N/A: Muchas gracias a todos por leer y comentar... De verdad que me inspirais mucho... Esta semana no hay advertencias (salvo tal vez que no podré actualizar el fin de semana)...


CAPÍTULO 18: CONFESIÓN

Blaine había pedido a Sam y Vicky que se hicieran cargo de Cooper para poder tener una cita y los tres se fueron a casa de la chica. Había llegado el momento de contarle a Kurt todo lo que vivió en casa de sus padres y en la agencia. Si después de eso seguía queriendo estar a su lado, estaba convencido de que su relación funcionaría.

Eligió un restaurante pequeño pero acogedor. No era caro para que él pudiera invitarlo, quería ser un caballero. Apartó la silla para que se pudiera sentar y luego ocupó él su sitio. Pidieron algo para cenar, pero realmente no era importante. Cenaron tranquilamente antes de volver al apartamento del moreno. Ese era el momento elegido para su confesión, en un lugar privado, donde nadie los molestaría.

Se sentaron en el sofá, al castaño todavía no se le notaba el embarazo porque apenas estaba de tres meses. Sin darle tiempo al otro a hablar, el ojiazul empezó a besarlo con pasión. Eran muy pocos los momentos que pasaban a solas y aprovechaban cada segundo.

– Tenemos que hablar. – El ojimiel se separó de su pareja para poder mirarlo a los ojos.

– ¿De qué? – Hummel quiso saber.

– De mi pasado.

– ¿Cuántas veces te tengo que decir que no me importa lo que hayas hecho? Lo importante es nuestro futuro juntos. Vamos a estar juntos, vamos a tener un bebé, vamos a amarnos y vamos a formar una familia con Cooper. – Kurt le sonrió y acarició su mejilla.

– No te he contado todo lo que pasó con mi padre. – El más bajo comentó y el castaño se tensó. Él ya sabía lo que le iba a contar, Cooper se lo había dicho hacía mucho tiempo.

– Te escucho. – El ojiazul agarró con fuerza la mano del otro para darle apoyo.

– Sabes que él me pegaba desde que era pequeño. – El más alto asintió a las palabras de su pareja. – No era la única manera que tenía de hacerme daño. Él me violaba, me tocaba y me obligaba a tocarlo.

Anderson tragó el nudo que se le había formado en la garganta al recordar esa etapa de su vida. Pronto sintió los brazos del otro rodeándolo e intentando consolarlo.

– ¿Has hablado con alguien de eso? Tuvo que ser muy duro, sobre todo teniendo en cuenta a lo que te dedicaste después. Yo estoy contigo para lo que necesites. No tenía ningún derecho, te robó la infancia. Dime que no te daña el estar conmigo. – El castaño dejó un beso dulce en la frente de Blaine.

– No me daña estar contigo, jamás lo ha hecho. Con el tiempo todo se normalizó para mí... Al menos, hasta que te conocí. Y fue Sam... Él fue mi confidente y la persona que me ayudó en todo. Formamos una familia.

– Me habría gustado conocerte entonces. Todo habría sido tan diferente... – El ojiazul cerró los ojos y se abrazó al moreno, dejando que lo acariciara y mimara.

Kurt caminaba por la calle, había quedado con Rachel y Sebastian para ir al centro comercial que estaba cerca de la estación de tren. Era temprano y decidió dar un paseo hasta que llegara la hora de encontrarse con sus amigos. De repente vio a un chico que tenía más o menos su edad, estaba tumbado con un niño entre sus brazos. El pequeño no debía tener más de siete años y se abrazaba con fuerza a un oso de peluche. Algo, no sabía qué, le hacía desear acercarse a los dos chicos para ofrecerles su ayuda.

Perdona... ¿Estáis bien? – El castaño se acercó y se agachó a su lado.

Sí, estábamos algo cansados pero ya nos vamos. – El moreno parecía asustado y se levantó rápidamente para coger en brazos al menor.

¿Quieres que te acompañe hasta tu casa? Puedo ayudarte con el niño si no puedes cargarlo tú sólo. – El ojiazul ofreció.

Puedo yo, no te preocupes...

Pero entre dos será más fácil. – El más alto lo interrumpió.

¡He dicho que no! – El ojimiel gritó antes de volverse y alejarse.

Hummel se quedó mirando extrañado pero decidió que eso no se quedaría así. Siguió al menor hasta que lo vio sentarse en un banco cercano a la estación.

Sabía que no llegarías muy lejos. – El más alto comentó. – ¿Me dejas ayudarte ahora?

El desconocido lo miró con desconfianza, algo que entendía. Después de un rato, se animó a hablar.

No tenemos a donde ir. – El más bajo evitó mirar al otro.

Tengo una idea. Les mandaré un mensaje a mis amigos para que no me esperen y te llevaré a mi casa. Mi padre puede ayudaros...

¡No!

¿Por qué no? – El castaño quiso saber.

No quiero que nos hagan daño. – El moreno apretó al pequeño y eso permitió que el otro viera un moratón en la espalda del niño..

Nadie os va a hacer daño. Te prometo que en mi casa nadie os hará daño, sólo os vamos a ayudar. – El castaños susurró esperando poder tranquilizar al otro.

El ojimiel se levantó con su hermano en brazos. No confiaba del todo en el otro pero no sabía que más hacer.

Por cierto, me llamo Kurt.

Yo soy Blaine y él es Cooper.

Llegaron a la casa de los Hummel y el castaño le contó a su padre lo que había pasado. En ese momento empezó un interrogatorio hasta que el joven acabó confesando. Burt llamó a la policía y llevó a los menores al hospital para que hicieran un informe médico y les revisaran para asegurarse de que no tenían heridas graves...

– Kurt... – Blaine susurró. – Será mejor que duermas en la cama, estarás más cómodo.

El castaño notó como su acompañante le acariciaba el pelo intentando despertarlo. Le encantaba lo cariñoso y atento que era el moreno.

– Deberías de dejar de ser un papá durante unos segundos para ser un joven de veinte años... Eso me recuerda que se acerca tu cumpleaños... ¿Algún deseo? – El ojiazul se incorporó y se estiró para terminar de despertarse.

– Quiero saber con qué soñabas, estabas algo inquieto. – El más bajo besó la mejilla del otro.

– Soñaba que te encontraba en la estación de tren cuando llegasteis a Lima y que éramos nosotros los que os ayudábamos.

– Eso no habría sido bueno... Tu padre nos habría llevado a la policía y a urgencias...

– Claro. Así tu padre no podría volver a buscaros. – El mayor susurró.

– Y nos habrían llevado a una casa de acogida, lejos de ti, lejos de Sam... Eso suponiendo que no me alejaran de Cooper o que no devolvieran a mi hermano con él. No podría vivir sin vosotros, sois mi mundo, mi todo... – Anderson se puso nervioso.

– Relájate. – Hummel se alarmó por la ansiedad que parecía aparecer en el ojimiel. – Te amo.

– Yo también te amo. – Blaine sonrió.

– Eres lo más importante en mi vida. Tú y éste pequeño que crece dentro de mí. – El castaño se acarició el vientre.

– También el bebé es muy importante para mí, no lo dudes nunca...

– Lo sé. – Kurt lo interrumpió. – Lo sé. Vamos a ser una familia y vamos a ser felices. Te lo mereces.

El ojiazul besó a su acompañante con amor. El beso comenzó como algo dulce, algo que pretendía demostrar todos los sentimientos que ambos tenían. Sin embargo, pronto las cosas comenzaron a subir de tono y todo se volvió más pasional, más ansioso. La lengua del más bajo se coló en la boca ajena y sus lenguas comenzaron una danza perfecta y sincronizada. Los dos acabaron tumbados, con el moreno encima del otro.

– Creo que voy a aceptar esa invitación de ir a la cama pero acompañado y con la intención de no dormir en horas. – El ojiazul comentó mientras levantaba la camiseta de su amante y acariciaba su cuerpo.

– Mi cama es pequeña y comparto habitación con mi hermano. – El más bajo susurró sobre los labios del otro antes de volver a besarlo.

– No importa, sólo quiero volver a sentirte dentro de mí.

Los dos se levantaron y fueron hasta la habitación sin separar sus labios ni un segundo. La ropa se fue quedando en el camino, sabían que Cooper y Sam pasarían la noche fuera, con Vicky, por lo que estaban en casa solos por primera vez desde que se confesaron sus sentimientos.

La pasión y el amor hicieron que ambos volvieran a sentir una conexión especial. Podían estar horas, días así, sin importarles nada más que darle placer al otro. Los dos disfrutaban de esos momentos, Blaine había aprendido la parte buena del sexo, esa que surge cuando se hace voluntariamente y con la persona que amas. Esa que te permite entregarte al otro sabiendo que él se entrega completamente a ti. Por fin el moreno sabía lo que era amar y ser amado y no cambiaba esa sensación por nada.