N/A: Muchas gracias a todos por leer y comentar. Este fic se acerca al final (no sé todavía cuantos capítulos) aunque sí puedo decir que este es el último capítulo tranquilo antes de que comience el drama final. Preparaos porque va a ser... Dificil... No tengo advertencias, disfrutad de Klaine que creo que os lo habéis ganado por la paciencia que habéis tenido.
CAPÍTULO 19: AMOR
Blaine, Kurt, Sam, Vicky, Cooper, Finn y Noah fueron al parque aprovechando los primeros días de calor del año. Era doming y celebraban el cumpleaños del mayor de los Anderson. Todo era felicidad para los allí presentes. Los niños jugaban al fútbol mientras las dos parejas estaban sentadas charlando tranquilamente. La sonrisa del moreno era inmensa y todos se alegraban porque sabían que era sincera. Evans había conseguido que lo contratasen en una pastelería. Se dedicaba a meter y sacar pan de un horno y prepararlo para venderlo, ni siquiera le dejaban hacer la masa. Sin embargo, él estaba feliz porque eso suponía un primer paso en su carrera. Además, aun le quedaba algo de dinero ahorrado.
Cooper se quedó mirando a los adultos desde la distancia. Estaba feliz porque jamás había visto a su familia tan completa y feliz. Tanto su hermano como Sam habían tenido muchos problemas que a él no le habían contado pero sabía que había algo más. Sabía que Kurt y Vicky tenían mucho que ver con el brillo en los ojos de los dos amigos.
– Vamos Coop, tienes que tirar el penalti. – Noah le llamó la atención.
– Si, voy. – El menor dijo mientras se dirigía a hacer el lanzamiento.
Todo era felicidad y risas, parecía que nada perturbaría ese ambiente que ellos habían creado.
Cuando Kurt y Blaine se quedaron a solas en el salón del apartamento Anderson-Evans, el castaño sacó de su bolso un pequeño paquete envuelto en papel azul. El moreno lo miró sorprendido. Hasta ese año, sus regalos consistían en un dibujo o una manualidad hecha por Cooper y una tarta hecha por Sam. Ese año sus expectativas habían sido superadas. Sam, a parte de la habitual tarta (sin frutos secos) le había comprado unas entradas para un musical, sabiendo que le encantaban pero que nunca había podido asistir a uno.
– ¿Y ésto? – Los ojos color miel estaban sorprendidos.
– Es algo que quiero que tengas para que siempre me recuerdes. Es algo sencillo pero espero que te guste.
Anderson rompió el papel ansioso, no esperaba nada y estaba encantado de tener más que nunca. Jamás olvidaría su veintiún cumpleaños. Abrió la caja y vio un colgante en el que estaba escrito el nombre de ambos y la fecha de ese día. Sus ojos comenzaron a brillar por las lágrimas contenidas.
– Me encanta. Muchas gracias.
Blaine besó al otro de manera dulce. No quería subir la intensidad porque Cooper o Sam podrían encontrarlos si salían a la cocina o al baño. Cuando el beso terminó, Kurt se quedó mirando los ojos del otro con amor.
– Creo... Creo que ha llegado el momento de dar un paso en la relación. No sé tú pero yo estoy seguro de lo que siento y creo que no merece la pena que tardemos en admitir que somos pareja sólo por el que dirán. Ya tengo el divorcio, soy oficialmente libre de hacer mi vida y quiero hacerla contigo.
– Soy todo tuyo desde hace mucho tiempo...
Volvieron a besarse felices de poder estar juntos. Minutos después, el castaño se fue a su casa, al día siguiente había que trabajar y no podían estar toda la noche juntos, por mucho que les gustara.
El tercer mes del embarazo de Kurt llegó y Blaine lo acompañó a la primera ecografía. Estaban nerviosos porque sería la primera vez que vieran a su bebé. El moreno además estaba nervioso porque en ese hospital era donde Adam hacía sus prácticas para convertirse en médico. Temía encontrárselo porque se sentía culpable. Él había sido "el otro" en el matrimonio entre el doctor y Hummel, él había sido el motivo de la ruptura. Le dolía pensar que él había hecho daño a una persona, mucho más si recordaba que Crawford lo había ayudado cuando lo golpearon haciendo un trabajo para la agencia.
– Ya verás como todo sale bien. – El castaño susurró en su oído, siendo consciente del estado de ánimo de su pareja. Los dos estaban sentados en la sala de espera, rodeados de otras futuros padres.
– Lo sé. – El ojimiel suspiró.
– Entonces... ¿Qué te ocurre? – El más alto acarició la mejilla del otro con mucho amor.
– No... No quiero encontrarme con Adam. – Anderson comentó, agarrando con fuerza la mano de su pareja.
– No tienes nada de lo que preocuparte. Todo ha acabado con él. Te amo a ti. – El ojiazul aclaró.
– No es eso lo que me preocupa. Sé que me amas. – El más bajo afirmó, pero en el fondo volvió a preguntarse por qué lo amaba.
– En ese caso, no hay nada que temer. – Hummel le besó la mejilla.
Poco después una enfermera los llamó para que pasaran a la consulta del ginecólogo. Los dos se agarraron de la mano antes de entrar. Los nervios aumentaron porque había llegado el momento.
Kurt se tumbó en la camilla y se desabrochó los botones de la parte de abajo de su camisa. El doctor Smith puso un gel frío y comenzó con la ecografía. Al principio el médico no decía nada y miraba con el ceño fruncido la pantalla mientras movía el aparato.
– ¿Va todo bien? – Blaine preguntó preocupado.
– Sí, todo va bien. Tengo una noticia que daros. Vais a tener dos bebés y por lo que puedo apreciar están creciendo muy bien. – El hombre sonrió hacia la pareja.
Los dos se miraron sorprendidos, no se esperaban esa noticia. El castaño estaba preocupado por si la situación, no quería presionar a su pareja, todo era demasiado inesperado. Sin embargo, la enorme sonrisa del moreno le indicó que todo estaba bien.
– ¿Dos? – Una lágrima de emoción cayó por la mejilla del ojimiel.
– Sí, vais a tener dos bebés. No os puedo decir todavía si son niños o niñas pero hay dos bebés. Enhorabuena. – El ginecólogo sonrió mientras limpiaba los restos del gel del vientre del embarazado.
Dos semanas pasaron en las que Blaine y Kurt estuvieron buscando un lugar lo suficientemente grande para que pudieran vivir los dos con Cooper y sus bebés. Sin embargo, encontraron un lugar perfecto. Era una casa de dos plantas, con tres habitaciones y dos baños en el piso superior y un salón, una cocina y un aseo. Además tenía un pequeño jardín donde el castaño ya se imaginaba a los hermanos Anderson jugando al fútbol. El lugar era tranquilo y perfecto para empezar una familia. Además, no estaba muy lejos de la casa de los Hummel.
Al principio todos se preocuparon por la situación de Sam pero como ya tenía trabajo, podía pagar el alquiler del apartamento que había compartido con su amigo. Además, pensaba que era cuestión de tiempo que encontrara una agradable compañera de piso.
Sebastian, Evans y Vicky ayudaron a la pareja con la mudanza, sobre todo porque nadie quería que el embarazado cargara con demasiado peso. Cooper también se esforzaba por hacer las cosas que le pedían los adultos, la noticia de que eran dos bebés en vez de uno había conseguido que toda la atención y preocupación del menor se centrara en sus sobrinos. Kurt había bromeado una vez con la similitud de esa actitud del pequeño con la de su hermano, protector y siempre pensando lo demás.
– Esta es la última caja. – El rubio entró al salón y la dejó en el suelo mientras el castaño miraba dentro de una para empezar a recoger cada cosa en su sitio.
– Muchas gracias. – El ojiazul sonrió. Los Anderson, Smythe y Vicky estaban en la habitación del menor.
– Te confío lo más valioso que tengo en Lima. Ellos son mi familia y espero que sepas cuidarlos. Blaine va a necesitar mucha ayuda. Sabes cual ha sido su pasado y sabes cual es su gran reto con Cooper. Espero que sepas lo que debes hacer. – El más alto comentó serio.
– Amo a Blaine y quiero muchísimo a Cooper. Daría mi vida por ellos, no tienes de qué preocuparte.
La sonrisa del cocinero tranquilizó a Hummel. Era consciente de que confiaba en él y que sólo por eso estaban ahí. Si él no hubiera estado seguro, habría impedido que Anderson se lanzara a esa relación. Y sólo por eso sabía que era aceptado en la familia tan peculiar que habían formado. Era como ser aceptado por un hermano de su pareja, el único familiar vivo que le quedaba.
