CAPÍTULO 32

Cepillo de dientes

Quinn volvía a su casa después de un largo día de trabajo. La jornada había sido dura, puesto que había empezado a rodar antes de que amaneciera y llegaba ya entrada la noche. Estaba agotada, solo con ganas de darse una ducha rápida y coger la cama hasta la mañana siguiente cuando el despertador volviera a mandarla a trabajar.

Al entrar en su casa, soltó las llaves y el bolso, dirigiendo sus pasos hacia la cocina, guiada por el olor que salía de ella y una dulce melodía proveniente de los labios de alguien. Apoyada en el quicio de la puerta con los brazos cruzados y una sonrisa de satisfacción, recordaba el día en el que había tenido la mejor idea posible. Desde aquel día, volver a casa después de días como el que había tenido mejoraban totalmente y hacían que merecieran la pena.

FLASHBACK

Las luces impresionantes de los edificios que rodeaban la ciudad, alumbraban la noche de Nueva York, aquella ciudad que durante casi un año había vuelto a ver triunfar sobre las tablas del teatro Gershwin con la obra Evita a Rachel Berry.

Allí mismo era donde se encontraba la morena, recibiendo el aplauso emocionado del público que la acompañó tanto a ella como a sus compañeros en la última función. Entre el público se encontraban sus amigos, Kurt y Santana junto a Blaine y Brittany, incluso Brody con su ya mujer sacó tiempo para estar allí esa noche, sus padres, siempre apoyándola en todo, Frannie, que sorprendiendo a todos, decidió aceptar aquella invitación que había recibido unas semanas antes y por supuesto, la persona más importante para ella en ese momento, Quinn.

Por supuesto que Quinn no se perdió su última función, igual que no se había perdido muchas de ellas a lo largo de los meses que la distancia entre Los Angeles y Nueva York las separó. La rubia había pasado cada hora de su tiempo libre en la ciudad de los rascacielos junto a su chica, aprovechando cualquier instante para verla, superando la dificultad que suponía una relación a distancia y con dos agendas hasta arriba de trabajo.

Ellas supieron hacerlo, supieron vencer con sonrisas cualquier contratiempo que algunos celos estúpidos ocasionaban o la desesperación de no tener noticias de la otra en dos días. Quinn lo estaba demostrando, estando allí de pie, aplaudiendo a su novia con ganas y mirándola totalmente orgullosa al verla triunfar en lo que siempre fue su sueño, contenta de poder compartirlo con ella por primera vez.

-Dios, creo que ha sido tu mejor actuación… Lo que has hecho ahí arriba ha sido maravilloso, mi amor. – le dijo la rubia a su novia tras quedarse en el camerino un momento a solas con ella, después de haber esperado pacientemente que los amigos y familiares la felicitaran.

-Me ves con muy buenos ojos… - dijo sonriendo sobre sus labios.

-Vas a ganar otro Tony, lo sabes, ¿verdad?

-No lo sé… - dijo encogiéndose de hombros.

-No te hagas la modesta, no va contigo. – dijo riéndose, sacando una sonrisa en la morena. – Te dejo que te cambies tranquila, porque si me quedo aquí, puede que no salgamos en un tiempo, le cogí mucho cariño a ese tocador la última vez… - dijo mordiéndose el labio inferior, provocando a Rachel.

-Llevamos muchas semanas sin vernos y estoy deseando estar contigo… Quédate y nos despedimos del tocador… - dijo rodeando su cintura y besando el cuello de la rubia.

-Están todos fuera… - dijo dando un suspiro, dejando que los besos que la morena repartía por su cuello le pusiera nerviosa. – Para… - dijo sujetando su cara entre sus manos. – Tus padres están fuera…

-¿Y qué?

-Te espero en el pasillo con los demás, no tardes. – dijo después de poner los ojos en blanco y dejando un beso que le supo a poco en los labios de su novia.

Todos irían a cenar a un restaurante. La morena había decidido cenar con ellos en vez de acudir a la cena que la productora había organizado para el elenco. Prefería estar con todos los que formaban su familia, además, cuando terminaran la cena, la fiesta continuaba en el mejor club de Nueva York y esta vez sí, se unirían al grupo de la obra.

La cena pasó entre comentarios sobre la obra, la actuación de Rachel y su posible nominación a un nuevo Tony y para ponerse al día los unos con los otros, aprovechando que no podían verse todos juntos muy a menudo.

Todo eran risas y buen ambiente, lo que se trasladó a la discoteca entre arrumacos y miradas entre las chicas. Todos aguantaban la fiesta a pesar del cansancio del día, todos menos Hiram y Leroy, que a la hora de llegar, decidieron que para ellos había sido bastante. Se despidieron de todos y en un taxi se dirigieron al apartamento que Rachel tenía en la ciudad, donde se estaban quedando tanto ellos como Quinn.

Esta última charlaba con Santana, sentadas en una mesa mientras el resto lo daba todo en la pista de baile.

-¿Qué te pasa? – preguntó a Santana tras estar un rato mirando lo bien que parecían llevarse Rachel y su hermana, las cuales reían y bailaban como dos buenas amigas en la pista. La latina la sacó de su mundo al notar como reía y negaba con la cabeza. - ¿De qué te ríes?

-De ti… Si me llegan a decir en el instituto que serías la novia de Rachel Berry te hubiera machacado a Slushies por perdedora. Mírate, babeas por la enana, no puedo creerme que realmente estés así de enamorada… - dijo burlándose de ella.

-Si me llegan a decir en el instituto que te convertirías en la mejor amiga de Rachel Berry te hubiera machacado a Slushies por perdedora… - dijo imitando el tono de voz de Santana, que ante el comentario frunció el ceño, provocando la sonrisa triunfadora de Quinn.

-Dime la verdad, es buena en la cama ¿no? – preguntó en tono de confidencia. – Tiene que ser eso, no me creo que Quinn Fabray haya cambiado tanto como para perder el culo por Berry… ¿Es mejor que yo? Dímelo, sin paños calientes, Quinn…

-¿Tu estas bien de la cabeza? En serio, Santana, hazte mirar la mente que tienes porque no es normal… - dijo escandalizada.

-Te hablo en serio, ¿es mejor que yo?

-No pienso contestarte a eso… - dijo negando con la cabeza.

-Entonces es que no lo es. – dijo sonriendo.

-Para mí si lo es… - defendió a Rachel. – Es… la mejor con la que he estado… A lo mejor es porque Rachel es todo lo que necesito… Llevo enamorada de ella la mitad de mi vida…

-Buah, no te me pongas romántica. – dijo chocando su hombro con el de la rubia, sacándole una sonrisa a esta. - ¿En serio estabas enamorada de Rachel desde el instituto? – preguntó después de unos segundos de silencio. Quinn asintió.

-Me lo negaba totalmente. Para mí, estar enamorada de una chica era algo totalmente inapropiado y que esa chica fuera Rachel… Según estaban las cosas en el instituto un suicidio social para mí. – dijo riéndose. - Pero lo estaba… Y muchas veces temí porque tú te dieras cuenta… Muchas veces bajaba las barreras, como el día que te propuse darle a Rachel la corona del baile.

-No tenía ni idea… Aún hoy me parece increíble que estés con ella. Al menos la veo feliz… Y a ti también… - dijo sonriendo de medio lado. – Y ahora vuelves a llevarte a la enana lejos de mí, de vuelta a Los Angeles.

-Yo no me la llevo, vuelve ella porque quiere. Es ella la que quiere volver y seguir en Hollywood, compaginarlo con Broadway. Yo tengo claro que el lugar de Rachel es el escenario y que si decide quedarse aquí, yo no pondría impedimento, solo la seguiría donde hiciera falta para hacerla feliz.

-¿Te mudarías Nueva York por ella?

-¿Por qué no? Quiero estar donde esta ella. Mi trabajo me permite vivir aquí si fuera necesario, aunque tuviera que pasar algunas temporadas en Los Angeles… - dijo encogiéndose de hombros. Antes de que Santana le dijera algo más su hermana llegó, interrumpiendo la conversación mientras le tocaba el hombro.

-Perdón por interrumpir.

-No te preocupes. – le dijo Quinn.

-Es que me voy, solo quería decirte adiós.

-¿Ya te vas? – preguntó algo desilusionada. – Vaya… Espera, te acompaño fuera… - dijo mirando a Santana mientras se levantaba, indicándole que en un momento estaría de vuelta. La latina lo captó al instante y con un movimiento de cabeza se despidió de aquella mujer que había visto un par de veces en toda su vida.

-Gracias por venir, Frannie… - dijo una vez que estuvieron fuera del local. – No pensaba que fueras a venir…

-No sabía qué hacer, pero me apetecía veros… Gracias por acordarte y mandarme la invitación.

-Eso fue cosa de Rachel… - dijo sin pensar, pero al ver la sonrisa algo forzada de su hermana intentó arreglarlo. – Pero me alegra que lo hiciera y hayas venido… Me gusta que hayas estado aquí hoy… - dijo viendo aparecer una sonrisa tímida en su hermana, algo que no había visto nunca en ella.

-A mí también me ha gustado… Me lo he pasado muy bien.

-Espero que podamos pasar más momentos juntas… - dijo alternando la mirada entre el suelo y su hermana.

-Por supuesto.

-¿Dónde te quedas? Puedes venir a casa de Rachel, estoy segura que a ella no va a importarle y mañana te llevamos donde quieras…

-No te preocupes, mi avión sale en tres horas, me voy directa al aeropuerto.

-En ese caso, ten cuidado… Y dale un beso grande a los niños y otro a Peter de mi parte.

-Claro…

-Bueno pues… - no sabía cómo despedirse, sintiéndose totalmente torpe, por lo que agradeció que su hermana se acercara a ella e hiciera lo que ella misma deseaba, abrazarla. Durante unos minutos se mantuvieron abrazadas, sintiendo aquel calor de hermanas que desde que era una niña no sentía.

-Cuídate, Quinnie, nos vemos pronto. – dijo dejando un beso en la sien de su hermana junto a una sonrisa antes de tomar un taxi rumbo al aeropuerto.

La rubia volvió al local, acercándose a una sonriente Rachel con la que bailó toda la noche, encendiéndolas más de lo que estaban, olvidándose de todos sus amigos que a su alrededor parecían divertirse, a ratos entre todos y a ratos entre parejas, pero ellas vivían en un mundo especial, aparte del resto, lleno de sonrisa, besos y caricias.

Todas esas cosas no pudieron ser completadas al llegar al apartamento de la morena tal y como esperaba Rachel. Quinn se negó por completo a hacer algo teniendo a sus suegros en la otra habitación, a unos metros de donde ellas estaban. Hubiera cedido en cualquier otro momento, pero llevaba semanas sin ver a su novia y sabía que sería incapaz de no hacer ruido, igual que Rachel por mucho que lo negara. Así que la noche terminó con Rachel enfurruñada por no tener su dosis urgente de sexo y con Quinn haciendo esfuerzos por no saltarle a la yugular.

Algo que hizo en cuanto dejaron a la mañana siguiente a Hiram y Leroy en el aeropuerto. No estaba en sus planes parecer unas desesperadas, pero por mucho que trataron de preparar la comida, la cocina se convirtió en el primer lugar donde descargar el deseo acumulado, en la encimera. Hasta que llegaron a la cama, tuvieron que pararse en el sofá y el pasillo, incapaces de frenar, siguiendo insatisfechas tras el tercer orgasmo, por lo que ya en la cama, completaron aquel maratón de pasión desenfrenada entre risas, amor y susurros.

Una Rachel totalmente fundida, se encontraba boca abajo en la cama, mirando los ojos tan especiales de su novia, dilatados después de aquella sesión, con la mezcla entre el verde y el color caramelo más intensificada que nunca. Quinn por su parte se mantenía con su cara apoyada en su mano, tumbada de lado, invirtiendo su tiempo en llenar de caricias la espalda desnuda de la morena, sonriendo feliz, disfrutando de ese momento de silencio y tranquilidad que las envolvía.

-Rach…

-Dime… - dijo en un susurro, mirándola con más atención todavía.

-Vente a vivir conmigo… - le propuso sin parar su mano, siguiendo con aquellas caricias que le servían para tranquilizarse ante aquello. – No tiene por qué ser en mi casa, puedo irme a la tuya o podemos buscar una nueva. – dijo de forma atropellada, frenando para tomar aire y hablar sin parecer una desquiciada. – Te he echado mucho de menos estos meses ¿sabes? Y… no quiero pasar más tiempo del necesario separada de ti… Me encantaría pasarme los días tal y como estamos ahora y despertarme a tu lado para irme a trabajar con una sonrisa en la cara y volver y prepararte la cena para cuando llegues y me cuentes todo lo que te ha pasado durante el día…O que tu prepares la cena mientras yo no paro de distraerte… ¿Qué dices? – preguntó con un hilo de voz.

Rachel la había escuchado atentamente, seria, sin interrumpirla y no había abierto la boca para contestar, ni siquiera parecía dispuesta a hacerlo. Quinn estaba a punto de decirle que lo olvidara cuando la morena se levantó de la cama y se dirigió al baño, dejando a la rubia totalmente confusa e incluso herida.

¿No quería vivir con ella? ¿Pensaba que era demasiado pronto? ¿No estaba preparada para dar el paso? Pues que se lo dijera, no iba a enfadarse, al menos no mucho… Pero que se metiera en el baño sin darle una respuesta le estaba tocando el orgullo, creyendo a Rachel mucho más valiente que eso.

Al minuto, la morena abandonó el baño y se sentó a horcajadas sobre Quinn, que la miraba con el ceño fruncido ante la sonrisa de Rachel, que le mostraba un cepillo de dientes.

-¿Para qué me das un cepillo de dientes? No quiero un cepillo de dientes, quiero una respuesta. – dijo molesta, lo que hizo que Rachel pusiera los ojos en blanco.

-Es mi cepillo de dientes y te está dando una respuesta. – le dijo dejando que la rubia se sentara en la cama aun con ella encima. – Mientras que voy metiendo todas mis cosas en cajas, ¿Por qué no te llevas mi cepillo y lo vas colocando en tu cuarto de baño? – le dijo con las cejas alzadas. Quinn se quedó muda.

-¿Eso significa… significa que… quieres?

-Significa que quiero vivir contigo, que me voy a tu casa porque yo tampoco quiero separarme de ti. – dijo riendo al recibir un beso cargado de amor y felicidad por parte de la rubia. – Además, tu casa tiene playa, cariño, por supuesto que me voy. – dijo divertida.

-O sea que solo me quieres por mi casa con playa, eh… - dijo mientras tumbaba a la morena sobre la cama llenándola de cosquillas, riendo feliz por aquel nuevo paso en la relación.

FIN FLASHBACK

-Estás muy sexy mientras cocinas y cantas… - dijo todavía apoyada en la puerta.

-Oye… me has asustado, no te he escuchado entrar. – dijo Rachel girándose hacia ella.

-Te concentras mucho en la cocina. – dijo sonriéndole.

-¿Qué tal tu día?

-Agotador… - dijo resoplando. – Me hice actriz para no madrugar y vivir bien y mírame, ser actriz es una mierda, no tengo suficientes horas de sueño. – se quejó.

-Pobrecita… - dijo acercándose a ella. – Ya estás en casa, relájate. – dijo dándole un beso. - Te he preparado unas verduras que te vas a chupar los dedos, así que dúchate y bajas a cenar, que luego voy a dejar que te duermas en mis piernas mientras finges ver una serie que me gusta. – dijo guiñándole un ojo.

Quinn sonrió. Si, definitivamente, su vida había cambiado para mejor teniendo a Rachel en su casa, en la casa de ambas ahora. Podía dejar de lado todas las peleas por el desorden que la morena provocaba en las ordenadas estanterías donde Quinn tenía su música y sus películas, decidiendo la morena que mezclando las cosas de ambas todo quedaría en armonía. Podía dejar de lado el hecho de que Rachel fuera un desastre poniendo lavadoras y se dejara todos los días el baño patas arriba después de ducharse, teniendo que ser ella la que fuera detrás para recogerlo.

Volver a casa y ser recibida por ella era lo mejor del día, algo a lo que se había acostumbrado sin ningún esfuerzo, algo que podría repetir durante toda su vida.