CAPÍTULO 29
Suegra
Ya estaban montadas en el avión destino Lima, Ohio. Quinn no tardó en ceder a la idea de pasar Acción de Gracias allí. Lo hizo por Rachel, que sabía que le hacía ilusión que formalizara la relación delante de sus padres aunque no lo hubiera dicho, ni siquiera presionó para que eligiera donde pasar el día. Y lo hizo por ella misma. No podía negar que después de tantos años le gustara la idea de pasar con su madre el día, aprovechar para charlar, para normalizar y dejar atrás la tensión del pasado. No iba a dejar que su madre pasara Acción de Gracias sola.
Era bien temprano para poder llegar a sus casas por la tarde, justo para ayudar a preparar la cena y pasar esa noche con sus familias. Acomodadas en primera clase para no llamar mucho la atención en un avión que iba repleto de gente, las chicas dormitaban la una junto a la otra debajo de una manta que había pedido Rachel a una azafata.
Cuando Quinn abrió los ojos, había pasado una hora desde el despegue. Sonrió al ver a la morena sobre su hombro, dejando un beso en su cabeza mientras acariciaba su brazo suavemente de arriba abajo. Ya no se molestaban en seguir conteniéndose en público. Una revista había sacado a la luz su romance, o al menos, su rara amistad, tal y como anunciaron en la portada, donde una sonriente Quinn, sujetaba la cara de su novia entre sus manos mientras la besaba.
Eso había pasado tres días atrás y las televisiones y revistas lo habían anunciado a bombo y platillo, teniendo que soportar las chicas algún seguimiento más exhaustivo por parte de la prensa. Los ignoraban, como si no los vieran o escucharan, conscientes de que llegaría un día en el que tendrían que dar una especie de confirmación de su relación para que dejaran de especular. Pero mientras tanto, ellas eran felices, ajenas a lo que la gente dijera o comentaba.
Pasado un rato, Quinn sabía que Rachel había despertado, la conocía, pero la morena parecía haber decidido que su hombro y el silencio eran bastante cómodos. Ella ya estaba aburrida, así que subió y bajó su hombro para que Rachel reaccionara, pero esta solo sonrió divertida. La rubia también sonrió, en silencio, mientras su mano derecha pasaba a acariciar la rodilla de Rachel.
Su intención era totalmente inocente, apretarle la rodilla para que dejara su hombro, pero no lo hizo al ver como la morena se tensaba y apartaba su cabeza para mirarla contrariada. En ese instante, la imaginación de Quinn voló, formando un camino de hormigas que empezaba en su estómago e iniciaba un camino descendente.
Ignoró la mirada de Rachel y dejó posada la mano allí, esperando a que la morena se relajara. Cuando lo hizo, una sonrisa demoledora asomó por su rostro, mientras su mano, bien sujeta a la pierna de Rachel, ascendía por sus muslos con un toque casi imperceptible sobre los vaqueros. Pero Rachel se había dado cuenta y aquel recorrido que paró justo en su centro con Quinn haciendo presión en esa zona, dejó a la morena sin saliva y con un dolor de cuello importante al girar su cabeza de forma brusca hacia Quinn.
-¿Qué haces? – preguntó en un jadeo.
-Nada…
-Nada no es lo que… Joder, Quinn… - se quejó en un susurro mientras cerraba los ojos con fuerza ante la oleada de escalofríos y espasmos que se adueñaban de su barriga al sentir la mano de la rubia acariciándola.
-¿Qué pasa? – preguntó acercando su boca a la de su novia con total inocencia, sonriendo al ver a Rachel debatiéndose entre hacer lo más sensato y frenarla o dejar que siguiera con aquella dulce locura.
-¿Necesitan algo señoritas? – preguntó una azafata acercándose a ellas para atenderlas, haciendo que Rachel se pusiera todavía más nerviosa.
-No, gracias, estamos bien. – dijo Quinn con una sonrisa de agradecimiento para quitársela de encima, pero las cosas no se quedaron ahí.
-¿Se encuentra bien señorita? – le preguntó algo preocupada a Rachel. – Está usted algo acalorada y sofocada. - Ante este comentario, los colores de la morena aumentaron y tras unos segundos mirando a la azafata mientras abría y cerraba la boca sin saber que decir, finalmente Rachel pasó por encima de Quinn y salió por el pasillo hasta el baño.
-Perdone, es que se marea en los aviones… - dijo la rubia ante la mirada de la chica.
-Oh, si quiere puedo ir a ayudarla…
-No, no se preocupe. – dijo poniéndose en pie, deteniéndola. – Me acercaré yo, solo necesita que le dé un poco de aire en la cara y en un rato estará bien. – dijo pidiendo permiso a la azafata para poder ir hasta Rachel.
-Pues vaya, parecía estar pasándolo mal.
-No lo sabe usted bien… - dijo Quinn ocultando la sonrisa, sabiendo que Rachel había huido por sentirse demasiado bien.
-Rachel, abre… - pidió dando unos toquecitos en la puerta.
-¿Qué? Vete de aquí, Quinn.
-Estoy preocupada por tu mareo, cariño y me están mirando algunos esperando a ver qué pasa, así que abre antes de que salgamos en la prensa. - A los pocos segundos, la puerta se abría y Rachel asomaba la cabeza por la puerta.
-Desde aquí no nos ve nadie, Quinn. – dijo enfadada. – Y además, yo no estoy ma… - no pudo terminar la frase. La rubia empujaba su cuerpo contra el suyo y las encerraba a ambas en aquel cubículo donde apenas cabían. – Quinn, déjate de tonterías.
-No estoy tonteando. – dijo buscando su boca y encontrándola después de que Rachel esquivara algunos besos. – Creo que te estaba gustando lo que estaba pasando bajo la manta.
-No me gusta para nada y esto que estás haciendo tampoco. Para, Quinn. – dijo sujetando las manos de la rubia que ya abarcaban su cuerpo.
-No. – dijo recorriendo su cuello con su lengua, sintiendo las piernas de la morena temblar.
-Esto está mal… Esto debe ser ilegal en la mitad de los estados.
-Tener sexo en el avión no es ilegal, solo una experiencia que no vamos a olvidar nunca si no hacemos mucho ruido.
-No, no y no. – dijo volviendo a intentar soltarse del agarre de Quinn.
-Sí. – dijo empotrándola contra la puerta, ignorando el quejido de la morena y centrándose en el leve gemido que acababa de soltar. – Sí. – dijo esta vez cubriendo con sus manos sus pechos, mientras dejaba que su cadera presionara la de Rachel. – Y sí.
No sabía si Rachel tenía algo que decir o no, en todo caso no la dejó. Invadió su boca con la suya y recorrió con su lengua cada porción de ella, dejando un mordisco en su labio inferior, pasando a recorrer con su lengua la poca piel que tenía expuesta Rachel.
Después de acariciar con una mano su centro y acariciar con la otra, la que había metido por debajo de su camiseta, uno de sus pechos, Quinn se separó de ella, agachándose mientras no apartaba su mirada de sus ojos, viendo como ambas jadeaban en un intento de relajar su respiración.
El vaquero se interponía entre ellas, pero no por mucho tiempo. Un botón. Otro. Besos desde su ombligo hasta descender donde quería, tirando hacía abajo con sus manos los vaqueros y la ropa interior de Rachel.
-Esto va a ser rápido y no puedes gritar o hacer un ruido más alto que mi susurro. – le advirtió con una mirada que junto a su voz ronca, logró excitar más de lo que estaba a la morena.
En cuanto la lengua de Quinn hizo contacto con su parte más íntima, Rachel se vio perdida, incapaz de controlarse ante aquella sensación siempre tan poderosa. Mordiéndose la lengua y su propio labio, la morena acogía de buen agrado cada recorrido que la lengua y los dientes de Quinn hacían ahí abajo. No entendía que pasaba, pero se sorprendió al ver que en cuestión de minutos, estaba muy cerca de tocar el cielo. Y nunca mejor dicho.
En el último momento, los dedos de Quinn ayudaron a la tarea, aprovechando para que ellos trabajaran y ella se levantara para atrapar los labios de Rachel con los suyos, consciente de que en cuestión de segundos, la mujer más perfecta que conocía llegaría al orgasmo gracias a ella.
La adrenalina de no ser descubiertas, el morbo que inconscientemente les provocaba y una magistral Quinn, dejaron cada terminación nerviosa de Rachel temblando cuando logró alcanzar el clímax. Una sonrisa triunfante se dibujó en el rostro de Quinn mientras rozaba los labios de Rachel en un beso dulce.
Cuando unos minutos después ambas salían lo más dignas que podían del cuarto de baño tras que Rachel consiguiera en otro tiempo record que la rubia tuviera su orgasmo y arreglaran sus ropas y su pelo, la azafata las paró dejándolas blancas por lo que pudiera decirles.
-¿Está usted mejor? – preguntó la azafata a Rachel, que tras dar dejar salir el aire de su cuerpo con un suspiro lleno de alivio le contestó.
-Sí, mucho mejor…
-Solo necesitaba mojarse la cara. – añadió Quinn.
-Pues aún sigue sofocada… Si necesita algo me avisa.
-Muchas gracias, muy amable. – dijo la morena despidiéndose de la chica, alcanzando su asiento y acomodándose en él. Tras unos minutos mirando al frente, se puso las manos en la cara.
-Dios, creía que nos había pillado.
-Yo también, pero nos ha debido tocar la azafata más inocente del mundo. – dijo riéndose.
-No te rías, que no tiene gracia. – dijo dándole un golpe en el hombro.
-No te hagas la niña buena que has disfrutado igual que yo, no disimules la sonrisa. – dijo pellizcando débilmente su mejilla, haciendo que Rachel no pudiera evitar dejar su pose de molesta.
-Joder, Quinn, ha sido genial, pero no vuelvas a hacerme esto en tu vida porque no sobrevivo… - le pidió uniéndose a la risa de la rubia, que besando su mejilla la tranquilizaba.
-Ya está, ya sabemos cómo es y lo incómodo. Hasta dentro de unos años, no volvemos a hacerlo. – bromeó, riéndose ante la cara de circunstancia de la morena.
Pasadas las horas, ya en tierra firme, las dos se dirigían a Lima en un coche conducido por Rachel. La primera parada sería la casa de Quinn. La morena la dejaría allí y se iría a su casa. Quinn estaba algo nerviosa. Seguía sin gustarle la idea de estar allí, pero su madre y la familia de Rachel estaban en Lima, por lo que sus viajes serían más continuados a partir de ahora y debía acostumbrarse a esa sensación de vuelta al pasado.
-¿Quieres pasar? – preguntó Quinn una vez aparcadas en la puerta de su casa.
-¿Yo? Eh… No tenía pensado hacerlo… - contestó algo asustada.
-A saludar a mi madre…
-No… no conozco a tu madre, creo que solo la he visto una vez en mi vida…
-Bueno, así te presento a tu suegra. – dijo sonriendo de medio lado.
-Uff, mi suegra… - dijo resoplando, tomando fuerza para aceptar. - ¿Sabe mi suegra que estamos juntas?
-Eh, no. – dijo torciendo el gesto. – La verdad es que no he hablado con mi madre de esto, bueno, de nada de mi vida sentimental.
-¿No sabe que te gustan las chicas?
-No de mi boca. Ella no ha preguntado y yo no se lo he dicho…
-¿Y pretendes que entre ahí? – dijo señalando la casa. – Tú estás loca…
-Venga, por favor, hazlo por mí, quiero que conozcas a mi madre. Además, a mi mañana me toca comer con tus padres y mi madre tiene que haber visto la prensa, sabrá que no solo somos amigas.
-Ay, Quinn… Creo que hubiera sido mejor quedarnos en Los Angeles… ¿Por qué me haces esto si sabes que no voy a negártelo? – preguntó frustrada.
-¿Eso quiere decir que vas a entrar? – dijo con una gran sonrisa.
-Si… - dijo cruzándose de brazos, pero sin poder evitar sonreír al recibir un beso de su novia, que ya abría la puerta para bajar del coche.
Nerviosa, Rachel andaba detrás de su novia, que con un beso en la mejilla la tranquilizó.
-No te preocupes, no voy a decir nada y ella no dirá nada, puedes respirar un poco. – dijo divertida mientras tocaba el timbre. No dio tiempo a más, la puerta se abrió en seguida, dejando ver a Judy Fabray tras ella.
-Hija, te estaba esperando, no me dijiste a qué hora llegabas. – dijo la mujer abrazando a Quinn, que con algo de torpeza devolvía el gesto. Habían sido años de total frialdad por parte de la rubia hacia su madre, bajar las barreras había sido un paso adelante que sin saberlo necesitaba.
-Te dije que llegaría por la tarde… - dijo separándose de ella con una sonrisa tras recibir un beso.
-La tarde es muy larga, Quinn. – se quejó la mujer, que en ese momento parecía percatarse por primera vez de la presencia de Rachel.
-Mamá, ella es Rachel Berry, creo que la viste alguna vez… - dijo acercando a la morena suavemente por la espalda.
-Sí, claro, se quién es. – dijo con una sonrisa que a la morena le pareció algo forzada.
-Ha venido a pasar Acción de Gracias con sus padres, se ha pasado a saludar.
-¿Cómo está señora Fabray? – preguntó con una tímida sonrisa. Normalmente, Rachel no tenía problemas de timidez, pero estaba delante de Judy Fabray, la cual imponía más de lo que recordaba, sobre todo ahora que sabía que era su suegra. No sabía si darle un abrazo, un beso o qué, pero Judy tardó poco en sacarla de dudas en cuanto estiró su mano hacia ella.
-Muy bien, Rachel, ¿Qué tal todo? – dijo educadamente, estrechando la mano de la morena.
-Genial, no me quejo.
Tras eso un silencio algo incómodo se hizo dueño de la sala con algunas miradas de reojo entre Quinn y Rachel. Cuando esta última estaba a punto de salir corriendo, Judy volvió a hablar para relajar el ambiente.
-Pasad al salón un rato, estaremos más cómodas.
Sin hacer esperar a la mujer, las tres se dirigieron a la sala donde tomaron asiento en los sofás.
-Qué bueno tener a dos estrellas de Hollywood de vuelta en Lima. – dijo Judy un poco más relajada, sin esa tensión que parecía haberla invadido al ver a Rachel.
-Bueno, la estrella en Hollywood es su hija, yo solo lo intento. – dijo sonriendo.
-Por lo que veo y escucho vas por buen camino después de triunfar en Broadway. Aquí todo el mundo daba por hecho que lo harías con tu talento.
-Muchas gracias, señora. – dijo sonriendo orgullosa, logrando sacar una igual en Quinn.
-¿Y qué tal los novios? ¿Tenéis ya al chico de vuestros sueños en Los Angeles?
-Mamá… - advirtió Quinn incomoda, viendo como la morena miraba hacia otro lado.
-Cuéntamelo tu Rachel, porque Quinn no cuenta nada.
-Tampoco preguntas…
-Bueno, lo estoy haciendo ahora, ¿vas a traer algún día algún novio? – preguntó mirando a su hija fijamente, lo que a Quinn le pareció un desafío.
-Que yo sepa no tiene no…
-¿Por qué preguntas ahora esto? – cortó la rubia la respuesta de Rachel a la defensiva.
-¿Qué tiene de malo? – preguntó la mujer sin perder la calma.
-Pues que… - Quinn pensó un momento si seguir o no. Finalmente decidió enfrentarse a su madre. – Lees la prensa, sabes que no voy a traer nunca un chico aquí.
-Traerás una chica…
-Sí. – dijo segura, sin apartar la mirada de su madre. – Y probablemente tampoco pueda hacerlo, porque se la forma en la que piensas, que no aceptas lo que soy.
-Rachel está aquí, has podido traer una chica. Según lo último que he leído, estáis juntas ¿no?
El silencio se hizo presente. Rachel no sabía dónde meterse. Consideraba que estaba asistiendo a una conversación entre madre e hija que no le pertenecía, pero por la mirada que le había dado Quinn, ella la necesitaba allí.
-Sí, Rachel es mi novia. – dijo después de dar un largo suspiro para armarse de valor.
-¿Sabes, Quinn? A lo largo de mi vida, he cometido muchos errores, sobretodo contigo. He ido viendo durante años como mi hija salía besando a otras chicas en todas las revistas… - dijo mirando a otro lado. – No lo entendía y puede que ahora, con el paso de los años, siga sin comprenderlo del todo, porque es así como he sido educada… - esta vez clavó la mirada en su hija. – Pero no quiero perderte, Quinn, es lo último que quiero. Ahora las cosas empiezan a ir mejor entre nosotras, la barrera que nos separaba no está tan alta y yo… Llevo años dándole vueltas al asunto y cada día llego a la misma conclusión, solo quiero que seas feliz… - dijo emocionada, viendo lagrimas asomar en los ojos de su hija y en los de Rachel, que ya derramaba alguna. – Sé que tiendes a guardar las cosas para ti, pero solo esperaba que me lo dijeras, que tuvieras la confianza en mí para contarme si estás enamorada o si Rachel ha conseguido devolverte un poco de la felicidad que te negamos todos muy pronto… - dijo con media sonrisa.
-Soy feliz, mamá, mucho… Y sí, estoy enamorada de Rachel y creo que ella de mi… - dijo mirando a su novia con una sonrisa, apartando con sus dedos una lagrima que corría por la mejilla de la morena.
-Sí, yo también creo que está enamorada de ti… - dijo la mujer sonriendo, guiñándole un ojo a la que acababa de convertirse en su nuera.
-Mamá…
-Ay, Quinn… - dijo abrazando a su hija, acunándola en sus brazos como hacía años no lo hacía, besando su cabeza y ofreciéndole un hueco de protección y entendimiento. La rubia se aferraba a su madre, consciente del esfuerzo de esta por aceptarla, algo que agradecía enormemente. Siempre había pensado que se opondría totalmente a su forma de ser, pero la había sorprendido, demostrándole su amor de madre.
-Oye. – dijo separándose de ella al fijarse en algo a lo que no le había prestado mucha atención. - ¿Por qué has montado una mesa tan grande para la cena si solo vamos a ser tu y yo? ¿Viene alguien más? – preguntó pensando que habría invitado a algunos de sus amigos tan estirados y que tan mal le habían caído siempre. Cuando escuchó la respuesta, hubiera preferido que fueran ellos.
-Bueno… Yo, eh… También viene tu hermana, cariño…
-¿Cómo? – pregunto incrédula, cambiando radicalmente la alegría de hacía un minuto al enfado más absoluto. – Me voy.
-Quinn, espera, quería tener a mis hijas juntas después de tantos años…
-No voy a quedarme, no quiero saber nada de Frannie.
-Quinn, ¿porque no le haces caso a tu madre y te quedas? – dijo la morena acercándose a ella. – A lo mejor sirve para que podáis hablar.
-Entre Frannie y yo está todo dicho, no quiero cenar con ella. – dijo mirando a su madre mientras se acercaba a la puerta.
-Está bien… - dijo la mujer dándose por vencida. – Pero al menos ven mañana a comer, hazlo por mí, por favor… Rachel también está invitada. – dijo mirando con una sonrisa triste a la morena.
-No vamos a…
-Aquí estaremos, señora Fabray. – la cortó mirando mal a su novia. – No se preocupe que Quinn vendrá a comer.
-Muchas gracias. – dijo Judy acompañándola a la puerta donde ya las esperaba la rubia.
-No voy a venir. – dijo como una niña pequeña. – No voy a ceder por mucho que me lo pidas tú.
-Ya veremos… - dijo guiñándole un ojo a la mujer, que al verla rio suavemente. – Encantada de haberla visto otra vez, señora y bueno… espero que no le incomode demasiado que esté con su hija… - dijo cuándo Quinn ya había llegado al coche, despidiéndose de su madre con un simple gesto con su mano.
-No te preocupes, Rachel, conozco a mi hija, aunque no tan bien como me gustaría y sé que está feliz… Nunca la había visto tan relajada con la vida, a pesar de que sigue teniendo esos arranques de personalidad Fabray. Espero veros mañana.
-Muchas gracias, aquí estaremos si no acaba con mi paciencia. – dijo como despedida, alejándose con una sonrisa hasta el coche.
Con Quinn ya en el asiento del copiloto esperándola, Rachel entró y se quedó en silencio, sabiendo que su rubia no iba a callarse lo que estuviera pensando.
-No tendría que haberte dicho que entraras… ¿Por qué mierda le dices que vamos a venir? No vamos a venir a comer, Berry. – dijo molesta, con el ceño fruncido.
-¿Sabes que te pones preciosa cuando te enfadas? – preguntó mirándola con adoración, sonriendo mientras la observaba.
-Deja de mirarme así…
-¿Así como?
-Pues así, de forma tierna y adorable para que se me olvide el enfado. – al ver que Rachel seguía con la misma actitud, mirándola sin decir nada, Quinn siguió adelante con el enfado. – Llévame al hotel de la última vez, acabo de decirle a mi agente para que haga una reserva, estarán esperando.
-¿Cómo que a un hotel?
-No voy a cenar aquí, ni a quedarme en casa de mi madre sabiendo que va a estar Frannie, así que llévame al hotel, quiero descansar.
-¿De verdad crees que voy a llevarte al hotel?
-Sí.
-Pues estás muy equivocada, ya te dije que no iba a dejar que pasaras Acción de Gracias sola. Te vienes a mi casa.
-Ni hablar, es un día para estar con la familia.
-Por eso, tú ahora eres mi familia, de hecho, una parte muy importante de ella. – dijo mirándola con tanta intensidad y tanta verdad, que el corazón de Quinn se volvió loco. – Vamos a mi casa y mañana venimos aquí.
-Rachel… - dijo suavizando el tono después de aquella confesión de la morena. – No me llevo bien con mi hermana…
-Inténtalo, no pierdes nada por pasar un rato en un sitio donde ella va a estar. No estás forzada a nada, tan solo es una comida y podrás ver a tus sobrinos. ¿No tienes ganas de ver a Tim y Nathan? – preguntó acariciando su mejilla.
-Muchas…
-Pues piensa en ellos… Es tu hermana y a tu madre le hace ilusión poder teneros a las dos, hazlo por ella, por el esfuerzo que ha hecho para no echarme de una patada de su casa sabiendo que soy tu novia. – bromeó, sacando una pequeña sonrisa en Quinn.
-¿Vendrás conmigo?
-Por supuesto, yo también tengo ganas de ver a tus sobrinos, además, mi suegra me ha invitado, no puedo hacerle ese feo.
-Tu suegra, eh. Al final te va a gustar y todo tu suegra… - dijo sonriendo de medio lado.
-No voy a negarte que al verla tan estirada me ha dado miedo, pero conforme han pasado los minutos solo he visto a una mujer queriendo ser buena madre por su hija y resulta que esa hija es bastante importante para mi…
-Te quiero, Rach… - dijo juntando su frente a la de ella.
-Y yo a ti, cariño. – dijo uniendo sus labios de forma delicada.- Ahora vamos, te toca a ti saludar a tus suegros.
