CAPÍTULO 22

Roma

Quinn llegaba a Roma pasada la media noche después de varias horas de vuelo. Fue directa al hotel con ganas de entrar en la habitación y poder descansar, ya que sabía que el jet lag al día siguiente sería horroroso y más con toda la promoción. Luego podría recuperar sueño antes de seguir el recorrido al tener un día de descanso.

Ya instalada en su habitación se preguntaba si Rachel estaría despierta, pero desechó el pensamiento a un lado al recordar su enfado. Podría haber admitido que estaba enamorada de ella, pero su orgullo seguía herido después de las palabras de la morena hacía ya unas semanas, por lo que no la perdonaría tan fácilmente.

Por otro lado, Rachel había esperado a la rubia en el hall del hotel ansiosa, sabiendo que volvería a verla y así intentar arreglar las cosas, pero cansada de un largo día de promoción en otro país y viendo que su amiga tardaba más de la cuenta, la morena decidió subir a su habitación diez minutos antes de que Quinn pusiera un pie en el hotel.

Cuando al día siguiente estaba Rachel desayunando en el restaurante con Henry, el director y algunos asesores, Quinn hizo su aparición, lista y radiante para enfrentarse a la prensa de Italia.

-¿Cómo estás, Quinn? Te echábamos de menos. – dijo Henry de forma amable cuando Quinn tomó asiento a su lado, regalándole un beso de bienvenida en la mejilla.

-Bien, cansada y un poco desubicada con el cambio de continente, pero preparada para trabajar. – dijo mientras empezaba a desayunar.

La rubia notaba la mirada persistente de Rachel sobre ella. Al llegar a la mesa, todos, incluida la morena la habían saludado con un "buenos días" que ella devolvió educadamente. Estaba sentada en frente de Henry, por lo que haciendo su mayor esfuerzo por ignorarla y no mirarla, se centraba en conversar y preguntar al resto de la mesa sin hacer caso de la mirada suplicante de la morena para que le mirase. Quinn sabía que si la miraba, le daría pie para que ella le comentara algo o se disculpara, pero en ese momento no le apetecía.

El encargado de la prensa se reunió con ellos en el hall cuando terminaron su desayuno, dándoles indicaciones de cómo sería el día. Quinn estuvo de acuerdo en todo hasta llegar a cierto punto. Primero posarían juntos para los periodistas acreditados y responderían a sus preguntas en una rueda de prensa, más tarde, responderían en parejas y en un ambiente más privado medio por medio y ahí era cuando llegaba el problema. Las parejas eran Rachel y ella y Henry y el director.

-¿Tienen que ser así las entrevistas? – preguntó la rubia de repente, provocando que todos la miraran.

-Eh, si, es como está pactado, ¿hay algún problema con eso? – preguntó el responsable de prensa. Todos miraban a Quinn algo confundidos por la pregunta, ya que se suponía que como más a gusto estaría, sería con Rachel, la cual, miraba para otro lado, dolida con la actitud de la rubia.

-No, ningún problema, era solo una pregunta… - dijo suspirando. – Estamos aquí para trabajar, pues adelante. – dijo antes de dirigirse hasta el coche que los llevaría hasta el lugar donde se encontrarían con los periodistas.

Los entrevistados se repartirían en dos coches, por lo que Quinn entró en el primero que vio y esperó allí a que llegara el resto. No pudo evitar torcer el gesto al ver entrar a Rachel.

El coche se puso en marcha y la rubia mantenía la vista fija en la carretera que veía a través del cristal de su ventana.

-Quinn… - la llamó Rachel después de unos minutos de silencio totalmente incomodos para la morena. - ¿Puedes mirarme? – le pidió al ver que no respondía. Unos segundos después, la rubia la miró finalmente.

-¿Qué? – dijo seca, intentando mantenerse firme aunque le costaba horrores no acercarse a ella y besarla después de tantos días. ¿Era posible que cada vez que la mirara la viera más guapa?

-¿Podemos hablar?

-No. – dijo de forma contundente, manteniéndose seria a pesar de la mirada arrepentida que veía en la morena.

-Por favor…

-He dicho que no. No tengo ganas de hablar. – sentenció para volver su vista de nuevo a la carretera.

Rachel negó suavemente con la cabeza. A veces Quinn era irritante, siempre manteniendo el orgullo por delante, exactamente igual que en su época de instituto. Solo quería disculparse, si no le dejaba hablar, nunca podría hacerlo.

No tardaron en llegar y posar con la mejor de sus sonrisas. Eran dos buenas actrices y en aquel momento lo estaban demostrando. Respondieron algunas preguntas sobre sus experiencias en el rodaje e intentaron atrapar a las personas allí presentes con sus explicaciones sobre la película. Un vaso de agua para aclarar la garganta y unos minutos de descanso y empezaron sus entrevistas personales.

Todas las mismas preguntas respondidas de la mejor manera posible. Algunas con más entusiasmo que otras pero dando lo mejor de ellas, a pesar de que la interacción y la química entre ellas no pasaba por su mejor día.

-¿Qué tal poder trabajar juntas? – preguntó un periodista de algún canal italiano en su turno.

-Muy bien, por suerte nos entendimos bien y fue fácil. – dijo forzando una sonrisa la rubia.

-Una de las mejores cosas que me ha pasado en esta película es poder encontrarme de nuevo con Quinn después de muchos años. – explicaba la morena con un poco más de ganas. – Ya dijimos que durante el instituto no fuimos grandes amigas, pero el tiempo nos ha ayudado sin duda y ha conseguido que la amistad crezca. Quinn me ha ayudado muchísimo, no solo en la película, donde aprendí mucho de ella, si no en mi estancia en Los Angeles. Está siendo mi salvadora, aguantando mi carácter… - dijo mirando de reojo a la rubia, que captó en seguida aquella primera disculpa camuflada. - Te confieso que a veces soy difícil aunque no lo parezca. – le dijo al periodista divertida, haciendo reír al hombre y consiguiendo una mueca en Quinn que si no se hubiera molestado en reprimir, hubiera llegado a ser una sonrisa. – Ojala pueda trabajar en más películas con ella y mantener siempre esta amistad. Quinn es muy importante para mí. – dijo antes de dar por terminada su respuesta, sintiendo los ojos de la rubia sobre ella ante aquella última frase.

-Qué bueno que os llevéis tan bien. ¿No existen celos porque una pueda llegar a ser más que la otra?

-Para nada. – se adelantó Quinn a responder. – El talento siempre es bueno y siempre encuentra su hueco. Si el trabajo está bien hecho hay sitio en Hollywood para las dos. Yo soy actriz que por suerte, porque pensé en la profesión y me vi posibilidades y parece que los productores y los directores también y poco a poco me he ido enamorando de cada pequeña cosa que te regala ser actriz, de poder interpretar a personas tan distintas y tan alejadas de tu persona. En cambio, Rachel tiene un talento innato para actuar, para cantar. Apostaría que ya en la cuna cantaba, por eso se ha preparado toda su vida para esto, para estar donde está y conseguir lo que ya ha conseguido en Broadway. Estoy segura de que esta película es solo un adelanto de todo lo que veréis de Rachel Berry y yo no estaré molesta, sino todo lo contrario, orgullosa de ella. – dijo mirándola con media sonrisa que salió automáticamente. – Años atrás todo el mundo te hubiera dicho que estaba celosa de todo lo que Rachel hacía, pero todo aquello era una gran admiración por ella mal expresada. – dijo la rubia al periodista que se quedó en silencio ante tanta intensidad.

-Eso dices ahora, pero cada piedrecita que me pusiste en el camino me hacen dudarlo… - dijo con claro tono de broma, intentando aliviar la tensión que de repente se había adueñado de la sala. Consiguió su propósito al sacar una carcajada del periodista, que pasó a otra pregunta sin dar más vueltas al tema.

Cuando el hombre salió de la sala, Rachel creyó que Quinn cambiaría su actitud después de las alabanzas que se habían hecho la una a la otra, pero estaba equivocada, la rubia seguía igual de fría y distante, sin dirigirle la palabra ni permitiéndole hablar con ella.

Y así pasaron las horas en las que al final la morena no consiguió su objetivo de hablar con Quinn, ni siquiera en la vuelta al hotel para prepararse para la premiere, ni en la misma premiere, donde Quinn se puso lo más alejada posible de ella a la hora de posar. La rubia siempre parecía tener mejor tema de conversación con cualquiera que con ella.

Pero Rachel ya estaba cansada de la situación. Se sentía estúpida yendo todo el día detrás de la rubia para que esta solo le respondiera con desplantes, por eso, en cuanto se subieron al ascensor y Quinn se dirigía a su habitación sin ni siquiera mirarla, la morena fue detrás de ella.

-Quinn, espera. – le pidió en la misma puerta de la habitación, entrando dentro ante el desconcierto de la rubia y cerrando la puerta.

-¿Qué se supone que estás haciendo? – preguntó enfadada al ver a Rachel delante de ella una vez se había colado en la habitación.

-Hablar.

-Ya te he dicho que no tengo ganas. Sal de mi habitación. – dijo intentando abrir la puerta para facilitarle la salida, pero la morena no estaba dispuesta a rendirse de nuevo, por lo que sujetó su brazo y en un rápido movimiento, rodeó a Quinn con sus brazos, posándolos en su cintura y quedando muy cerca.

-Me vas a escuchar sí o sí. Necesito disculparme y que me perdones. – decía mientras la rubia forcejeaba para librarse de los brazos de Rachel sin ningún éxito.

-Déjame en paz, Rachel. – le advirtió enfadada, al más puro estilo Fabray durante la secundaria.

-No me das ningún miedo. Solo tienes que escucharme, luego te dejare en paz. – le pidió viendo como Quinn parecía dejar de luchar. – Mira, Quinn, lo siento, ¿vale? – le dijo mirándola a los ojos. Quería que viera que estaba verdaderamente arrepentida. – Dije cosas de las que me arrepiento y que no creo que sean ciertas. No sé porque me puse así, no puedo excusarme, pero te aseguro que no era mi intención ponerte en duda. Sé que no eres de ese tipo de persona, sé que me cuidas y no haces nada por conveniencia. Me equivoqué mucho y tienes todos los motivos del mundo para estar enfadada conmigo, pero te pido por favor que me perdones… Te estoy echando de menos… - acabó diciendo con un hilo de voz.

Quinn la miraba de forma intensa. Había escuchado con atención cada silaba que la morena tenía para decirle y cada una de ellas le había llegado al alma. No hacía falta que Rachel dijera nada especial para perdonarla, sabía que se arrepentía, la conocía, pero quería disfrutar de su mini venganza, hacer sufrir un poco más a la morena para reparar su maltrecho orgullo.

La morena vio como Quinn acercaba más su cara a ella. Llevaba unos segundos eternos esperando por su reacción y no pudo evitar que su corazón diera un vuelco al notar como la rubia iba rompiendo la poca distancia entre ellas. Adelantándose a lo estaba por pasar cerró los ojos y entreabrió la boca, esperando que los labios de Quinn hicieran contacto con los suyos, pero después de un momento en el que sintió el aliento de la rubia, Rachel abrió los ojos para ver qué pasaba, porque tardaba tanto en besarla.

La mirada divertida de Quinn, le hizo ver que no tenía ninguna intención de besarla, algo que le molestó de sobremanera, al igual que sus palabras.

-Ya te he escuchado, ya te puedes ir. – dijo intentando contener la sonrisa ante el ceño fruncido y molesto de la morena. – Y por cierto, no te preocupes por las fotos de hoy, mis agentes tienen orden de que no publiquen ninguna de nosotras juntas. – dijo notando como Rachel deshacía su unión y se apartaba de ella.

-A veces, eres imposible… - dijo mirándola dolida. – Me importan una mierda las fotos que se publiquen. – dijo antes de abandonar la habitación con un portazo.

Quinn se quedó allí de pie, mirando la puerta y recriminándose por que probablemente se había pasado. Ya la había perdonado, no había necesidad de hablarle así. Decidió hablar con ella al día siguiente. Tendrían el día libre en Roma y podría aprovechar para hablar con ella.

Al día siguiente, unos golpes en la puerta la distrajeron cuando se acababa de duchar después de haber mantenido una rápida reunión con su agente que le alegró el día. Pensando que sería Rachel o algún miembro del equipo, corrió a abrir, extrañándose al ver a un trabajador del hotel.

-Buenos días, señorita Fabray.

-Buenos días.

-Han dejado esto para usted en la recepción. – dijo el chico entregándole un paquete.

-Oh, gracias. – dijo recibiéndolo y despidiendo al chico.

Se sentó en la cama con el paquete encima. No sabía de qué se trataba y su sorpresa aumento al ver una pequeña nota pegada con un simple "Feliz Cumpleaños".

Era cierto, aquel día era su cumpleaños, pero nadie parecía haberse acordado el día anterior, ni ella dijo nada a nadie, por lo que aquello le pareció raro. Se dispuso a abrir su regalo como si fuera una niña pequeña, con la ilusión y el entusiasmo reflejados en su rostro, que al ver lo que era, acompañó abriendo la boca de par en par.

Una cámara polaroid se mostraba ante ella reluciente, llamándola para empezar a utilizarla. Pensó en Brody, ya que era al único al que le había comentado que quería una. Tenía una cámara de ese tipo pero unos meses atrás dejó de funcionar, por lo que llevaba un tiempo pensando en adquirir otra. Pero Brody solía darle sus regalos cara a cara aunque fuera con unos días de retraso, por lo que desconcertada, bajó a desayunar.

En cuanto puso un pie en el comedor, todos los que estaban en la mesa del equipo se levantaron a felicitarla, esperándola con una tarta, desubicándola más todavía. ¿Cómo lo sabían y donde estaba Rachel? Estaban todos allí menos ella.

Agradeció a todos el gesto y mientras probaban la tarta se acercó a Henry.

-¿Cómo sabéis que hoy es mi cumpleaños? – preguntó curiosa. La respuesta le abrió los ojos y encajó todas las piezas.

-Rachel.

Claro que sí. No podía ser otra persona. Rachel Berry pensando en ella. Se comió su trozo de tarta lo más rápido que pudo y disculpándose y con su cámara en la mano se dispuso a emprender su camino hasta las habitaciones, hacía una en concreto.

-¿Si? – dijo Rachel abriendo la puerta y viendo a Quinn allí de pie sujetando la cámara como si fuera un tesoro. – Quinn… Veo que ya has recibido tu regalo… - dijo algo tímida sin saber muy bien cómo actuar ante ella.

-¿Has sido tú? – preguntó intentando confirmar sus sospechas.

-Estaba contigo cuando la tuya dejó de funcionar… Pensé que te gustaría tener otra… - dijo mirando al suelo.

Rachel al ver que la rubia no hablaba se atrevió a levantar su mirada para encontrarse con aquellos ojos verdes iluminados de emoción, de agradecimiento. Solo atinó a aferrarse a la cintura de Quinn cuando esta se lanzó a sus labios sujetando su cara suavemente con una mano.

Un beso esperado por ambas después de tantos días separadas, un beso lleno de pasión y de ganas en el que sus lenguas batallaron sin pudor. La falta de aire las separó.

-Feliz cumpleaños… - dijo Rachel en un susurro, todavía con los ojos cerrados y con la frente de Quinn pegada a la suya mientras calmaban su respiración.

-Creí que no te acordarías…

-Nunca se me olvidan las fechas importantes… - susurró. – Y esta es una de ellas… - dijo mirándola a los ojos, recibiendo otro beso más calmado de la rubia.

-Gracias.

-No tienes que darlas. – dijo sonriendo de medio lado. – Yo… te vuelvo a pedir perdón por lo que pasó el…

-Eh, no tienes que hacerlo. – la frenó acariciando su mejilla. – Estás perdonada desde anoche, pero me puse algo estúpida tratando de dejar mi orgullo intacto, lo siento.

-Está bien… - dijo volviendo a unir sus labios y abrazarla fuerte, queriendo que no se volviera a separar de ella. Le había hecho mucha falta aquellos días distanciadas y empezaba a sentir terror ante la idea.

-Oye, ¿has estado antes en Roma? – preguntó separándose de ella.

-No, ¿Por qué?

-Voy a ser tu guía hoy. Al menos que te de miedo que haya podido llamar a mis amigos los fotógrafos y nos vean…

-Quinn… - dijo en tono cansado.

-Es broma. – aclaró corriendo. – Lo siento. Vamos a celebrar mi cumpleaños, una noticia genial que me han dado hoy y vamos a estrenar esta cámara que no me merezco. – dijo sonriendo como una niña.

-Te mereces todo, pero ese no es el tema, ¿Qué noticia te han dado? – preguntó intrigada.

-Una muy buena…

-¿Voy a tener que suplicarte mucho para que me la cuentes?

-No… - dijo riendo suavemente. – Mi agente me ha conseguido una reunión en París dentro de unas semanas con el dueño de una galería que está interesado en exponer mis cuadros y mis fotos. – dijo totalmente entusiasmada, entusiasmo que superó Rachel.

-¿En serio? – preguntó en un pequeño gritito. – Oh, Dios, eso es genial, Quinn. En París, como la gente importante, vaya regalo te han dado… - dijo feliz, con los ojos brillándole de una mezcla de orgullo, cariño y admiración.

-Si… Creo que eso y sobretodo tú, están convirtiendo este en mi mejor cumpleaños… - dijo convencida, sacándole una sonrisa de felicidad a la morena, exactamente idéntica a la que ella tenía.

Recorrieron Roma, visitaron sus monumentos, rieron, comieron en el restaurante preferido de la rubia, fotografiaron cada rincón en el que encontraban algo especial, se fotografiaron a ellas y Quinn captó cada gesto de Rachel en sus instantáneas, soñando con el futuro y esperanzada después de aquel día en que la morena podría enamorarse de ella de la misma forma en que ella lo estaba.

Nunca hay nada dicho en el amor y esperaba poder amarla para siempre. ¿Por qué no? Estaban en Roma, la ciudad eterna.


Volvéis a sorprenderme. Más reviews emocionándome, solo puedo daros las gracias por el cariño y seguir escribiendo, intentando que siga gustando la historia. Sois increíbles!

Por cierto, me preguntaron cual era la canción que canta Quinn en el karaoke y no me acordé de ponerlo. El tema es Somebody's heartbreak de Hunter Hayes.

Nos leemos pronto.

Besos.