N/A: Otra semana que puedo actualizar antes... No os acostumbréis, llegará el momento en el que no pueda... Mientras tanto, disfrutad...
ADVERTENCIA: Para aquellos que sólo les gusta leer Klaine, que se salten las primeras partes y comiencen a leer cuando dice "Blaine y Cooper fueron a cenar a casa de los Hummel" o incluso podríais saltaros el capítulo porque no añade demasiado a la relación...
CAPÍTULO 17: A VECES SE GANA Y OTRAS SE PIERDE
Sebastian estaba tratando de normalizar su respiración después de acostarse con un hombre en la habitación de la casa del otro. Giró su cabeza y vio a Dave mirándolo con amor, un amor que dolía. Se sentía una mala persona, se sentía un mentiroso, un traidor y no podía seguir con esa situación.
– No podemos repetir ésto. – El ojiverde se levantó y buscó sus calzoncillos.
– ¿Por qué? – El otro se quedó mirándolo, le dolía la situación.
– Lo siento, no quería jugar contigo. – Una lágrima cayó por la mejilla de Smythe, quería explicarle la verdad. Se sentó en la cama para ponerse la ropa interior, dándole la espalda al otro. – Me acerqué a ti para controlar que no volvieras con Blaine.
– ¿Qué interés tenías tú en eso? – El más corpulento lo miró intrigado.
– Soy amigo de Kurt. Quería que él estuviera con Blaine y tú eras un impedimento. Cuando te dejó decidí acercarme a ti para que no volvierais pero no esperaba enamorarme. No iba a seducirte, sólo quería ser tu amigo y aconsejarte para que superaras tus sentimientos por Blaine pero... Me enamoré y vi que tú me correspondías y... – El amigo de Hummel se hundió porque no podía más. Se sentía miserable porque había dañado a una persona a la que amaba.
– ¿Qué? – Dave se sorprendió.
– Lo siento, de verdad. Pero te juro que me he enamorado, que seducirte no era mi intención pero me enamoré. Mi amor...
– No me llames así. ¿En qué estabas pensando? ¿Cómo puedes jugar con las personas así? – El más corpulento lo interrumpió.
– Por favor, perdóname.
– Vete.
Sebastian no dijo nada más. Sabía que se había equivocado pero eso no significaba que fuera a aceptar el rechazo. Lucharía por volver al lado de su amado porque eso era lo que quería. Nunca en su vida había tenido algo tan claro como eso. Pasara lo que pasase, él encontraría la manera de volver a su lado pero esa vez sin mentiras.
Se vistió a toda prisa, sin decir nada, y salió de la habitación. Escuchó un sollozo del interior que le rompió el corazón, le frustraba ser el causante de ese dolor y no poder sofocarlo.
Vicky se encontraba con Sam. Estaba acabando su cuadro por fin. Habían estado mucho tiempo pensando en un lugar, calculando la luz exacta, la postura... Además, haber tenido a Cooper por allí tampoco había ayudado mucho. Ella entendía muy bien lo que Blaine había dicho sobre los abdominales del rubio, eran algo que debía ser pecado. Estaba sintiendo algo muy fuerte por ese chico. Era guapo, atractivo, dulce, responsable, divertido. Le encantaba verlo con el menor de los Anderson, divirtiéndose y jugando juntos. Era algo de admirar para ella, verlo cuidando a Cooper como si fuera su familia, por cariño y lealtad a su amigo.
– Ya está. El resto es el fondo del cuadro y puedo terminarlo sin ti. – La castaña comentó.
– ¿Puedo verlo? – El rubio preguntó poniéndose rápidamente los calzoncillos y la camiseta interior. Se sentía muy expuesto porque tenía sentimientos intensos por esa chica.
– Claro. – Las mejillas pecosas de la joven se tornaron rojas. El ojiverde se acercó y vio su imagen pintada en el cuadro.
– Tienes mucho talento. – El chico susurró.
– Gracias. – La artista tenía vergüenza.
Las miradas de ambos se encontraron, los dos estaban cohibidos porque tenían sentimientos que no querían mostrar. Sin embargo, su razón no podía evitar ese magnetismo que los empujaba a juntar sus labios. Su primer beso fue dulce, lento y lleno de cariño.
– ¿Quieres qué... Tú y yo...? – La joven quiso saber, quería pedirle que fueran novios pero no se atrevía a formular la pregunta completa. Aun así, se armó de valor para al menos insinuarlo.
– Vicky, me encantaría ser tu novio. Sin embargo, hay cosas que debes saber.
Evans le contó su pasado. Como se había visto presionado para ayudar a su familia cuando sus padres se quedaron sin trabajo, como no había encontrado otra alternativa que no fuera dedicarse a la prostitución, como conoció a Blaine y Cooper, lo que ambos significaban para él y lo mal que estaba en ese momento, sin encontrar algo para poder hacer su vida lejos de la agencia, viviendo de la ayuda de su mejor amigo.
– No me importa. Me gustas tú, me gusta como eres con Cooper, me gusta tu corazón tal y como es. Has tenido una profesión que no es ideal pero tenías tus motivos y lo respeto. Sólo te pido ser la única mujer en tu vida a partir de ahora y que me ames y me respetes por encima de todo. – La castaña comentó segura.
– ¿Estás segura?
– Sí.
La pareja volvió a besarse, esa vez con energías renovadas. Saber que sus sentimientos eran correspondidos y que había un futuro para ellos era algo que jamás pensaron tener. Todavía era pronto para hablar de amor, no podían saber si esa relación funcionaría, pero sí sabían que querían intentarlo con todas sus fuerzas porque ambos se merecían la felicidad.
Blaine y Cooper fueron a cenar a casa de los Hummel. Era la primera reunión familiar y el moreno estaba muy nervioso. Conocía a Burt y Carole, le habían ayudado en el pasado y sabían a qué se había dedicado. Eso le hacía pensar que tal vez lo rechazaran. Todos notaron la inseguridad del mayor de los Anderson e intentaron hacer todo lo posible para que se sintiera cómodo. Kurt aprovechó un momento a solas con él para hablar.
– ¿Qué pasa? – El castaño quiso saber mientras le acariciaba la mejilla.
– Sé que no soy el mejor candidato a ser tu novio y tus padres lo saben. – El ojimiel intentó no mirarlo a los ojos pero el otro no le dejó.
– Te amo, me amas, jamás intentarás hacerme sentirme menos que tú ¡Al contrario! No nos abandonarás al bebé o a mí... ¿Por qué no eres el mejor pretendiente? – El más alto lo besó con ternura.
– Kurt... Fui gigoló. – Blaine aclaró.
– Eso no le importa a nadie. Todo lo que vemos, tanto mis padres como yo, es que eres alguien que ama con todo, que es capaz de cualquier cosa para hacer feliz a su familia. – El ojiazul sonrió.
– ¿Estás seguro? – El moreno seguía indeciso.
– Claro que sí.
Aun así, el ojimiel no estaba convencido, por lo que el más alto buscó un momento para hablar con su padre. Él debía mostrarle que todos lo amaban porque era alguien maravilloso, era mucho más que un ex-gigoló.
– Blaine... A partir de ahora, quiero que nos consideres familia. Sé que Kurt y tú todavía no estáis juntos pero sé que es cuestión de tiempo. Me alegra ver a mi hijo tan feliz, hace mucho que no lo veía así... Tal vez nunca lo vi así. Ésta es vuestra casa, tanto tuya como la de Cooper. – Burt comentó durante la cena.
– Si es mi casa... ¿Puedo quedarme a dormir? – El menor de los Anderson preguntó.
– Claro que sí, cariño. – Carole acarició la cara del menor. – Bueno, si tu hermano te deja.
El niño se volvió hacia su hermano. Finn también lo miraba atentamente, ambos con expresiones suplicantes. Querían pasar la noche juntos. Eso de que sus hermanos salieran juntos tenía sus ventajas, se arrepentían de haber dejado su plan hacía tanto tiempo... Lo bueno que hubiera sido que llevaran tiempo saliendo y ellos fueran como hermanos.
– Está bien, pero no lo conviertas en costumbre. Carole y Burt no tienen por qué hacerse cargo de ti. – El ojimiel aclaró.
– Gracias. – El niño abrazó a su hermano.
– Blaine, cariño... Cooper no es ninguna carga. De echo, quería proponerte algo. Yo tengo que ocuparme todas las tardes de Finn. También puedo recoger a Cooper hasta que tú salgas de trabajar. Luego Kurt y tú podéis venir aquí y cenar con nosotros. Por supuesto que Sam también estaría invitado. – La mujer comentó.
– No quiero que seamos una molestia...
– Tonterías. Carole y yo tenemos una vida tranquila y puede que esté loco pero me encanta rodearme de juventud. Me encantaría teneros a todos por aquí. – El mayor comentó.
Anderson se volvió para mirar a su pareja, que le sonreía entusiasmado.
– Está bien, acepto. Gracias por todo.
