CAPÍTULO 41

Doble sorpresa

Un nuevo día empezaba en casa de las chicas. Después de dar unas cuantas vueltas en la cama, Rachel decidió ponerse en pie y comenzar a activarse, sabiendo que tenía por delante un día importante.

Con la cara todavía con el rastro del sueño y el pelo revuelto, entró en la cocina donde descubrió a Beth desayunando sola.

-Buenos días. – la saludó la adolescente con una sonrisa divertida al verla. - ¿Mucho sueño?

-Ni te lo imaginas… Este embarazo puede conmigo. – dijo dejándose caer en uno de los taburetes. – Perdón por no haberme despertado antes, debería haberte hecho el desayuno.

-Rachel, se prepararme el desayuno, no tienes la obligación de hacérmelo. – la tranquilizó. - ¿Quieres que te prepare un zumo o algo? Me da tiempo antes de irme. – se ofreció, terminando de beberse su batido.

-No, gracias, creo que hoy voy a desayunar fuera. Iré a ver a Lindsey y esperaré allí a Quinn.

-¿Quién es Lindsey?

-Una amiga. En realidad es amiga de Quinn, es como su madre. Le ayudó mucho y la verdad es que en cuanto conoces a Lindsey es imposible no quererla, es una mujer adorable. Está deseando conocerte.

-¿Y dónde está Quinn para que tengas que esperarla allí? - preguntó con el ceño fruncido, ignorando el deseo de aquella mujer de conocerla.

-Tenía una reunión a primera hora de la mañana al otro lado de la ciudad. Hoy le ha tocado madrugar más de la cuenta.

-Se supone que sois importantes, ¿no podéis elegir sitio y hora para las reuniones?

-Ojalá. Nosotras somos importantes de cara al público, pero de puertas para adentro, son los productores los que mandan, así que de vez en cuando, nos toca seguir órdenes. – le explicó. – Si Quinn quiere cerrar su participación en la película para el año que viene, tiene que ir.

-Pues vaya…

-Oye, anoche, estuvimos pensando y Quinn me dijo que te lo preguntara. – dijo después de unos segundos en silencio. - ¿Quieres venir a la cita con el doctor con nosotras? Hoy me hacen la primera ecografía y estoy nerviosísima, nos encantaría que nos acompañaras.

-Tengo instituto, de hecho, debería irme ya. – rechazó la invitación.

-Puedo hacerte una nota dándote permiso, o llamar al instituto y pasar a recogerte antes de ir a la consulta.

-De verdad, Rachel muchas gracias, pero hoy tengo cosas importantes en clase y no debería saltarme ninguna asignatura.

-Está bien, si cambias de opinión nos llamas.

-Lo haré.

-Y Beth. – llamó su atención antes de que saliera de la cocina. – Recuerda que hoy vienen a tomar café y pasar un rato Santana, Brittany y Puck.

-No se me olvida. – dijo resignada. – Me voy, Rachel, suerte con la ecografía. – dijo regalándole una sonrisa antes de irse.

Aquel día era importante. No solo lo sería porque le harían la primera ecografía, sino porque aquella tarde, Beth conocería a sus dos amigas y a su padre.

Quinn y Rachel habían decidido hacerlo de esa forma. Una comida supondría pasar parte de la comida con silencios incomodos y al menos tomando café, la cosa sería más distendida, o al menos eso esperaban.

Habían avisado a Puck para que volara a Los Angeles y por fin pudiera ver a su hija y además, quisieron que Santana y Brittany estuvieran presentes para que Beth no tuviera la sensación de estar ante la obligación de ver o hablar con Puck de forma forzosa. Las chicas no dudaban que si a Beth no le apetecía ver a Puck, estuvieran o no sus amigas, lo diría, pero tenían la esperanza de que las cosas fueran bien.

Por lo que después de recibir el beneplácito de la psicóloga a aquel encuentro, lo organizaron todo para aquella tarde.

Rachel y Quinn ya estaban en la consulta del doctor, quien le preguntaba a la morena por cómo estaba llevando el embarazo y los síntomas.

-Muy bien, Rachel, pues vamos a pasar a la ecografía que me imagino que lo estás deseando. – dijo el doctor levantándose de la silla con una amable sonrisa.

-Sí, estoy nerviosa… - dijo con media sonrisa, tumbándose en la camilla.

-No te preocupes que no hay nada que temer. Levántate un poco la camiseta, por favor. – le pidió. – Vale, así basta, ahora voy a ponerte este gel y en un momento podremos ver a vuestro hijo. – Rachel asintió, mirando a su mujer nerviosa, mientras esta la tranquilizaba con una sonrisa y acariciando su mano.

-Está frío, eh. – dijo la rubia al ver su gesto cuando el doctor puso en gel en su abdomen.

Rachel no dijo nada y Quinn tampoco en cuanto el medicó pasó el transductor por el vientre de Rachel y en una pantalla apareció una imagen en movimiento donde antes solo había negro.

No se podía ver claramente lo que aquella pantalla mostraba, al menos para Quinn y Rachel no, pero solo saber que su hijo estaba ahí, les llenó el pecho con una sensación máxima de felicidad.

-No sé si lo sabéis, pero este punto borroso que hay aquí, es vuestro hijo. – dijo el doctor señalando un punto en la pantalla ante la emocionada mirada de las chicas. – Y ahora viene lo mejor, ¿queréis escuchar algo? – preguntó con una extraña sonrisa. Rachel no sabía a qué se refería, por lo que buscó la mirada de la rubia, que la miraba con la misma sonrisa que el doctor.

El corazón de su hijo. Un sonido claro y fuerte batiendo a una velocidad de vértigo.

-Oh, Dios… - dijo Rachel tapándose la boca con sus manos. – Es… es su corazón… - dijo en un susurro. – Quinn, ¿lo estás escuchando?

-Sí, cariño… - dijo acariciando su mejilla con una delicadeza extrema, sonriéndole llena de agradecimiento. – Es maravilloso poder escucharlo, ¿verdad?

-Es el mejor sonido del mundo. – estuvo de acuerdo la morena.

-¿Va todo bien doctor? – preguntó la rubia al ver la cara de concentración del médico, que parecía buscar un nuevo ángulo en el vientre de Rachel.

-De hecho, va más que bien. Todo está estupendo y tengo que daros una noticia…

-¿Qué pasa? – preguntó Rachel preocupada.

-Pues…que no hay un puntito, si no, dos… - dijo señalando ambos puntos en la pantalla. – Y no están escuchando un solo corazón, si no, dos, los corazones de sus mellizos. – dijo dejando boquiabiertas a las chicas, que en ese mismo instante se olvidaron de respirar, dejando en Quinn una palidez preocupante.

-Madre mía… - fue lo único que atinó a salir de la boca de la rubia con un hilo de voz.

Salían de la clínica, directas a por el coche, pero Rachel no podía más con el silencio de su mujer.

-Mi amor, ¿vas a decirme lo que pasa por tu cabeza? – le preguntó frenándola.

-Solo pasa la palabra mellizos…

-¿Y hay algo de malo en que sean mellizos? Nos habían avisado que esto podría pasar y si te soy sincera… me encanta que sea así.

-¿Te encanta? – preguntó mirándola a los ojos.

-Sí, ¿a ti no? – dijo algo preocupada por su reacción.

-No sé si me encanta la idea, lo que sé es que me aterra. – dijo gesticulando con sus manos.

-¿Tienes miedo? – preguntó sorprendida.

-¿Tu no?

-Pues no…

-¿Cómo no estás asustada? Joder, Rach, no tenía muy claro que pudiera desenvolverme bien con uno, ¿Cómo voy a ser buena madre con dos? Mírame, ni siquiera puedo con Beth…

-Eres una madre excelente, Quinn. – dijo la morena con una sonrisa al escucharla. – Todos esos miedos que tienes son los míos, pero confío en nosotras y sobretodo confío en ti, sé que esta familia saldrá delante de la mejor forma y tú tendrás la culpa.

-Es demasiada responsabilidad, ¿no crees?

-Solo la justa. Sé que puedes con esto y más.

-No, más no, trillizos podrían matarme de un infarto. – dijo sonriendo por primera vez, escuchando una carcajada por parte de la morena justo antes de entrar en el coche.

-Eres una payasa, no cambiarás nunca…

-Espero que no, sabes que me encanta escucharte reír. – dijo besando su mejilla. – Y quiero que sepas que aunque asustada, estoy feliz por mis dos garbancitos. – dijo poniendo la mano en la barriga de Rachel. – Te quiero, por hacerme feliz y quitarme las tonterías de mi cabeza.

-Yo te quiero más, muchísimo más. – dijo dejando un beso en sus labios antes de que Quinn arrancara el coche.

-Veo que ya lo vas aceptando… - dijo la rubia tras unos minutos de viaje en el coche.

-¿El qué?

-Que ahora mismo tienes dos pequeños garbancitos dentro. – dijo divertida. – Antes no me has regañado.

-No he aceptado nada, solo lo he dejado pasar porque era un momento demasiado bonito como para quejarme, pero no me hace ninguna gracia que compares a mis hijos con los garbanzos.

-¿Has visto lo pequeños que son?

-Me da igual, me niego a que los llames garbanzos.

-Garbancitos. – dijo aguantando la risa al ver la molestia de la morena.

-No te aguanto… Tienes la gracia donde yo me sé.

-A ver si te aclaras, ¿soy una payasa o no tengo gracia?

-Ahora mismo, ninguna gracia.

-¿Sabes que me encanta hacerte enfadar?

-Sí, con los años me he podido dar cuenta. – dijo resignada ante la risa de Quinn, que veía como la morena negaba con la cabeza y acababa sonriendo.

La tarde llegó pronto, llevando a casa de las chicas a Santana y Brittany junto a la hija de ambas, Maggie y a un nervioso Puck, esperando todos en el jardín la llegada de Beth del instituto.

Pero la adolescente se estaba haciendo de rogar. Hacía más de una hora que se suponía había terminado sus clases y no había dado señales de vida. Ese tiempo lo utilizaron para ponerse al día con sus amigos y explicarles cómo iban las cosas con Beth, es decir, bien con Rachel y mal con Quinn casi como desde el principio.

-No me da tregua. En cuanto intento sacar una conversación un poco más larga me corta o se va y me deja con la palabra en la boca. Aunque prefiero eso a que me diga cualquier bordería, la verdad… - explicaba la rubia sus problemas.

-Eres una exagerada. – dijo Puck.

-Estoy de acuerdo con él. – dijo Santana.

-¿Exagerada? Ahí tenéis a Rachel, ella os lo puede decir. Pero no me importa, estoy dispuesta a aguantar todo. Tengo a Beth conmigo y es lo único que me importa.

-Bueno, está bien, pero entre tanto, deberías ir imponiéndote. La niña está enfadada, lo entiendo, pero ella debe entender que vosotras mandáis y al menos debería respetaros un mínimo. – opinó la latina.

-A mí me respeta, de hecho creo que le caigo bastante bien, pero con Quinn no hay manera. La culpa, pero tampoco sabemos de qué exactamente, porque no sabe nada de la historia y no quiere escuchar nada. Solo necesita dejar que Quinn hable, entonces creo que las cosas empezarán a mejorar, pero mientras tanto, Beth no cambiará su actitud.

-Es que es complicado. Para nosotros es complicado. – dijo la rubia implicándolos a todos. – Pero para ella ha supuesto un cambio enorme en su vida. Shelby ha muerto y encima se entera dos semanas antes que es adoptada y su madre es una actriz de Hollywood. No es fácil de digerir, lo comprendo, probablemente yo hubiera reaccionado igual con su edad.

-También tienes razón… - dijo Santana. - ¿Es que, que adolescente recibe a su madre biológica con los brazos abiertos cuando la encuentra?

-Yo. – dijo Rachel con el ceño fruncido.

-Y así te fue. – dijo la latina molestando a la morena. – Eres rara hasta para eso. Estoy segura que si hubieras pasado de ella desde el primer momento con todo lo que lió, las cosas hubieran sido distintas con…

-¡Beth! – cortó Quinn a la latina, mirándola de reojo. La adolescente estaba en la entrada del jardín y por lo que pudo ver, estaba atenta a lo que allí se hablaba. Que Beth se enterara de quien era la madre de Rachel de boca de Santana no iba a ayudar a avanzar con ella. – Ven, acércate, te estábamos esperando. ¿Dónde te has metido?

-Tenía cosas más importantes que hacer que estar aquí. – dijo seria.

-Bueno, mira, ella es Santana, mi mejor amiga. – dijo Rachel con una sonrisa inmensa de poder presentarle por fin a las personas que formaban parte de sus vidas.

-Sí, bueno, tampoco te emociones tanto, enana… - dijo la latina acercándose a la adolescente. – Hola. – dijo analizando a Beth con la mirada, algo que se convirtió en un pulso que terminó con una sonrisa en los labios de Santana.

-Hola. – contestó Beth seria, aceptando la mano que le tendía la latina. – Si esta es tu mejor amiga y te llama enana, no quiero saber que dicen de ti tus enemigos. – dijo sarcásticamente mirando a Rachel.

-No te equivoques, con Rachel me puedo meter yo, pero que nadie la toque, porque puedo morder. Eso es lo que me diferencia de sus enemigos.

-Lo que tú digas. – dijo apartándose de ella, pero antes de que pudiera hacer nada, se veía envuelta por unos brazos que la mantenían a ella y un bebé de no más de dos años encerradas.

-Hola, Beth… No sabes las ganas que teníamos Maggie y yo de verte. – decía una hiperactiva Brittany ante la atónita mirada de la adolescente, que miraba de reojo a Quinn y Rachel para ver si aquello era normal. – Eres guapísima, ya me lo dijo Lord Tubbington cuando naciste, él veía el futuro y me dijo que serías incluso más guapa que tu madre.

-Vale, vale… - dijo Beth abrumada ante tanto entusiasmo de aquella rubia de ojos azules y el bebé que la miraba esperando que le dijera algo.

-Lord Tubbington era su estúpido gato. – aclaró un apartado Puck al ver la cara de desconcierto de su hija, tomando voz por primera vez.

-Su gato no era estúpido. – defendió Santana a su mujer, que ya había cambiado radicalmente su gesto de alegría para convertirlo en uno de total tristeza. – Como vuelvas a poner triste a mi mujer te capo, Puckerman y sabes que las de Lima Hights no engañamos. – amenazó al chico, que tragaba saliva de forma costosa.

-Bueno, calma. – dijo Quinn al ver como se estaba desarrollando todo. Beth no daba crédito a aquellos personajes que estaban en el jardín. – Beth, esto no es así nunca, al menos casi nunca… - dijo con una mueca en su cara. – Ya los irás conociendo poco a poco. Mira, él es Puck, tu padre.

-Creo que ya te he dicho suficientes veces que yo no tengo padres, que la única que tenía está muerta.

-Tiene más carácter que yo, cada vez me gusta más. – le susurró Santana a su mujer, que asentía con una sonrisa.

-Hola, Beth… - dijo el chico sin saber muy bien que hacer. Finalmente, se decidió por un abrazo, un abrazo que le salió del corazón, pero que se vio cortado por las manos de la adolescente, que lo paró y lo único que le ofreció fue su mano.

-Hola.

-Bien, ¿Por qué no nos sentamos un rato más y hablamos? Tenemos que daros una noticia. – dijo Rachel ante el silencio que reinaba en el jardín.

-Yo me tengo que ir. – dijo Beth.

-¿Qué? ¿Ya? Pero si acabas de llegar. – dijo la morena.

-Lo siento, me han llamado.

-¿Quién? – preguntó Quinn incrédula.

-Los del zoo para que le dé de comer a los osos panda. – dijo con ironía, una ironía que pilló todo el mundo menos Britt.

-¿En serio? ¿Puedo ir contigo? Me encantaría darles de comer a los panda. ¡Qué ilusión! – exclamó dando unas palmaditas. Beth la miró boquiabierta, mientras que el resto contenía la risa al ver su cara.

-Eh, era broma, solo me voy con mis amigos…

-¿No me quieres llevar? – preguntó volviendo a mostrar aquel gesto de tristeza.

-No, en serio, es que no voy al zoo…

-Pero, ¿me prometes que si vas alguna vez, me llevarás?

-Sí, te lo prometo. – dijo con el ceño fruncido, sin saber cómo salir de aquel jardín de locos. – Bueno, yo me voy, adiós.

-Espera, Beth. – dijo Puck antes de que la chica pudiera dar dos pasos. - Mañana por la tarde tengo que volver a Londres, me preguntaba si… ¿te gustaría que nos viéramos por la mañana y hablamos o…?

-No, no me gustaría. Tú querías conocerme y lo has hecho, pues bien, ya no pidas nada más porque no lo vas a tener. – dijo muy convencida, sacando media sonrisa en Puck al ver el carácter del que hablaba Quinn y que podría compararse al de sus peores épocas.

-Tú y yo nos vamos a llevar bien, hazle caso a tu tia Santana. – dijo la latina guiñándole un ojo.

-Me extraña que eso vaya a pasar, tia Santana… - dijo con cara de asco, antes de adentrarse en la casa seguida por Quinn y Rachel.

-Beth, espera. – le pidió la morena.

-No me voy a quedar, en serio, Rachel, ¿Qué clase de amigos tenéis? Esas dos mujeres están locas, una es una agresiva y la otra…no sé muy bien que es.

-Son buenas personas y te gustarán, estoy segura, lo que pasa es que hoy estábamos todos un poco nerviosos. – dijo Quinn.

-Bueno, como sea, no me voy a quedar.

-Vale, solo queremos decirte una cosa. – dijo la rubia con media sonrisa.

-¿El qué?

-Tú fuiste la primera en enterarte del embarazo y queremos que seas la primera que sepa esto. – dijo entregándole un sobre que contenía una fotografía de la ecografía.

-¿Ya sabéis lo que es? – preguntó al sacar la ecografía del sobre e intentar descifrar algo.

-No, pero si sabemos cuántos vienen. – dijo Rachel.

-¿Cuántos? – preguntó sorprendida. – No me digas que…

-Mellizos. – se adelantó la morena incapaz de aguantar más. – No es solo uno, Beth, serán dos, al final es sorpresa doble, ¿Qué te parece?

-No sé, que vais a estar entretenidas dentro de unos meses… - dijo sin poder evitar sonreír. – Pues enhorabuena… o no, no sé qué deciros.

-Mejor enhorabuena. – dijo Quinn algo emocionada.

-Pues eso, enhorabuena. – dijo devolviéndole el sobre a Rachel y dejándole una caricia cariñosa en el brazo antes de volver a abandonar la casa.

-Al final va a resultar que tengo una hija con sentimientos… - dijo Quinn con la voz cortada. – Los saca a cuenta gotas, pero ahí están.

-Clavadita a su madre. – dijo besando a su emocionada mujer.