CAPÍTULO 40

Todos contra Quinn

-Quinn, cariño, ¿no ves que no puedes? Déjalo ya. – decía Rachel a su mujer mientras ponía los ojos en blanco.

Dos días atrás habían ido a comprar muebles para la habitación que ocupaba Beth. La chica no se había implicado mucho en el asunto, tan solo opinó en contadas ocasiones, siendo Rachel y Quinn quienes escogieron los muebles y la pintura intuyendo los gesto de agrado o desagrado de la adolescente.

El día anterior habían pintado la habitación y esa tarde, Quinn se dedicaba a montar las estanterías que habían elegido para que su hija pudiera poner sus libros o música y hasta el momento, la cosa no iba demasiado bien. Afortunadamente, el escritorio no hacía falta que lo montaran.

-Te vas a hacer daño, Quinn. – insistía una preocupada Rachel detrás de la rubia, mientras que Beth se dedicaba a observarlas tirada en la cama, divirtiéndose en hacer comentarios que podían con la paciencia de Quinn. – No sabes…

-¡Si se! – replicaba una malhumorada rubia. - Si os calláis las dos de una vez, podré montar esto.

-Claro, eso fue lo que dijiste hace dos horas y sigues igual… - dijo Beth con una sonrisa burlona.

-¿Tú no tienes que hacer deberes? ¿Qué haces aquí? – preguntó Quinn sin mirarla.

-Estáis en esta habitación molestándome, no puedo hacerlos.

-Pues vete a la nuestra o al salón, o al jardín, será que la casa no es grande…

-Prefiero hacerlos aquí. – dijo divertida, ojeando su móvil mientras el silencio volvía a reinar en la habitación, solo interrumpidos por los bufidos y alguna palabra indescifrable de la rubia.

-Quinn, basta. – dijo la morena seria al escuchar un quejido de su mujer y ver como sus manos se dirigían a su espalda.

-Rachel, cállate un rato.

-No me mandes callar. – le advirtió. – Llama a Brody y deja de ser tan bruta. No puedes, no pasa nada.

-He hecho los agujeros en la pared y puedo montar esto, no es tan complicado.

-Me da igual lo complicado que sea, quiero que lo dejes ya. Te está doliendo la espalda.

-No me duele la espalda. – dijo con media voz, sabiendo que Rachel la conocía demasiado bien.

-Quinn, no voy a recordarte lo que dijeron los médicos… Deja eso y llama a Brody, porque si no, lo voy a llamar yo.

-Genial, estupendo… - dijo enfadada, dejando caer la madera que sujetaba al suelo. – Voy a llamar al salvador Brody que seguro que él puede con esto mejor que yo. – dijo saliendo de la habitación sin mirar a ninguna de las dos.

-Podría haber grabado esto y vendérselo a alguna televisión, seguro que me haría de oro con un video de la pareja perfecta peleando. – le dijo la adolescente a Rachel, que se giraba con los ojos abiertos de par en par después de negar con la cabeza la salida de su mujer.

-No puedes hacer eso, quiero decir, no se te ocurriría ¿no? – preguntó algo asustada.

-¿Por qué no? ¿Tienes miedo de que os quiten la medalla de matrimonio de éxito perfecto?

-Claro que no, lo digo porque venderías nuestra intimidad, Beth. No creo que lo vayas a hacer, la verdad, ni me da miedo, si algún día piensas que es lo correcto, adelante, allá tú, con tu conciencia. Me importa bien poco que la prensa o el mundo entero digan que somos la pareja ideal y a Quinn también, porque no lo somos.

-¿Ah, no? ¿Qué clase de matrimonio piensa que no es perfecto?

-Cualquier matrimonio normal. Quinn y yo tenemos que ser perfecta la una para la otra, no perfectas para el público. Tenemos nuestras peleas, de hecho, ya ves que nos peleamos la mitad de los días, pero todo sin importancia. Llevo pidiéndole a Quinn el divorcio desde el día que nos casamos y te aseguro que sabe que no lo digo en serio. – dijo sonriendo. – Solo hemos tenido una pelea fuerte o de importancia hace algunos meses y si nos planteamos el dejarlo, bueno yo lo plantee… - dijo sentándose a los pies de la cama.

-¿En serio? ¿Qué pasó? – preguntó al ver que la morena asentía.

-Teníamos diferentes puntos de vista en algo…

-¿Solo por eso?

-Bueno, era algo importante para mí y sé que para Quinn también lo era, solo que se negaba a ceder.

-Así que la prensa nos vende una imagen que no es…

-Constantemente.

-La verdad es que me voy dando cuenta. ¿Puedo confesarte algo?

-Claro, dime.

-Pensaba que eras una diva insoportable, alguien demasiado creída y estirada… Es lo que dicen en muchos medios.

-Bueno, a veces puedo ser así… - dijo sonriendo de medio lado.

-No sé, a mí no me ha dado esa sensación desde que te conozco. Me pareces alguien mejor de lo que cuentan…

-Vaya, muchas gracias, Beth… Esas son las opiniones que me importan y me afectan, las de mi familia y mis amigos, de la gente que me importa a mí.

Ambas se quedaron unos segundos en silencio. En esos días de convivencia, Beth se había mostrado más cercana y abierta a Rachel. Parecía dejar claro que no la culpaba a ella de las cosas que Quinn decidió y tanto le estaba costando asimilar.

-¿Qué le pasa a ella? – preguntó la más pequeña señalando con la cabeza la puerta.

-¿A Quinn? Nada, que es una cabezota y una orgullosa, estará esperando a Brody abajo si no ha subido todavía.

-No me refiero a eso. Antes le has dicho que pensara en la espalda o algo así.

-Oh… Verás, es que Quinn no puede forzar la espalda y lo estaba haciendo, le estaba doliendo. Cuando estábamos en el último año de instituto, tu… Quinn – se corrigió al ver como Beth la fulminaba con la mirada al ser consciente de que la morena iba a utilizar la palabra "madre" – tuvo un accidente de coche y… bueno, fue bastante grave, quedó en silla de ruedas unos meses. Le quedaron secuelas y con frecuencia le dan dolores fuertes de espalda, pero hace unos meses dijo basta y el médico le advirtió que debía ir con cuidado si no quería volver a la silla o tener dolores crónicos.

-Vaya… No… no lo sabía. – dijo totalmente sorprendida.

-Eso tampoco te lo han dicho en la prensa, eh.

-No…

-Forma parte de la intimidad que te decía antes. La prensa puede saber pero hasta cierto punto. Hay cosas de nosotras que no tienen el derecho de conocer.

-Muy bonito todo el tema de mi espalda, pero espabilad que Brody ya está aquí. – dijo una seria Quinn entrando de nuevo a la habitación.

-No está bien escuchar detrás de las puertas… - dijo Rachel escondiendo una sonrisa.

-No estaba escuchando detrás de la puerta, hablas demasiado alto.

-Ya… ¿Dónde está Brody?

-Aparcando el coche, ahora sube para que te monte de la forma adecuada la dichosa estantería.

-¿Quién es Brody? – interrumpió Beth la charla de las dos mujeres. – El padre del niño. – dijo señalando la barriga de Rachel.

-¿Qué? – preguntó Quinn ofendida.

-No, claro que no, es un amigo nuestro, el padre del niño es un donante anónimo.

-¿Se puede? – se escuchó la voz de Brody en el pasillo antes de poner un pie en la habitación.

-Claro, Brody, pasa. Gracias por venir. – dijo Rachel. – Espero que no te hayamos molestado.

-Claro que le hemos molestado, estaba con su mujer y sus suegros pasando el día en la playa.

-No le hagas caso a esta gruñona. – dijo el chico quitándole hierro al asunto. – Me ha venido bien que me llaméis, estaban hablando algo de tener hijos y por ahora solo me gusta la idea de ser tío. – dijo con la sonrisa más amplia que le habían visto. Brody se acercó a la morena y la abrazó. – Enhorabuena, mamá. Menos mal que conseguiste convencer a la idiota de tu mujer.

-Gracias, Brody. – dijo riendo por el comentario y al ver cómo le acariciaba la barriga ante la atenta mirada de su mujer, que había decidido ignorar el último comentario de su mejor amigo.

-Mira, ella es Beth. – dijo Quinn presentándole a su hija, que llevaba embobada mirando al chico desde que había entrado y que no dudó en saltar de la cama para saludarlo.

-Hola.

-Hola, Beth. Llevaba mucho tiempo esperando poder conocerte, me alegra que estés aquí. Un gusto. – dijo tendiéndole la mano.

-Yo acabo de saber que existes, pero también estoy muy encantada de conocerte… - dijo con una sonrisa estrechando su mano. Rachel y Quinn se miraron incrédulas, mientras que un divertido Brody negaba con la cabeza.

-Bueno – dijo la rubia tras un leve carraspeo. – Ahí tienes la estantería entera para ti. Yo puedo hacerlo perfectamente, pero se estaban poniendo muy pesadas.

-No nos digas pesadas, el problema es que eres demasiado torpe. – dijo Beth sin mirarla, prestándole toda la atención al chico que ya se ponía manos a la obra con su tarea. Quinn la miró y se mordió la lengua antes de contestarle, centrándose en ayudar a Brody mientras que Rachel decidía abandonar la habitación.

Durante unos minutos estuvieron ocupados y concentrados en la estantería, hasta que Beth empezó a hacerle preguntas a Brody a las que el chico no daba ninguna importancia. Sabía lo importante que era Beth para Quinn, por lo que se limitaba a ser educado.

-¿Por qué no te quitas la camiseta, Brody? Seguramente estés más cómodo y todos seremos un poco más felices… - dijo terminando con la paciencia de Quinn.

-Perdónala, Brody… - dijo en un susurro.

-No te preocupes. – dijo guiñándole un ojo.

-Beth, acompáñame fuera un segundo.

-No.

-He dicho que me acompañes. – dijo cogiéndola del brazo y llevándola con ella al pasillo.

-¿Qué te crees que haces? – se quejó molesta.

-No, ¿Qué crees que haces tú?

-Yo no estoy haciendo nada.

-¿Ah, no? ¿Coquetear con Brody no es nada? – dijo irónicamente.

-¿Qué pasa, estás celosa?

-¿Qué estás diciendo? ¿Por qué iba a estar celosa yo?

-No sé, os he visto muy cerquita, a lo mejor es tu diversión y la pobre Rachel no se entera.

-¿Pero tú te oyes? – preguntó desesperada. – Beth soy lesbiana y Brody es mi mejor amigo, las posibilidades de que la fantasía en tu cabeza sea cierta es nula. Además, fue Rachel su novia hace años, así que ve y le preguntas a ella si es su amante.

-Dios, esto parece un culebrón…

-Sí, así que no empeores el culebrón y vete abajo.

-Yo me quedo.

-Beth, por las buenas… - dijo pasándose las manos por la cara. – Brody está casado y es feliz con su mujer. Tú eres una niña y lo haces para molestarme, - dijo sabiendo que cada vez que decía algo inapropiado hacia Brody, Beth la miraba de reojo para ver su reacción, dejándole claro que su interés no era en Brody, si no en enfadarla a ella - así que vete abajo.

-Pero…

-Abajo, Beth. Cuando terminemos le dices todo lo guapo que es y lo agradable que sería verlo sin camiseta.

Maldiciendo y resoplando una cabreada Beth se dirigió a la planta de abajo de aquella casa, dejando que por fin, Quinn y Brody terminaran de montar su nueva habitación.

Lo que quedaba de tarde pasó, quedando la habitación de Beth totalmente amueblada y dando un poco más de calidez al cuarto, quedando claro que a partir de ese momento dejaba de ser una simple habitación de invitados para pertenecer a Beth.

Brody no quiso quedarse a cenar con las chicas, decidiendo volver con su mujer y sus suegros, por lo que el matrimonio decidió pedir una pizza que empezaron a comer en el salón en cuanto Quinn terminó de darse una ducha.

-¿No tenéis más amigos igual de guapos? – preguntó Beth dándole un bocado a su porción de pizza.

-Es guapo Brody, eh… - dijo Rachel con una sonrisa traviesa.

-Eso, tu dale alas. – se quejó la rubia. – Se ha pasado la mitad de la tarde coqueteando con él.

-Ay, Quinn, ¿Qué quieres? Beth es adolescente, las hormonas le pueden, igual que a nosotras con su edad. – defendió la morena a la chica con un guiño de ojos, a lo que Quinn contestó con un resoplido. – Tenemos más amigos y algunos bastante apuestos también. Cuando quieras organizamos una comida y conoces al resto de nuestros amigos.

-¿Hay algún famoso?

-Eh, no… Bueno, Mercedes es cantante, seguramente sabes quién es, pero el resto son todos amigos del instituto. También tenemos amigos en Hollywood, pero no son ni serán amigos íntimos. Sería muy aburrido estar siempre rodeadas de estrellas. – dijo la morena sacando una sonrisa a Beth.

-Pues si queréis hacer una comida, hacedla, no tenéis que pensar en mí, a mí me da igual lo que hagáis o dejáis de hacer con vuestra vida.

-Ya pero…

-La psicóloga os dijo bla, bla, bla… - cortó Beth a Rachel. – Podré sobrevivir te lo aseguro. No me hace gracia estar aquí y no me hace gracia tener que aguantar muchas cosas, pero os recomiendo que sigáis haciendo vuestra vida normal porque es lo que yo pienso hacer en cuanto cumpla los dieciocho.

-Muy bien, pues los invitaremos si nos apetece. – dijo Quinn. – Pero antes de invitarlos tendría que saber si estás dispuesta a conocerlos a todos.

-Y a mí que más me da si no los conozco y no creo que los vea más de dos veces en mi vida.

-Bueno, Beth, sabes que uno de ellos es un tema más delicado. – dijo Rachel esta vez.

-No te entiendo. – dijo totalmente desubicada.

-Tu padre, Beth… - fue Quinn la que le aclaró la duda, pero Beth pareció mucho más sorprendida y perdida en la historia.

-¿Tengo padre?

-Pues claro que tienes padre, no me quede embarazada por un milagro.

-No te rías de mí, eso ya lo sé. – dijo molesta. – Pero yo pensaba que no habías vuelto a ver al chico, que… no sé, que te dejó tirada o algo.

-¿Shelby no te habló de Puck? – preguntó Rachel.

-¿Puck, así es como se llama el que te dejó embarazada?

-Sí, y quiero que sepas que quiere verte, que está esperando a que le diga que estás lista para poder venir.

-Joder… - dijo Beth en un susurro, desviando la vista hacia la televisión. Ese momento, lo aprovechó Quinn para subir las escaleras bajo la atenta mirada de Rachel y volver a aparecer a los dos minutos con algo entre sus manos.

-Toma, este es Puck. – dijo entregándole a su hija la foto que conservaba de Puck con una Beth todavía bebé, el recuerdo de cuando Shelby les dio la oportunidad de acercarse a su hija.

La adolescente observó la fotografía con un brillo en sus ojos que ni Quinn ni Rachel supieron descifrar.

-¿Cómo…? Soy yo de bebé. – dijo reconociéndose en la imagen. - ¿Me estuvisteis viendo?

-Esa fue la última vez que te vimos, hasta ahora… - le explicó la rubia. – Conocemos a Puck desde el instituto, somos amigos y bueno, pues una noche…

-No quiero saber nada. – la cortó Beth. – No me interesan las mentiras que me puedas contar, no quiero explicaciones. – dijo recomponiéndose de la sorpresa de descubrir aquello y que le había hecho bajar la guardia unos minutos. – Si quieres invitarlo, hazlo, me da igual, será como el resto y me importará lo mismo que los demás, nada. Yo no tengo padres. – dijo mirando a Quinn duramente, consiguiendo que la rubia aceptara las palabras de su hija con un débil asentimiento y bajando la mirada.

-Bueno, ya discutiremos eso, el día ha sido muy largo, ¿Por qué no vemos una película y nos relajamos un poco? – propuso Rachel, buscando una tregua en una infranqueable Beth, que cada vez que parecía acercarse un poco, se alejaba diez pasos.

-Como queráis… - dijo la joven empezando a teclear en su móvil.

-¿Cuál os apetece ver? – preguntó Quinn, que tras una mirada comprensiva de su mujer, ya buscaba el apoyo en su pecho y el abrigo de los brazos de la morena.

-¿Has visto Funny Girl alguna vez, Beth? – le preguntó la morena.

-Eh, no.

-Pues tienes que verla, te va a encantar, es la mejor película de la historia. ¿Cómo puedes no haberla visto? Yo a tu edad ya me sabía los diálogos. ¿Quieres verla? – dijo de carrerilla, sin darse tiempo a respirar, a lo que Beth sonrió divertida, mientras Quinn, disimuladamente, llamaba la atención de su hija con uno de sus dedos para que se negara a verla.

-Quinn dice que no, así que probablemente deberíamos verla. – dijo mirando a la rubia desafiante.

-¿Por qué le dices que no? – preguntó la morena molesta a su mujer, que con cara de circunstancia aguantaba el pellizco de Rachel en su brazo.

-Cariño, es que ya la hemos visto muchas veces… Podríamos ver una de las nuevas que compramos, vamos, una más moderna… - dijo con la mejor cara de inocente que podía poner.

-Me da igual, por negarte a mis espaldas vamos a ver Funny Girl, además estoy embarazada y tienes que consentirme.

-Está bien… - cedió resignada, recibiendo un beso en los labios de una sonriente Rachel.

-Eres la mejor. Ahora, corre, vete a hacer las palomitas mientras Beth y yo ponemos la película. – dijo empujándola levemente para que se levantara del sofá.

-Menuda sometida. – dijo Beth en un audible susurro cuando Quinn pasaba por su lado, haciendo que la rubia, lejos de molestarse sonriera.

-Hoy estáis todos contra mí, pero me da igual, no sabes lo feliz que me hace ser una sometida. Ya te enamorarás algún día… - dijo orgullosa de sí misma, viendo como su hija se levantaba del sillón para poner la película con una mueca burlona en su rostro.

Desde luego la convivencia no estaba siendo fácil entre ellas dos. Ella no sabía cómo acercarse a su hija y Beth no estaba dispuesta a ceder terreno. Daba igual, Quinn seguía fuerte, tragándose desplantes y con la seguridad de que tarde o temprano conseguiría hablar con su hija y lo que más deseaba, poder abrazarla entre sus brazos.