CAPÍTULO 26
Visitas en París
París era una ciudad fantástica, pero estaba demasiado lejos de Los Angeles. Tanto Quinn como Rachel coincidían en el pensamiento después de las varias semanas que la rubia llevaba allí.
La exposición de Quinn ya estaba en marcha, teniendo buena aceptación por el público que se decidía a visitar sus obras. Aquel día, Rachel llegaba a la capital francesa para poder verla ella misma, pero la verdad era que aquello era una simple excusa para ver a Quinn. Necesitaba hacerlo y la rubia ya estaba informada sobre eso.
Mientras esperaba en su habitación de hotel a que la morena hiciera su aparición, Quinn sonreía al pensar en ella. Rachel se estaba ganando su confianza, desde el mismo día que se fue, los mensajes y llamadas de teléfono no fallaban, al igual que el ramo de flores diario que recibía de su parte desde que diez días después de estar en Paris, Rachel realizara una visita exprés dejándola totalmente sorprendida. Si, definitivamente la morena sabía cómo ganar puntos.
La rubia lo recordaba perfectamente. Estaba en una de las salas de la galería, de pie, ojeando unos papeles que le había pasado el hijo del dueño de la galería cuando alguien tapó sus ojos con delicadeza, logrando que Quinn tratara de darse la vuelta sin éxito.
-¿Quién eres? – preguntó dándose por vencida pero sin recibir ninguna respuesta, solo notando como la persona que estaba detrás de ella se acercaba más, sintiendo su respiración muy cerca de su oído. – Estás empezando a asustarme…
-No te asustes, solo es una visita, una pequeña sorpresa. - le susurraron muy bajito antes de liberar sus ojos, sin poder evitar un escalofrío al escuchar esa voz.
-Rachel. – dijo emocionada, dándose la vuelta y mirando la maravillosa sonrisa que dibujaba la morena. – Oh, Dios, ¿Qué haces aquí? – preguntó abrazándola con fuerza, haciendo que la sonrisa de Rachel se ensanchara todavía más.
-Verte… - dijo de forma simple, esperando a terminar el abrazo para explicarse un poco mejor. – Me han invitado a un desfile en Roma. Todavía no me acostumbro a estas invitaciones… - dijo provocando una sonrisa en la rubia. – Es mañana por la mañana, por lo que pedí que el avión se desviara unas horas a París antes de llegar a Italia…
-¿Qué? – preguntó con la boca abierta. - ¿En serio has hecho eso? – la morena se limitó a asentir. - ¿Cuánto tiempo vas a estar?
-Pues… me quedan exactamente una hora y cinco minutos antes de tener que volver al aeropuerto… - dijo mirando su reloj.
-Estás loca… estás completamente loca… - dijo mordiéndose el labio en una tímida sonrisa mientras negaba con la cabeza.
-Que va… - dijo restándole importancia. - ¿Has comido? – le preguntó viendo como negaba con la cabeza. - ¿Me invitas a comer? En el avión no había nada comestible…
-Claro… La galería tiene un restaurante y todo está delicioso. – dijo comenzando a caminar, sin perder el poco tiempo que tenían.
Llegaron al sitio hablando del vuelo, de cosas sin importancia mientras pedían, pero con una imborrable mueca de felicidad permanente en sus rostros.
-¿Quieres ver la exposición cuando terminemos de comer? Podrás presumir de ser la primera en verla totalmente montada. – le ofreció.
-No… - contestó dejando a Quinn con un gesto de desconcierto. – Prefiero no verlo y tener una excusa para volver a París y…poder verte… - dijo sonriendo de medio lado.
-No te hace falta ninguna excusa para venir, puedes hacerlo siempre que quieras.
-Gracias.
-¿Cómo sabías donde estaba la galería? – preguntó curiosa.
-Te voy a contar un secreto… - dijo acercándose a ella en la mesa, manteniendo a Quinn intrigada. – Cuando algo me interesa mucho, me esfuerzo todo lo que puedo para conseguir lo que quiero… - dijo en voz baja, haciendo que la rubia soltara una leve carcajada.
-¿Te interesa la exposición?
-Me interesa mucho más la autora de las obras… - dijo mirándola a los ojos, logrando que Quinn, algo avergonzada agachara la cabeza con una nueva sonrisa. – Estos días, cuando hemos hablado, no he sacado el tema de nuestra relación… Creo que no es el momento de hacerlo, ahora estás montando esto para que mañana sea un éxito y no quiero molestarte ni desconcentrarte de la exposición, pero tienes que saber que no me olvido de lo que me propuse, pienso conquistarte una vez la galería empiece a funcionar…
-Tienes vía libre para hacerlo… Además, creía que las llamadas y los mensajes que mandabas ya eran parte del plan de conquista.
-No… eso es solo que…bueno, pues te echo de menos…mucho…
-Yo a ti también… - confesó mirándola a los ojos, quedándose las dos perdidas en la otra hasta que Quinn consiguió reaccionar, sacando de la burbuja a Rachel que comenzó a comer su plato.
La hora se pasó rápida, demasiado rápida, por lo que sin darse cuenta, ya estaban despidiéndose antes de que Rachel volviera al aeropuerto.
-Déjame que te acompañe al aeropuerto, por favor. – repitió por tercera vez.
-No, Quinn, en serio, yo estoy bien. Voy a pedir un taxi y tú vas a seguir concentrada en esto ¿vale?
-No voy a insistirte más…
-Muy bien. – dijo graciosamente. – Ahora, si dejara salir mi egoísmo, pediría que la exposición no vaya bien y estés de vuelta en Los Angeles lo antes posible, pero eso es imposible porque eres muy buena creando arte, así que sabiendo que vas a tener éxito, solo me queda decirte que no estés nerviosa, mañana todo saldrá perfecto y te llamaré para preguntarte que tal.
-¿Vas a volver? – preguntó después de escuchar todo aquello.
-En cuanto pueda estoy aquí. He llegado a un punto en que ni quiero ni puedo estar sin ti, así que más vale que me espabile y me esfuerce por llevar esto a otro nivel más serio.
-Haces que sea difícil mantenerse firme en las decisiones… Ahora mismo me olvidaría de todo lo que dije y me creería que realmente te has enamorado de mi… - dijo mirándola como una adolescente.
-Es muy difícil no enamorarse de ti, Quinn, eres demasiado especial para no hacerlo, por eso necesito formalizar esto que tenemos. Cualquiera puede venir y caer rendido a tus pies.
-El tema es que yo caiga en los suyos y te aseguro que llevo mucho tiempo pensando en ti, Rach, como para que ahora que parece que esto tiene futuro, yo mire para otro lado…
-Es bueno saberlo… - dijo sonriendo dulcemente, algo más calmada después de esa breve visita a su rubia. – Me tengo que ir ya o no llegaré a tiempo.
-Claro, cuídate y pásalo bien mañana en el desfile.
-Llámame si estás nerviosa o necesitas algo ¿vale? – le ofreció envolviendo a la rubia en sus brazos, sintiendo como Quinn escondía su cara en su cuello y aspiraba su aroma totalmente entregada a ella.
-Que difícil soltarte ahora que estás aquí…
-Lo se… - dijo dejando un cariñoso beso en su cabeza antes de terminar con el abrazo y de entrar en el taxi. – Antes de que te des cuenta, estaré otra vez aquí.
Y la verdad era que si se había dado cuenta del tiempo sin Rachel, pero en ese momento que esperaba ansiosa que la morena le indicara que ya había llegado al hotel para pasar el fin de semana allí la tranquilizaban y le llenaban de ilusión.
La morena le iba demostrando como podía en la distancia que realmente estaba interesada en ella, que la quería. Cada día desde su visita había recibido un ramo con su correspondiente tarjeta. No había habido ni uno solo que las flores se repitieran. Cada ramo más bonito que el anterior y cada nota más perfecta que la anterior, haciendo que su corazón cada día latiera con más fuerza y ganas por ella.
Por eso, cuando escuchó unos toquecitos en la habitación, nerviosa se levantó a abrir, esperando que detrás de ella estuviera Rachel.
Un gran ramo de rosas azules tapaba el rostro de quien las sujetaba. La respiración de Quinn tardó unos segundos en volver a su cuerpo. Ella sabía de quien se trataba, por lo que no pudo evitar sujetar la cintura de quien fuera y tirar de ella hasta dentro de la habitación, donde con algo de dificultad por el ramo, la abrazó feliz y besó su mejilla antes de que la otra pudiera decir nada.
-Menudo recibimiento… ¿Significa que te alegras de verme?
-Mucho, Rachel, no te haces una idea de cuánto…
-Esto es para ti… - dijo entregándole el ramo sin borrar la sonrisa de idiota enamorada que portaba. – Me han dicho que son tus favoritas…
-Así es, me encantan, pero deja de mandarme flores. – le pidió casi suplicante. – Ya no sé dónde ponerlas y los recepcionistas cada vez me miran más raro. – dijo haciendo reir a la morena.- Además estas flores son difíciles de encontrar.
-No hace falta que lo jures, he estado a punto de darme por vencida, pero quien la sigue, la consigue… - dijo orgullosa de sí misma. – Por cierto, deja esas flores ahí, quiero darte una sorpresa.
-¿Otra? ¿No puede esperar? No te he saludado todavía… - dijo casi con un puchero.
-Pero si me has dado un abrazo de oso hace un minuto. – dijo divertida.
-¿Y qué? Creo que te he echado demasiado de menos estas semanas. – le confesó volviendo a abrazarla, apoyando su cabeza sobre la de Rachel, envolviéndose de paz.
-Es un alivio no ser la única a la que le pasa… - dijo dejándose abrazar por ella, cargando de energía su corazón y su alma al lado de ella. Le parecía surrealista el poder que la sola presencia de Quinn tenía sobre ella. – Ven, hay alguien en la habitación de al lado que quiere saludarte.
-¿Qué? ¿A quién has traído? – preguntó saliendo de la habitación de la mano de la morena, que con una tarjeta abría la puerta de la habitación de al lado. - ¡Lindsey! – exclamó al ver a aquella mujer tan importante para ella. - ¿Qué haces aquí si tú nunca sales de la cafetería? – preguntó rebosante de felicidad, abrazando y besando la mejilla de la mujer, que reía al igual que Rachel por la efusividad de la rubia.
-Esa loca de ahí no ha parado hasta que me ha convencido. – dijo señalando a la morena divertida.
-Estabas loca por venir a ver a Quinn y la exposición, Lindsey. Además Quinn, ¿sabías que su mejor amiga del instituto vive en París? Ha conseguido contactar con ella, así que es el viaje perfecto. – se disculpó con seriedad, casi enfadada porque Lindsey siguiera dándole vueltas a si había hecho bien en ir o no.
-Veo que vosotras dos vais cogiendo confianza. – dijo riendo al ver la interacción de las dos.
-Bueno, se puede decir que cada vez voy más a la cafetería…
-Solo viene para que le cuente sobre ti, se conforma con cualquier chorrada. – le dijo Lindsey a la rubia, que rio al ver el ceño fruncido de la morena.
La mujer se imaginaba la relación que durante más de un año mantuvieron las chicas y sabía de la boca de Quinn lo enamorada que esta estaba de la morena, al igual que aquellos días había descubierto para su sorpresa, lo loca que estaba Rachel por Quinn. No podía evitarlo, se sentía feliz por las dos, por Quinn, después de haber sufrido por ese amor años enteros y sabía que esas dos juntas podría ser una combinación explosiva pero perfectamente equilibrada. Sus miradas, sus gestos y sus acciones hablaban por ellas.
Aquel primer día lo pasaron las tres juntas. Las chicas se morían por tener un momento a solas, no para hacer nada, tan solo para hablar o simplemente mirarse, pero Lindsey estaba allí y ellas estaban felices por ello. Ya tendrían tiempo para ellas dos.
Visitaron la exposición de Quinn, que tal y como predijo Rachel, fue un rotundo éxito, enseñaron a Lindsey los sitios más emblemáticos de la capital y comieron en los mejores restaurantes para hacer las delicias de una abrumada Lindsey, que no estaba acostumbrada a tanta atención ni a que algunos fotógrafos siguiera sus pasos por la ciudad, pero habían descubierto que Rachel estaba de visita y no pudieron librarse de ellos hasta que llegaron al hotel.
Allí cenaron y se acostaron tardísimo, por lo que al día siguiente tardaron más de lo debido en ponerse en pie. Casi era medio día y Quinn al no recibir ninguna llamada de la morena, pensó que seguía durmiendo. Nada más lejos de la realidad. Rachel se presentaba ante su puerta con un plan.
-Buenos días. – dijo la morena al ver a Quinn abrir la puerta.
-Hola. –contestó con una gran sonrisa.
-Vengo a proponerte algo.
-¿El qué?
-Una cita.
-¿Una cita? – dijo con los ojos muy abiertos.
-Sí, un picnic… Ya sé que hay fotógrafos y supongo que las dos estaremos de acuerdo en que no es buena idea que se enteren de lo nuestro antes de que al menos haya algo… No sé si me explico… - dijo confusa.
-Perfectamente… - dijo riendo.
-Por lo que he decidido trasladar el picnic a tu habitación… No va a molestarnos nadie y tenemos todo lo que necesitamos…
-¿Una cama?
-¿Qué? No, no… - dijo poniéndose roja. – Te juro que no es esa mi intención, Quinn, solo es para que nadie nos moleste o estemos pendiente de cualquier otra cosa que no seamos nosotras y…
-Pasa anda, que era broma… - la cortó negando con la cabeza mientras intentaba no reír ante el nerviosismo de Rachel, que fulminándola con la mirada por la broma entraba dentro. - ¿Y Lindsey, la vamos a dejar sola?
-Se ha ido todo el día con su amiga. – le informó. – Mira, traigo todo. - dijo dejando la típica cesta de mimbre a un lado y sacando el mantel de cuadros rojo. La rubia sonrió ante la imagen antes de ayudarla a sacar las cosas de la cesta.
Con la comida fuera y acomodadas en unos cojines, comenzaron con la esperada cita, regalándose miradas llenas de ilusión y sonrisas nerviosas.
-¿Sabes con quien estuve hace unos días? – preguntó la morena después de un rato de entretenida conversación.
-¿Con quién?
-Mira… - dijo pasándole su móvil para que viera una foto. – No me acordé de decírtelo… - dijo viendo como la rubia sonreía ante la imagen. Rachel poniendo pucheros, Jagger en sus piernas y sujetando la cabeza de un crecido Ringo para pegarla a la de ella. – Me dijeron que te echan de menos…
-¿Por eso estabais tristes? – preguntó devolviéndole el móvil.
-Si…
-¿Cómo es que has ido a casa de Brody y no me lo has dicho?
-¿Celosa? – preguntó sonriendo, alzando ambas cejas.
-No, Berry, no seas tan creída. Confío en mi amigo y en lo feliz que es con su novia. Es solo que me extraña…
-Le pedí ir a ver a los perros y no puso ningún problema… Estuve con él y con su novia sin ninguna tensión, todo bien, dejando atrás lo que hay que dejar… - dijo encogiéndose de hombros.
-Eso está bien… Oye, tengo que preguntártelo, lo de traer a Lindsey… ¿ha sido para ganar puntos conmigo? – preguntó burlonamente.
-Para nada, no es mi estilo. – dijo orgullosa, haciendo reir a Quinn suavemente. – Que Lindsey esté aquí es un regalo para ella y de paso para ti, sabía que te haría ilusión tenerla aquí.
-Has acertado…
-¿Sabes? No pensé que conquistar a alguien fuese tan complicado… Supongo que estoy demasiado acostumbrada a dejarme conquistar, así que intentarlo yo y contigo no es nada fácil. No se me ocurre nada interesante o sorprendente que me ayude a dar pasos contigo…
-No lo estás haciendo nada mal, Berry… No necesito nada extravagante para conquistarme, porque ya lo estoy. Estoy enamorada de ti, te quiero y todos los ramos que me has enviado, todas esas notas acompañándolas por notas donde pones cada cosa que te gusta de mí, este picnic, presentarte una simple hora en Paris para verme… son cosas simples Rachel, pero que consiguen llenarme de una felicidad que nunca había experimentado antes…
-Tú llevas haciéndome feliz a mí desde el día que nos volvimos a encontrar… No sé en qué momento decidí quererte, Quinn, a lo mejor fue ese mismo día, cuando te vi y me temblaron las piernas, cuando me sonreíste con esa preciosa sonrisa que tienes…no lo sé, la verdad, pero tú ves cosas en mí que nadie había visto antes, incluso en nuestra etapa en el instituto y eso me llena el corazón de serenidad, de calma, de algo que nunca había tenido ahí… Estoy segura de que he estado enamorada antes, pero nunca, jamás nadie, ha llegado a rozarme el corazón como tu… Haces que sea tan fácil quererte, decirte te quiero, que me asusta… - dijo tan concentrada en sus palabras, en no perder de vista la intensidad de los ojos verdes de la rubia que no se dio cuenta de la importancia que tenían, de la forma en que estaba exponiendo sus sentimientos.
-Vaya… eso es toda una declaración de amor…
-Si…ahora que me paró a pensar lo que he dicho, parece que lo es… - dijo ruborizada, agachando la cabeza. – Siempre hablo demasiado.
-Me encanta escucharte… - dijo acariciando su mejilla, perdiéndose en sus ojos, deseosa de que sus labios hicieran contacto, pero antes de que hubiera peligro, la morena se retiró un poco.
-Esto es una primera cita, no es bonito que me aproveche y te bese, aunque esté loca por hacerlo… Ahora me iré y cuando nos volvamos a ver, en nuestra próxima cita, depende de cómo vaya, serás tú quien decida si es el momento de besarnos.
-Creo que es el momento perfecto.
-No… - dijo besando su mejilla antes de levantarse del improvisado picnic. – No quieres adelantarte y yo no quiero que tengas ninguna duda. Las cosas bien, despacito. Dicen que todo llega al que supo esperar y yo estoy dispuesta a esperar, el premio es muy valioso para perderlo por una nueva estupidez por mi parte. – dijo llegando hasta la puerta de la habitación con la rubia detrás de ella. – Descansa. – dijo volviendo a besar su mejilla, alargándolo unos segundos. Cualquier contacto era mejor que nada.
La sonrisa de locamente enamorada que llevaban plantadas las chicas aquel fin de semana fue muy obvia para cualquiera que las conociera como Lindsey, que las veía interactuar y se mostraba feliz y satisfecha.
Cuando llegó el momento de la despedida en la habitación de la morena, Quinn abrazó y besó a Lindsey primero, dejando a Rachel para el final. Mientras la tenía entre sus brazos le era tan difícil separarse de ella… No quería soltarla, pero lo tuvo que hacer, sabiendo que su tiempo en tierras francesas no darían para mucho más. Pero justo cuando iban a salir por la puerta, con Rachel soltando algunas lágrimas indiscretas, la rubia la sujetó del brazo y tiró de ella suavemente, deteniendo su marcha y haciendo lo que más quería, besarla. Un simple roce de labios que las transportó a otra dimensión.
-No puedo ni necesito esperar a otra cita para besarte… - dijo juntando su frente con la suya, volviendo a juntar sus labios de forma breve para luego separarse definitivamente de ella. Luego miró a la mujer que las miraba con una sonrisa encantadora y le guiñó el ojo. – Cuídala como me cuidas a mí hasta que llegue, Lindsey, porque creo que no falta mucho para que termine de morirme por ella…
