CAPÍTULO 27

Al que supo esperar

En dos días, Quinn estaría de vuelta en la ciudad de los sueños. Después de casi dos meses con una buena acogida de su exposición, la rubia volvería a Los Angeles para estar con los que quería. Lo que no esperaba, era que Rachel tres días atrás le comunicara que le haría una nueva visita en París y aprovecharía para volver con ella.

Quinn no lo entendía. Había ido aquel día al aeropuerto a por ella y estaba feliz de volver a tenerla allí, de ver que no se olvidaba de ella, que seguía demostrándole en la distancia que estaba por y para ella. Pero no terminaba de entender que Rachel no pudiera esperar dos días más para verla.

El encuentro en el aeropuerto fue encantador, cualquiera que prestara un poco de atención a la escena sabría que aquello no se trataba del encuentro de dos simples amigas. Un sencillo abrazo hablaba y revelaba mucho. Esa sensación de tranquilidad, de estar en el sitio adecuado, respirar el aroma de la otra escondida en el cuello las llenaba de bienestar. Tenerse cerca, sentirse, tocarse y sonreírse las envolvía en un mundo propio, paralelo a la realidad, lleno de amor.

Pasaron gran parte del día visitando los lugares que más les gustaba de la ciudad aprovechando que Quinn ya no tenía que estar pendiente de sus obras. Después de un día largo, cenaron en el hotel para terminar en la habitación de la rubia, donde Quinn se tomó su preciado vaso de leche con chocolate y Rachel optó por un té antes de dar por terminado el día. Al día siguiente, a media tarde, saldrían rumbo a Los Angeles.

-¿Tienes ganas de volver? – preguntó la morena antes de dar un sorbo a su taza.

-Sí, muchas… ¿Cómo está todo por allí?

-Bien, como siempre. Estas dos últimas semanas he estado en Nueva York, ya sabes, no he tenido mucho contacto con la gente.

-Es verdad, ¿Qué tal tu visita a Nueva York?

-Genial, necesitaba estar entre los rascacielos de nuevo… - dijo con una gran sonrisa.

-La reunión que tenías…me imagino que sería para algo en Broadway…

-Si…

-¿Y? ¿Vuelves a Nueva York? – preguntó con algo de temor, cosa que no costó reconocer a Rachel que haciéndose la interesante dejaba que el silencio se alargara.

-No…por ahora no. ¿Por qué? – preguntó divertida.

-No, por nada… - intentó disimular con una leve sonrisa.

-Me ofrecieron una obra, pero prefiero seguir en Los Angeles, con las películas, los nuevos amigos y con… Bueno, ver lo que va pasando… - dijo al darse cuenta que estaba a punto de nombrarla.

-¿Qué esperas que pase? – preguntó sabiendo a que se refería la morena con aquel último punto que dejó en el aire.

-Espero muchas cosas, no sé si me acabaré llevando un palo, pero mis intenciones son claras, tú… Todas llevan tu nombre… - le aseguró intentando sostenerle la mirada a pesar de la timidez que le provocaba aquella confesión. – Santana y Kurt ya sabían lo que había, antes incluso de yo saberlo, pero resulta que mis padres también lo sabían…

-Me estoy perdiendo… ¿Tus padres?

-Vinieron unos días a Nueva York y… bueno… supongo que estar atenta al móvil para ver si tengo cualquier notificación tuya y hablar de ti continuamente, no dejaba muchas opciones para lo que me pasaba…

-¿En serio? ¿Tus padres saben que entre tú y yo puede…? – dijo dejando la pregunta en el aire al ver a la morena asentir. – Dios, tus padres deben odiarme… - se lamentó.

-Para nada… Cuando pasó lo de mi abuela, me dejaron caer que nuestra amistad no era muy normal y ahora que, bueno, que saben que…me he enamorado de ti…entienden muchas cosas, muchos comportamientos…

-¿Y no te han dicho nada? ¿No te han preguntado desde cuando te gustan las chicas?

-Ha sido un poco extraño, pero igual que para mí… Nunca me había fijado en chicas hasta que te volviste a poner delante de mí… - dijo sonriendo y bajando la mirada, algo que a Quinn le parecía lo más tierno del mundo. – A ellos les basta con que sea feliz, no importa con quien, el amor es el amor y no puedes elegir…

-Ojala hubiera tenido unos padres la mitad de comprensivos que los tuyos…

-¿Tus padres no aceptan que te gusten las chicas?

-Mi padre ni siquiera lo supo, creo, o a lo mejor sí, vería algo en la prensa no lo sé, y mi madre nunca me ha hablado de eso, ha preferido ignorarlo como hace siempre. Cada vez que hablamos me pregunta si ya tengo novio…

-Cada uno es como es, no podemos cambiar la educación que no han dado y los ideales que tenemos, pero estoy segura que tu madre te quiere y solo por eso aceptará todo de ti.

-No se… De todas formas, no sé porque saco el tema de mis padres, no me gusta…

-¿Y de que te gusta hablar? – preguntó sujetando una de sus manos mientras la acariciaba de forma distraída.

-Me gusta hablar de ti…

-¿Ah, sí?

-Si… De lo bien que lo estás haciendo, de lo rápido que me estás convenciendo de que esto que hay es real, que todo lo que llevaba soñando media vida puede hacerse realidad…

-A veces pasa eso, que los sueños se cumplen… Yo soñaba con ganar un Tony y lo he ganado, con triunfar en Broadway y lo he hecho. No podemos dejar nunca de soñar, porque todo puede volverse real…

-¿Cuál es tu sueño ahora? ¿Ganar un Oscar? – preguntó acariciando su mejilla. Aquel contacto continuo de sus pieles era algo que parecía necesario, algo que hacían intuitivamente.

-No, yo ahora solo sueño contigo, para que cuando todos mis sueños se hagan realidad, la persona que esté a mi lado para compartir esos momentos seas tú, igual que yo haré con los tuyos…

El silencio llenó el aire y el ambiente cambió. Las miradas se atravesaban a través de sus ojos y sus alientos se mezclaban al quedar prácticamente unidas, sin apenas separación sin darse cuenta de cómo llegaron a estar tan cerca.

-¿Por qué has venido hasta Francia sabiendo que mañana estaría allí? – preguntó la rubia en un susurro, no queriendo romper esa atmosfera que se había creado, recogiendo un mechón del flequillo de la morena y acomodándolo tras su oreja.

-Porque, a riesgo de sonar tremendamente cursi y pastelosa, algo que llevo siendo desde que me di cuenta que estoy enamorada de ti, cada vez me cuesta más pasar tiempo sin ti… Necesito aprovechar cada segundo de mi tiempo contigo para tenerte cerca, para no dejarte marchar nunca más…No es que me pase el día imaginándote conmigo en mi vida, Quinn... es que no puedo imaginar mi vida sin ti…

Los corazones latían con fuerza extrema, tanta, que incluso daba la sensación que por momentos paraba, sus ojos, cristalinos, llenos de emoción las condenaban a plasmar todos los sentimientos sin llegar a hablar. Rachel lo estaba consiguiendo, estaba llegando al corazón y al alma de Quinn para acabar con las dudas y romper reglas, al igual que la rubia hizo con ella.

-Estoy en un punto, que no quiero otros labios, otros besos, otras miradas ni otros abrazos…Solo te quiero a ti, y no me valen otros "te quiero" si no vienen de ti. Te quiero, Quinn…

Y ahí estaba el toque final, todo lo que necesitaba para volver a sentir los labios de Quinn sobre los suyos, un simple roce que se alargó en el tiempo, haciéndolas temblar por la emoción. Un beso que fue el desencadenante para que otros los siguieran con más intensidad, con más amor y con más pasión, acompañados siempre por sus manos, inquietas por el cuerpo de la otra.

Aquel momento, aquellos besos, aquellas caricias eran diferentes. Allí no había amistad, o al menos no solo era amistad. Ahora la amistad venía acompañada por el amor, por un amor que se prometía infinito mientras la ropa iba desapareciendo con delicadeza, sin prisa y llena de miradas furtivas en el cuerpo.

La cama las dejaba reposar sobre ella, siendo testigo mudo de aquel encuentro que mantenía a Rachel con la boca entre abierta, jadeando mientras sentía la lengua y las manos expertas de Quinn, que temblando por todos los sentimientos que habían hecho explosión en su pecho, subía por el cuerpo de Rachel para volver a unir sus labios, para seguir batallando de forma exquisita con sus lenguas mientras se conectaban, mientras comenzaban un movimiento perfecto que terminaría llevándolas al éxtasis.

-Te quiero… - susurró la rubia en los labios de Rachel, mirándola a los ojos, enamorándose una vez más de aquel chocolate que le devolvía la mirada.

-Te amo… - le contestó la morena volviendo a besarla, agarrando con fuerza las sabanas al igual que hacia Quinn, dejándose llevar ambas por un último gemido que las dejó exhaustas y complacidas, felices, con una sonrisa difícil de describir.

-Esta vez no te vas a ir ¿verdad? – preguntó la rubia, sabiendo que la morena siempre huía después de ese momento.

-No pienso irme nunca… Esto es una promesa de un para siempre… - dijo mientras apoyaba su cabeza en el pecho de la rubia, recibiendo un beso en su cabeza mientras ambas tranquilizaban sus respiraciones.

El silencio volvía a acompañarlas, pero es que era lo que necesitaban. Solo sentirse mientras Rachel se aferraba a la rubia y esta acariciaba su espalda desnuda de arriba abajo.

-Me encanta… No debería haberme perdido esto nunca… - dijo Rachel.

-¿Qué es lo que te encanta?

-Escuchar tu corazón ahora… Está acelerado, pero hay momento en los que se tranquiliza…Me…me relaja si me mantengo concentrada en él…

-Me da vergüenza que escuches mi corazón… - dijo ante la sonrisa de Rachel al mirarla, ganándose un beso en los labios.

-No hay vergüenza para la mujer más guapa del mundo… - dijo haciendo que esta vez la rubia se sonrojara, llenándole de ternura e incredulidad. – No puedo creer que te sonrojes porque te diga esto… Lo has escuchado millones de veces. – dijo riendo.

-¿Y qué? No por eso voy a creérmelo… Y que me lo digas tu no ayuda a que me dé menos vergüenza. – se defendió.

-Deberías creértelo, porque lo eres.

-Para… aquí la única belleza eres tú…

-Que va… Mira mi nariz… - dijo señalándose divertida la nariz, poniéndose bizca.

-Tu nariz no tiene defectos, así que no te metas con ella. – dijo dejando un beso en ella. Rachel contestó con un suspiro y una sonrisa antes de preguntar algo que le había venido a la cabeza, algo importante para ella.

-Quinn…

-Dime.

-Tú y yo… ahora… ¿Qué somos ahora? – preguntó tras un leve tartamudeo que hizo sonreír tiernamente a la rubia.

-¿Qué crees?

-No lo sé… quiero que me lo digas tu…

-¿En serio después de lo que acaba de pasar en esta habitación necesitas que te lo diga? ¿Quieres que vuelva a la adolescencia o al colegio para hacerte una pregunta? – preguntó con una ceja alzada, aquella ceja que Rachel sabía sería su perdición de por vida, al igual que aquella voz tan especial de la rubia y sus ojos, aquel verde lleno de vida.

-¿Qué pregunta sería esa? – preguntó inocentemente, haciendo que Quinn no pudiera evitar reír.

-Vale, quieres esto… Muy bien, si lo quieres ahí va… - dijo tomando aire. – Rachel Barbra Berry, llevo enamorada de ti desde que te vi la primera vez por los pasillos del McKinley y te quiero probablemente desde la primera vez que escuché tu voz. Han pasado muchos años y sigo como el primer día, incluso más enganchada a ti… Ahora que se, que siento y estoy segura de que tu sientes lo mismo, que me quieres… - dijo sonriendo de medio lado. - ¿Quieres ser mi novia, Rachel?

-Es todo lo que puedo pedir… Por supuesto que quiero ser tu novia. – dijo lanzándose a sus labios feliz, provocando una carcajada en Quinn al verse atrapada por el cuerpo y los besos de su recién estrenada novia. - ¿Te acuerdas lo que te dije la última vez que estuve aquí? – le preguntó mirándola unos segundos con una sonrisa, sonrisa que no tardó en poner Quinn al acordarse.

-Todo llega al que supo esperar.


Buenas tardes, solo quería pedir disculpas por tardar más de la cuenta. No era mi intención, pero exámenes, trabajos y un virus de por medio me han complicado un poco lo de escribir.

Por supuesto, gracias por seguir apoyando el fic con vuestros comentarios, tanto por aquí, como en twitter, donde cada vez leo más.

Un beso.