CAPÍTULO 23

Nathan y Tim

Hacía un par de días que el tour de promoción había terminado, por lo que cansadas pero satisfechas con el resultado y la respuesta del público, las chicas volvieron a Los Angeles donde no tuvieron oportunidad de verse.

Tanto Rachel como Quinn habían pasado unos días fantásticos en la gira por Europa. Después de dejar atrás el enfado de la rubia, Rachel se sintió mejor que nunca junto a ella. Quinn parecía más atenta, más divertida y más cariñosa de lo que anteriormente había estado. Por alguna razón que se negaba a pararse a analizar, a Rachel le encantaba esa actitud de la rubia con ella y ella misma se veía sorprendida por su actitud complaciente y seductora con Quinn.

Pero a su vuelta a la ciudad, Rachel había estado metida en una sesión de fotos y el rodaje de un anuncio, sin tiempo para nada. No podía ver a la rubia, pero empezaba a molestarle que cada vez que la llamaba o mandaba algún mensaje Quinn le diera largas alegando estar muy ocupada. ¿Qué le pasaba? ¿Ella era la única que tenía esa necesidad de saber de ella aunque fuera por mensaje?

Afortunadamente, Quinn le había invitado a pasar aquel día con ella y esperaba poder descubrir que era lo que la tenía tan ocupada como para no darle ni dos minutos de su tiempo. Llevaba esperando unos segundos a que le abrieran la puerta después de tocar al timbre hasta que finalmente, la rubia apareció tras la puerta con unos pequeños vaqueros y la parte de arriba de su bikini y adornando su cara una inmensa sonrisa.

-Buenos días… - saludó Quinn dejando que pasara.

-Buenos días… Menos mal que te dignas a abrir, ya pensaba que tampoco tenías tiempo para abrirme… - dijo sin poder callar la molestia de ser ignorada aquellos dos días. – Porque parece que desde que hemos vuelto tienes tiempo para todo menos para mí y déjame decirte una cosa, mi tiempo también es muy valioso como para perderlo detrás de… - silenciada. Así se vio Rachel cuando los labios de la rubia hicieron contacto con los suyos y silenciaron su retahíla de palabras.

-Mmm… ¿Te he dicho alguna vez que me encanta tu dramatismo? – preguntó sujetando su cintura. - ¿Y que cuando te enfadas estás más guapa de lo normal?

-¿Es tu forma de pedir perdón? – preguntó con los labios hacia abajo en una mueca triste ante la sonrisa divertida de la rubia.

-No, es mi forma de decirte que me encantas. – dijo encogiéndose de hombros mientras veía como Rachel levantaba su mirada y se encontraba con la suya.

-¿Por qué me has hecho traer bikini? Todavía hace frío… - dijo ante el silencio tan revelador que se había creado.

Antes de que Quinn abriera la boca, unas voces se escucharon en lo alto de la escalera, asustando por un momento a Rachel, que separándose de la rubia, buscó su mirada para que le explicara que pasaba. Bastó su sonrisa para tranquilizarse. Dos risas y una pequeña estampida se dejaron asomar en lo alto de la escalera.

-¡Tia, Tim no se ha puesto la camiseta, gano yo! – gritaba el mayor de los dos niños que habían aparecido.

-Eh, eh, sin correr Nathan, sabes que por las escaleras no se corre. – dijo la rubia acercándose a las escaleras para recibirlos y aupando al más pequeño en brazos cuando llegó a ella.

-He ganado yo, tia. – volvió a recordar el niño con una sonrisa victoriosa que contrastaba con las ganas de llorar del pequeño.

-Pero es que Tim es más pequeño y necesita ayuda para vestirse todavía… - intentó ayudar la rubia al pequeño que pareció animarse ante esas palabras. Nathan no se daba por vencido y negaba con la cabeza. - ¿Y si lo dejamos en un empate? – le preguntó al niño, que al ver el guiño que le regalaba su tia, la cual le señalaba a su hermano con la cabeza, entendió que no quería que llorara.

-Está bien… - dijo resoplando.

-¿Has oído Tim? Habéis quedado empate, sois unos campeones. – dijo alzando al niño por los aires, haciéndole soltar una divertida carcajada que convirtió el gesto de confusión en Rachel en una sonrisa llena de ternura en su boca. Nathan se dio cuenta de la presencia de la morena y miró a Quinn.

-¿Ella es Rachel? – preguntó señalando a la morena.

-Si… - dijo sonriéndole. - ¿Por qué no te acercas y te presentas? – le animó a que actuara. El niño, tímido, hizo caso a su tia.

-Hola… Soy, Nathan…

-Hola, Nathan, yo soy Rachel, encantada de conocerte. – dijo agachándose a su altura para ofrecerle su mano, la cual, el pequeño estrechó con una sonrisa. - ¿Cuántos años tienes?

-Seis, casi siete…

-Vaya… Eres todo un hombrecito muy guapo… - dijo ensanchando su sonrisa al ver asentir al niño.

La morena no mentía. Aquel niño era una versión masculina y reducida de Quinn solo que con el pelo algo más oscuro y sus ojos marrones. En cambio, cuando se levantó para poder saludar al pequeño, se quedó impactada. Mismos ojos, mismo pelo y misma sonrisa que su tia. El pequeño Tim era un Fabray de pies a cabeza.

-¿Y tú cómo te llamas? – preguntó al niño que estaba en los brazos de Quinn y la miraba con una encantadora sonrisa.

-Tim. – contestó el niño en seguida con un gesto divertido. – Y tengo estos años. – dijo alzando dos de sus dedos.

-Pues estás muy grande… Y muy guapo… - dijo haciéndole cosquillas al niño antes de que Quinn lo dejara en el suelo para que fuera con su hermano.

-Esto no lo esperaba… - se sinceró Rachel cuando estuvo a solas con Quinn.

-¿Te he sorprendido?

-Bastante…

-Bueno, pues tienes que saber que Tim no tiene dos años, si no dos años y medio. – dijo muy seria, haciendo reír a la morena. – Y yo tengo que saber si sigues muy enfadada después de saber quien ocupaba mi tiempo y lo restaba de tu valiosísimo tiempo. – dijo divertida viendo como la morena se avergonzaba al entenderlo todo.

-No, creo que el enfado se ha ido de golpe.

-Y si no estás enfadada, ¿estas dispuesta a tener una cita con esos dos terremotos?

-Estoy más que dispuesta. – dijo sonriéndole y caminando hasta llegar a los niños, que esperaban ansiosos por ir a la playa.

A través del jardín de la rubia, no tardaron más de dos minutos en llegar a ese rincón de la playa privado que pertenecía a Quinn, seguidos por Jagger y Ringo, los perros de la rubia. Había estado algunas veces, pero Rachel no podía parar de envidiar a la rubia por aquello. Tener un trocito de playa exclusiva para ti era un privilegio que pocas personas tenían. Allí, esparcidas por la arena había tres tablas de surf que la morena no había visto nunca.

Mientras que Rachel se desprendía de su ropa y extendía algunas toallas que Quinn había metido en su bolso, la rubia le puso un traje de neopreno a Tim mientras que Nathan se apañaba para ponérselo el solo antes de salir corriendo a por una tabla y dirigirse al mar. Tim no tardó en seguirlo.

-Quinn, ¿Cómo los dejas meterse solos en el agua y con las tablas? Se pueden ahogar. – dijo angustiada al ver que la rubia se dirigía hasta ella.

-Saben nadar y surfear perfectamente. Han dado clases.

-Pero Tim es muy pequeño.

-Te sorprenderás en unos minutos cuando lo veas encima de la tabla. Tim sabe nadar mucho mejor que tú y yo. Será surfero de mayor, ya lo verás. – dijo riéndose. – Ya… no te preocupes… - le pidió al ver que la morena no les quitaba los ojos de encima a los niños con cara de terror. – ¿Porque no vamos al agua nosotras?

-Porque hace frío…

-Eres una quejica, pero como te conozco, he traído otro neopreno para que te lo pongas. – dijo buscando en el bolso y entregándole el traje.

-Nunca me he puesto uno.

-Déjame que te ayude. – dijo acercándose a ella mientras esta metía sus piernas en él. – Cuesta un poco, pero ya verás como no pasas frío en el agua. – decía mientras sujetaba su cintura con una mano y con la otra sujetaba el neopreno.

-No ayudas… me estás poniendo nerviosa. – dijo al notar la mano de Quinn rozar su zona intima, algo que la rubia hizo sin ninguna intención, pero que aprovechó para jugar ante el comentario.

-¿Por qué? – susurró en su oído.

-Quinn…no juegues que tus sobrinos están a unos metros… - le pidió con la voz algo ronca.

-Están pendientes de coger una ola… - dijo traviesa. – Está bien… - se rindió ante la mirada acusatoria de la morena. – Vamos a que te enseñe un poco de surf.

-Yo no sé surfear.

-Ni yo, pero lo bueno es intentarlo. – dijo riéndose mientras entraba en el agua junto a Rachel, admirando el cuerpo de la morena con aquel traje. Verla con el neopreno ajustado a su cuerpo la estaba volviendo loca.

Durante un rato, ambas iban turnándose para estar encima de la tabla. Quinn era capaz de mantenerse algunos segundos encima, pero la morena no paraba de caer al agua de todas las formas posibles, siendo la diversión de Quinn y los niños.

-Me rindo, el surf no es lo mio.

-¿Qué dices? Yo te veo para competición… - dijo de forma burlona después de soltar la tabla en la orilla.

-Te crees muy graciosa, Fabray, pero la culpa es tuya. Eres una profesora penosa…

-Ten cuidado con lo que dices, puedes herir mis sentimientos. – dijo acercándose a ella hasta rodearla por su cintura, mientras que Rachel rodeaba su cuello con sus brazos.

-Que fácil eres de herir…

-Mucho, así que cuídame y no me hagas daño… - dijo mirándola a los ojos. Rachel se quedó mirándola unos segundos hasta que rompió la mínima distancia que las separaba y le daba un casto beso en los labios, pero Quinn ni permitió que aquello acabara tan fácil y antes de que se alejara sujetó su cuello para impedir romper el contacto de sus labios y no dudó en intensificar aquel beso.

-Tus sobrinos… - le recordó al sentir la mano de la rubia perdiéndose debajo del agua para alcanzar uno de sus pechos.

-Déjalos… - dijo sin escucharla.

-Quinn…

-¿Has hecho alguna vez el amor en el mar? – preguntó sin venir a cuento.

-¿Qué? – preguntó intentando separarse de Quinn. - ¿Me lo estás preguntando en serio?

-Si… ¿Qué tiene de malo la pregunta?

-Y… ¿Y tú, lo has hecho? – preguntó después de unos segundos paseando su mirada nerviosa por la playa.

-A mi última novia le gustaba probar sitios nuevos y la playa fue alguno de ellos.

-Demasiada información. – dijo separándose de ella totalmente.

-¿Qué? – preguntó divertida.

-Nada…Que no es bonito que me cuentes tus experiencias con tus novias mientras intentas algo conmigo.

-Pero es que en este momento estoy contigo…

-Sí, hablándome de otra. – dijo sin poder evitar la molestia en su voz a pesar de querer mostrar indiferencia. Quinn no pudo evitar sonreír. Rachel celosa le hacía ver que estaba cerca de su objetivo, de enamorarla y dar un paso en aquella amistad.

-Es verdad… Soy una bruta… - dijo volviendo a acercarse a ella. – La próxima vez que te proponga sexo en el mar, será sin niños, sin ex y con una luna llena que haga que no te puedas resistir a mí…

-En ese caso, podría pensarme vivir un momento mágico a tu lado… - dijo sonriendo, acercándose a ella, pero antes de que sus labios contactaran, Nathan había soltado a su hermano cerca de las chicas, provocando que el agua salpicara sobre ellas mientras que los niños reían a carcajadas.

-Eh… - se quejó Quinn limpiándose el agua de la cara.

-Me parece que estos niños tan guapos quieren guerra, Quinn… - dijo mirando a la rubia y guiñándole un ojo, moviéndose por el agua con discreción para acercarse a ellos.

-Pues si quieren guerra, la van a tener… - dijo al tiempo que las dos salían corriendo detrás de los niños, iniciando una guerra de chapuzones y persecuciones que los mantuvo un rato totalmente entretenidos a todos, riendo y disfrutando como si todos fueran niños.

Comieron unos bocadillos que la rubia se había encargado de hacer y pasaron parte de la tarde en la playa, jugando en la arena o en el mar y con las dos adultas totalmente entregadas al juego de los niños.

Cuando llegó la hora de irse, Rachel ayudaba a Nathan a secarse mientras que Quinn algo apartada de ellos, se encargaba de Tim.

-¿Te lo has pasado bien? – preguntó la morena al niño mientras se esmeraba en secar su pelo.

-Superbién, ha sido muy divertido. ¿Y tú?

-También… Me ha gustado mucho el día en la playa. – dijo ante el niño que conforme con aquella respuesta sonrió contento. Luego, frunció el ceño y miró a Rachel que lo miró. - ¿Qué pasa?

-¿Tu eres la novia de mi tia? – preguntó con toda la inocencia del mundo.

-Eh… No… Tu tia y yo somos amigas, Nathan…

-Ah… es que escuché hablar a mis papas un día y creo que le gustan las chicas… - dijo en un susurro, como si le confiara un secreto a la morena. – Mamá no parecía contenta… - Rachel frunció el ceño.

-¿Y tú que piensas?

-No se… - dijo encogiéndose de hombros. – He visto a la tia sonreír mucho contigo y nos habla a Tim y a mí mucho de ti, nos cuenta muchas cosas… La tia Quinn parece feliz y cuando te mira le brillan los ojos como cuando mi abuelo le dice a mi abuela que la quiere. – dijo mientras Rachel no apartaba la mirada de Quinn, que le contaba algo a Tim que lo mantenía totalmente embelesado en la historia. Si en aquel momento le dijeran que su pecho podría estallarle de una desconocida felicidad lo creería. – Yo quiero que sea feliz y creo que me da igual si es un chico o una chica. – sentenció después de divagar y llegar a una conclusión que hizo sentir orgullosa a Rachel.

-Eres un chico muy inteligente, Nathan, no dejes que nadie cambie tus opiniones. – dijo antes de tomarle su mano y acercarse a Quinn, que ya los esperaba para volver a la casa.

-¿Y esa sonrisa? – preguntó al ver a la morena.

-Tu sobrino, que es muy inteligente… - la rubia la miró rara, pero no dijo nada, tan solo le devolvió la sonrisa.

Al llegar a casa de la rubia, Rachel se ofreció a preparar la cena mientras que Quinn duchaba a los niños y se duchaba ella. Un plato de pasta con verdura fue el menú elegido. Justo cuando terminaba de prepararlo, los tres Fabray aparecían por la puerta recién duchados, con sus respectivos pijamas y con un hambre voraz. Aquella imagen le pareció lo más tierno del mundo a la morena, que inmediatamente pensó en Beth, logrando que un nudo en su garganta se formase.

-Que bien huele… - dijo la rubia acercándose a ella.

-Sabe mejor. Y por cierto, tu tampoco hueles nada mal… - dijo tras oler su cuello en el pequeño abrazo que Quinn le había regalado al acercarse a ella.

-Mi cuello también sabe mejor de lo que huele… ¿Quieres probar? – preguntó en su oreja con una sonrisa traviesa.

-Mejor me doy una ducha… ¿Me prestas la ducha?

-Claro, estás en tu casa, coge lo que necesites, hay ropa en el armario, ponte cómoda.

Sin más, la morena fue en busca de la ducha. Necesitaba quitarse la sal del cuerpo y relajarse después de un día movido detrás de los niños. Se sentía exhausta, pero más feliz que nunca. Jamás pensó que una tarde rodeada de niños y Quinn Fabray podría hacerle así de feliz.

Terminada la ducha, peinada y vestida, volvió a la cocina donde por las caras de los tres parecía haber conflicto.

-¿Pasa algo?

-No… - dijo forzando una sonrisa la rubia.

-Sí, que no queremos verdura. – dijo el más mayor para cruzarse de brazos, gesto que imitó su hermano de forma cómica. Quinn sin embargo, se pasaba sus manos por la cara.

-¿Lo habéis probado? – preguntó la morena mientras se servía un plato y se sentaba con ellos en la mesa. Los dos negaron. – Pues es una pena… Porque estás verduras son especiales… Tengo un ingrediente secreto que hace que no puedas parar de comerlas de lo ricas que están y además, no sabe a verdura…

Los dos niños se miraron entre ellos sin estar muy convencidos, pero Tim, al ver que Rachel empezaba a comer sin prestarles atención y que su tia ya se había terminado su plato y le sonreía de forma estúpida a la morena, decidió probar. Pinchó el tenedor, ya que con dos años y medio él se consideraba lo suficientemente mayor como para comer solo, y con miedo se lo metió en la boca.

-No es verdura. – le dijo Tim a su hermano con los ojos iluminados pinchando con entusiasmo por segunda vez, contagiando a su hermano.

-Eres buena… - le susurró la rubia a Rachel.

-Psicología infantil… - dijo orgullosa de sí misma, algo que hizo reír a Quinn.

No tardaron en terminar de cenar y los niños pedían ver una película antes de acostarse.

-Está bien… - cedió la rubia recogiendo los platos. - Elegid una película.

-Ya está. – dijo Nathan en cuanto su tia lo dijo.

-¡Cars! – dijo saltando de la emoción el pequeño Tim.

-¿Qué película es esa? – preguntó Rachel.

-¿No has visto Cars? – preguntaron los dos niños con la boca abierta, como si la morena fuera un bicho raro.

-No… - preguntó algo cohibida.

-Tia, Rayo McQueen… - dijo Tim señalándose su pijama rojo donde aparecía un coche.

-Ya lo sé, cariño, Rachel no sabe quién es Rayo McQueen… Déjala, no tiene ni idea. – dijo dirigiéndose al salón con todos detrás para preparar la película.

-Eh, yo veía El Rey León, La Bella y la Bestia, La Sirenita…

-Puag… - dijo Nathan tomando asiento en el sofá con gesto de asco, lo que hizo reír a su tia. – Esas son un rollo, Rachel… Ya verás, siéntate aquí y mira la película, es muy chula. – intentaba convencerla.

La morena no pudo ni quiso resistirse. Con una gran sonrisa se sentó dispuesta a descubrir aquella película que tanto parecía gustar a los niños, pero lo cierto es que ni ella ni Tim ni Nathan terminaron de verla. Rachel, agotada tras ese día, cayó rendida con Tim encima de ella, mientras que Nathan descansaba su cabeza en el hombro de su tia igual que los otros dos, completamente dormido.

La sonrisa de Quinn no era comparable a nada. Tener en ese sofá a tres de las cuatro personas más importantes de su vida la llenaba y la hacía sonreír sin querer parar de contemplar la estampa, de soñar.

-Ey, dormilona… - dijo suavemente, acariciándole el pelo a la morena. – Rach…

-¿Qué? – preguntó sin abrir los ojos.

-Parece que les has caído bien a estos dos… - siguió susurrando, viendo como empezaba a dibujarse una sonrisa de satisfacción en la cara de la morena.

-Es un alivio, porque yo ya no puedo separarme de ellos…


Feliz Navidad!