CAPÍTULO 30

Cenas, desayunos y comidas

-Aquí está mi pequeña. – exclamaba Leroy con los brazos abiertos, rodeando con ellos a su hija. – Estábamos ya nerviosos por tenerte aquí. – dijo en su oído, haciendo que la sonrisa de Rachel se ensanchara. Siempre era tremendamente reconfortante el calor de sus padres.

-¿Cómo estás, Quinn? – preguntó Hiram dándole un pequeño abrazo que la sorprendió en un principio. Quinn y su familia no eran personas de grandes muestras de afectos, pero le gustaba la sensación que le producían los padres de Rachel sin apenas conocerla, solo regalándole su cariño.

-Muy bien, Hiram ¿y vosotros?

-Genial, encantados de tener a Rachel aquí aunque sea un día. – dijo besando a su hija en la cabeza. – Y a ti también. – se apresuró a decir. – Tenemos pendiente un pequeño interrogatorio para ti que si lo pasas satisfactoriamente, serás más que bienvenida a la familia.

-Papá… - se quejó Rachel al escucharlo. – No la asustes antes de que haya entrado porque dará media vuelta y se irá.

-Pues eso le hará perder puntos con nosotros… -dijo Leroy divertido.

-No te preocupes, Leroy, puedo con la presión. Contestaré lo que queráis.

-Así me gusta. – dijo el hombre guiñándole un ojo.

-Al final Quinn se quedará a cenar con nosotros. – informó Rachel a sus padres mientras pasaban al comedor. Tanto Hiram como Leroy vieron el gesto algo incómodo de la rubia, por lo que sin hacer ninguna pregunta contestaron.

-Eso es fantástico. Esperamos que te guste la comida, es la favorita de Rachel para este día. – dijo Hiram.

-Seguro que sí, no hay problema con la comida. –sonrió educadamente, agradeciendo que intentaran hacerla sentir cómoda.

Y la verdad es que lo consiguieron. Durante el tiempo que tardaron en terminar la cena, las bromas se sucedieron y las conversaciones eran muy variadas, Rachel y sus padres poniéndose al día pero sin hacerla sentir excluida en ningún momento, siempre encontrando algo que ella pudiera decir.

Una vez sentados en la mesa, ya cenando, el foco de atención se centró más en Quinn.

-Como es la primera vez que te tenemos aquí como novia oficial de mi hija, te preguntaría a que te dedicas, Quinn, pero con vuestra carrera es difícil hacer un interrogatorio… - dijo Leroy divertido, haciendo reír al resto.

-Bueno, lo bueno de ser actriz es que puedo cambiar de profesión a menudo. Hace unos meses era una delincuente buscada por medio mundo y en unas semanas seré agente del FBI. Si paso el difícil examen de ser la novia de Rachel Berry, podréis tener una chica que está en todos los oficios del mundo para preguntarle.

-Más te vale pasar el examen de mis padres, cariño, si no, dime que hago yo ahora que me había decidido contigo… Tendré que buscar otra persona que de la talla… - dijo dramáticamente.

-Ni se te ocurra. Ahora que te tengo no voy a dejar que busques a otro. – dijo mirándola, olvidándose de sus suegros que observaban la escena con media sonrisa al ver a su hija tan llena de felicidad, que le nublaba la vista. – Señores Berry. – dijo dirigiéndose a ellos, pero al ver sus caras de desagrado rectificó con una sonrisa. – Perdón, Leroy, Hiram.

-Os acostumbraréis. Quinn no puede dejar de ser educada nunca… - dijo poniendo los ojos en blanco.

-Bueno, después de este apunte tan interesante que ha hecho vuestra hija. – dijo divertida, logrando que los hombres rieran y Rachel le sacara la lengua. – Yo estoy dispuesta a contestar a lo que quieran. Supongo que ver como la chica que se dedicaba a hacerle la vida imposible a Rachel durante unos años en el instituto se enamore de ella de repente os resultará raro… Mirad, yo no soy muy sociable, me cuesta abrirme a la gente, muchísimo… pero soy actriz y hago entrevistas casi cada semana, por lo que se contestar a cualquier cosa de forma autómata, sin mostrar nada de mi… Pero vosotros sois los padres de Rachel y no quiero eso. Que vuestra hija esté conmigo es algo que no me creo todavía, me cuesta asimilarlo cada mañana cuando me levanto mi primer propósito es conservarla cuando el día acabe y por ahora lo estoy consiguiendo. – dijo mirando su plato. Le costaba horrores abrir sus barreras con alguien que no fuera Rachel, pero debía hacer aquello. – Quiero a vuestra hija y ella os quiere a vosotros, solo por eso, estoy dispuesta a dejar que me conozcáis, de verdad, no a la que sale en las cámaras o la niña estúpida del instituto. Si me dais tiempo, espero que cada vez que nos veamos, pueda responder con actos a vuestras dudas sobre esta relación, sobre mí estando con vuestra hija. – dijo alternando su mirada entre ambos, viendo como su mano era envuelta entre las de la morena para llevarla hasta sus labios y besarla, centrando su mirada llena de orgullo y amor en ella.

-Después de esto que has dicho, te aseguro que eres lo mejor que ha pasado por aquí de la mano de Rachel. Tienes todo el tiempo para que nos dejes conocerte, eres la persona más sincera y valiente con la que he hablado, Quinn, así que bienvenida a la familia. – dijo Hiram con una sonrisa, recibiendo como respuesta una aún más grande de su hija, que no dudó en levantarse de la mesa para abrazarse a ellos y otra más tímida y comedida de Quinn, pero en la que mostraba su agradecimiento.

Después de eso, la rubia respiró más tranquila, pasando a preguntarse en qué clase de familia se había metido al ver que tras la cena, la tradición de los Berry era ponerse alrededor del piano y cantar. Cantar cualquier cosa y hacer un espectáculo de cada canción en la que Quinn no estaba dispuesta a participar. Aquello le parecía ridículo, pero tras unas cuantas miradas de su novia con pucheros, la rubia cedió únicamente a ser ella la que llevara el ritmo con el piano, viéndose cantando unas cuantas sin proponérselo.

Para que negarlo, se había divertido y mucho. Hacía tiempo que no se sentía en familia y algo en aquella escena tan particular, la hizo sentirse arropada por aquellas personas. La noche terminaba viendo el musical preferido de Rachel, su querida Barbra en "Funny Girl". Se sorprendió al ver que se sabía varios de los diálogos de la película, pero tener a Rachel en su vida, significaba ver esa película al menos una vez por semana. No se quejaba, adoraba ver la cara de su novia viéndola, como si fuera la primera vez y viendo la cara de Hiram y Leroy, supuso que a ellos les pasaba exactamente lo mismo que a ella, querían demasiado a Rachel Berry.

-Será mejor que me vaya ya, se ha hecho muy tarde. – dijo besando la cabeza de su novia, que descansaba la cabeza sobre su hombro.

-¿Dónde vas? – preguntó Rachel incorporándose para mirarla.

-Al hotel.

-Es muy tarde, Quinn.

-Lo sé, por eso me voy ya. – dijo sonriéndole tiernamente.

-Es peligroso que te vayas tu sola a estas horas. Quédate aquí.

-No, tengo la reserva, cogeré el coche, no pasa nada.

-En serio, cariño, quédate, no me gusta que te vayas tan tarde, por favor. – dijo mirando a sus padres, que hasta ese momento tan solo miraban a las chicas, en busca de algo de ayuda.

-Tiene razón Rachel, Quinn, deberías quedarte, no pasa nada. – dijo Leroy.

-¿Ves? Tienes que hacerle caso a mi padre, es un adulto… - dijo sacando una sonrisa en la rubia.

-Está bien… - dijo negando con la cabeza. – Iré a por las maletas al coche, todavía no las hemos sacado. – dijo acariciando su mejilla y saliendo de la casa un momento. Cuando a la vuelta dejó las maletas en el recibidor, Leroy dio indicaciones.

-Nosotros nos vamos ya a la cama, os subimos las maletas. – dijo dándoles un beso a las dos junto a su marido. – Dejamos tu maleta en la habitación de invitados, Quinn. Las sabanas son limpias y tienes cuarto de baño para ti, si necesitas algo nos lo dices a nosotros o Rachel. – la rubia asintió, de acuerdo en todo, pero para la morena las alarmas habían saltado.

-¿Cómo que la habitación de invitados? Será una broma ¿no? – dijo con una risita.

-No es ninguna broma, Quinn a la habitación de invitados y tú a la tuya. – dijo Hiram.

-Quinn duerme conmigo. – dijo de forma terca.

-Rachel… - le advirtió la rubia, suplicándole con la mirada que no siguiera.

-Quinn no duerme contigo. – continuó Hiram serio, recibiendo una falsa risa de Rachel.

-¿Por qué no? Somos novias, digo yo que podremos dormir juntas, tenemos ya una edad… Además, vivimos en Los Angeles, cada una tiene su casa allí, no es como si vayamos a venir aquí a hacer el amor…

-¡Rachel! – le reprochó totalmente roja de la vergüenza la rubia, que la miraba con los ojos muy abiertos.

-¿Qué? – dijo encogiéndose de hombros. – Es la verdad…

-Bueno, pero esta es nuestra casa. Me da igual lo que harías o no o lo que hacéis en un sitio o en otro, no quiero saberlo, te lo aseguro. Así que aquí cada una en una habitación y punto.

-Totalmente de acuerdo con tus padres. – dijo Quinn. – Yo me voy a dormir también. – dijo al ver que los hombres ya subían las escaleras, queriéndose quitar de en medio lo más rápido posible. – Hasta mañana, mi amor. – susurró dándole un beso en los labios. – No seas mala y hazle caso a tu padre, es un adulto… - dijo divertida ante la cara de enfado de la morena antes de irse.

Todo estaba tranquilo en casa de los Berry. En plena madrugada, todos parecían estar descansando, pero Quinn despertó al sentir un cuerpo pequeño aferrarse al suyo.

-Rachel… ¿Qué haces aquí? – preguntó poniéndose boca arriba con los ojos todavía cerrados por el sueño.

-Tenía frío… -dijo mientras se abrazaba a su cintura y descansaba su cabeza entre el cuello de la rubia, dejando un beso allí.

-Tus padres… - empezó a decir, pero algo hizo que pegara un salto. - ¡Rachel! –exclamó lo más bajo que pudo para no despertar a los padres de la morena.

-Shhh… - le mandó a callar al ver que subía el tono de voz. - ¿Qué?

-Tienes los pies helados…

-Te he dicho que tenía frio. – dijo riendo suavemente.

-Dios… Aléjate de mí… -dijo separándose de ella y dándose la vuelta, dándole la espalda a Rachel, intentando volver a dormir. – Vete a tu cama, anda.

-Solo quiero un poquito de calor. – dijo pegándose a ella. – Vuelve a dormirte… - dijo dándole un beso en la cabeza mientras acariciaba la barriga de Quinn con movimientos circulares. De esta forma, con las manos de la rubia aferradas a las de Rachel, no tardaron en volver a coger el sueño, sucumbiendo a los brazos de Morfeo hasta la mañana siguiente.

Rachel entraba a la cocina, guiada por el olor a café recién hecho que poblaba su casa por las mañanas.

-Buenos días. – dijo dejando un beso en la mejilla de sus padres.

-Buenos días, hija, ¿Qué tal has dormido? – preguntó Hiram sirviéndole una taza de café.

-Muy bien… - dijo con una sonrisa que hablaba por si sola.

-Sí, ya lo hemos visto que has dormido muy bien. – dijo Leroy ante las palabras de su hija. – Pero no en tu cama…

-Ay, papa, no empieces, no hemos hecho nada, solo dormir. Dejé la puerta abierta y todo para que vierais que no hay nada malo. – dijo viendo como sus padres ponían los ojos en blanco y negaban con la cabeza, resignados a salir perdiendo en una batalla dialéctica con su hija. – Fui en mitad de la noche porque tenía frio, ya está. De todas formas, si hubiera querido hacer algo, no habría podido, Quinn os tiene más respeto y miedo que yo… - dijo riendo suavemente mientras le daba el primer trago al café.

-No tiene remedio… - le dijo Hiram a Leroy con los ojos como platos, escandalizado por lo que acababa de decir su hija.

-¿Y dónde está, Quinn? Para una persona que nos respeta en esta casa… - dijo Leroy.

-Se iba a duchar, bajará ahora.

-¿Cómo os va todo? Parece que bastante bien por lo que vimos ayer y además te cuida mucho, se pasó toda la noche pendiente de ti… - dijo Hiram con media sonrisa.

-Estamos muy bien, más que bien… - dijo dando un suspiro lleno de sentimientos, uno propio de una enamorada que hizo sonreír a sus padres. – No sé si será que son los primeros meses o porque Quinn hace que todo sea idílico, pero a pesar de discutir porque nuestros caracteres chocan a veces, todo es perfecto… - les explicaba mirándolos a ambos. – No creo que sea por el hecho de que sea una mujer, pero me siento distinta a como me sentía con mis anteriores novios… Con Quinn todo es multiplicado por mil… La quiero, es que la quiero… Me gusta su manera de mirarme, como me besa…cuando…cuando me acaricia…siempre se me ponen los pelos de punta… Mirad… - dijo sonriendo, señalándoles su brazo, el cual estaba erizado solo de pensar en ella. – Lo que os dijo anoche es verdad, Quinn es complicada a veces y hermética, todo se lo guarda para ella, pero conmigo, siempre hace la excepción… Adoro verla metida en su mundo, dándole vueltas a las cosas como si lo que hay dentro de su cabeza pudiera cambiar vidas… Y lo consigue, conmigo lo ha hecho… Siempre me habla con la verdad, aunque a veces no me guste lo que dice. Si cree que he sido demasiado diva con los fans, me lo reprocha, si piensa distinto a mí no me da la razón como a los tontos, ella intenta convencerme de su opinión y yo a ella de la mía… Lo bueno es que eso es una pequeña parte del tiempo, luego, no para de alabarme, de decirme lo mucho que me quiere y yo… pues me derrito… - dijo volviendo a suspirar. – No sé si sabéis de lo que hablo… - dijo con el ceño fruncido, pensando que quizás no se había explicado del todo bien. Antes de que sus padres pudieran abrir la boca, una rubia que tenía solo ojos para cierta diva, se acercó hasta ella con una emoción que extrañó a Rachel, pero que acabó entendiendo al instante. Quinn había oído lo que les había dicho a sus padres, al menos una buena parte.

-Te quiero. – fue lo único que le dijo mientras dejaba un beso en su sien, un beso que hubiera ido a sus labios si no llega a tener a los padres de su novia allí, mirándolas mientras Leroy se enjuagaba las lágrimas disimuladamente y su marido lo reconfortaba con una sonrisa encantadora.

-Sabemos de lo que hablas, cariño. – dijo Hiram mientras Quinn tomaba asiento para desayunar. – Se llama amor. – dijo sujetando la cara de su hija entre sus manos.

-Quinn si no me cayeras bien, en este momento te estaría odiando y arrepintiéndome de abrirte las puertas de mi familia… - le dijo Leroy.

-¿Y eso porque? Yo no he hecho nada, fue Rachel la que vino a la habitación… - se defendió.

-No hablo de eso… - dijo sonriendo de medio lado. – Es solo que… eres la persona que va a terminar por llevarse a mi pequeña y eso no había pasado nunca con nadie que haya pisado esta casa… - dijo con algo de esfuerzo en su voz, reconociendo el amor y el sentimiento de su hija por aquella joven estrella que tenía delante.

-No te preocupes Leroy, Rachel tiene pasión por sus padres, nunca me va a dejar llevármela sin vosotros. – dijo guiñándole un ojo, tranquilizando al hombre, haciéndole saber que por mucho que las cosas avanzaran entre ellas, la unión de Rachel con ellos, jamás se rompería por ella. Aquella afirmación le regaló un te quiero silencioso de los labios de su novia, que no podía sentirse más feliz.

Un rato después, las chicas aparcaban el coche delante de la casa de Quinn, listas para aquella comida que Rachel le había prometido a Judy Fabray. Pero la rubia estaba en tensión, dándole vueltas constantemente a un anillo que llevaba.

-¿Nerviosa? – preguntó Rachel cuando ya andaban hacia la puerta.

-No, incomoda…

-Serán unas horas y yo voy a estar contigo. – dijo cogiendo su mano, envolviéndola con fuerza en la suya para llenarla de ánimo. La sonrisa de Quinn le hizo saber que lo había conseguido. – Se amable y… no se… a lo mejor sirve para limar asperezas entre vosotras.

-No tengo muy claro que quiera limar asperezas con Frannie y si te soy sincera, tampoco creo que ella venga en son de paz conociéndola…

-Bueno…ya veremos cómo va… - dijo encogiéndose un poco debido a un tiritón.

-¿Tienes frío? – preguntó tocando el timbre.

-Sí, hace demasiado frío en Lima… - se quejó.

-Ven aquí. – dijo sonriendo divertida, tirando de las puntas de la bufanda de la morena para acercarla a ella y darle un corto beso en los labios. - ¿Mejor?

-Mucho mejor. – respondió contenta antes de que la puerta se abriera. Judy apenas pudo decirles hola, porque dos pequeños terremotos se tiraron en los brazos de su tia.

-¡Tia Quinn! – exclamaron los dos a la vez, tratando de que su tia los mantuviera en el aire a los dos.

-Eh, cuidado, nos caeremos… - dijo la rubia divertida. - ¿Cómo están los niños más guapos del mundo? – preguntó llenándolos de besos a la vez que les hacía cosquillas, poniéndoles difícil la respuesta.

-Bien… Tia, para… - decía Nathan como podía, intentando retirar las manos de su tia de su cuerpo, mientras que el pequeño Tim, flojo de la risa ya no lograba ni defenderse.

-Hola, mamá. – saludó a su madre con una sonrisa y un beso después de soltar a sus sobrinos. - ¿No vais a saludar a Rachel? – preguntó lanzándole una mirada a su novia, que se mantenía en un segundo plano.

-¡Sí! – dijeron ambos, tirándose esta vez a los brazos de la morena.

-Hola, chicos. – los saludó con una sonrisa. – Estáis todavía más guapos que cuando os vi. – dijo dándoles un cariñoso beso que los niños correspondieron con un abrazo que fue visto por todos los que se habían congregado en el recibidor, incluidos Frannie y su marido Peter.

-Rachel, queremos volver a casa de la tia y que vayamos a la playa otra vez. – le pedía Nathan. – Dile a la tia Quinn que nos lleve… - Rachel miró a Quinn y la que supuso que sería Frannie de reojo.

-Quinn está deseando que vayáis, pero ahora tiene que trabajar, por eso ha venido hoy, para aprovechar y ver a la familia… Pero estoy segura de que en cuanto esté libre dejará que os quedéis en su casa un tiempo. ¿Verdad, Quinn?

-Sí, claro, se lo dije hace unos días por teléfono, pero parece que piensa que le miento… - dijo mirando a su sobrino con el ceño fruncido, haciendo que este la mirara inocentemente.

-Rachel también viene. – dijo Tim con su lengua de trapo, sacando una sonrisa enorme en la morena. - ¿Puede venir Rachel, tia?

-No sé, me lo pensaré… - dijo soltando una risa al ver la cara de los tres implicados. – Pero si Rachel no sabe surfear, ¿para que la queréis?

-Es guay… - dijo Nathan encogiéndose de hombros.

-¿Has oído, Fabray? Soy guay, Quinn, así que tengo que ir a tu casa y aprender a surfear. – dijo sacándole la lengua, satisfecha de que aquellos niños parecieran tenerle el mismo cariño que ella le tenía a ellos.

-¿Por qué no os vais a jugar al jardín un rato, Nathan? – preguntó Frannie, hablando por primera vez, una pregunta que sonó a orden y que el niño captó al vuelo, abandonando la sala con su hermano en una carrera. – No corráis… - dijo con los ojos en blanco. – Hola, Quinn. – dijo fijando su atención en su hermana.

-¿Cómo va, Frannie? – preguntó de forma fría, distante. – Hola, Peter. – saludó con la mano a su cuñado, el cual, le devolvió el gesto con una sonrisa.

-Hola, yo soy Rachel Berry, encantada de conoceros. – dijo la morena al ver que pasaban los segundos y el ambiente cada vez se ponía más tenso e incómodo sin que ninguno lo rompiera.

-Hola, Rachel, un gusto. – dijo Peter estrechándole la mano amablemente.

-Sí, un placer conocerte… - dijo Frannie más recta que su marido, sin terminar de esbozar una sonrisa.

-Oye, ¿Por qué no vienes a ver mi habitación? – le preguntó Quinn a Rachel tras otros segundos de absoluto silencio, a lo que la morena tan solo asintió, sin saber muy bien cómo actuar con esa familia. – Vamos arriba, mamá, avísanos cuando esté la comida. – dijo tirando de la mano de la morena escaleras arriba, escuchando por el camino como Frannie se quejaba irónicamente.

-Por supuesto, ya les servimos nosotros a las dos estrellas…

-Quinn, tiene razón tu hermana, ¿Cómo se te ocurre venir aquí mientras están todos abajo terminando la comida? – preguntó mientras caminaban por el pasillo.

-Porque no aguanto esto… Ya has visto lo buena que es la comunicación en mi familia… - dijo mirándola suplicante. – Solo quiero estar un rato contigo a solas…

-Está bien. – dijo Rachel sonriéndole cariñosamente mientras unía sus labios con los de ella.

Al entrar en la habitación, la morena no dijo nada, tan solo se dedicó a observar y recorrerla, fijándose en cada detalle de aquel cuarto.

-No puedo creerme que esté en la habitación de Quinn Fabray… - dijo soltando una risa.

-Está exactamente igual que cuando la dejé al irme… - dijo rebuscando algo en un cajón de su armario.

-No hace falta que lo jures, esta habitación es un homenaje a las animadoras… Bueno, también hay algo del Glee Club, parece que también nos tenías presente en esa época…

-Era Quinn Fabray y mi reputación no dejaba que mi habitación contara con más atención al Glee, si lo hubiera visto alguien habría cavado mi propia tumba, dejándome sin la popularidad.

-Eres extraña, cariño, ahora que tienes el mundo a tus pies pasas completamente de ser popular, no le das ninguna importancia y hasta que dejaste el instituto luchaste por ella con uñas y dientes.

-Era un poco idiota, ya lo sabes. – dijo encogiéndose de hombros. – Aquí están. – dijo cerrando el armario con un sobre en la mano.

-¿Qué es eso?

-Fotos…

-A ver. – dijo totalmente entusiasmada, sentándose en el filo de la cama para poder verlas cómodamente. – Hay muchas fotos… - dijo pasándolas una tras otra, sonriendo cada vez que veía a Quinn de bebe o siendo una niña encantadora, fotos de su vida, de sus amistades y sus aficiones, fotos donde sorprendentemente, ella, Rachel Berry, se encontraba en muchas de ellas y fotos donde acabaron apareciendo varias de Beth.

-Cuando me fui, solo cogí un par, las que tengo en mi casa… Como no había vuelto a venir, a entrar en mi habitación no las he podido tener, pero quiero llevármelas todas, tenerlas conmigo… - dijo cogiendo en sus manos una donde salía Beth junto a ella con una gran sonrisa.

-Me gusta la foto… - dijo acunando a Quinn entre sus brazos.

-Es de cuando Shelby nos dejó cuidarla a Puck y a mí… A parte de obsesionarme por quitársela, también tuve tiempo de disfrutar de ella… - dijo con media sonrisa.

-Me podrías hacer una copia de esta foto…

-¿La quieres? – preguntó alzando una ceja, incorporándose para mirarla.

-Sí… me… me gustaría tener una foto tuya con Beth… - dijo bajando su mirada.

-Es tuya… - dijo devolviéndole la foto con una sonrisa, pidiéndole con su mano que la mirase. – Te quiero… - dijo dándole un beso cálido, cargado de sentimiento y que empezaba a ser juguetón hasta que escucharon unas risas. Se separaron inmediatamente para darse cuenta que dos pares de ojos las observaban divertidos.

-Os estabais besando. – dijo Nathan señalándolas mientras seguía riendo al verse descubierto.

-Y vosotros dos sois un poco cotillas… - dijo Quinn frunciendo el ceño.

-¿Ya eres la novia de mi tia, Rachel? – preguntó el mayor, algo más enterado de la situación. La morena miró de reojo a Quinn, quien se dio cuenta de la indecisión de su novia.

-Sí, es mi novia. – dijo con una sonrisa la rubia. - ¿Qué os parece? Es guapa, eh…

-Sí. – dijo Tim acercándose a la morena para que lo aupara en sus brazos, sentándolo en sus rodillas.

-La abuela dice que bajéis a comer. ¿Qué hacíais?

-Ver fotos. – dijo la rubia enseñándole algunas.

-¿Rachel canta? – preguntó al ver a la morena en sus actuaciones para el Glee.

-Y muy bien… - se elogió la morena a ella misma, a lo que Quinn puso los ojos en blanco por el amor propio de su novia.

-¿Quién es? – preguntó Tim, señalando una foto donde Beth aparecía sola. Quinn tensó la mandíbula, quedándose en silencio mientras veía como sus sobrinos esperaban una respuesta.

-Se llama Beth… - les explicó Rachel sin dar más detalle.

-¿Y quién es Beth? – preguntó esta vez Nathan, poniendo en un apuro a las chicas. Tener que explicar quién era a los niños sería bastante complicado de entender para ellos. Por suerte apareció Frannie.

-Chicos, a comer, ya os lo ha dicho la abuela.

-Ha sido culpa nuestra. – dijo Quinn poniéndose en pie. – Ya vamos. – dijo guardando las fotos en el sobre y pidiéndole a la morena que las guardara en su bolso.

Ya en la mesa, la conversación era bastante seca, costaba encontrar las palabras para que la cosa fuese fluida, pero los comentarios de las hermanas no lo ponían fácil.

-Que bien tener a dos estrellas de Hollywood en la mesa, menudo honor… - dijo Frannie con una sonrisa falsa, recibiendo una mirada fulminante de Quinn. – No me mires así, ¿Qué pasa, que se te ha subido la fama y nadie puede preguntar por tu perfecta vida?

-Mi vida no es perfecta. – dijo Quinn entre dientes.

-Venga ya… - se rio entre dientes.

-No voy a quejarme, sé que hay trabajos mucho más duros que ser actriz, yo misma me tuve que buscar la vida siendo camarera mientras me daban una oportunidad en el cine, pero mi vida no es de color de rosa.

-Ah claro, estar todo el día perfecta, viajar y codearte con peces gordos es una amargura.

-No, pero para eso, tienes que tener una sonrisa puesta todo el día, y hay momentos en los que no apetece sonreír, ni viajar para ver un estúpido desfile de moda, pero es trabajo. A Rachel y a mí no nos han regalado nada, no te confundas. – le recriminó en aquel dialogo que mantenían las dos, siendo el resto meros espectadores. – Ser actriz también es duro, no te regalan llegar a arriba y cuando lo estás, todo es presión para no dar un mal paso, elegir tus movimientos para no caer en picado. – miró a su novia un momento y continuó hablando. – Rachel lleva toda su vida preparándose para esto, retándose a ella misma para ser mejor, para triunfar en lo que era su sueño, Broadway, y lo consiguió a base de esfuerzo y de sacrificio.

-Eso he oído, Rachel, que eres lo mejor de Broadway en los años que has estado. – dijo Peter tratando de cortar aquella disputa, algo que tanto Rachel como Judy agradecieron.

-Cuando vuelva a hacer alguna obra te daré entradas para que puedas opinar por ti mismo, pero para que vamos a engañarnos, soy bastante buena, y no lo digo por echarme flores, es que lo soy. – dijo sacando su lado total de diva, lo que saco una sonrisa en todos los de la mesa.

Tras un intercambio de opiniones más relajadas, la tensión volvió.

-Y bueno, ¿esto ya es oficial o qué? – preguntó Frannie mirando a las dos chicas.

-¿Es oficial el que, Frannie? – preguntó Judy cansada.

-Pues el noviazgo, lo que insinúan todas las revistas de ellas dos.

-Sí, es oficial. – contestó Judy por Quinn, queriendo cortar aquello sin éxito ante el resoplido de su hija mayor.

-¿Qué? ¿También te parece mal con quien esté? – le preguntó Quinn. – Pues esta soy yo, Frannie y me dan igual tus resoplidos. Me costó mucho tiempo aceptarme a mí misma por culpa de una educación enfermiza de tu padre. Me gustan las mujeres y quiero a Rachel, quien a diferencia de ti, me acepta tal y como soy y no tal y como quiere que sea. – sentenció mirándola enfadada.

-Si papa viera esto… - dijo Frannie negando con la cabeza.

-Me importa una mierda la opinión que ese hombre tuviera. – dijo dejando caer su tenedor. – A él le interesó bien poco lo que pasara conmigo y con Beth, al igual que a ti, así que vete a la mierda Frannie, tú y tus comentarios.

-¡Quinn! – la regañó Rachel por el vocabulario.

-Bueno, basta ya. – dijo Judy dando un golpe en la mesa que silenció la sala. – No os he reunido para esto. Los reproches no van a solucionar nada entre vosotras, así que no voy a permitir más faltas de respeto entre mis dos hijas. – sentenció seria, muy seria, tanto que a Rachel le dio miedo, no queriendo encontrarse en el pellejo de Quinn. Aquella mujer imponía demasiado.

-Entonces… - dijo Nathan en medio del silencio repentino, concentrado en algo a lo que parecía haberle dado muchas vueltas. – Ahora, Rachel, ¿eres tia Rachel? – preguntó con el ceño fruncido, sacando una risa inevitable en todos los adultos de la mesa.

-Ahora soy lo que quieras, cariño. – contestó la morena guiñándole un ojo al niño.

La comida continuó algo más calmada, pero con las hermanas sin dirigirse la palabra o tan siquiera una mirada, haciendo como si no existieran, aunque Rachel creyó ver algo distinto a la frialdad en los ojos de Frannie el resto del tiempo, sin poder asegurar que fuera pena o tristeza.

Las chicas, sentadas en un pequeño banco que había instalado en el jardín al que habían ido tras ayudar en la cocina, les sirvió para conversar.

-Pues bienvenida a la familia Fabray… - dijo Quinn tristemente. – Esto es lo que hay…

-Eh, pues a mí me ha gustado, sin duda una familia mucho más dramática que la mía y sabes que vivo por el drama… - dijo chocando su hombro contra el de su novia, sacándole una sonrisa. – Si llego a saber esto antes, la cena de anoche no me la hubiera perdido.

-Cállate. – le dijo riéndose la rubia. – Estás fatal…

-Al menos sirve para hacerte sonreír. – dijo arrugando su nariz al recibir en esa parte de su cuerpo un beso de Quinn, a quien empezó a sonarle su móvil. – Voy para adentro. – dijo dándole un beso antes de levantarse y dejarla sola al ver que era su manager.

Sentada en el sofá de los Fabray, Rachel observaba como los dos pequeños jugaban a sus pies, mientras aprovechaba para contestar algunos mensajes en su móvil. Que Frannie se sentara a su lado no lo esperaba para nada.

-Perdona por todo el espectáculo… - dijo Frannie tras unos segundos de silencio.

-No… no te preocupes…

-No tengo nada en contra de ti, ni de la relación que tienes con mi hermana aunque haya parecido lo contrario en la comida… - dijo mirando a sus hijos.

-Yo no… - pero no pudo continuar porque la mujer resopló y cogió aire. Rachel sonrió, sabiendo lo que venía. Quinn hacia exactamente lo mismo antes de hablarle o contarle algo que solía guardarlo para ella.

-Quiero a mi hermana, Rachel… Me resulta tristísimo tener celos de mis hijos porque ellos si disfrutan de su tia como toca… Si reacciono así y en vez de hablar ataco es porque no sé cómo llegar a ella, como comunicarme… Por eso y por el maldito orgullo, soy incapaz de dejarlo…

-Por eso os cuesta tanto… Quinn tiene tanto o más orgullo que tú, pero que estés aquí, hablando conmigo sobre esto, significa que estás tratando de dejarlo a un lado.

-Y no sabes lo que me está costando… - dijo sacando una sonrisa en Rachel. – Sé que mi familia ha cometido muchos errores con Quinn, yo la primera, pero yo no sabía cómo hacerlo o que podía hacer en esa situación…

-Frannie… ¿Sabes qué? A veces, en la vida, el afecto es igual de necesario que el agua… Y creo, que lo único que Quinn pedía a gritos era eso, afecto, cariño, entendimiento… Ya no es una adolescente y sigue buscando eso… Por eso, pienso que todo esto que me estás diciendo, deberías decírselo a ella… - dijo con media sonrisa. – Creo que ahora está en el jardín, sola… - la animó. Frannie la miró con duda en su mirada, pero con paso lento pero decidido, terminó por acercarse a su hermana, quien seguía hablando por teléfono, y tomar asiento junto a ella.

-Sí, ya leí los guiones, el miércoles cuando nos veamos te digo cosas… No, no se me olvida que tenemos dos reuniones y la premiere el martes… - respondía la rubia a lo que le iba diciendo su agente, mirando de reojo a su hermana. – Mark, ¿Por qué no te tomas un respiro y disfrutas de la familia? Te lo mereces… No, no te lo digo para que te calles. – rio. – Son fechas especiales, te doy permiso para que te relajes un poco y te olvides de mí hasta mañana. Vale. Si, esta noche cojo el avión con Rachel. Yo también espero que no haya fotógrafos cuando lleguemos… Un beso, Mark, cuídate. – dijo para finalizar la llamada.

-¿Tu publicista? – preguntó Frannie.

-Mi manager. – contestó guardando el móvil. Cansada, dio un suspiro y miró a su hermana. – No tengo ganas de seguir discutiendo, Frannie, en serio…

-No quiero discutir… - dijo su hermana agachando la mirada. – Solo… disculparme por mi comportamiento… - dijo pillando a Quinn desprevenida, que lo que menos creía era que su hermana fuera a disculparse con ella. – Apoyo tu relación con Rachel y me alegra que tengas tanto éxito, Quinn…

-¿Me estás hablando en serio?

-Sí. – contestó seria. – Mira, las dos sabemos que hablar y bajar barreras no es lo nuestro, pero… no quiero seguir así, no he venido aquí para volver a pelearme y alejarme un poco más de ti, todo lo contrario aunque no lo parezca… - ante aquella confesión, la rubia se tranquilizó un poco y bajó sus armas de guerra.

-No importa, yo tampoco he estado muy bien hoy, siento haberte mandado a la mierda…

-Me lo merecía…

-Si… - dijo sonriendo de medio lado.

-Me hubiera encantado que cuando volvimos a hablar, las cosas se hubieran solucionado…

-No, Frannie, tú lo único que querías era aprovechar un poco que tu hermana estaba en Hollywood para ver si te colaba en alguna fiesta con famosos.

-Eso no es así. – dijo dolida. – Es cierto que te llamé cuando empezaste a ser más reconocida, quizás no fue el mejor momento para un acercamiento, pero no lo hice por eso, si no para…para ser hermanas, Quinn… Pero cada vez que nos veíamos era una guerra, cualquier cosa que dijera te lo tomabas como una ofensa y si no decía nada era peor… No se…

-Si… puede que tengas razón… - dijo después de unos minutos de reflexión. – Con mama hice lo mismo hasta hace poco.

-¿Y qué ha cambiado?

-Rachel. – dijo mirando a su hermana a los ojos. – Está consiguiendo que me reconcilie con todas las personas importantes en mi vida y que creía que no necesitaba…

-¿Crees que tendrá ese poder para hacerlo con tu hermana?

-Solo me falta reconciliarme contigo y conmigo misma… Y Rachel consigue todo lo que se propone. – dijo volviendo a mirarla, viendo como su hermana sonreía y salía de sus ojos un destello de esperanza.

-Siento no haber estado contigo cuando me necesitaste, Quinn. Siento haber apoyado a papa y no seguir mi instinto y mis propios principios… - la rubia asintió torciendo el gesto.

-No fue fácil…

-Me lo puedo imaginar…

-No, no lo creo… - dijo seria, pero luego volvió a suavizar el tono. – Da igual, no hay vuelta atrás, Frannie. Las cosas pasaron así y punto.

-Solo quiero que sepas que lo siento y que me arrepiento.

-Vale… - dijo mirando al frente, dejando que el silencio volviera a ellas, pero por primera vez desde que eran pequeñas, ese silencio no era incómodo.

-Se te ve feliz con Rachel… - dijo la mayor de las hermanas, viendo como la menor asentía. - ¿Completamente feliz?

-Eres madre, Frannie, creo que tú misma puedes contestarte esa pregunta…

-Beth… dijo en un susurro al que Quinn no contestó y que Frannie no continuó. Consideraba que el primer paso estaba dado y no era buena idea forzar la maquinaria tras años atascada. - ¿Quieres un cigarro? – le preguntó ofreciéndole uno de un paquete.

-No fumo.

-Yo tampoco. – dijo encogiéndose de hombros, consiguiendo que por primera vez, las dos hermanas compartieran una risa. Quinn lo aceptó.

-¿Esto que es, la pipa de la paz? – preguntó divertida.

-Algo así… - dijo encogiéndose de hombros.

La entrada de Rachel al jardín hizo que Quinn tragara saliva.

-Prepárate. – le advirtió a su hermana. – Se avecina reprimenda en 3,2,1…

-¿Cómo se te ocurre fumar, Quinn? – preguntó Rachel exaltada al ver el cigarro en manos de su novia. – Eres actriz, por favor, perjudica a tus cuerdas vocales, ¡las necesitas para trabajar! Y tu salud… Vuestra salud, Frannie, tu tampoco deberías hacerlo… - dijo cruzándose de brazos, estaba realmente molesta. – Es una droga, ¿Por qué hacéis esto? ¡Hay miles de contraindicaciones, que digo miles, millones, y vosotras estáis fumando! – seguía con su incontrolable monologo. – No lo apruebo, que lo sepas, Quinn. Olvídate de darme un beso mientras esa cosa esté en tu vida. – dijo para volver a entrar en la casa con una salida triunfal.

-¿Cuántas palabras ha dicho por segundo? – preguntó Frannie con los ojos como platos, totalmente divertida.

-Muchas… - dijo riéndose.

-Pero si solo es un cigarro…

-Esa es Rachel Berry, un cuerpo pequeño cargado de drama. – dijo encogiéndose de hombros, sabiendo que le costaría unas cuantas explicaciones para que su novia volviera a dejarle darle un beso.

Dadas esas explicaciones y ya sentadas en el avión de vuelta a Los Angeles después de despedirse de sus familias, Quinn descansaba su cabeza en el pecho de Rachel, la cual, acariciaba su nuca con lentitud, justo donde estaba el tatuaje de Beth, aquella B dibujada. Ese gesto las calmaba a ambas, las relajaba después de días agotadores como aquel y facilitaban el viaje que la rubia hacía hasta sus pensamientos, revisando todas las palabras intercambiadas con su familia, sobretodo, con su hermana.

-Rach…

-Dime. – contestó en un susurró, demasiado cansada para hablar más alto.

-Nada, que no sé si te lo he dicho alguna vez… - empezó a decir. – Solo quería que supieras que me haces feliz… Solo era eso… - dijo sin poder ver como el brillo en la mirada de Rachel aumentaba y sin poder apreciar que su amor por ella crecía sin poder poner límite.


Pues os dejo con el capítulo más largo que he escrito hasta ahora, espero recompensar la espera de estos días... Gracias por la paciencia, ojalá siga leyendo vuestros comentarios.

Un besazo!