CAPÍTULO 31
La persona correcta
Ya habían transcurrido varios meses desde su visita a Lima. Meses maravillosos en los que su relación avanzaba de la forma correcta, como nunca antes con nadie. Había días increíbles y otros que no lo eran tanto con discusiones de por medio que terminaban en grandiosas sesiones de sexo de reconciliación.
Su relación se había hecho pública inevitablemente. Las imágenes de ellas juntas en actitud cariñosa cada vez fueron más constantes al no esconderse y fue Quinn quien confirmó el noviazgo aprovechando la promoción de una nueva película. Nunca antes había hecho algo así, pero tenía claro que Rachel era la persona indicada, su persona, por lo que hacer saber al mundo que la morena la hacía feliz no fue ningún inconveniente.
Ambas contestaban a esas preguntas sobre su relación sin entrar demasiado en detalles que no interesaban a nadie, poniendo límites a aquel circo mediático, y por ahora, les funcionaba bastante bien. No las agobiaban continuamente mientras hacían su vida normal y si algún día les tocaba cargar con los fotógrafos detrás, intentaban que todo fuera lo más respetuoso posible.
Las carreras de ambas seguían en línea ascendente, convirtiéndolas en una de las parejas de moda y que podrían convertirse en una de las más poderosas del panorama cinematográfico. A pesar de eso, ellas no hacían caso de todos los focos que se centraban en ellas. Se mantenían con los pies en la tierra la una a la otra y cuando era necesario con sus familias y amigos de confianza.
No había más. No hizo falta que lo hablaran. Sabían lo que querían y como lo querían, por lo que ser dos mujeres con una profesión más expuesta al mundo de lo normal no las hizo llenarse de locura.
Rachel en esos momentos se encontraba en pleno rodaje de una nueva película, un drama de los que había perseguido toda su vida y que la tenía feliz. Interpretar aquel personaje era de lo mejor que le habían propuesto en Hollywood. Mientras que Quinn, recién llegada de un viaje humanitario con UNICEF, se preparaba para volver a ponerse delante de las cámaras, pasando aquella semana entre pruebas de vestuario, de peluquería y conociendo a los miembros del equipo con los que no había coincidido en ninguna película.
Aquel día, la morena había acudido a un centro de estética aprovechando los dos días de descanso que le habían dado en el rodaje para acudir al día siguiente a un desfile de moda. Saliendo del centro, llamó a su novia.
-Dime, cariño. – contestó Quinn al otro lado del teléfono al ver la cara de Rachel en la pantalla.
-¿Qué haces?
-Estoy de compras…
-Derrochando dinero para llevar el mejor modelito, eh, Fabray… - dijo sonriendo.
-No es ese tipo de compras… Es mucho menos glamuroso de lo que te has imaginado. Estoy en el supermercado. – dijo algo divertida. - ¿Necesitas algo para tu casa? Ya que estoy aquí, aprovecha.
-No, no necesito nada. – dijo riendo. - ¿Tienes algo que hacer?
-No sé, depende… ¿Vas a proponerme un plan interesante? ¿Algo relacionado con tu cama y nosotras dentro? – preguntó sugerente, consiguiendo que Rachel riera más al otro lado.
-Eres una obsesa, mi amor… - dijo negando con la cabeza. – Mi propuesta era comer en el restaurante nuevo que hay cerca de los estudios donde estoy rodando, me han hablado bien de él, pero supongo que no te interesa.
-Bueno… Prefiero comerte a ti, pero acepto… Ayer no nos vimos y tengo ganas de estar contigo. Aunque no sea en la cama. – añadió tiernamente.
-Adoro cuando me dices cosas así… Es difícil no quererte… - dijo suspirando. - ¿Entonces, nos vemos en una hora en el restaurante?
-Sí, perfecto.
-Sabes donde es, ¿verdad?
-Sí, no te preocupes en una hora te espero en la puerta.
-Vale, te dejo para que sigas comprando. Te quiero.
-Yo más. – contestó antes de colgar.
Para la rubia ese no era un buen día. Nunca lo era. Pero tener cerca a Rachel siempre le hacía bien. No dejaba de sorprenderse con la facilidad con la que la morena la reconfortaba sin esfuerzo, casi sin darse cuenta en muchas ocasiones, solo mirándola o contándole cualquier historia de locura que le había sucedido con aquella verborrea tan característica de ella.
No se hizo esperar. Una hora y cinco minutos fue lo que tardó Quinn en terminar la compra, dejarla en su casa y llegar al restaurante. Cinco minutos de más que por supuesto Rachel no iba a dejar pasar.
-Llegas cinco minutos tarde, Fabray. – dijo mirándola con el ceño fruncido y señalándose el reloj.
-Lo siento, cariño, había atasco… - dijo encogiéndose de hombros inocentemente.
-Te creería si no te conociera…
-¿Por qué no me das un beso y a ver si te convenzo un poco más? – preguntó coqueta, acercándose a los labios de la morena donde dejó un suave beso que Rachel recibió con una sonrisa encantadora. - ¿Te he convencido? – preguntó sin separarse del todo de ella, con una sonrisa de medio lado que a Rachel la volvía loca.
-Casi… - dijo aferrándose a su cintura y volviendo a unir sus labios. – Si, totalmente convencida de que había atasco. – dijo sacando una nueva sonrisa en Quinn, que en ese momento se deshacía de sus gafas de sol para entrar al restaurante.
Pidieron mesa y cuando el camarero estaba guiándolas hasta el sitio indicado, se cruzaron con una chica y su pareja que salían del restaurante. La mujer parecía conocer a Quinn.
-¿Quinn? – llamó la atención la mujer, tanto de la rubia como de la morena. Quinn se giró para encontrarse con la chica y sonreír.
-Olivia, ¿Cómo estás? – preguntó dándole un abrazo.
-Muy bien, ¿y tú?
-Bien, genial… Hacía mucho que no te veía… Estás preciosa, como siempre… - dijo mirándola de arriba abajo hasta que escuchó como alguien tosía disimuladamente. – Mira, Olivia, creo que no la conoces, ella es Rachel. – dijo presentándole a la morena.
-No la conocía, pero sé quién es… - dijo sonriéndole a Quinn. – Encantada, Rachel. He visto algunas de tus películas y me han gustado bastante…
-Sí, bueno, gracias… - dijo estrechándole la mano desganada. Aquella tipa no le había caído bien y se juró internamente que nada tenía que ver con las atenciones que Quinn le daba.
-Me tengo que ir, me están esperando. Me alegro de haberte visto, espero que quedemos pronto y nos pongamos al día. – le dijo a la rubia.
-Cuando quieras, llámame. – contestó antes de que Olivia se fuera, llegando finalmente hasta su mesa. La morena no abrió la boca desde que tomaron asiento, se dedicó a leer y releer la carta. - ¿Qué pasa? – le preguntó sin saber porque estaba así.
-Nada… - dijo en un principio para luego añadir. – Que no se si te hubiera gustado compartir más la mesa conmigo o con esa…
-¿Qué? – preguntó incrédula. – Rachel, es Olivia Wilde, es…
-Se perfectamente quien es. – la cortó. – Y también sé que se te han salido los ojos mientras la mirabas y le decías lo preciosa que es.
-Solo he sido educada… - se defendió. – Coincidimos en una película y nos llevamos bien…
-Tú siempre con la educación por delante. – dijo molesta. – Siempre tienes que decirle a cualquier mujer guapa lo preciosa que es… Tú no te puedes callar, claro que no…
-Rach, no tengo ganas de discutir hoy… - dijo apretando el tabique de su nariz con los dedos. – Hace dos días, tu, babeaste, literalmente, delante de Jennifer Lawrence y yo no te dije nada.
-No digas tonterías. – dijo apartando la vista. – Si me puse un poco intensa es porque la admiro, porque tiene un gran talento.
-Seguro… - dijo irónicamente.
-A mí no me gustan las mujeres, por lo que es imposible que babee por ellas.
-¿Entonces yo que soy, un hombre? – preguntó con su ceja alzada.
-No. Tú eres diferente. Tú eres Quinn Fabray, la excepción de mi vida.
-A lo mejor te gustaría que Jennifer fuera la segunda excepción de tu vida.
-Deja de decir chorradas. – dijo sin poder evitar sonreír.
-Pues deja de decirlas tú…
-Vale. – se rindió. – Pero que sepas, que sé que le has puesto ojitos a Olivia Wilde. – dijo señalándola con el tenedor que había en la mesa.
-Tienes ganas de discutir… - afirmó resignada.
-Muchas. – dijo riéndose, consiguiendo que la rubia negara con la cabeza, dando por perdido el caso de su novia y sonriendo. No podía hacer otra cosa.
Tras aquel momento de celos por parte de Rachel, las chicas se dedicaron a disfrutar de la comida, hablando de todo y de nada, de cosas importantes y de inmensas tonterías, riendo y regalándose de vez en cuando mimos.
Al tener el resto del día libre, las chicas decidieron pasar la tarde en el cine y dar un paseo por los alrededores de la casa de Quinn, alejándose un poco del ajetreo de la ciudad y relajándose con un largo paseo cerca del mar.
Rachel no había dicho nada, pero sabía que Quinn ese día no estaba bien. Algo fallaba y no sabía que era. A pesar de que la rubia bromeaba y sonreía y reía, nunca llegaba a sus ojos, los cuales reflejaban algo que se acercaba bastante a la tristeza.
Había esperado que durante el día le comentara algo, que le dijera si tenía algún problema, pero Quinn no dijo nada, por lo que después de una cena ligera en casa de la rubia, ambas estaban recostadas en el sofá fingiendo ver la tele.
-Quinn. – rompió el cómodo silencio Rachel.
-¿Qué?
-¿Qué pasa? Te noto…rara… - dijo girándose en los brazos de Quinn, que la rodeaba entre sus brazos, para quedar de cara y poder mirarla. – Estás…triste. – dijo acariciando su mejilla con suavidad, perdiéndose en aquel verde que desprendían sus ojos.
-No pasa nada, todo está bien. – dijo sonriendo mientras cerraba los ojos, disfrutando de la caricia de Rachel. - ¿Por qué tendría que ir algo mal?
-Porque te conozco… Llevas todo el día pretendiendo estar bien para que no lo note, pero tu mirada dice lo contrario…
-¿Y desde cuando sabes descifrar mi mirada? – preguntó medio divertida, aprovechando la cercanía de sus cuerpo para rozar sus labios con los suyos.
-Hace mucho tiempo… Te podría decir que desde siempre, pero estos dos años junto a ti, me han servido para perfeccionar mi instinto. – dijo mientras acariciaba el pelo de Quinn.
-¿Desde el instituto? – preguntó sin creerla.
-Sí. – dijo muy segura. – Quizás por prestarle más atención a lo que me decían tus ojos que tu boca, era que a pesar de todo lo que me decías y hacías, tenía esa rara obsesión por estar cerca de ti y ser tu amiga…¿Te acuerdas de nuestro último baile de promoción? – la rubia asintió. – Tu mirada me dijo que tu tuviste mucho que ver en que yo saliera elegida la reina del baile.
-No sé de qué me hablas… El instituto votó, no yo…
-No disimules… Sé que te morías por conseguir esa corona y cuando estabas más cerca que nunca, decidiste que era yo quien tenía que tenerla. ¿Por qué? Siempre he querido saberlo…
-Yo no hice nada.
-Quinn…
-Si te cuento, ese momento perdería su magia… Tu solo debes saber que fuiste elegida la reina y que te lo merecías…
-Yo te voté… Me hubiera gustado que fueras tú…
-Lo sé, me lo dijiste aquella noche… - recordó sonriendo. – Puede que ambas nos hiciéramos un regalo mutuamente ese día…
-¿Qué quieres decir? – preguntó frunciendo el ceño. La rubia calló. – Odio cuando te pones tan misteriosa. – dijo haciendo reír a Quinn.
Durante unos minutos, permanecieron en silencio de nuevo, minutos en los que Quinn fue viendo como Rachel iba poniéndose algo seria con sus pensamientos. Finalmente, la morena habló.
-¿Sabes? Echo de menos la magia… - dijo en un susurro.
-¿Y eso que quiere decir? ¿Tengo que preocuparme?
-No, no lo digo por ti… Es… no sé… Sigo recibiendo ofertas de Broadway y cada vez me tientan más… - comenzó a explicarse ante la atenta mirada de la rubia. – Vine a Los Angeles para hacer una película y me gustó y esa película se han convertido en un puñado… Me encanta esto, pero…
-Echas de menos Broadway… - terminó por ella.
-Mucho, cada día más… Es duro y muy sacrificado, pero echo de menos al público, los nervios de que todo salga bien, del directo, de pasear por Nueva York sintiéndome alguien especial solo por estar allí… La magia, Quinn… Estar en Broadway para mí es magia… - dijo con los ojos iluminados. – Me han propuesto Evita y no paro de pensar en eso.
-¿Y porque no aceptas? – preguntó.
-No se… Porque un musical implica estar como mínimo nueve meses allí y tu estas aquí…
-¿Quieres seguir haciendo películas aquí?
-Sí, claro. – respondió sin saber a donde quería llegar.
-¿Entonces qué problema hay con combinar el teatro con el cine?
-Que son muchos meses fuera… ¿A ti no te importaría?
-Yo solo quiero tu felicidad, Rach… Y Broadway contribuye en gran medida a que seas feliz. Está bien que vuelvas a tu sitio. No pienses ni por un segundo que voy a poner problemas. Sé que pasaremos más tiempo del que nos gustaría separadas, pero haría lo imposible por pasar cada momento de mi tiempo libre en Nueva York, a tu lado… - dijo mientras sus dedos se movían por su cintura, creando círculos inexistentes. – Además, a lo mejor, que vuelvas a Broadway sirve para que me enseñes la ciudad en condiciones… - sonrió con ternura.
-Pienso enseñarte cada rincón. – dijo besándola. – Eres perfecta, ¿lo sabes? – preguntó en una mirada intensa.
-Estoy lejos de serlo.
-Para mí lo eres… Eres perfecta por dentro y la mujer más bella por fuera. – dijo consiguiendo sonrojarla. – Ahí está, Quinn Fabray, roja una vez más por decirle que es guapa. – dijo sonriendo. – Eres alucinante.
-Es hora de que te vayas… - dijo besándola con algo más de intensidad.
-¿Me echas?
-Sí, mañana tienes un desfile y tu equipo estará en tu casa temprano.
-Me quedo aquí, llegaré a tiempo.
-No, vete. – dijo volviendo a besarla ante la negación de Rachel a abandonar su casa.
La rubia sabía que si hubiera sido otro día, Rachel ya se hubiera ido, sabía que el único motivo por el que la morena se quedaba era porque aquel sexto sentido que tenía con ella funcionaba, y la veía triste, sabía que había algo que no contaba. Era por eso que Quinn no quería que se quedara. Prefería estar sola aquella noche.
Pero la morena era testaruda y Quinn no iba a echarla de malas maneras. En el fondo sabía que se moría por tenerla allí haciéndole compañía, durmiendo pegada a ella totalmente desnudas después de haber hecho el amor de la forma más pausada y romántica del mundo, como si Rachel quisiera quitarle su dolor a base de caricias y besos repartidos por su cuerpo.
En mitad de la noche, la morena despertó, encontrándose sola en mitad de la cama de su novia. Algo descolocada por el sueño, Rachel enrolló la sabana a su cuerpo desnudo, saliendo de la habitación en busca de su rubia. No tuvo que andar mucho, al salir al pasillo, la melodía de un piano sonando le indicó exactamente donde estaba Quinn.
Con el silencio que le regalaban sus pies descalzos, Rachel se colocó en el quicio de la puerta, escuchando aquella melodía que salían de los dedos de la rubia, que se encontraba de espaldas a ella sin percatarse de su presencia.
Le sonaba mucho. Ya había escuchado esa canción antes, pero no conseguía ubicarla en su mente. Además, sonaba triste. No dijo nada, solo escuchar hasta que Quinn arrastró la última nota.
-Suena bastante triste… - dijo en voz baja, tratando de no asustar a la rubia mientras se sentaba a su lado en aquel pequeño banquito.
-Ey, ¿te he despertado? Lo siento. – dijo limpiándose algunas lágrimas que había derramado, tratando sin éxito que la morena no las viese.
-¿Qué pasa? – pregunto preocupada, acariciando su cara con total entrega.
-No te das por vencida, eh… - dijo forzando media sonrisa.
-Nunca, ya lo sabes… - dijo devolviéndole la sonrisa.
-Hoy ha sido su cumpleaños… - dijo mirando el piano fijamente. Y esas simples palabras, hicieron que Rachel ordenara el rompecabezas en su cabeza.
-Beth… - dijo mirando a su novia, que asentía apesadumbrada. Por supuesto que sí, esa era la canción que tocaba, la misma que Puck le cantó a la rubia en el Glee Club para pedirle que le pusiera Beth y le dejara estar a la hora del parto. – Cariño, lo siento… Soy una imbécil, siento no haberme acordado que hoy era…
-Eh, no tienes que disculparte, no tienes por qué acordarte de esta fecha. – la tranquilizó.
-Claro que debería acordarme, es una fecha importante para tí, lo que la convierte en importante para mí. No lo dudes nunca.
-Gracias… - fue lo único que respondió la rubia mientras escondía su cabeza en el hueco del cuello de Rachel, dejándose consolar y ser reconfortada por la morena, agradeciendo así el que hubiera insistido en quedarse aquella noche.
-¿Cuántos años ha cumplido?
-Doce…
-Vaya… Se va haciendo mayor…
-Si… - respondió con tristeza.
-Y nosotras viejas… - dijo intentando sacarle al menos una sonrisa, pero esta vez no funcionó. – Mírame. Cariño, mírame. – le pidió. – Algún día, tendrás la oportunidad de verla y explicarle lo que quieras, estoy segura. – dijo con la cara de Quinn entre sus manos.
-Verla es lo que más quiero en mi vida, pero no creo que pase… Han pasado muchos años y Beth crece… Aunque pueda, jamás querrá saber de mi… - dijo con toda la pena del mundo, pero sin derramar más lágrimas. Había llorado mucho por Beth en esos años.
-No puedes saberlo… Tu solo tienes que confiar en que pase. – dijo besando su cabeza y quedándose con la rubia entre sus brazos unos minutos más antes de volver a la cama, donde entre susurros de amor y caricias tranquilizadoras, logró que Quinn durmiera por fin esa noche.
Al día siguiente, cuando la rubia despertó, vio que Rachel ya se había marchado a prepararse para el evento sin despertarla. Se sintió sola, pero solo unos segundos, los que tardó en darse cuenta de lo que había encima de la mesita de noche.
Una bandeja con su desayuno preparado, una rosa y una nota sacó su mejor sonrisa. Pasando la bandeja a la cama, tomó su desayuno y olió la rosa mientras leía lo que había escrito en ese papel.
"Buenos días, mi amor.
No quería despertarte, sé que no ha sido tu mejor noche, pero quiero que sepas que antes de irme, has tenido tu beso de buenos días. Prometo no irme a hurtadillas la próxima vez. Desayuna, dúchate, vístete y vive. Es un día nuevo, esperándote con los brazos abiertos para que lo aprecies. Yo estaré contigo en cuanto acabe, preparada para disfrutar de la vida a tu lado. Te quiero.
Rachel.
PD: Perdón por cortar una rosa de tu jardín…"
Y de repente, Quinn sintió que era la persona más afortunada en la tierra solo por tener a la mujer más maravillosa a su lado, y pensó en lo bonita que era la vida cuando esa persona, la correcta, hace lo que esperas sin que se lo pidas.
