CAPÍTULO 33
The Oscars
El invierno pasaba sin que las chicas pudieran detenerse a disfrutarlo, escapándose de sus manos entre alfombras rojas de distintos eventos y fiestas llenas de gente de la industria del cine. No podía ser de otra manera, era Febrero, el mes de los Oscar y donde Quinn y Rachel habían sido nominadas como mejor actriz, haciéndolas competidoras del mismo premio.
¿Alguna pareja había competido por algo así alguna vez en la historia? No, ninguna, ellas eran las primeras y todo el mundo se preguntaba era como se llevaba esa nominación en casa. Parecía que bien, ninguna había dado muestras de lo contrario. Al menos por ahora…
Aprovechando que las habían dejado tranquilas el día antes de la gran ceremonia, las chicas decidieron celebrar en su casa una de esas reuniones con el Glee Club que mantenían de vez en cuando. Quisieron que esta vez fuera en su casa para poder enseñársela a los chicos. Aquella ya no era solo la casa de Quinn Fabray, si no que había pasado a ser el hogar de la pareja.
Habían hecho algunos cambios en la decoración, permitiendo Quinn que Rachel también tuviera su propio sello en la casa, concediéndole su espacio, dándole la llave que nunca antes le había dado a nadie. Broadway y Hollywood se mezclaban extrañamente bien, combinado con el arte de Quinn y los premios de Rachel. No dudaron en enseñarles su morada a los chicos, quedando algunos impresionados por la casa al ser la primera vez que estaban allí.
Mercedes, Sam, Finn, Santana, Brittany, Kurt y Blaine, Artie, Tina junto al nuevo miembro de aquella familia que se había formado en el instituto, su hijo Max, fruto de su relación con un compañero en la clínica veterinaria donde trabajaba, Puck y Mike, no faltó nadie a aquella reunión.
La comida era algo informal, en el enorme jardín del que disponía la casa, cubierto gran parte por un porche, beneficiándose de aquel inusual día soleado en Los Angeles a esas alturas del año.
Bebida y una barbacoa de la que se estaban haciendo cargo Puck, Sam y una Santana que pretendía ser la chef de aquella comida era todo el plan. Mientras estos se peleaban por ver quién era más apto en las barbacoas, el resto se repartía por el jardín, creando pequeños grupos para ponerse al día de sus vidas mientras comían.
Rachel estaba feliz de tener a sus amigos allí, de poder disfrutar de ellos unas horas, de contarles y escuchar. Buscó a Quinn con la mirada y estuvo a punto de que la baba cayera de su boca al ver como su rubia jugueteaba con el pequeño Max de cinco meses, en su mundo, ignorando a Tina y a Brittany, tan solo centrada en el niño.
No dudó en acercarse a ella para descubrir que el pequeño reía ante las gracias de Quinn, contagiándole a ella la sonrisa en cuanto vio la imagen.
-¿Qué te dice la tia Quinn que te hace reír, Max? – preguntó acariciando al niño, poniéndose de cuclillas al lado de la rubia y el bebé.
-Nada, lo guapo que es… ¿verdad que sí, cariño? – preguntó con una voz rara Quinn, dirigiéndose al niño. Rachel admiraba la capacidad que tenía la rubia para conectar con los niños. No importaba que fueran bebés o algo más mayores, todos acababan adorando a Quinn. En cambio a ella le costaba algo más hacerse con los niños, un claro ejemplo de ello se dio al minuto de estar cerca de Max. Este enganchó el pelo de la morena y no había forma de que lo soltara. – Oye, campeón, suelta un poco que no quiero que me dejes a Rachel calva tan pronto… - dijo riéndose una vez que pudo desenganchar al niño de la morena, que tras peinarse todo lo dignamente que pudo, miró a su novia con el ceño fruncido.
-No voy a quedarme calva, mi cuero cabelludo es fuerte y está perfecto. – dijo molesta. – En cambio tú, no sé si puedes decir lo mismo…
-Te aseguro que puedo decir lo mismo y lo sabes, si no, hace mucho que no tendría ni un pelo cuando te agarras a él en ciertos momentos… - dijo tapándole las orejas al niño en un gesto gracioso, mirando pícaramente a su novia.
-¿Y tienes algún problema con esos ciertos momentos? – preguntó enarcando una ceja y sonriendo de medio lado.
-Ninguno, mi amor.
-Mejor, porque si no, podría quejarme de cómo en ciertos momentos, llenas mi espalda de arañazos de arriba abajo…
-Pero te encanta cuando hago eso… - dijo viendo como Rachel se mordía el labio inferior, sacándole una sonrisa al observarla alejarse de ella, probablemente a un lugar donde no estuviera tentada a echarse en su cuello.
La morena se entretuvo con Mercedes, Kurt, Mike y Santana, hablando de los últimos rumores y cotilleos de Hollywood, recordando Mike que ahora ellas habían entrado a formar parte de esa lista de famosos perseguidos.
-Nosotras no somos interesantes, no generamos muchos escándalos, al menos no muy seguidos… - dijo haciendo reír al resto. – Somos una pareja de chicas y jóvenes, y no es por presumir, pero las dos estamos en un momento genial en nuestras carreras, así que solemos ser noticia por eso… No somos criticables.
-Sí que lo sois, sobre todo por vuestra burbuja de felicidad llena de dulce… Sois insoportables con tanto amor. - dijo Santana rodando los ojos. – Y encima ahora las dos a por el Oscar, no podéis hacer nada separadas.
-¿Quién no puede hacer nada separadas? – preguntó Quinn uniéndose a ellos, sentándose en las piernas de su novia, rodeando su cuello mientras esta dejaba un beso en su cuello para recibirla y sujetaba sus caderas.
-¿Veis? Dos siamesas. – dijo la latina señalándolas.
-Déjalas, no las molestes. – dijo Kurt.
-Ahora que estáis las dos os tengo que decir que jamás pensé que terminarais en una relación, pero mucho menos que os fuerais a vivir juntas y el estilo de cada una se acoplara tan bien… - dijo Mercedes.
-La verdad es que hasta yo quedé algo sorprendida con el resultado de la casa, creo que ha quedado bastante bien, en cada rincón hay algo que nos define a cada una.
-Si, por eso digo, es perfecto, chicas.
Las conversaciones se iban sucediendo y la reunión se convirtió en una pequeña fiesta improvisada del Glee Club, donde Rachel y Kurt empezaron cantando algo de Broadway y absolutamente todos terminaron cantando algo, incluida Quinn, que a pesar de negarse, no supo cómo decir que no a cantar junto a Rachel y a la perfecta unión de la Unholy Trinity.
La diversión fue lo que abundó aquel día, donde todos se fueron al anochecer y cenados al haberse alargado tanto el asunto. Las chicas debían madrugar para el gran día, pero no les importó tenerlos más tiempo del esperado allí, al contrario, se comportaron como perfectas anfitrionas.
-¿De que habéis hablado Artie y tu tanto tiempo? Estabais muy serios. – preguntó Rachel en la habitación, donde ambas se colocaban el pijama listas para ir a dormir.
-Oh, no estábamos serios, solo hablábamos de trabajo. – informó a su novia. – A Artie le gustaría hacer una película o al menos un corto, probar suerte en algo distinto al teatro y me ha pedido ser la actriz principal. – dijo entrando al baño desde donde seguía contándole a Rachel sobre la conversación. – Ha empezado a hablarme de dinero y le he dicho que no se preocupe por eso, que me mande el guion, consulte fechas con mi manager y esteré encantada de participar en su primera película. – Quinn sabía que algo no iba bien. Su novia no la había interrumpido para preguntarle detalles como había esperado y su silencio no hacía presagiar nada bueno. - ¿Qué pasa? – preguntó al salir del baño y ver a Rachel seria.
-No, nada… - dijo sin mirarla, pero no tardó ni medio segundo en mirarla con el ceño fruncido. - ¿Por qué te lo pide a ti y no a mí?
-Porque soy mucho mejor actriz que tú, cariño. – dijo la rubia divertida, pero su novia no estaba para bromas.
-Eso no es verdad. – dijo señalándola con el dedo enfadada mientras abría la cama. – Yo soy mucho mejor y no entiendo porque Artie te pide ser su actriz y los periodistas te dan como favorita para ganar el Oscar. No lo entiendo y no me parece justo. – dijo con los brazos en jarras.
-¿Noto cierta envidia en el tono? – dijo sin poder evitar sonreír con diversión, abrazando a la morena por la espalda y dejando un beso en su cuello.
-Yo no le tengo envidia a nadie, soy Rachel Berry, no te olvides. – dijo con soberbia, apartándose de su novia que parecía buscar terminar el día dándose algunos mimos.
-Es que no tienes que tenerla, Rach. Que me den como favorita no me hace ganadora. También estuve nominada al Globo de Oro y no me lo llevé…
-Me da igual, te da más posibilidades que a mí. Quiero ser favorita y quiero ganar el Oscar, es mi sueño.
-Pensaba que tu sueño era ganar un Tony, y te recuerdo que tienes dos en esta casa y otro en la de tus padres.
-No cambies de tema que duermes en el sofá. – dijo golpeando el suelo con el pie llena de rabia al ver que su rubia la dejaba sin argumentos. – Estamos hablando de los Oscar y yo no tengo ninguno.
-Yo tampoco y me gustaría ganarlo. – dijo con el ceño fruncido, algo molesta por la conversación. – Pero me da la sensación de que a diferencia de ti, yo me alegraría tanto o más si lo ganaras tú y no yo.
-¿Qué insinúas Quinn? – preguntó con los brazos en jarras. – ¿Soy una egoísta por querer ganar? Bueno, siempre he querido premios, en cambio tú, no recuerdo haberte escuchado nunca pedir uno.
-Porque no lo necesito… - dijo encogiéndose de hombros, como si el tema no fuera con ella, lo que consiguió terminar de sus casillas a Rachel.
-Claro, que humilde… - dijo irónicamente. – Quinn Fabray no necesita premios… Pues a ver si necesitas a Ringo y Jagger para que te acompañen a dormir en el sofá, porque tu novia no va a ser. – dijo tendiéndole una manta de mala manera.
-¿Hablas en serio? – preguntó con la ceja en alto.
-Muy en serio.
-Perfecto. Que duermas bien, Rachel. – dijo antes de salir sin inmutarse, sin levantar el tono de voz.
Rachel no paraba de dar vueltas en la cama, no lograba encontrar la postura para caer rendida al sueño. El remordimiento de aquella discusión la estaba matando, algo que le molestaba enormemente. Era la noche previa a la gala de los Oscar, al día siguiente tendría unas ojeras que ni un kilo de maquillaje esconderían y estaba segura que mientras tanto, Quinn estaba durmiendo tan tranquila, sin darle importancia a aquello.
No se equivocaba mucho. La rubia en el salón descansaba lo más cómodamente posible, acurrucada en la manta después de leer un rato para bajar la adrenalina de su encontronazo con Rachel. Sabía cómo era su novia, sabía que los premios eran importantes, pero mentiría si dijera que no le dolía que fuese competitiva incluso con ella.
Estaba a punto de dejarse envolver por los brazos de Morfeo cuando sintió los pasos silenciosos de su novia, parándose junto a ella, deteniéndose a observarla unos segundos.
-Quinn… - susurró moviendo su hombro. – Quinn… - volvió a probar sin saber que su novia se hacia la dormida.
-¿Qué?
-¿Estás dormida?
-Sí.
-Ven a la cama anda… - dijo acariciando esta vez su mejilla y mirándola con ternura.
-¿Qué pasa, que te da miedo? – preguntó intentando mantenerse seria.
-No me vaciles, Fabray que te dejo aquí toda la noche… - le advirtió con el ceño fruncido.
-¿Ya has cambiado de opinión, retiras todo lo que has dicho antes? – preguntó la rubia incorporándose en el sofá, siendo arrastrada por la morena hasta la habitación.
-No puedo retirar lo que he dicho antes… - dijo tras un largo suspiro y mirándola a los ojos. – Soy así, Quinn, quiero ganar, no puedo pedir perdón por eso. Pero no me malinterpretes, si no gano y acabas llevándote tú el premio, estaré feliz, lo sé. – le explicaba mientras ambas se tumbaban en la cama. – Si no me alegrara de tus triunfos, te aseguro que no estaría aquí contigo, manteniendo una vida juntas. Eso es lo que te diferencia del resto, tolero que tú me ganes. – dijo sacando una sonrisa en la rubia, que acercándose a ella, besó sus labios.
-Te quiero, incluso en estos momentos de locura de estrella que tienes…
-Y yo a ti, incluso si mañana ganas, seguiré queriéndote.
-Muchas gracias, me dejas mucho más tranquila. – dijo la rubia riéndose por la mentalidad de su novia, acercándola a su cuerpo para dormir pegada a ella, a su cuerpo y su aroma.
La mañana no tardó en llegar y con ella un día cargado de locura. Todo eran prisas, llamadas deseando suerte y su casa llena de gente para prepararlas a estar deslumbrantes, algo que no ayudaba para nada a calmar los nervios que sentían. Aquella sensación de ansiedad mezclada con incertidumbre se les hacia la mejor forma de seguir manteniendo los pies en el suelo, de mirarse y ver la ilusión en la otra sabiendo que aquello, tanto para bien como para mal, no cambiaría nada en ellas.
Luces, flashes, entrevistas, encuentros con compañeros, encuentros con ídolos con los que jamás pensaron intercambiar palabras y les hacían sentir ridículas en sus tartamudeos, manos enlazadas, sonrisas, vestidos y joyas por las que todo el mundo pagaría por llevar. Los Oscar eran un lujo a los que decidieron ir acompañadas por Santana, Kurt y Brody, haciendo uso de sus limitadas invitaciones para que compartieran aquel momento tan especial e importante con ellas.
Premios, risas y bromas por parte de la presentadora las iban poniendo al límite. Su premio estaba tardando en llegar, pero justo antes de anunciar la mejor película, Hugh Jackman salió al escenario con un sobre en sus manos. El sobre. Dentro de él, posiblemente estuviera escrito el nombre de una de las dos.
Viendo como enfocaban sus caras, esas que quedarían para la historia con sus sonrisas más felices o las más falsas, las chicas se dieron la mano, apretando con fuerza para apoyarse mutuamente, para no desmayarse unos segundos antes de saber si alcanzaban la gloria.
Una de ellas la alcanzó. Hugh Jackman pronunció su nombre y el asombró adornó su perfecto rostro. Quinn Fabray no reaccionaba a su nombre, pero sí lo hizo su novia que llena de lágrimas de felicidad y una sonrisa encantadora y orgullosa la besó delante del mundo y animó a la rubia a buscar su premio, un premio totalmente merecido.
Quinn no sabía dónde pisaba. De camino al escenario había sido besada y felicitada por todo el equipo de su película mientras ella intentaba ordenar su cabeza, mantenerse coherente para poder dar su discurso. Cuando tuvo la estatuilla en sus manos no pudo evitar sonreír. Joder, había triunfado sin habérselo propuesto seriamente, pero con el máximo esfuerzo y pasión.
Aprovechando los aplausos, respiró hondo, miró a Rachel y comenzó su discurso.
-Buenas noches. Lo primero de todo es agradecer que me hayan considerado para ganar este premio cuando mis compañeras han hecho un gran trabajo en sus películas. Gracias al equipo de mi película, con los que ha sido un lujo y un placer trabajar, poniéndome las cosas siempre fáciles con su confianza. – empezó su discurso acordándose de los que la habían puesto allí, llevando su educación por bandera. – A mi familia de sangre por saber dejar el pasado poco a poco y a la familia que creé en Los Angeles junto a Lindsey y Brody, gracias por apoyarme cuando más difícil lo tenía. No quiero perder la ocasión de poder decir desde aquí que sin el Sr. Schuester y ese grupo de inadaptados que juntó en el instituto, mi vida sería muy diferente a lo que es ahora. Gracias a todos y cada uno de vosotros por pararme los pies cuando me perdía demasiado. – dijo mirando a Kurt y Santana con media sonrisa al ver como ninguno contenía las lágrimas. – Cariño, me imagino que esta noche me toca dormir en el sofá por haber ganado… - dijo haciendo reír a todo el recinto, incluida a una emocionada Rachel que secándose las lágrimas asentía divertida. – Te mereces esto más que yo. La pasión que pones en todo lo que haces y la determinación que tenías cuando apenas eras una adolescente decidida a dejar Lima para triunfar hace que te admire y te quiera cada día un poco más. Eres mi ejemplo en todo lo que haces, gracias por estar a mi lado. Y por último, te lo dedico a ti, aunque no me conozcas y no sepas quien soy, te quiero.
Aplausos despidieron a una emocionada Quinn a la que dirigieron a la parte trasera para que contestara a algunas preguntas y posara para los fotógrafos junto al premio. Afortunadamente nadie cuestionó por aquella última dedicatoria que tan solo sus más allegados sabían que iba dirigida a Beth. Los periodistas se centraron en ella y Rachel, una morena que en cuanto pudo saludar a su novia, la recibió con un beso lleno de amor para la campeona de la noche.
La fiesta posterior fue épica, aunque las chicas intentaron controlarse algo más y se limitaron a divertirse con el desenfreno de sus amigos, que parecían haber ganado ellos el premio, metidos en el mundo de Hollywood durante unas horas. Santana, Kurt y Brody protestaron cuando las chicas decidieron a las seis de la mañana que la fiesta debía dar por finalizada. Ninguno quiso terminarla allí, por lo que los tres continuaron con ella en casa de Brody.
Cuando las chicas pusieron un pie en su casa y se deshicieron de los incomodos tacones, sin mediar palabra se dirigieron a ese pequeño rincón de su salón donde dejaban sus premios. Cada vez había más y eran presididos por los dos Tonys que ahora eran respaldados por el Oscar de Quinn.
Cuando la rubia dejó el premio en la estantería, Rachel abrazó a su chica por la cintura y se quedaron unos segundos recreándose en el premio.
-Me gusta cómo está quedando esta estantería… - dijo Rachel apoyando su cabeza en el hombro de la rubia.
-¿Aunque el premio sea mio?
-¿Sabes? Nunca pensé que me pasaría esto, pero cuando han dicho tu nombre y te he visto allí arriba tan guapa, tan imponente y segura de ti misma, he sido muy feliz, podría decir que incluso he disfrutado más tu premio que cuando me los dan a mí…
-Te quiero, mi pequeña gran estrella. – dijo Quinn mirándola a los ojos, donde su verde centellaba amor.
-No soy pequeña. – dijo abrazándola, escondiendo su cabeza en su cuello, algo que llenó de ternura a la rubia, que con media sonrisa respondía.
-Si lo eres, incluso tus padres te lo dicen, pero me encanta. Me encanta que en este cuerpo tan pequeñito haya sitio para tanta perfección y adoro que tu estatura sea esta, la justa para mí. Ni más ni menos, la perfecta para que cuando me abrazas como ahora, tu cabeza quede justo en mi cuello y tu respiración sobre él me haga perder el control. – dijo besando su cabeza. La morena respondió alzando su cabeza y besándola, un beso tranquilo, dulce.
-Te quiero con toda mi alma, Quinn Fabray, aunque esta noche me hayas robado mi Oscar.
