N/A: Muchas gracias por leer y comentar esta historia... Me he compadecido un poquito de vosotros y he solucionado las cosas antes de lo que pensaba... Pero llevamos mucho tiempo con todos con los nervios a flor de piel por la situación...

ADVERTENCIA: No sé nada sobre las leyes americanas en concreto y sobre el derecho en general. Eso significa que me voy a tomar MUCHAS licencias sobre lo ocurrido en el juicio. Espero que os resulte creíble...

Muffinrr, muchas gracias. La verdad es que me encanta hacer sufrir a Blaine... Pero todo tiene su final... Incluso el sufrimiento de Blaine... Espero que te guste lo que viene... Besos

Yamii, cariño... muchas gracias... Tú pides que escriba rápido y yo obedezco... Coop quería ayudar pero sólo es un niño y Blaine... Ok, acabemos con su sufrimiento... Espero que te guste lo que viene... Besos


CAPÍTULO 24: LA DECISIÓN

Blaine entró a la sala y se sorprendió al ver que Kurt no estaba entre los asistentes al juicio. Le hizo un gesto interrogante a Sam que pronto entendió. Cuando el moreno fue a sentarse, el rubio habló a toda velocidad.

– Kurt está bien pero el médico le ha recomendado reposo. El estrés del juicio no es bueno para las niñas.

La señora Brown miró a su hijo y su amigo. Las palabras del ojiverde habían afectado al otro, que estaba preocupado por su pareja y sus pequeñas. La mujer empezó a sentirse mal, al final, era su hijo el que estaba ahí, a punto de ir a prisión.

Llegó el momento de la declaración de Cooper. El niño entró y, en cuanto vio a su hermano, corrió hacia él para abrazarlo. El pequeño nunca había pasado tanto tiempo lejos del mayor y lo había extrañado. La imagen enterneció a todos, ya que se notaba el amor que había entre los dos. El menor no soltaba al otro, al contrario, se abrazaba a él con más fuerza para que no los separasen. Eso rompía el corazón del ojimiel. Le dolía ir a prisión, pero sobre todo le dolía dejar a su hermano y a Kurt sin su protección, le dolía no poder disfrutar de sus hijas. Se iba a perder todo, la graduación de su hermano, su primer novio o novia, los primeros pasos de las mellizas, sus primeras palabras...

– Quiero ir contigo. – Cooper susurró. Blaine se apartó un poco para mirarlo, tenía que ser fuerte. Al menor no le ayudaría nada verlo hundido. Por eso hizo un gran esfuerzo por sonreír.

– Yo también quiero que estés conmigo pero para eso tienes que responder a todas las preguntas que te hagan. ¿De acuerdo?

El niño asintió y se sentó en la silla que era para él. Los abogados empezaron a hacerle preguntas y él respondió con sinceridad, mirando a su hermano para asegurarse que no cometía ningún error. El mayor no cambió la expresión en ningún momento, necesitaba que el otro entendiera que, si iba a la cárcel, no era su culpa.

La última en declarar fue la señora Brown. Hasta que miró a su hijo mayor, había decidido decir la verdad. Sin embargo, ver al ojimiel tan decaído, tan hundido... Había esperado a que Cooper se marchara para mostrar sus sentimientos. Por primera vez en años, la mujer se dio cuenta del daño que le hacía a sus dos pequeños. Por eso, decidió cambiar de opinión y mentir. Contó, palabra por palabra lo que le había dicho Sam.

Todos se sorprendieron por las palabras de la mujer. Blaine miraba a su madre totalmente anonadado, no podía creer que ella se sacrificara así, nunca lo esperó. Sam había agarrado con fuerza la mano de Vicky, por fin tenía esperanzas de que las cosas no fueran tan mal como había esperado. Sebastian sonrió con nerviosismo, esforzándose en respirar. En esos momentos todo dependía de lo que quisieran otras personas, dependía de la decisión del jurado...


Sam y Sebastian llegaron junto a Burt a la casa de los Hummel esa tarde. Los dos estaban serios y Kurt rápidamente se levantó del sillón para llegar hasta ellos. Se tocaba el vientre porque tenía miedo de lo que le iban a decir pero necesitaba saberlo.

Antes de que pudiera preguntar los dos se apartaron para dejar pasar a Blaine. El jurado popular había decidido "creer" la versión de la señora Brown. Sabían que no era cierta pero no querían que el joven fuera a la cárcel por proteger a su hermano cuando era la madre la que debería haber protegido a sus dos hijos. Entendían que el sacrificio era voluntario, que había dado un giro al juicio y que la decisión no era del todo justa porque ella no había hecho nada, pero entendían que la madre se condenara por el bien de los dos menores.

El castaño se abrazó a su pareja, que lo recibió entre sus brazos con amor. Los dos dejaron escapar lágrimas de felicidad, todo había acabado, no tendrían nada de lo que preocuparse. Se besaron con pasión, dejando que esa sensación de tranquilidad volviera a sus cuerpos en forma de caricias. Se quedaron sin aire y los dos juntaron sus frentes, dejándose llevar por la intimidad y cercanía. Estaban rodeados de su familia y amigos, pero ellos no eran conscientes de nada que no fueran ellos dos y su amor.

– ¿Estás libre? – El ojiazul sollozó.

– Soy inocente. Al menos, así lo ha considerado el jurado. – El moreno aclaró. El otro volvió a abrazarlo mientras lloraba de felicidad en el hombro del otro.

– Ahora sólo queda que recuperemos a Cooper...


Blaine se despertó en su cama por primera vez en semanas. Entre sus brazos estaba Kurt, relajado y dormido. Sonrió feliz aunque nervioso. En unas horas un juez decidiría el destino de Cooper. Él quería que su hermano viviera con ellos, ser su tutor legal, cuidarlo como su padre debería haberlo hecho. Esperaba que el juez estuviera de acuerdo y los dos volvieran a estar juntos de nuevo.

El señor Brown estaba en la cárcel a espera de juicio por malos tratos y violaciones. La declaración del menor había conseguido que se juzgara a su padre, sobre todo porque coincidía en muchas cosas con su hermano y la psicóloga había corroborado las secuelas psicológicas que esa situación había producido en el menor.

El castaño se movió un poco y abrió los ojos para ver a su pareja a su lado. Se sentía como si todo hubiera cambiado, como si las cosas fueran más sencillas en ese momento. Y realmente lo había hecho. Ya no tendría que preocuparse de que alguien descubriera el secreto de su amado e, incluso, podrían buscarle ayuda para poder superar todas esas inseguridades que tenía, fruto de años de humillaciones y vejaciones por parte de su progenitor.

– Estas nervioso. – El ojiazul afirmó.

– Quiero que Cooper viva con nosotros. – El moreno comentó.

– No tienes nada de lo que preocuparte. El juez se dará cuenta de que eres lo mejor que le ha podido pasar a Cooper y te dará su custodia. Vamos. – El más alto fue a levatarse pero el otro lo detuvo.

– No vas a venir conmigo. Tienes que descansar, por el bien de las niñas. – El ojimiel lo besó en la frente.

– Estoy más tranquilo, de verdad... – Hummel susurró.

– Yo me encargo de todo. Tú descansa.


Blaine estaba de nuevo frente al juez. Esa vez era el propio Sebastian el que estaba a su lado como abogado. Sí confiaba en llevar lo que él consideraba un caso sencillo y, en contra de lo que el moreno pensaba, así fue. La psicóloga había aconsejado que el ojimiel obtuviera la custodia del menor, además de apoyar su solicitud de cambio de apellido para los dos hermanos. Quería borrar cualquier relación con su padre y la especialista estaba de acuerdo, aclarando que Cooper apenas recordaba apellidarse Brown y que si le preguntaban, seguía diciendo que era Anderson.

Como todas las partes estaban de acuerdo, la custodia fue entregada al ojimiel y los apellidos se cambiaron oficialmente. Todo un remanso de paz para convertir a Blaine Anderson en una de las personas más felices del mundo. Cuando salieron de la sala, la psicóloga se acercó a él.

– Has hecho muy buen trabajo con Cooper, es un chico estupendo. – La mujer comentó. Era una mujer joven, de melena castaña y ojos oscuros.

– Gracias, lo he hecho lo mejor que he podido. – El menor aclaró. Que alguien como ella reconociera su labor educando a su hermano era algo que le animaba. Le mostraba que iba a ser un buen tutor para el menor y un buen padre para sus hijas.

– Lo sé y entiendo el motivo por el que no has llevado a Cooper a un psicólogo pero... Ese temor ha desaparecido, nadie puede separaros ya.

– No había pensado en eso pero tienes razón. ¿Atiendes pacientes en consulta o sólo trabajas para los juicios? – Anderson preguntó.

– Trabajo en una clínica. Te daré mi tarjeta. – La mujer buscó en su bolso y le dio un papel con su número de teléfono. – También deberías buscar uno para ti. No debe haber sido nada fácil. Tal vez alguien te pueda ayudar.

– Yo estoy bien. Tengo todo lo que necesito para ser feliz. El pasado quedó atrás y sé que no va a volver.


Blaine fue a buscar a Kurt para ir los dos a recoger a Cooper. Cuando el castaño vio a su novio entrar solo en su casa, se sintió decepcionado y lo abrazó con fuerza.

– Volveremos a solicitar su custodia pronto. Cuando las niñas nazcan todo será diferente, verán que somos una pareja estable y nos darán su tutela. Lo verás. – El ojiazul lo animó.

– Me la han dado ya. He venido para que los dos vayamos a verlo. No lo viste ayer en el juicio y estará deseando saber como estás y como están las niñas. – El moreno sonrió consiguiendo que su pareja diera un grito y volviera a abrazarse a él.

Los dos salieron de su casa y fueron a recoger al menor de los Anderson. Los empleados de asuntos sociales los acompañaron a una sala que estaba pintada en colores llamativos y que tenía dibujos infantiles en las paredes. Poco después entró Cooper con una mochila al hombro. Nada más verlos, corrió a los brazos de su hermano. Esa vez el abrazo fue más intenso. Hummel no quiso reprimir las lágrimas. Sabía que ese abrazo era muy especial, algo único que ellos compartían. Ese abrazo no estaba lleno de miedo a no volver a verse, estaba lleno de esperanza de un futuro mejor.

– Campeón... ¿Preparado para volver a casa? – El ojimiel comentó con una sonrisa.

– ¡Sí! – El pequeño estaba claramente feliz. Fue hacia Kurt al que también abrazó y luego acarició su vientre como saludo a sus sobrinas, a las que les faltaba muy poco para nacer.

– Entonces... ¿A qué estamos esperando? – El más alto cuestionó con una sonrisa.

Los tres se fueron a su casa, un hogar que pronto recibiría a dos niñas. Iban a formar una familia y no podían pensar en otra cosa. Sabían que la felicidad se aproximaba a su vida y ellos estaban esperándola con esperanza.