N/A: Muchas gracias por leer y comentar esta historia... Hoy es el último capítulo, he tenido algunas dudas sobre el capítulo y el epílogo pero ya las he solucionado... Dejo los agradecimientos para el epílogo, el cual intentaré subir hoy... (Si no me da tiempo, mañana)... Por cierto, una parte de éste capítulo (el cambio de nombre) responde a una petición... Espero haberla hecho creíble...


CAPÍTULO 25: LIZZY Y ALLY

Blaine se encontraba en la cárcel. Esa vez no estaba allí como preso, había ido a visitar a su madre. Necesitaba saber, necesitaba entender para poder seguir adelante. La puerta de la sala donde estaba se abrió y la mujer entró. El moreno miró como se sentaba al otro lado del cristal y cogió el teléfono para poder hablar con ella.

– No esperaba que vinieras a visitarme. – La señora Brown comentó.

– Quiero hablar contigo, necesito cerrar esta etapa de mi vida. – El menor explicó. Se sentía cohibido, estaba inseguro pero necesitaba entender.

– Tú dirás qué quieres de mí.

– ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué te acusaste a ti para que yo quedara libre? – Los ojos color miel del joven brillaban con intensidad.

– No he sido buena madre, lo sé. Durante años he sido una cobarde, no me atrevía a hacer lo que tú hiciste. Debí haber aceptado la ayuda de mi madre para salir de ese matrimonio, debí divorciarme y empezar una nueva vida con vosotros. Sin embargo, no fui capaz. Veía como os hacía daño pero no podía alejarme de él. ¿Qué iba a ser de nosotros? Yo no tenía trabajo y no podía irme de casa con dos niños sin tener un lugar en el que vivir. – La mujer comenzó a llorar.

– Yo no tenía donde ir, no tenía dinero ni trabajo... Aun así, conseguí salir adelante, a pesar de vuestra denuncia por secuestro... Dormimos una noche en la calle, eso es verdad... Pero después todo estuvo bien. – Anderson explicó con seguridad.

– ¿Llamas estar bien a que tuviste que prostituirte para mantener a tu hermano? – La señora Brown cuestionó con una ceja alzada.

– No me arrepiento de haberlo hecho, lo volvería a hacer.

– No me refiero a que... Blaine, me hubiera gustado que no tuvieras que hacerlo... Me siento culpable. – La mujer estaba a punto de llorar.

– Tú pudiste haber conseguido que eso no pasara. – El moreno no quiso compadecerse de ella, no le encontraba sentido a lo que le decía.

– Lo sé y... Lo siento... Espero que este gesto compense algo de lo que hice. También espero que no me odies...

– Ni Cooper ni yo te odiamos pero tampoco te queremos. No eres nuestra madre y es así como nos sentimos.


Blaine llegó a casa y se sentó junto a su pareja. Kurt lo observaba en silencio, deseando saber qué pasaba por la mente del otro. Comenzó a masajearle los hombros con cariño, necesitaba que se sintiera a gusto. Sabía lo que acababa de hacer y sabía que no había sido fácil.

– ¿Estás bien? – El castaño preguntó.

– Sí... La verdad es que pensé que me afectaría más pero me siento bien... Creo que he cerrado esa etapa de mi vida y siento que no va a volver a hacerme daño. – El moreno explicó mirándole a los ojos.

– Me alegra mucho, amor... Creo que te lo mereces. – El más alto lo besó en los labios. Estuvieron un rato así, aprovechando que Cooper había ido a pasar el día con Finn. Los señores Hummel habían pensado que, después de todo lo pasado y sabiendo lo que tenía pensado en hacer el ojimiel, lo mejor era que la pareja pasara un rato a solas antes de que nazcan las mellizas.

– ¿Qué te parece el nombre de Allison? – Anderson preguntó.

– Es bonito... ¿Por qué lo preguntas? – Kurt acarició a su esposo en el pecho.

– ¿Es tarde para cambiar el nombre de una de las niñas? – Blaine quiso saber.

– No... No tengo nada con sus nombres todavía. ¿Por qué quieres cambiarlo? – El castaño cuestionó.

– Cuando era pequeño, mi abuela me llevaba con ella los meses de verano para que mi padre no pudiera hacerme daño hasta que mi padre me lo prohibió. Ella fue la única persona que me quiso cuando era pequeño... Cuando crecí, fui consciente de que ella había intentado que mi madre se divorciara pero no lo consiguió y que por eso ya no la volví a ver... El nombre de Allison siempre ha estado relacionado a la primogénita de la familia. Mi madre, mi abuela... Hasta ahora no quería seguir la tradición porque no quería recordar a mi madre cada vez que llamara a mi hija pero... Ya no odio más a mi madre y sigo queriendo a mi abuela...

– Entonces... ¿Llamaremos a las niñas Elizabeth y Allison? – El ojiazul preguntó.

– Lizzie y Ally... – El más bajo sonrió complacido por el pensamiento, mientras acariciaba el vientre de su pareja.


Kurt estaba en casa con Cooper. Blaine estaba en la tienda de música y había dejado a Vicky encargada de la boutique, no se sentía con fuerza para trabajar con el vientre tan voluminoso. El niño se portaba muy bien esos días, consciente de que el mayor pronto tendría a las niñas y tenía que descansar. Los dos estaban en el salón. El menor hacía los deberes en la mesa mientras el embarazado veía la televisión. De repente, sintió un dolor en el vientre. Había tenido alguna contracción esos días y el médico había dicho que eran normales. Sin embargo, pronto notó un líquido en sus pantalones. Tardó unos segundos en darse cuenta de qué ocurría.

– Cooper... Llama a tu hermano... Estoy de parto...

El niño hizo lo que le había pedido y diez minutos después llegó Blaine para llevarlo al hospital.


Blaine estaba esperando a que el médico le dijera como había ido la cesárea. Junto a él estaban Burt, Sam, Vicky, Sebastian y Dave. Carole se había quedado cuidando de Cooper y Finn ya que un hospital no era el mejor lugar para dos niños de once años.

El médico se acercó a ellos, confirmando que todo había salido bien y que podían ir a conocer a las niñas mientras Kurt se despertaba de la anestesia.

El moreno temblaba mientras una enfermera lo acompañaba a la sala donde estaban todos los bebés y le indicó dos cunas donde estaban dos niñas preciosas. No eran muy parecidas entre ellas pero las dos eran hermosas. El feliz papá no se atrevía a coger a las dos en brazos, por lo que primero lo hizo con una. Sentir a su pequeña por primera vez era algo indescriptible. Sabía que haría cualquier cosa por esas dos indefensas criaturas que tenía frente a él. Eran sus pequeñas, parte de él. Una lágrima cayó por su mejilla, jamás se había imaginado sentir tanta felicidad. Tenía una familia a la que amar, proteger... Tenía más de lo que jamás hubiera imaginado.


Kurt se despertó en la habitación y con él estaba una enfermera. Le dijo que todavía no le habían permitido a sus acompañantes pasar pero que pronto lo harían. El castaño sonrió, por unos segundos había pensado que todos lo habían abandonado por sus niñas... Sus hijas... Tenía tantas ganas de ver sus caras. Era algo que se había perdido por la anestesia de la cesárea, lo que aumentaba sus ansias.

Escuchó que alguien llamaba a la puerta antes de que se abriera y vio a Blaine con un pequeño bulto envuelto en una manta en sus brazos. Detrás de él, Burt entró llevando un bulto similar. Los ojos azules del joven se abrieron exageradamente ante la expectativa de ver a sus hijas por primera vez.

El moreno puso a su hija a su lado y el castaño se puso a llorar de la emoción.

– Ella es Elizabeth Anderson. – El ojimiel susurró.

– Y ella es Allison Anderson. – El mayor también dejó al bebé sobre la cama, al lado de su hijo.

– Mis niñas... – Kurt lloró de felicidad y su pareja le dio un beso en la frente. La familia ya estaba completa... Al menos, en ese momento...