dejó caer esperando que no la reconociera. Escuchó unos pasos acercándose hasta la puerta.
-Yo no he pedido na… Quinn… - dijo al terminar de abrir y descubrir a la rubia.
-Hola, ¿puedo pasar? – preguntó tímidamente.
-¿Qué mierda haces aquí?
-Hablar contigo.
-No tengo nada que hablar contigo…
-Será solo un momento, por favor. – pidió, viendo como después de pensarlo unos segundos, la latina suspiraba y le daba acceso a la habitación.
-Ya estás dentro, ¿Qué quieres? – dijo de forma seca tras ver que Quinn no arrancaba.
-Yo solo… quería saber porque no has venido.
-Porque no soy falsa. No me apetece verte. Si los demás quieren hacer borrón y cuenta nueva contigo como si los últimos siete años no hubieran existido, perfecto por ellos, pero yo no lo haré.
-Santana…
-No, Quinn… No me parece bien esto… Has tenido muchos años para venir, ¿Por qué ahora?
-Porque Rachel me ha ayudado, me ha abierto los ojos… Me hubiera encantado ser capaz de ir a veros mucho antes, de saber de vosotros, de ti… Pero temía esta reacción…
-Si te parece te pongo la alfombra roja… - dijo sarcásticamente, provocando un resoplido cansado de Quinn y un momento de silencio.
-Entiendo que estés molesta…
-No, tú no entiendes nada. – dijo acercándose a ella y señalándola con el dedo índice. – No entiendes que desapareciste de repente después de haberte acostado conmigo, haciendo que me sintiera culpable todos estos años pensando que te fuiste por mi culpa, por lo que pasó esa noche. No entiendes que eras mi mejor amiga y no estuviste ahí cuando te necesitaba aunque fuese para pelear. No entiendes que la que ha estado todos estos años al lado de Rachel aguantando su drama y aprendiendo a quererla y convirtiéndola en su mejor amiga he sido yo, incluso en su peor época de diva, teniéndole que dar una lección… Y no puedes entender nada de esto, porque no estuviste ahí, Quinn… Has faltado demasiado tiempo… - dijo con los ojos cristalinos, no queriendo mostrar debilidad frente a la rubia, que la miraba con tristeza.
-Lo sé… Soy muy consciente de todo eso. Solo puedo pedirte perdón…
-¿Por qué?
-Por irme, por no decir nada… Puede que me equivocara, pero en su momento pensé que era lo mejor. Necesitaba alejarme de todo… Acostarme contigo, me hizo darme cuenta que no podía escapar de mí, que tenía que darme un tiempo a mí misma para aceptarme, para dejar de luchar contra todos y contra mi… - dijo mirándola a los ojos. – No estaba enamorada de ti ni nada eso. – le aclaró al ver la cara de confusión de la latina. – Pero me gustaban las mujeres y no para de luchar por eso. Estar en mi ambiente, con las personas de siempre no me hubiera dejado avanzar, siempre volvía a la persona odiosa y egoísta del instituto. Irme fue mi último acto egoísta… Me liberé, me acepté y me costó muchísimo… Mucho más de lo que me hubiera gustado. No fue fácil para mí estar sola en el mundo, Santana… Pero cuando estuve lista para volver habían pasado un par de años y el miedo a que me rechazarais me pudo, hasta que llegó Rachel… - dijo con media sonrisa.
-Eso es de cobardes…
-Nunca he dicho que fuera valiente… - dijo encogiéndose de hombros. – Pero ahora sé que si los chicos me dan la oportunidad de acercarme a ellos, no voy a rechazarla…
-Conmigo no es así de fácil.
-No pretendo que lo sea. Tú y yo somos diferentes. Sé que no puedo venir y pretender que volvemos a ser las mejores amigas, porque han pasado muchos años y muchas cosas y no lo somos, pero si me gustaría que volviéramos a mantener contacto, a ganarme tu confianza y que veas por ti misma si alejarme mereció la pena para mí…
-No lo sé… - dijo negando con su cabeza.
-¿Por qué no empezamos esta noche? Arréglate y ven con el resto, están en una discoteca. Rachel y Brittany te han echado de menos en la cena, igual que yo.
-No vas a hacerme chantaje emocional para que vaya por ellas. – le advirtió.
-No tienes que hacerlo por ellas, si no por ti, no es lo mismo que te cuenten la diversión a vivirla, te lo digo por experiencia. Prometo no molestarte en toda la noche, no voy a obligarte a hablar conmigo, creo que por ahora ha sido suficiente. – dijo con media sonrisa al ver como la latina quería esconder su sonrisa. – La amistad podemos empezar a recuperarla a partir de mañana, ¿Qué te parece? ¿Hay trato? – preguntó alargando su mano hasta ella. Santana alternó su mirada entre su mano y su cara unos segundos.
-Trato… - dijo aceptando aquel apretón de manos sin molestarse en controlar su gesto de satisfacción.
En menos de treinta minutos, las chicas entraban por las puertas del local dispuestas a disfrutar de la noche. Ambas caminaron hasta la barra a pedir sus bebidas, mientras localizaban a quienes le importaban. Quinn no tardó mucho. En mitad de la pista, Rachel bailaba junto a Blaine feliz, provocando una sonrisa tonta en la rubia.
-Cuando esta amistad renovada empiece a coger confianza, lo primero de lo que hablaremos será de esa estúpida sonrisa cada vez que miras a la diva. – dijo Santana con una sonrisa burlona, alejándose de ella para encontrarse con Brittany en la pista de baile.
Quinn se quedó un poco sorprendida por aquella advertencia, pero no quiso darle más importancia y se acercó hasta Rachel, que la recibió con una enorme sonrisa y un brillo especial, tomando la copa que Quinn le ofrecía.
-¿Ya has terminado con tu misión? – preguntó en su oído la morena.
-Si… - dijo riendo.
-¿Y? ¿Misión cumplida?
-Ya veremos… Por ahora creo que estoy en el camino correcto para conseguirlo.
-Eso es genial…
-Lo es… - dijo mirándola fijamente.
Junto a Rachel, empezó a dejarse llevar por la música, por la gente de alrededor y por los movimientos de su cuerpo, que cada vez las acercaba más. Con la morena rodeando su cuello con una mano, Quinn le sonrió burlonamente.
-¿Qué? – preguntó con el ceño fruncido al ver aquella sonrisa en la rubia.
-Nada… Es solo que… Por casualidad me he enterado de algo…
-¿De qué?
-Algún tiempo en el que la palabra diva se subió demasiado… ¿Cuál fue la lección que Santana… - no pudo continuar, la carcajada que se escapó de ella al ver como Rachel se acercaba a ella y le tapaba la boca con su mano, acercándola a centímetros de ella lo impidió.
-Cállate, ni se te ocurra abrir la boca… - decía la morena divertida sin dejar que la rubia escapara de sus brazos.
-No puedo decir nada, no sé lo que te hizo… - se defendió. – Pero me lo vas a decir…
-Ni en sueños…
-Oh, sí, al menos que no quieras que te de un beso delante de todo el mundo que te deje sin aliento… - la amenazó sin borrar la sonrisa, pero Rachel ni se inmuto.
-No me asustas, Fabray… Un beso no es una amenaza.
-Cuéntamelo, por favor… - pidió juntando sus manos a modo de súplica y poniendo cara de perro abandonado. Rachel rodó los ojos.
-Fue cuando estaba en el segundo año con Funny Girl, después de ganar el Tony… Parece ser que me creí demasiado las buenas críticas, el premio, la fama y el cariño de la gente y estaba alejando a mis amigos con mi comportamiento insoportable, más de lo normal… Así que en medio de una función, empecé a escuchar como alguien abucheaba cada vez que me tocaba hablar o cantar y cada vez había más murmullo… - dijo negando con la cabeza mientras sonreía levemente al recordar. – Justo cuando estaba en el numero clave, dándolo todo de mí, sentí como algo se estrellaba contra mi cuerpo y luego otra vez… ¡Eran huevos! – exclamó ante la mirada atenta de la rubia. – Cuando quise mirar quien había sido, me quise morir cuando vi como sacaban a Santana de la primera fila los de seguridad…
-No me lo puedo creer. – dijo sin poder contenerse, riéndose de aquel relato.
-No te rías… - se quejó dándole un golpe en el brazo. – Fue el peor momento de mi vida en un escenario…
-Es que fue bastante… excesivo… - dijo calmando su risa.
-Excesivo pero efectivo… - dijo encogiéndose de hombros. – Cuando llegué a casa me la iba a comer, la hubiera matado si Kurt no me hubiera parado. Pero luego me puso en mi sitio, me reprochó mi actitud de los últimos meses, me dijo que me querían tal y como era, pero que aquel extremo estaba acabando con sus paciencias, que lo que me hacía especial, una diva, era mi talento, mi ambición en el escenario, que nadie era capaz de hacer lo que yo hacía en él, pero que estaba muy equivocada si pensaba que fuera de él seguía siendo única, que tenía que darme cuenta que había gente a mi alrededor, que no era el ombligo del mundo. En cuanto los miré a los ojos supe que era cierto, que me había convertido en alguien desconocido, así que muchas semanas sin hablar a Santana como castigo y una cura de humildad, me dieron una lección.
-Es una muy buena lección…
-Si… ¿Crees que sigo siendo una diva egocéntrica a día de hoy?
-Me gusta la diva que eres hoy, no he visto ni rastro de esa egocéntrica. Eres buena persona, Rach… Y tienes un corazón enorme… - dijo acariciando su mejilla y dejando un delicado beso en los labios sonrientes de Rachel.
-Ey, te has aprovechado. Te he contado lo que pasó y me has besado…
-Vaya…No me he dado cuenta… - dijo haciéndose la inocente, sacando una sonrisa en la morena, que arriesgándose un poco más, devolvió ese beso sin importar mucho que estuvieran en un sitio público y rodeadas de sus amigos, a los que en ese punto de la noche, ya no veían nada ni se acordarían, ni les sorprendió aquel contacto de las chicas después de la noche llena de miradas por parte de ambas.
Por suerte para ellas, las revistas donde empezaban a preguntarse por aquella amistad cada vez más cercana y siendo conscientes de los gustos de la rubia, jamás supieron de aquel beso en mitad de la pista.
