N/A: Muchas gracias por leer y comentar esta historia... Ha habido momentos que no sabía si el fic perdería interés... Algunos sabéis la polémica que ha habido en Wattpad y que estuvo a punto de acortar la historia... Por suerte, decidí que yo iba a seguir escribiendo y así lo haré... Éste no es el último fic Klaine que hago, aunque a partir de ahora, en Wattpad, ninguno de mis fics se etiquetará como Klaine. Los que habéis llegado hasta aquí, sabéis como escribo y me conocéis lo suficiente así que, si decidís leer mis fics etiquetados como "fics de Blaine" sabéis lo que vais a leer... No, yo no soy Klainer, pero no por eso estoy incapacitada para escribir Klaine... No sé si esa persona habrá seguido leyendo la historia. Si es así, sinceramente, no lo entiendo. En ningún momento quise que alguien se sintiera mal por ser Klainer y leer mi historia, no quise que nadie pensara que era mala Klainer por leer mi fic.

De todos modos, a partir de ahora todas mis historias llevaran muchas advertencias y espero que quien las lea sepa qué le espera...

Aun así, os agradezco a todos que hayais leído esta historia, de verdad que me encanta escribir a Klaine porque me gusta recordar esa pareja que en su momento me enamoró... Porque yo fui Klainer. Espero que la historia haya sido del agrado de los Klainers y que no haya quedado nada desagradable o con una mala sensación...

Espero que os guste el epílogo... ¡Y espero vuestros comentarios!

Manu, muchas gracias. Todo se ha solucionado... Como en todos mis fics... Las cosas pueden parecer imposibles de arreglar pero siempre tengo algo planeado... Por petición popular (no eres el único que me lo ha pedido) tendrás una última escena de pasión entre los chicos... Espero que te guste... Besos


EPÍLOGO

Los meses pasaron entre biberones, pañales, papillas y llantos. Sin embargo, eso no enturbiaba su felicidad. La pareja estaba planeando sus primeras vacaciones. Iban a ir a la playa, siguiendo la idea original que Sam había tenido meses atrás pero que no pudieron llevar a cabo por el embarazo de Kurt. Al final iban los cinco junto a Finn, al rubio y su novia Vicky, Sebastian y Dave.

Las niñas eran una mezcla de sus padres y muy diferentes entre ellas. Lizzie era morena con el pelo liso, con los ojos azules pero con la forma de los de Blaine y unas adorables pecas en las mejillas. Ally lucía su melena rizada castaña sujetada con dos horquillas para que no le molestase en los ojos color miel idénticos a los de Anderson. Las dos llevaban vestidos blancos con flores rojas idénticos, dejando que eso fuera la única cosa que tuvieran en común.

Cooper había estado en casa de los Hummel con sus amigos y Carole lo llevó a su casa después de cenar. El castaño notó al niño algo raro pero no dijo nada porque esperaba que fuera él quien se sincerase con uno de ellos.

Blaine había tenido que quedarse porque el camión que le llevaba un piano que habían encargado se había retrasado y estaba en la tienda esperándolo. Por eso los dos estaban solos.

Cuando el moreno llegó, los dos notaron la frialdad con la que lo recibió el menor. Las niñas estaban gateando en el suelo con sus juguetes.

– ¿Va todo bien? – El ojimiel le preguntó a su hermano.

– ¡Sé a lo que te dedicabas! – El pequeño gritó.

– ¿Qué? – Los dos adultos lo miraban asombrados.

– No sabía lo que papá te hacía y Puck ha estado buscando lo que era. Lo he descubierto y no me ha gustado pero... Mientras navegaba en Internet encontró a Hot Prince y White Chocolate... ¿Te suenan? – El menor estaba enfadado.

– Coop, yo... – El mayor de los Anderson intentó explicarse.

– ¡Te odio!

El pequeño salió de la casa y se fue corriendo. Blaine no se movía, no sabía qué contarle a su hermano para que lo entendiera.

– Hablo yo con él, quédate con las niñas. – Kurt indicó mientras salía.

El castaño sabía donde estaría Cooper, por lo que fue directamente a casa de sus padres. Carole le abrió la puerta y señaló hacia arriba, indicando que el menor estaba en la habitación de Finn.

El ojiazul llamó a la puerta con suavidad y esperó a que su hermano le diera permiso para entrar. Anderson estaba en la cama de su mejor amigo llorando mientras el otro niño intentaba consolarlo.

– Finn... ¿Puedes dejarme hablar con Cooper? – El mayor preguntó y el otro asintió antes de salir.

– ¿A ti no te importa? ¿Sabías a lo que se dedicaba mi hermano y aun así estás con él? – El niño no entendía.

– Lo sabía... Lo conocí mientras él trabajaba... Sebastian lo contrató para mi despedida de soltero. – Hummel pensó que lo mejor era sincerarse totalmente. – Y no, no me importa. Blaine es mucho más que eso.

– Pero lo que hizo...

– Lo hizo porque no tenía otra alternativa. Blaine no encontró otro trabajo y tú tenías que estudiar, necesitabas un lugar donde dormir, comer...

– ¿Lo hizo por mí? – El menor se limpió las lágrimas.

– No es tu culpa... Fueron las circunstancias... Pero sí, lo hizo por ti... Haría cualquier cosa por ti... No fue nada fácil y a día de hoy sigue teniendo muchos problemas por lo que tu padre le hizo y por lo que sufrió en ese lugar... En cuanto yo le ofrecí otro trabajo, lo dejó, aunque siempre pensó que te perdería cuando te enteraras de lo que hacía antes. Y quiero que sepas que los hombres y mujeres que se dedican a eso son personas y tienen sentimientos. Merecen respeto.

– ¿Y Sam? Siempre pensé que era bueno...

– ¡Y es bueno! Muchas de las personas que allí trabajaban son buenas... No son malas porque trabajen allí... Y Sam lo hizo porque sus padres no tenían trabajo y tenía que ayudar a sus hermanos...

– Siento lo que he hecho...

– A mí no me tienes que pedir perdón.


Cooper entró en su casa y vio a su hermano llorando en silencio en el sillón mientras vigilaba a las mellizas que jugaban ajenas a todo, tan distraídas con sus juguetes que no habían visto las lágrimas. El niño corrió hasta los brazos del mayor de los Anderson.

– Lo siento... Kurt me lo ha explicado... Lo siento...

Blaine apretó más fuerte al pequeño, no estaba dispuesto a soltarlo por si cambiaba de idea y pensaba que no era merecedor de su cariño nunca más.


Blaine agarró la cintura de Kurt en cuanto los dos estuvieron a solas en la habitación. El castaño cerró la puerta con llave para evitar que Cooper entrara sin avisar. Las manos del moreno pronto se situaron en el trasero del otro mientras se besaban con pasión. La ropa fue cayendo al suelo mientras los dos se acercaban a su cama, donde cayeron llevando sólo su ropa interior. En esos momentos, el ojimiel le encontraba utilidad a todo lo que había aprendido en su época de gigoló. Le encantaba enloquecer a su pareja con sus masajes, sus caricias...

El castaño gemía bajo las atentas manos de su novio. El sexo siempre había sido muy placentero cuando estaba con el amor de su vida. Tan diferente a sus relaciones con Adam... Los labios del más bajo estaban en su cuello mientras las manos exploraban la piel que quedaba cubierta por la tela del calzoncillo.

El ojiazul retiró la ropa que le quedaba a su pareja y empezó a masturbarlo. Se preocupaba siempre de que su pareja disfrutara de sus encuentros, quería que fuera muy diferente a como se había sentido en su trabajo anterior. Los dos debían disfrutar.

Blaine cogió un preservativo y el lubricante y puso algo del gel en sus dedos. Introdujo uno de sus dedos en su amado y lo movió con rapidez. Kurt gimió de placer, totalmente perdido en las sensaciones tan fuertes que le producía el otro. Un segundo y tercer dedo se introdujo en él y ya no pudo más. Se agarró con fuerza a los hombros de su pareja, clavándole las uñas.

Cuando estuvo preparado, el moreno se puso el preservativo y más lubricante antes de introducir su miembro en el otro completamente. Los dos gimieron el nombre del otro, aunque no se permitieron hacerlo en volumen muy alto porque no querían que Cooper o las niñas los escuchasen.

Las embestidas comenzaron de manera suave, pero poco a poco aumentaban de ritmo. Las manos recorrían la piel ajena buscando un lugar sin descubrir, los labios se amoldaban a los del otro de una manera perfecta, las lenguas se movían juntas en una danza lenta y llena de amor.

Los dos llegaron al orgasmo a la vez, rendidos ante la pasión que los había envuelto durante esos momentos. Blaine se quitó el preservativo y lo tiró a la papelera. Luego cogió unas toallitas y limpió los restos de semen. Luego buscó sus calzoncillos y unas camisetas viejas para que si venían Cooper o las niñas no los descubrieran desnudos.

– Gracias por todo lo que has hecho por mí. Te amo. – Dijo el ojimiel cuando los dos estaban preparados.

– Yo también te amo.

Los dos se durmieron abrazados, sabiendo que su futuro estaba frente a ellos. Les había costado llegar hasta donde estaban pero el camino había merecido la pena. Porque sólo cuando se ha sufrido se valora la felicidad.