N/A: Muchas gracias por leer y comentar esta historia... El final se acerca y os dejo un capítulo calmado para que no sea todo tan intenso...
Olga Moreno, jajajajaja. Quiero que sepas que he escrito este capítulo sólo para ti, para que no estés tan nerviosa... Creo que la olla te vendrá mejor para el siguiente... Espero que te guste lo que viene... Besos
CAPÍTULO 22: ENTRE EL AMOR Y LA DESESPERACIÓN
Todos llevaban horas en la mansión Smythe cuando el timbre sonó. Sebastian fue a abrir y se quedó totalmente sorprendido cuando vio a la persona que estaba al otro lado de la puerta.
– ¿Qué haces aquí? – La voz del castaño era muy baja mientras sus manos temblaban. Todos se sorprendieron ante esa reacción aunque ninguno pudo ver quién era el que estaba al otro lado de la puerta.
– Me he enterado de lo de Blaine... ¿Puedo pasar? – Dave preguntó.
– Sí, claro. – El ojiverde dejó pasar a su ex.
Karofsky saludó a todos de manera cordial aunque decidió abrazar a Sam. Era con el que más confianza tenía y sabía que necesitaba apoyo ya que había visto la complicidad de los dos amigos.
Pasaron minutos sin que dijeran nada, sólo se hacían compañía entre todos. El anfitrión decidió ir a la cocina a buscar algo para darles a sus amigos de cenar y Dave fue tras él.
– ¿Podemos hablar? – El más corpulento preguntó.
– Claro. – Sebastian asintió.
– He estado pensando en la conversación que tuvimos...
– Dave, por favor. Sé que me equivoqué, sé que no fui sincero pero te amo. No esperaba enamorarme, sólo quería ayudar a Kurt para que pudiera estar con Blaine. Pero me enamoré y quiero que estemos juntos, quiero que me perdones...
El discurso de Smythe se vio interrumpido por los labios de Karofsky. Los dos se besaron con pasión y necesidad. El más robusto había perdonado al otro hacía tiempo, pero no se había atrevido a regresar a su lado. Sin embargo, lo ocurrido con Blaine le había mostrado que las cosas no siempre salen como deben y que algo puede llegar a arrebatarte lo que más quieres. Quería vivir al lado de Sebastian el tiempo que pudiera y por eso había decidido acudir allí.
– Ya te he perdonado. – Dave susurró sin aliento después del beso. Volvieron a besarse, olvidándose por completo de que en el salón estaban esperándolos.
Sam llegó a su apartamento y lo sintió más vacío que nunca. Hacía tiempo que vivía solo pero en esos momentos la ausencia de Cooper y Blaine era más notable. Tenía miedo y le dolía no poder hacer nada. Vicky entró tras él y cerró la puerta. Se acercó a su novio y masajeó sus hombros, sabiendo que el rubio acumulaba toda la tensión de los dos días más agotadores de su vida. Para sorpresa de la castaña, el ojiverde se puso a llorar. Había aguantado hasta llegar allí porque no quería que Kurt lo viera tan hundido, por las niñas. Sabía que todos los nervios y disgustos que Hummel estaba viviendo podían perjudicar el embarazo.
– Mi amor... – La chica susurró mientras arrastraba al cocinero hasta los sillones y los dos se sentaban. – Todo estará bien.
– No lo sabes. Ni tú ni nadie sabe lo que va a pasar. Por favor, no me mientas.
La dependienta se mordió el labio, sabía que no tenía ningún motivo para decir eso. Ojalá pudiera saber lo que iba a pasar o tener una solución al problema, pero sólo era una dependienta que intentaba consolar a su novio.
– Lo sé, pero no pierdas la esperanza. Tenemos que confiar en Sebastian y en que hará lo mejor para Blaine...
– Va a ser muy difícil que evite la cárcel. Lo acusan de haber secuestrado a Cooper y tienen muchas pruebas. Lo mejor que pueden hacer ahora es que Blaine confiese y que diga que Kurt no sabe nada, que le había mentido. Así por lo menos él quedará libre y las niñas crecerán con uno de sus padres.
Evans secó sus lágrimas y luego pasó sus manos por su pelo. La chica no sabía qué hacer por lo que besó a su novio con la esperanza de que todo su amor y apoyo ayudaran a que olvidara sus problemas... Aunque sólo fuera por unos minutos.
Kurt entraba nervioso a la cárcel de Lima. Era día de visita y él acudía para ver a su novio. No le gustaba la situación, tenía miedo de que las cosas no salieran bien y esa fuera su rutina durante los próximos años. Llevaba días sin parar de llorar porque no tenía a su novio y a Cooper a su lado. Los quería a los dos y no podía imaginarse su vida sin ellos. Entró en una sala donde estaba Blaine y un policía. Sin embargo, a él no le importó nada y fue corriendo a los brazos de su pareja. Escondió su cara en el cuello del moreno y se aferró a su camiseta blanca como si fuera su salvavidas. Se separó lo justo para poder besarlo en la boca, un beso lleno de pasión, de entrega y de amor. Pasara lo que pasase, seguirían siendo uno.
– ¿Cómo estás? ¿Cómo están las niñas? ¿Y Cooper? ¿Y Sam? – El ojimiel preguntó ansioso por recibir noticias del exterior.
– No te voy a mentir, te extraño y te necesito más que nunca. Las nenas lo notan y últimamente están más agitadas de lo normal pero el ginecólogo dice que estoy bien, aunque me convendría estar más tranquilo. – El castaño explicó.
– Debes hacerle caso. Tienes que cuidarte y cuidarlas. Si no quieres hacerlo por ti o por mí, al menos hazlo por ellas. – El más bajo pidió y le dedicó a su novio esa mirada de perro abandonado en un día de lluvia que hacía que el ojiazul no pudiera resistirse a la petición.
– Lo intentaré, es todo lo que puedo prometerte. – El mayor dijo. – Sam está bien, July se encarga de cuidarlo. Por Cooper no tienes que preocuparte, Sebastian se ha encargado de que le quiten la custodia a tu padre. De momento vivirá con los Puckerman. Rose alegó que es amigo de su hijo para ofrecerse como madre de acogida. Después del juicio del secuestro se procederá a hacer un juicio por su custodia, por lo que cuando te declaren inocente podrás quedarte con él con facilidad.
– ¿Tan convencido estás? – El menor cuestionó.
– La esperanza es algo que no voy a perder. No importa lo que pase, yo siempre tendré la seguridad de que volveremos a estar juntos. No pueden mostrarme lo que es la felicidad a tu lado y luego pretender alejarte de mí.
Anderson besó a su pareja. No podía creer que había encontrado a alguien así y mucho menos que luchara tanto por él, incluso cuando él ya se había rendido.
– Te amo. – Blaine susurró sin separar sus labios de los de la persona que le había robado el corazón.
– Yo también te amo.
Cooper, Finn y Noah estaban en la casa del último para intentar animar al primero. Sin embargo, Anderson lo único que quería era estar con su hermano, con Kurt o con Sam. No entendía que el juez hubiera tomado una decisión tan rara. Su hermano lo había cuidado y protegido durante todos esos años y por eso lo habían metido en la cárcel. Estaba desesperado.
– ¿Qué podemos hacer? – Hummel preguntó, consciente de que la felicidad de su hermano también estaba en juego.
– La única lógica que le encuentro a lo que está sucediendo es que el juez no sepa lo que ha pasado realmente... ¿Y si se lo contamos? – Puckerman razonó.
– ¿Otra carta? Mira que la primera no salió muy bien... Enseguida descubrieron nuestros planes. – El más alto comentó.
– Pero esta vez no es un complot, sólo queremos que se sepa la verdad. No vamos a mentir o manipular. – El judío defendió su plan.
– Está bien... ¿Cómo la empezamos? – El ojiazul estuvo de acuerdo con sus amigos y el anfitrión sacó un folio y un bolígrafo.
– Como empiezan todas las cartas... "Querido juez"... – Noah movió las manos como si esa parte fuera la más evidente.
– Ya lo tengo. – Cooper informó. – ¿Cómo sigo?
– ¡Ay! Te lo tenemos que decir todo... Cuéntale que Blaine te cuida bien y que te quiere... No sé... Es tu hermano, tú sabrás como defenderlo. – Finn añadió y el otro asintió sus palabras, dejando a Anderson perplejo.
– Es que no sé que escribir... – El ojiazul alegó.
– Está bien. Prueba con...
Los tres niños estuvieron toda la tarde preparando esa carta. Tenía que ser larga y explicar todo lo ocurrido durante esos años. Cooper confesó lo que había presenciado cuando se escondió en la habitación de su hermano y Puckerman prometió ayudarlo a descubrir que era eso que había pasado. Ninguno era muy consciente de todo lo que venía para la familia Anderson y lo difícil que sería todo a partir de ese momento... Ni tampoco pensaron que ellos estaban complicando las cosas aun más...
