CAPÍTULO 28
Cariño
Qué bonita y distinta podía ser la vida cuando tienes a la persona adecuada al lado. Eso era justo lo que Rachel y Quinn llevaban pensando tres semanas, tantos días como llevaban juntas a su vuelta de Francia. Todo era calma, confianza, alguna que otra discusión, pasión, comodidad y amor, mucho amor.
La rubia estaba delante de su mejor cuadro, de un lienzo en blanco que podría dibujar día a día junto a Rachel, lo que llevaba soñando años, una relación que parecía ir muy en serio, formal.
Las chicas estaban manteniendo su noviazgo en un perfil bajo, tratando de no ser demasiado obvias en público pero sin esconderse. En ese momento sin estrenos de por medio o algún evento importante, los fotógrafos las dejaban respirar más, por lo que intentaban aprovechar la pequeña ventaja. No querían precipitar acontecimientos y que la prensa agobiara aquel momento de felicidad. Además, no todas las personas cercanas a ellas sabían sobre esta nueva relación.
-Por ahora lo saben Brody, algunos de tus amigos, Kurt y Santana… - iba diciendo Rachel mientras caminaba junto a la rubia por la calle.
-Sí, Santana lo sabe, no hace falta que me lo recuerdes… - cortó el discurso de su novia. - Creo que después de amenazarme con hacerme pedazos si te hacia sufrir no voy a pisar una sala donde esté ella.
-Venga ya… Lo dijo de broma.
-No se llama a alguien en cuanto te informan de algo para gastar una broma así, al menos no Santana, no conmigo.
-Pero si ya estáis mejor, incluso me pregunta por ti cuando hablamos… - dijo consiguiendo sacar una pequeña sonrisa en Quinn.
-Bueno, sigue, ¿Quién más lo sabe? Creo que ya están todos, solo falta Lindsey y en unos minutos va a saberlo.
-Bueno… puede que anoche, hablando con mis padres, me sacaran que estamos juntas… - dejó caer con voz inocente, algo que hizo que la rubia parara sus pasos de forma inmediata.
-¿Me… me estás diciendo que tus padres saben que… que tú y yo estamos juntas, que somos novias? – preguntó algo pálida, viendo asentir a la morena. – Rachel, ¿Por qué se lo cuentas? Quedamos en que esperarías a decírselo. En este momento tus padres deben de estar aterrizando en el aeropuerto dispuestos a hacerme pedazos porque estoy demasiado cerca de su queridísima hija. – dijo haciendo movimientos nerviosos con sus manos mientras Rachel hacía un esfuerzo por no reír.
-¿Quieres dejar de desvariar? Que manía tienes con que todo el mundo quiere hacerte pedazos… La dramática de la pareja soy yo, no tu… - dijo divertida, acercándose a ella para rozar con su dedo el entrecejo de la rubia, borrando aquel fruncimiento de ceño que tenía Quinn. – Se lo he dicho porque son mis padres, no puedo mentirles u ocultarles algo así… Estoy feliz, más de lo normal y me preguntaron qué a que se debía, así que no vi motivo para no decírselo. – dijo posando una de sus manos en su cintura. – Y para que te quedes más tranquila, no quieren matarte o cualquier cosa sádica que pienses, están felices por mí y por ti. Les conté tu eterno enamoramiento hacía mí. – dijo soltando una risita al ver como la rubia se esforzaba en parecer molesta al poner los ojos en blanco, pero una sonrisa torcida la delató. – Estás invitada a ir Lima en unas semanas para acción de gracias con nosotros.
-Oh, no…
-Oh, si… - dijo dándole un rápido beso en su mejilla y tirar de ella para acabar de recorrer la calle que las llevaba a la cafetería de Lindsey.
-Rachel… no quiero ir a Lima.
-Quinn, puedes aprovechar y ver a tu madre, creí que cuando estuvimos allí, las cosas cambiaron.
-Sí, pero no para eso. Son fechas demasiado señaladas.
-Más razón para ir. Llamas a tu madre y se lo propones, seguro que está encantada.
-Me llamó hace unos días para invitarme a pasar esos días allí…
-Eso es genial, Quinn…
-Le dije que no…
-¿Por qué? – preguntó mirándola, atenta a la explicación que podría darle.
-Porque no me gusta mucho la navidad ni los eventos anteriores a ella, como acción de gracias.
-¿Y que las vas a pasar con Brody?
-No creo… Suelo pasar ese día en mi casa, como un día normal… - confesó casi en un susurro, sin mirar a la morena que al escuchar aquello, notó como algo le estrujaba el corazón al imaginarse a su novia sola en un día tan familiar.
-No quiero que este año lo pases sola… Está bien si no quieres ver a tu familia, a tu madre, pero no quiero estar en Lima pensando que tú no estás allí, que estás sola. Lo pasaremos juntas, aquí, en Lima o en Nueva York, tienes tiempo para pensarlo, pero juntas ¿vale? – le pidió con cierta suplica en sus ojos, algo que bajo una barrera en Quinn, haciendo que asintiera mientras mordía su labio inferior y dejara un fugaz y cálido beso en los labios de Rachel.
No tardaron más de dos minutos en llegar a la cafetería, donde saludaron a Lindsey y aunque no lo hacían nunca, se sentaron en una mesa esperando que la mujer les llevara el desayuno.
-Aquí tenéis el desayuno, chicas. – dijo la mujer dejándoles lo que habían pedido.
-Lindsey, no te vayas, siéntate un momento, por favor. – le pidió Quinn sujetando su mano y retirando una silla para que se sentara con ellas en la mesa.
-¿Pasa algo? – preguntó mirándolas a ambas con el ceño fruncido.
-Nada, queremos hablar contigo. – dijo Rachel con una extraña sonrisa.
-Pues hablad ya, que me va a dar algo con tanto misterio. – dijo levantando sus manos.
-Creo que te va a alegrar, vamos a ver…
-Al grano, Quinn, por favor… - pidió la mujer poniendo los ojos en blanco.
-Rachel y yo… estamos juntas, somos… novias… - dijo para después mirarla expectante, al igual que la morena, esperando la reacción de la mujer.
-¿En serio? – preguntó visiblemente emocionada, llevándose las manos a su boca, tapándola con ellas.
-Si, en serio. – confirmó Rachel feliz.
-Qué alegría me acabáis de dar… Que feliz me hacéis… Quinn… - dijo derramando unas lágrimas llenas de cariño mientras se abrazaba a la rubia aun sentadas en sus sillas, bajo la atenta y encantada mirada de la morena. – Ya era hora de que llegara alguien que te hiciera feliz y te quisiera como toca, cariño… - le susurró. – Como me alegro por ti, por las dos… - dijo separándose de la rubia y tendiendo su mano hacia la de Rachel, que con cariño aceptaba el afecto de Lindsey. - ¿Desde cuándo?
-Pues el último día en Francia. – dijo Rachel.
-Vaya… Así de felices y contentas estáis siempre, solo hay que miraros a los ojos para ver como os brillan. – dijo sonriendo al ver a las chicas sonrojarse. – Me tengo que ir, hay clientes. – dijo señalando la barra. – Ahora a cuidaros, a quereros y a tener paciencia la una con la otra. – dijo dejando un beso en la cabeza de cada una antes de marcharse.
-Si hubiera podido elegir, creo que me hubiese encantado tener una madre como Lindsey… - dijo Rachel observando a la mujer atendiendo a sus clientes. – Y me encantaría ser igual con mis hijos.
-Sí, es genial… – dijo mirando a su novia y sonriendo al encontrarse con su mirada, pero Rachel sabía que la rubia ocultaba algo, llevaba un par de días notándola algo extraña, más ausente de lo normal. - ¿Qué tal fue ayer la reunión con tu agente? – preguntó antes de que la morena pudiera cuestionarla, dejando su zumo de naranja recién exprimido encima de la mesa.
-Ah, sabía que se me olvidaba algo. No te lo vas a creer… - empezó la morena, olvidando por un momento el hilo de sus pensamientos. – Cuando terminamos de ponernos al día con la agenda, le conté lo nuestro tal y como me dijiste. – le explicaba, viendo asentir a la rubia que la escuchaba atenta al aconsejarle que mantuviera al tanto a su equipo de la relación. Sabía que aquellas cosas eran importantes compartirlas con los agentes, ya que eran los que controlarían a la prensa cuando las cosas salieran a la luz. - ¿Y sabes lo que me dijo, lo que me propuso? ¡Un montaje, Quinn, un montaje! Que fingiera un romance con un actor. – dijo poniendo el grito en el cielo, frunciendo el ceño.
-¿Y tú que dijiste?
-¿Cómo que qué dije? Que no, que no me insultara, que como me propusiera algo así otra vez dejaba de trabajar con él. ¿Cómo se le ocurre? Nunca me he avergonzado de quien soy y ahora que estoy feliz, completa por primera vez en mi vida, no pienso esconderme.
-Te has propuesto matarme de amor con este discurso, ¿verdad, Berry? – dijo con una sonrisa orgullosa, acercándose a ella. – Te has propuesto que no pueda vivir sin ti…
-De la misma forma que yo no puedo hacerlo sin ti… Solo intento tener todo controlado… - dijo con una sonrisa divertida, recibiendo un tímido beso en los labios de su chica al estar en un sitio público y donde había algunas personas. - ¿Tú se lo has dicho al tuyo?
-Sí, pero nada de montajes ni cosas raras. Incluso diría que se alegró, me dijo "espero que al menos a partir de ahora te saquen solo con Rachel y no con una chica distinta cada semana" – imitó a su agente con voz grave.
-Yo también espero que solo te saquen única y exclusivamente conmigo, si no ya puedes correr, porque la que te hará pedazos seré yo misma… - le amenazó señalándola con un dedo mientras reprimía una risita, algo que Quinn no pudo evitar mientras cogía su dedo y le daba un pequeño mordisco.
Mientras terminaban su desayuno, iban comentando sus próximos proyectos, la película que empezaba a rodar Rachel y las distintas reuniones de la rubia para conocer distintas propuestas. Pero llegó un momento en que solo hablaba Rachel. Quinn ya había abandonado el mundo terrenal para meterse de lleno en ese espacio tan suyo, su mente.
-Quinn…
-Dime… - dijo reaccionando.
-¿Qué pasa?
-Nada, lo siento, siempre me pasa y no controlo cuando me meto en mi mundo.
-No me molesta, ya lo sabes, adoro verte tan concentrada, tan metida en lo que sea que pasa por tu cabeza. Pero llevas unos días algo rara, preocupada con algo y no sé qué es…
-¿Qué? No, para nada. – dijo negando con la cabeza. – Son imaginaciones tuyas.
-Quinn…
-En serio, Rachel, no es nada, son las tonterías sin importancia que pienso siempre. Dime, ¿qué me estabas diciendo? – Rachel no pudo hacer otra cosa más que suspirar y dar tiempo a su novia. Sabía que cuando estuviera lista, le contaría que pasaba.
-Que hoy ceno en casa de Margaret. Vienen algunos de los chicos y me gustaría que vinieras para contarles las novedades.
-No creo que vaya…
-¿Por qué?
-Porque son tus amigos, Rach, tú no viniste conmigo a decírselo a los míos.
-Porque estaba trabajando y tú te adelantaste, no es mi culpa.
-Rachel…
-Venga… Es solo un ratito, yo mañana madrugo, ni siquiera te va a dar tiempo a aburrirte… - dijo poniéndole ojitos, inclinando su labio inferior hacia abajo, sabiendo que la rubia no se resistía a aquel gesto.
-Está bien… Pero no vuelvas a poner esa cara nunca, no te creas que no me doy cuenta que haces conmigo lo que quieres cuando la pones. – se quejó cruzándose de brazos. Rachel solo rio victoriosa, acabándose de un bocado su tostada y haciendo un pequeño baile con su cuerpo en la silla que hizo reír a Quinn.
Después de aquel desayuno tuvieron que separarse hasta la noche. Distintos compromisos y reuniones hacían que algunos días no pudieran estar más de una hora juntas, incluso ni siquiera se veían. Ese fue uno de los motivos por los que Quinn aceptó ir con Rachel a casa de Margaret. Pasar cualquier tiempo libre con ella era reconfortante.
Cuando llegaron a casa de Margaret juntas y con sus manos unidas, hubo poco que decir en cuanto a su relación. Todos las felicitaron, algunos más sorprendidos que otros por la noticia, incluso Barney estaba allí y se acercó a saludarlas. Algo incómodo, para los tres, muy incómodo para Quinn, que no pudo evitar que su mente le llevara al momento en que lo descubrió en casa de su ahora novia.
El chico parecía estar bien, sin mostrarse afectado por ese noviazgo, pero Quinn no dejó de estar tensa toda la noche, sobre todo cuando Barney se acercaba a comentarle algo que parecía ser lo más interesante del mundo a Rachel.
La morena estaba pendiente de Quinn en todo momento, pero sabía que en cuanto vio a Barney la tranquilidad de la rubia se había esfumado y no se sentía cómoda estando en la misma casa que el chico.
No alargó la estancia allí. En cuanto vio la oportunidad se despidió de todos con la excusa de tener que madrugar y salió de allí junto a Quinn, la cual, conducía en silencio mientras la acercaba a su casa. Cuando detuvo el coche en la puerta y la miró, Rachel se pronunció.
-¿Vas a decirme ahora que te preocupa, aparte de haber visto a Barney?
-Barney no me preocupa. – dijo de forma orgullosa. Venga, era Quinn Fabray, aquel chico no le rozaba ni los talones.
-Bien, porque está en el grupo de amigos y yo no puedo hacer nada, pero has visto que no pasa nada, que está todo tranquilo y normal entre nosotros.
-Ya te he dicho que me da igual, Barney.
-Entonces, ¿Por qué esa tensión toda la noche?
-Porque… Argh, porque no quiero perderte… - dijo frustrada. – Porque lo he visto y me he acordado del día que estaba en tu casa y no me gusta, me da terror perderte, no… no darte lo que puedas necesitar.
-Quinn… - dijo cogiendo su rostro entre sus manos para que la mirara. – No vas a perderme, lo sabes… ¿Por qué piensas eso? Solo te necesito a ti…
-Ahora, pero más adelante…
-Más adelante, ¿Qué?
-Querrás una familia y yo… yo no podré dártela… - dijo con un hilo de voz.
-¿Qué? ¿En serio estás pensando en eso ahora? ¿Has estado así estos días pensando en esto? – preguntó incrédula. Quinn asintió débilmente con su cabeza.
-Sé que estoy pensando demasiado, que acabamos de empezar y… quien sabe lo que puede pasar de aquí a mañana, pero si esto sigue, y es lo que más deseo, y pasan los años y estamos juntas… tú querrás niños Rachel, esta misma mañana lo has dicho y yo… yo no puedo, no quiero…
-Ya me advertiste una vez…
-Ni siquiera estábamos juntas… Y cuando te lo dije, me contestaste que esa decisión era injusta para mi pareja. Yo no quiero ser injusta contigo, ni que llegue un momento que seas infeliz a mi lado.
-Quinn, para… Mírame. – le pidió. – No te precipites… Acabamos de empezar, tú lo has dicho y al igual que tú, lo que más deseo es que esto funcione, que sea para siempre. No tienes que preocuparte ahora por lo que puede pasar en unos años… Cuando llegue el momento, lo hablaremos y te convenceré. – bromeó, intentando sacar una sonrisa en su novia.
-Rachel…
-Quinn, no te vayas a pensar tan lejos. Estamos felices, aquí, ahora. Es a mí a la que le gusta tener todo planificado, tu solo tienes que dedicarte a disfrutar a mi lado. Si llegamos a ese día, todo saldrá bien, porque por encima de todo nos queremos y seremos fuertes la una por la otra para ponernos de acuerdo en lo que tenga que ser, cariño… - dijo viendo como de repente, una gran sonrisa convertía el rostro preocupado de su novia en felicidad y adoración absoluta. - ¿Por qué sonríes de esa manera?
-Porque te quiero. Con locura… Y porque me acabas de llamar cariño… - dijo mordiéndose el labio inferior mientras enarcaba su característica ceja.
Era cierto. Acababa de decirse cariño y aquel era el primer apelativo cariñoso que utilizaban la una con la otra. Hasta ese momento, todo había sido Rachel y Quinn.
-Yo… yo no he dicho eso…
-Si…sí que lo has dicho y… me encanta… No puede sonar mejor viniendo de ti… - dijo robándole un beso. – Llevo un tiempo intentando encontrar la manera de llamarte de forma cariñosa sin que te pudiera molestar y vienes tú y lo haces tan fácil…
-¿Y porque me iba a molestar?
-No lo sé, ahora lo veo una estupidez. – dijo encogiéndose de hombros mientras reía.
-Estas fatal, Fabray…
-Lo sé, mi amor, lo sé… - dijo riéndose contra sus labios, alargando un beso que se hacía necesario para las dos, llenando el coche de te quieros, de besos y susurros apasionados.
