N/A: Muchas gracias por leer y comentar esta historia... Voy a ir solucionando ya las tramas, lease, escribir el juicio y su desenlace y luego... Saber que pasa con el embarazo de Kurt y una "sorpresita" para terminar...

ADVERTENCIA: No sé nada sobre las leyes americanas en concreto y sobre el derecho en general. Eso significa que me voy a tomar MUCHAS licencias sobre lo ocurrido en el juicio. Espero que os resulte creíble... Por otro lado, NO hay interacción Klaine pero creo que el capítulo es de interés suficiente para todos los lectores, así que aconsejo leerlo entero.

Manuu, muchas gracias. Voy a seguir creando tensión sobre el juicio, aunque... Bueno, creo que no será tanta... O sí, quién sabe... Lo de la carta, no tengas muchas esperanzas... Por cierto, no veo la sexta temporada de Glee (de echo, no vi ni el final de la quinta). Sobre la boda... Mejor no opino... Espero que te guste el capítulo... Besos


CAPÍTULO 23: PERDER LA ESPERANZA

– Traigo malas noticias. – Sebastian entró en la casa de los Hummel de muy mal humor. Allí se había refugiado Kurt, incapaz de estar sólo en una casa que había alquilado para compartir con su familia.

– ¿Qué ha pasado? – El embarazado estaba muy cansado de todo y vio como su amigo se sentaba a su lado.

– Cooper le ha mandado una carta al juez. Ha intentado que salvaran a Blaine de la cárcel pero lo único que ha conseguido es eliminar la única línea de defensa que teníamos. – El recién llegado comentó. Él tenía información de primera mano porque había estudiado derecho y trabajaba como abogado en el bufete de su padre. Sin embargo, consideraba el caso tan importante que él sólo era ayudante. El señor Smythe en persona se encargaba de intentar librar de la cárcel a Anderson.

– ¿Quedaba alguna vía? – Carole quiso saber.

– Íbamos a intentar argumentar que no fue un secuestro, que los dos se escaparon voluntariamente, aprovechando que ambos eran menores de edad cuando se fueron. De esa manera y con el estudio psicológico de Cooper podríamos mostrar que ninguno quería volver con su padre y Blaine sólo sería culpable de ocultar a un menor que se ha escapado. Como no ha hecho nada más, la condena sería menor y podríamos intentar llegar a un acuerdo alegando que la alternativa para Cooper era mala. Teníamos la esperanza de que, con todos los datos, lo dejaran en libertad a cambio de una multa y servicios a la comunidad...

– ¿Queda alguna esperanza? – El ojiazul lo miró suplicante.

– Lo siento, Kurt...


El juicio contra Blaine se produjo muy pronto. Como era de esperar, el señor Brown declaró contra su hijo, haciéndose la víctima y pidiendo ver a su hijo ya que, según él, lo echaba de menos. Durante su declaración, Kurt tuvo ganas de saltar y golpearlo por la cantidad de mentiras que estaba diciendo y por todo el daño que le hacía a su familia. Sam también estaba enfadado pero, por suerte, Sebastian los consiguió controlar, no iba a ser beneficioso para nadie que agredieran a una de "las víctimas".

El momento de declarar de Blaine llegó. Intentó contar lo que su padre había hecho pero el abogado de la acusación no le dejaba. Cuestionaban las cosas que había vivido y, puesto que no había pruebas, no encontrarían la manera de demostrar lo ocurrido. Kurt estaba destrozado, la declaración de Anderson había sido muy dura y se notaba que lo había pasado muy mal. Para mayor dolor, tenía que volver a su fría celda lejos de las personas que lo amaban.

La primera parte del juicio terminó, al día siguiente continuarían y luego el jurado popular decidiría la culpabilidad o inocencia de Blaine.

Sam se apartó del grupo unos segundos para ir al baño. No podía quitarse de la cabeza las palabras de Sebastian, la única opción que le quedaba a Anderson era tan poco probable como que un rayo cayera sobre el señor Brown. El rubio estaba preparado para la condena de su mejor amigo. Ya había empezado con los trámites para ser la persona que acogiera a Cooper si le quitaban la custodia a sus padres. No le importaba ser demasiado joven, lo iba a proteger de la misma manera que haría con Stacy o Stevie.

Cuando el cocinero vio a la señora Brown sola, no dudó lo que debía hacer. Era ese momento o nunca. No tendría otra oportunidad y no perdería esa por dudas o miedos. Era la felicidad de su "hermano" la que estaba en juego.

– ¿Señora Brown? – El ojiverde se acercó. Ver a la mujer de cerca le permitió comprobar que era muy parecida a Cooper aunque tenía el pelo más claro y tenía algunas pecas.

– ¿Si?

– Me gustaría hablar con usted un momento. – El joven estaba nervioso pero no se iba a echar atrás.

– Te escucho. – La mayor lo miró con intriga.

– Soy amigo de Blaine... Siempre me he preguntado cuál era tu papel en todo lo que pasó pero él no solía hablar de ti. Creo que en el fondo te excusa y te sigue queriendo. Sin embargo, yo no soy él, yo no siento cariño hacia ti. Siento asco.

– ¡¿Quién te crees que eres para hablarme así?! – La señora se indignó.

– Alguien que ha visto crecer a Cooper y transformarse de un niño asustadizo y tímido al maravilloso hombrecito que es ahora, decidido, alegre, sociable... Feliz. Alguien que ha sostenido a Blaine cada noche que ha tenido pesadillas...

– Ya has dicho lo que querías. Ahora, si me disculpas... – La mujer estuvo a punto irse pero Evans la sujetó suavemente del brazo.

– No te he dicho lo que quería decirte. Has hecho las cosas mal, lo sabes, pero aun tienes una opción de compensar tus errores. – Sam susurró.

– ¿Qué te hace pensar que voy a hacerlo? – La mayor preguntó. El rubio sacó su cartera y le mostró una copia de la ecografía de las niñas de Kurt.

– Por ellas. Son dos, Elizabeth y Amanda. No es justo que crezcan sin su papá. Blaine las quiere con locura y haría cualquier cosa por ellas, al igual que por Cooper. Se merecen ser felices.

– No lo voy a hacer.

– Por si cambias de opinión, sólo tienes que decir que Blaine seguía tus órdenes. Que tú planeaste todo, que le diste dinero para poder huir, engañándole y diciéndole que denunciarías a tu marido cuando ellos estuvieran a salvo. Que él se enteró de que lo habíais denunciado y tenía miedo. Que te pusiste en contacto con él y lo convenciste para no entregarse, pidiéndole tiempo para que contaras la verdad. Es la única manera que tenemos de librar a Blaine de la cárcel.

– No cuentes con ello.

La mujer se marchó dejando a Evans desesperanzado completamente. Era lo único que les quedaba, lo único que podía hacer que su amigo se librara de la condena. Sentía que había fracasado, que le había fallado a todo el mundo.


Sam corría por los pasillos del hospital hasta que vio a Sebastian. El castaño lo había llamado porque, mientras él estaba hablando con la señora Brown, a Kurt le había dado una bajada de tensión y habían ido a urgencias.

– ¿Cómo está? – El rubio preguntó cuando llegó hasta el amigo de Hummel.

– Está bien, sólo ha sido un susto. Demasiado estrés para él. – El abogado trató de tranquilizarlo.

– ¿Y las niñas? – El cocinero insistió.

– Están bien... Tranquilo... ¡Pareces el padre! – Smythe se burló.

– Mientras Blaine no esté, yo tengo que cuidarlos. – Evans aclaró.

– Te deseo suerte. – Sebastian comentó.

– Si fuera Kurt... ¿No harías cualquier cosa por su familia? – Sam preguntó. Tal vez la amistad entre Anderson y él era demasiado intensa pero siempre pensó que cualquiera haría determinados sacrificios por las personas que quería.

– Haría muchas cosas por ayudar a la familia de Kurt... Y lo estoy haciendo. Por si no te has dado cuenta, estoy intentando sacar a Blaine de la cárcel. – El castaño lo miró indignado.

– Lo sé... Es sólo que... He intentado hablar con la madre de Blaine... – El cocinero se apoyó en la pared y se fue agachando hasta que se sentó en el suelo, agotado por toda la presión que sentía desde que el señor Brown apareciera. El otro se sentó a su lado.

– Era de esperar. No entiendo qué es lo que pasa por la mente de una madre para hacer eso pero nunca pensé que realmente ella se sacrificara por sus hijos. – Smythe intentó consolarlo.

– Blaine ha sufrido mucho y empezaba a ser feliz... – Una lágrima cayó por la mejilla de Evans.

– Me gustaría poder prometerte que lo volverá a ser, pero no puedo hacerlo.


Los dos llegaron al lugar donde Kurt esperaba el resultado de los análisis que le habían hecho. Ambos aparentaron que todo estaba bien porque no querían empeorar las cosas. El médico se acercó con una carpeta en sus manos.

– No hay nada de qué preocuparse. – El doctor informó con una sonrisa. – Sin embargo, te recomiendo que estés dos días en reposo. Nada de cosas que alteren tu tranquilidad.

– Mi pareja puede ir a la cárcel, mañana acaba el juicio y el jurado decidirá su destino... Dudo mucho que pueda estar tranquilo. – Hummel comentó.

– Te prohíbo que vayas a los juzgados. Sé que estás sometido a estrés pero las niñas no pueden soportar más contratiempos. Debes relajarte e intentar olvidar los problemas.