CAPÍTULO 24
Arma de doble filo
La felicidad es un arma de doble filo. No hay nada mejor cuando la tienes pero cuando la pierdes te quedas hecho polvo.
Eso debía saberlo Quinn, pero en ese momento no veía el peligro. Estaba en Francia, un viaje que se suponía de tres días para negociar su exposición de obras en una galería de París, pero que dejó en dos. Todo había salido genial, un gran acuerdo donde podría enseñarle al mundo un lado distinto de la Quinn actriz y que estaba deseando contarle a Rachel.
Ese había sido el motivo de adelantar su vuelta a Los Angeles. Rachel la había llamado, mandado mensajes y requerido su atención a cada momento de su estancia en París y ella no pudo corresponder ni la mitad de sus solicitudes. Todo el tiempo que tenía eran para reuniones y acuerdos, planificando lo que sería su gran momento. Aclarado todo, necesitaba estar con la morena, compartir su felicidad que en aquel momento era doble al ver como Rachel parecía pensar en ella tanto como le pasaba a ella.
Las cosas parecían ir por buen camino…
Mientras tanto, Rachel no estaba contenta. Cada vez estaba más agobiada y contrariada con sus pensamientos, con sus sentimientos. Tener la necesidad de saber de alguien cada poco tiempo no era algo que le hubiera pasado nunca y con Quinn estaba sobrepasando sus límites.
Para colmo, que la rubia no contestara a sus llamadas activaban una especie de alerta que tampoco había estado en ella jamás. Sabía que Quinn había tenido sus historias con bastantes mujeres y que algunas de ellas estaban en Europa. Pensar que la rubia podría estar divirtiéndose mientras ella pasaba los días pensando en ella empezaba a desquiciarla.
Rachel estaba en el final. Su corazón cada vez la empujaba con más fuerza a enfrentarse a la realidad que llevaba persiguiéndola varios meses, pero su cabeza aplacaba a su corazón a base de miedo e inseguridad.
¿Qué le pasaba con Quinn? ¿Era normal esa necesidad, esas ganas de besarla o de recibir un simple roce de su parte? ¿Era normal que cada vez que la rubia sonreía o la miraba ella sintiera que sus piernas no aguantarían el temblor? No.
Aquel día Rachel no estaba preparada para afrontar sus sentimientos por la rubia y la solución para quitar a Quinn de su cabeza no era la mejor, pero fue la única que se le ocurrió a la desesperada, además la llamada ya había sido aceptada.
Quinn había aterrizado hacía casi media hora en el aeropuerto de Los Angeles. Era casi la hora de la cena, por lo que en cuanto llegó a su casa y vio que lo que había pedido la esperaba en el sofá, no tuvo ninguna duda en ir a casa de Rachel a darle la sorpresa. Le daría las buenas noticias, la sorprendería con su llegada antes de tiempo, le daría el regalo que tenía para ella y la invitaría a cenar. Sería una gran noche, estaba dispuesta a mostrarle sus sentimientos, a jugársela de una vez por todas estando casi segura de que sería correspondida.
Tocó el timbre y con una sonrisa inmensa esperó a que la morena abriera. Error. La puerta se abrió, pero dejando ver detrás de ella a aquel chico, a Barney, el que había ido detrás de la morena desde que lo conocía, con los pantalones a medio abrochar y con el torso desnudo. El mundo se cayó a sus pies.
-Quinn, hola. – saludó el chico con una sonrisa. La rubia no daba crédito, no era capaz de reaccionar. - ¿Estás bien? Estás… pálida… - se preocupó al verle la cara.
-Eh…sí, estoy bien… - dijo como pudo, con un hilo de voz. – Yo… solo… he venido a darle esto a Rachel… - dijo mirando lo que aguantaba en su mano y sintiéndose completamente estúpida. Finalmente le tendió el paquete a Barney que lo sujetó.
-Oh…pues…
-¿Qué haces? Te he dicho que no abrieras. – se escuchó la voz de la morena acercándose a la puerta. - ¿Quién…? Oh, Quinn… - dijo quedándose paralizada. Aquella situación era lo último que se esperaba, al igual que la rubia. Quinn la observó. Rachel vestía una sudadera que no había visto nunca, por lo que supuso que sería del chico.
-Hola… - atinó a decir la rubia.
-Quinn ha venido a traerte esto. – le informó el chico, que veía como Rachel con el gesto lleno de preocupación no apartaba la mirada de Quinn. Podía ver la cara descompuesta de la rubia, llena de sorpresa, tristeza y desilusión, lo que hizo que se le rompiera el corazón. – Pasa y lo vemos.
-No, yo me voy, tengo…tengo cosas que hacer… - dijo desesperada por irse de allí, por alejarse. – Solo quería que supieras que me han concedido la exposición…
-Quinn… - la llamó suplicándole con la mirada. – Eso es genial, es… Dios, una gran noticia. – dijo sonriendo de forma sincera, pero borrando la sonrisa inmediatamente al ver que la rubia no la acompañaba en la alegría, si no que se limitaba a observar al chico. - Barney se va. – dijo sin darle importancia al chico que la interrogaba con la mirada.
-No importa, la que sobra soy yo… - dijo mirándola a los ojos con media sonrisa, una de las sonrisas más tristes que Rachel le había visto. No dio tiempo a más, Quinn se dio la vuelta y dejó la casa atrás.
-¿Pido algo para cenar? – preguntó el chico algo con algo de expectación en la voz.
-No… Es mejor que te vayas, Barney…
-Pero, Rachel…
-Barney, por favor…
-Pensaba que esto significaba algo… - dijo desilusionado.
-No…lo siento… No debería haberte llamado. – dijo con toda la culpabilidad sobre ella.
-Está bien… No pasa nada, somos adultos… - dijo recibiendo la sudadera de Rachel.
-Gracias…
-Nos vemos… - se despidió antes de irse y dejar a Rachel a solas.
No le quitaba ojo a lo que había llevado Quinn para ella. Sin perder más tiempo quitó el papel que lo envolvía y se apartó para observarlo. Emocionada, vio como ante ella tenía su obra preferida de Quinn. Aquel cuadro unido a una foto del Glee Club que la rubia tenía presidiendo la habitación donde daba rienda suelta a su imaginación.
Esta vez tenía algo más, algo escrito en la esquina inferior derecha que la morena leyó cuando se acercó un poco a él. "Para la única que inspiró esta obra. Es toda tuya", seguido por la firma de Quinn. Rachel no pudo hacer otra cosa más que tragar saliva y llevarse las manos a la cabeza.
Mientras, Quinn había vuelto a su casa rota, desolada, viviendo su propia partida de tetris. Cuando todo parecía encajar, sus ilusiones habían desaparecido sin más. No quería verse así, no quería hacerlo pero no pudo evitarlo. Lo único que hizo el resto de la noche fue acurrucarse en su cama y dejar que las lágrimas descansaran en la almohada. Debía sanar la herida, sobreponerse como siempre, pero necesitaba permitirse esa noche de debilidad.
No supieron nada la una de la otra durante dos días, pero aquel tercero, Rachel había tomado la iniciativa para aparecer en casa de Quinn. Si no lo había hecho antes era por no saber cómo actuar con la rubia. La situación se escapaba de sus manos y no sabía cómo mantener todo en orden. Decidió actuar con normalidad con ella. Eran amigas, no pasaba nada.
Justo cuando iba a tocar el timbre, Kat, la chica que limpiaba unas veces en semana la casa de Quinn, abría la puerta después de dejar su trabajo hecho. Ya se conocían, por lo que informándole de que Quinn estaba en el salón liada con papeleo de la exposición, Kat, la dejó pasar sin problemas.
-¿Se te ha olvidado algo, Kat? – preguntó la rubia sin levantar la vista de unos papeles al escuchar unos pasos acercándose.
-Soy yo… - dijo Rachel dejando su bolso en la mesa principal.
-Rachel… - dijo sin esperar su visita, tensándose.
-Kurt ha venido un par de días por algo del trabajo, así que hemos quedado con él en un rato para celebrar lo de tu exposición. – dijo acercándose a ella con una gran sonrisa, dispuesta a besar sus labios, pero Quinn giró levemente su cara y el beso fue a parar a su mejilla. El silencio que reinó en el salón mientras se miraban terminó cuando la rubia agachó su mirada. - ¿Qué…que pasa? – preguntó con algo de temor, no se sentía preparada para perder a la rubia y algo le decía que estaba a punto de hacerlo, pero tampoco se veía preparada para hacer frente a sus sentimientos.
-Nada… Es solo que… no quiero seguir con esto… - dijo armándose de valor después de un largo suspiro. Durante esos dos días, Quinn había pensado mucho y el único camino factible que veía era aquel, terminar con aquella amistad con derecho.
-¿Es… es por lo que pasó con Barney?
-Si… - dijo aguantando su mirada.
-Yo…no sé, pensaba que… No dijimos nada de exclusividad… - tartamudeaba presa de los nervios. – Me imagino que tú también has estado con…
-Con nadie. – dijo con sinceridad. – Desde que llegamos al acuerdo, solo he estado contigo…
-Perdona, yo…
-No tienes que disculparte, Rachel, de hecho, estás en todo tu derecho de hacer lo que quieras con quien quieras.
-¿Entonces?
-Entonces yo me rindo… Dejo el juego… Me… me he enamorado… - dijo mirándola abatida. – Vuelvo a estar enamorada de ti…
-¿Qué?
-Sé que quedamos en acabar con los extras de nuestra amistad si alguna sentía de más y yo, no he cumplido… Hace unas semanas que soy consciente de lo que me pasa y… he estado creándome falsas esperanzas, ilusionándome con algo que está claro solo veía yo… - dijo negando suavemente con la cabeza. – Pensaba que tú también podrías sentir algo por mí, de hecho, pensaba que te estabas enamorando… Cuando os vi a Barney y a ti, pensé que te había perdido, pero entendí que nunca te había tenido, que no te perdí… Tu buscabas diversión, una experiencia y yo…pensaba que también, pero he terminado sufriendo…
-Quinn…yo no pretendía que sufrieras, es lo último que quiero en esta vida…
-Lo sé, pero lo estoy haciendo… Pensaba que te había olvidado, que te había dejado atrás y de repente me doy cuenta de que jamás lo he hecho, que eres el amor de mi vida y no voy a poder tenerte. Tú eres perfecta para mí, pero yo no lo soy para ti… Tú terminarás con un hombre, formando una familia y yo, yo supongo que llevo toda la vida enamorándome a cámara lenta de ti – dijo riendo suavemente. -, porque cuando has conocido al amor de tu vida, ya no puedes enamorarte de nadie más.
-¿Cómo puedes estar tan segura de que soy el amor de tu vida? – preguntó aguantando las ganas de llorar, controlando su corazón, loco por escaparse de su pecho y salir en busca del de Quinn.
-Solo…lo sé… Dicen que cuando conoces al amor de tu vida el tiempo se detiene.Eres el amor de mi vida, Rachel, has llenado mis días, eres la persona con la que continuamente imagino mi vida. No creo que pueda querer a alguien que no seas tú.
Aquellas palabras eran tan intensas, tan verdaderas, con tanto sentimiento, que las dos necesitaron unos segundos de silencio, de procesar como Quinn estaba entregándole el alma a Rachel aun sabiendo que no conseguiría nada más de ella que no fuera una amistad. La morena resopló, colapsada por sus propios sentimientos y los que Quinn le regalaba. Demasiada emoción.
-Quinn… yo… - trataba de encontrar palabras, adecuadas, exactas, pero por primera vez en su vida, Rachel Berry se veía muda, con un cortocircuito en su cerebro que le impedía decir con palabras lo que sentía.
-Me voy a ir Rachel…
-No…
-Un mes, a Francia… No pensaba irme tanto, pero necesito hacerlo, necesito alejarme de ti… Aprovecharé para centrarme en la exposición y asegurarme que todo sale como imagino.
-No quiero perderte. – dijo desesperada.
-No lo harás… - dijo sujetando las manos de la morena entre las suyas. – Tengo muy presente que cuando esto empezó prometimos que nuestra amistad estaría por encima de todo y así será… Vas a tenerme Rachel, voy a estar para ser tu amiga, no puedo sacarte de mi vida, te necesito cerca aunque no sea como tenía planeado, pero ahora necesito espacio, distancia entre tú y yo… Fue difícil mantener mis sentimientos a raya durante la secundaria, imagínate ahora que se cómo podría haber sido mi vida contigo.
-Esto…Yo no quiero esto… - dijo sin poder retener las lágrimas, sintiéndose culpable por todo, por llamar a un tipo por el que no sentía nada solo para alejar a la rubia de su corazón y su mente, por ver sufrir a Quinn por su culpa, por no ser capaz de ser clara con la rubia ni con ella misma, por sentirse impotente, por ver como la rubia se tragaba sus lágrimas para no hacerla sentir mal cuando debería ser al revés. – Esto no debería ser así…
-Pero lo es y no tienes que darle más vueltas. No quiero un drama de esto. Debía pasar antes o después, esto no podía durar eternamente. Yo solo puedo agradecerte por haberme regalado el año con más momentos de felicidad que he tenido en mi vida, por mantenerme en tu vida y solo puedo desearte todo lo mejor, que encuentres el amor y nunca sepas lo que es el amor no correspondido, que seas feliz…
-Eso está sonando a despedida…
-No lo es… - dijo secando con sus dedos las lágrimas que recorrían el rostro de Rachel e incapaz de seguir conteniendo las suyas. – Solo estoy aprovechando este momento para decírtelo, supongo que pasar tanto tiempo contigo ha hecho que me vuelva algo dramática… - dijo riendo y borrando todo rastro de lágrimas de su cara. – Te quiero… - dijo sonriendo tristemente y dejando un beso en su mejilla.
Rachel lo sabía, lo había sabido durante mucho tiempo. No era la primera vez que Quinn le decía un te quiero, pero ella había decidido hacer oídos sordos, dar la espalda a lo que sentía y esquivar los dardos que cada vez la mantenían más sujeta a la rubia.
Pero ya no podía esquivarlo más, acurrucada en su sofá, no había forma de dejar de llorar, sintiendo un frío y una desasosiego enorme desde que había abandonado la casa de Quinn.
Cuando Kurt llegó, ella no se había movido del mueble y preocupado al ver sus ojos hinchados y escuchándola hipar se acercó a ella.
-Rach, ¿Qué pasa?
-Nada…
-¿Cómo que nada? No puedes estar así por nada…
-Es…Quinn…
-¿Le ha pasado algo? – preguntó angustiado.
-Se…se acabó… No vamos a ser más ese tipo de amigas…
-¿Y por eso estás así?
-No lo sé… yo…no puedo dejar de llorar…
-¿Y no sabes porque? – preguntaba, consciente de que su amiga llegaría al fondo de la cuestión. Rachel necesitaba deshacerse de la carga de sentimientos que llevaba callando meses.
-Le he hecho daño… Yo no sé en qué estaba pensando y…no sé porque me pongo así por eso… Seguimos siendo amigas…
-Sácalo Rachel, lo sabes, en el fondo lo sabes… Sabes lo que te pasa con Quinn desde hace algún tiempo…
-No puedo…
-¿Por qué?
-Tengo miedo… Cada vez que lo pienso me siento insegura… Quinn ha estado con muchas chicas, lo hemos visto en las revistas.
-Hace tiempo que a Quinn no la sacan en ningún sitio con gente que no sean sus amigos o tú… Más o menos desde que os volvisteis a encontrar.
-¿Por qué iba una chica como Quinn a enamorarse de mí? Quinn puede tener a cualquiera a sus pies, ¿Qué hace fijándose en mí?
-No lo sé, Rachel, pero lo ha hecho y estás a punto de perderla.
-Dios, Kurt… me he enamorado de Quinn… Estoy enamorada de mi amiga… - dijo llevándose las manos a la cabeza, diciéndolo en voz alta por fin, sintiendo una liberación total en su cuerpo, asumiéndolo y empezándolo a asimilar.
-Si…te ha costado verlo, pero ya le has puesto nombre a lo que te pasa con ella. Amistad es una palabra que no os define a Quinn y a ti. Ahora la pelota está en tu tejado, Rach…
Feliz año a todos! Salud, amor, trabajo y felicidad para este 2014 donde espero seguir contando con vosotros en esta historia.
Un beso y mil gracias.
