CAPÍTULO 44

¿Qué es?

Las semanas pasaban de largo en el calendario, situando en su quinto mes de embarazo a Rachel. La morena había seguido a raja tabla las recomendaciones de los médicos y aceptado los cuidados de su familia y amigos. La tranquilidad había estado presente en todo momento, consiguiendo que aquel bebé que no se dejaba descubrir el sexo, creciera sano y fuerte dentro de ella.

La pérdida de uno de los bebés las mantuvo un tiempo tristes y con los sentimientos a flor de piel, pero habían conseguido sobrellevarlo, curar la herida con amor e ilusión en lo que sí tenían.

Las cosas en la casa del matrimonio habían mejorado. No todo era bonito y sencillo en un abrir y cerrar de ojos. Beth seguía mostrando carácter, pero al contrario de los primeros meses, a partir de lo que le pasó a Rachel, la chica moderó sus salidas de tono, sobretodo delante de la morena o al menos lo intentaba.

Su actitud con Quinn también había intentado cambiarla. Su actitud con ella seguía fría y distante, pero en vez de enfadarse y gritar, trataba de dialogar para conseguir salirse con la suya u optaba por la ignorancia cuando la conversación no le agradaba.

A pesar de la implicación de Quinn en los estudios de Beth, esta parecía seguir un camino distinto al que tocaba. La rubia, tal y como aseguró, había ido a hablar con la directora del instituto y los profesores para tratar de buscar una solución, y más al saber que hasta la muerte de Shelby, Beth había sido una estudiante excelente, con unas notas de envidia y que destacaba en lo que se proponía, sobretodo en el dibujo, algo que sorprendió a Quinn.

En ese momento, Beth suspendía, faltaba a todas sus clases, sus compañías no eran las mejores y todo el entusiasmo que tenía por lograr sus objetivos se había evaporado. Lo único que consiguió Quinn con aquella visita y una charla con Beth fue que la adolescente acudiera a algunas clases, además de seguir llevándola y recogiéndola todos los días del instituto.

Quinn volvía a casa después de un fin de semana en Nueva York, la rubia acudió a un evento y tuvo que alejarse un par de días de sus dos chicas. La casa se encontraba en total silencio, algo que no sorprendió a Quinn. Si sus cálculos no fallaban, a esa hora Rachel debía de estar en una nueva revisión acompañada por Hiram, Leroy y Beth.

Los padres de Rachel habían hecho acto de presencia en la casa aquel fin de semana en una visita que los mantendría en Los Angeles, aprovechando para conocer a la hija de Quinn, que como siempre hacia, los recibió desganada y mostrando cero interés en aquellos hombres.

De repente, una suave melodía se dejó escuchar de lejos en la casa, asustando en un primer momento a Quinn, que llevada por las notas del piano, se dejó guiar hasta dar con la procedencia del mismo.

El misterio se resolvió sin más. Beth. Allí estaba su hija, en aquella sala especial para ella donde se aislaba de todo y era así como parecía estar la adolescente, aislada, concentrada en llevar el ritmo, en acariciar el teclado del piano con suavidad.

-Tocas bastante bien. – dijo cuándo la pieza terminó, sobresaltando a Beth, que giró el cuello bruscamente para encontrarla. – Tranquila, soy yo.

-Perdón por estar aquí, no sabía que ibas a venir y yo… no había entrado nunca, te lo juro. – se excusaba algo avergonzada al verse descubierta en aquella habitación a la que nunca había entrado hasta ese día.

-No pasa nada, Beth, no tienes que disculparte por entrar aquí. No está prohibido, al menos para Rachel y para ti. Puedes entrar cuando quieras. – dijo tomando asiento a su lado en el minúsculo banco. – No sabía que tocabas el piano…

-He ido a clases de piano desde que era pequeña, mi madre creía que debía saber un poco de todo y tocar el piano era algo fundamental para alguien que se moría por la música. – dijo con media sonrisa.

-Mi madre también me llevó a clase de piano, pero a mí no me gustaba demasiado, era una obligación.

-A mí tampoco me gusta mucho el piano, pero parece que lo echaba de menos… - dijo volviendo a acariciar las teclas del instrumento.

-Yo terminé comprándome uno, parece que al final engancha. – dijo riendo, sacando una sonrisa en su hija. - ¿Sabes? Podrías utilizar la sala para pintar, ya ves que tienes todo lo necesario y yo últimamente no lo utilizo mucho. Sé que te gusta…

-¿Por qué no pintas? Creía que hacías exposiciones y esas cosas. – dijo ignorando todo lo demás.

-Pues porque no tengo mucho tiempo y no estoy muy inspirada… Hice dos exposiciones y parece que la gente te exige una tercera. Pinto porque me gusta, porque me deja tener la mente en blanco, es una forma de descansar, pero cuando empieza a ser un compromiso, esto deja de ser divertido. – le explicó. – No creo que vuelva a exponer, si pinto será para uso exclusivo nuestro. Quien sabe, quizás la próxima que exponga seas tú…

-No creo. Me gusta la pintura y el arte, pero prefiero el dibujo, diseñar, crear el principio de algo con un simple lápiz y un papel…

-Entonces arquitecta. Bueno, o diseñadora…

-Arquitecta. – dijo agachando por un segundo la mirada mientras sonreía de medio lado, intentando que no se notara que aquella conversación que estaba teniendo con Quinn, la más larga y pacifica que habían mantenido hasta ese momento, le estaba haciendo bien, incluso le era agradable mantener aquel tipo de interactuación.

-Es una buena profesión… Pero sabes que si sigues así, no podrás conseguirlo ¿no? – dijo mirándola de reojo, viendo como Beth buscaba su mirada para que se explicase mejor. – Sigues sin acudir a la mayoría de tus clases, Beth… - dijo soltando un suspiro. – Y no estudias nada… Te encierras en tu cuarto y no sé lo que haces toda la tarde ahí.

-No empieces… - le pidió.

-No voy a empezar, solo quiero que tengas presente que estás perdiendo tú con todo esto, cariño, que por hacerme daño, por buscar algún enfrentamiento, estás perjudicándote a ti misma eligiendo unas amistades que nadie debería tener y dejando de lado los estudios. Piensa en ti, Beth, porque de esta forma te hieres a ti misma. ¿Quieres que sufra? Busca otra manera, pero en la que no salgas perdiendo tú. – dijo mirándola con algo de pena. Beth no la miraba, centraba su mirada en el piano, pensando algo que la rubia era incapaz de saber y que le hacía comprender a Rachel cuando ella hacia lo mismo.

-Te has perdido la revisión por un evento… - dijo Beth después de unos minutos en que las dos se mantuvieron en silencio, cambiando de tema radicalmente. Quinn volvió a suspirar.

-Tú también por lo que veo… Pensaba que irías con ellos. Yo tenía un evento desde hacía tiempo programado, se trataba de algo benéfico, si no, te aseguro que no me hubiera movido de aquí.

-Yo he pasado de ir. Es una simple revisión.

-Bueno…hoy seguramente sepamos si es niña o niño.

-Da igual, Rachel ha ido con sus padres y… a veces los padres de Rachel son muy intensos… - dijo mirando a su madre que no pudo evitar sonreír.

-Pues espérate cuando de aquí a un rato llegue mi madre… Cuando se juntan los tres pueden ser una bomba de relojería. Rachel los aguanta, yo procuro escaparme a cualquier sitio donde no estén y si no, me pongo unos tapones en los oídos para no escucharlos. – dijo haciendo reír a Beth mínimamente. Al ver que la adolescente volvía a quedarse pensativa, siguió hablando. – ¿Demasiados padres en poco tiempo?

-No lo sé… Yo tenía mi vida, con las personas que eran cercanas a mí y a mi madre y de repente, me veo viviendo con dos famosas en todo el mundo, conociendo a gente nueva que me mira, que sonríe, que me observa y tienen la sensación de que me conocen porque han sabido de mi desde que nací, pero yo no tenía ni idea de la existencia de ellos hasta ahora… Es… agobiante y frustrante… - se desahogó, bajando la barrera un nivel más. Quinn sabía que esa barrera volvería a subir, ya había pasado otras veces.

-Mira el lado positivo, Beth, si decides ser actriz y te haces famosa, los paparazzi te parecerán aficionados al lado de toda la panda de locos que nos rodean a Rachel y a mi… - bromeó la rubia consiguiendo su objetivo, una nueva sonrisa de Beth.

Era lo único que se le ocurría, bromear. Beth llevaba razón en lo que le decía, era lógico y la entendía, por lo que no había nada que decirle o reprocharle respecto a ese tema.

Ninguna de las dos escuchó la puerta de la entrada abrirse, pero si escucharon a Rachel alzar la voz.

-¡Beth! ¿Dónde estás? ¡Ya estamos aquí!

-Como para no escucharla… - dijo Beth en un susurro mientras salía de la habitación junto a Quinn, que al escucharla rio.

-Estamos aquí. – dijo Quinn bajando la escalera al lado de su hija con una sonrisa, sonrisa que se trasladó a Rachel al verla aparecer. Era increíble, pero pasaban los años y ellas seguían metiéndose en una burbuja donde no existí nadie más que ellas, ignorando todo a su alrededor, y más si llevaban unos días separadas.

-¡Mi amor, ya estás aquí! No sabes cuánto te he echado de menos, se me ha hecho eterno… - decía la morena lanzándose a los brazos de la rubia, que ya la esperaba dispuesta a recibirla con un beso.

-Solo ha sido un fin de semana, pero me gusta que me hayas echado de menos… - dijo con una sonrisa de medio lado que derritió a la morena. – Oye, esta barriga ha crecido en mi ausencia. – dijo mirando el abdomen ya algo abultado de la morena.

-Me estoy poniendo enorme, Quinn… - dijo como una niña pequeña.

-Eso no es verdad, estás preciosa. – la consoló acariciándole el pelo. – Nunca te había visto más guapa de lo que estás ahora.

-A ver si a ti te hace caso, porque a nosotros nos ignora. – dijo Leroy, sacando a las chicas de su realidad paralela.

-Hola, Leroy, ¿Cómo estás? – dijo abrazando al hombre para luego hacer lo mismo con su marido. – Me alegro de veros Hiram.

-Y nosotros a ti, cariño, pero ¿no te alegras de ver a tu madre? – preguntó señalando a Judy, que permanecía a un lado.

-¡Mamá, no te había visto! – exclamó al verla, acercándose a ella para regalarle un abrazo más pronunciado que a sus suegros.

-Ya me he dado cuenta, porque Rachel espera a mi nieto, si no, no nos llevaríamos bien… - bromeó la mujer mirando a la morena.

-No me asustes Judy, yo no tengo la culpa de ser tan irresistible para tu hija. – dijo con una sonrisa soberbia, lo que provocó la risa de todos allí. De todos menos de Beth, que seguía junto a las escaleras.

-Mamá, mira, quiero presentarte a Beth. Beth, ella es Judy, mi madre. – dijo tomando a su madre de la mano para acercarla a su hija.

Beth esperó el movimiento de la mujer expectante. Se esperaba cualquier cosa menos lo que sucedió. Judy se abrazó a ella llorando, rodeándola con fuerza mientras a duras penas conseguía entenderla.

-Oh, Beth, lo siento tanto. Lo siento, lo siento, de veras. – repetía bajo la triste mirada de los Berry, la de socorro de Beth y la de tremendo enfado de Quinn.

-Mamá… - probó a llamarla sin ningún resultado. – Oye, mamá, ya está bien. – dijo tirando de ella, separándola de su hija. – Basta ya, te lo advertí, te dije que si querías conocerla nada de numeritos y mírate, es lo primero que haces. – le reprochó molesta.

-Lo siento, hija, pero es que… no he podido evitarlo. – se excusó enjuagándose las lágrimas.

-Todos hemos podido evitarlo, se trata de mostrar control sobre tus acciones. – seguía la rubia ante la atónita mirada de Beth.

-Bueno, ya está, cariño. – le pidió Rachel acercándose a ella. – No ha pasado nada, ¿verdad, Beth? – dijo buscando el apoyo de la adolescente con una mirada llena de súplica a la que Beth atendió.

-Sí, todo bien… mientras no vuelva a pasar… - dijo sin poder evitar dejar eso claro.

-Pues ya está, vamos a cambiar las caras que tengo una noticia. – dijo emocionada, recordándole a Quinn a la Rachel adolescente antes de proponer un tema en el Glee Club.

-¿Ya sabéis lo que es? – preguntó Judy más serena.

-¡Sí! – dijo en un gritito. – Vamos, apuestas, ¿Qué pensáis que es?

-Un niño. – dijo Judy convencida, sacando una sonrisa en los tres Berry.

-¿Tu Beth?

-No sé, un niño, también. – dijo encogiéndose de hombros.

-¿Y tú que crees, Quinn, niño o niña? – preguntó acercándose a ella y dejando sus dos manos en su cintura.

-Me da igual lo que sea, solo quiero que me lo digas. – dijo impaciente.

-¿Seguro que no quieres apostar? Que cobarde… - se burló la morena.

-Vamos, Rach, no te hagas de rogar, dínoslo ya. – le pidió la rubia.

-Bueno… pues resulta que tu garbancito es… - dijo dejando un silencio que destrozó los nervios de las tres Fabray. - ¡una campeona!

-¡Una niña! – exclamó Quinn abrazando a Rachel, llegando incluso a alzarla del suelo de la felicidad que invadía su cuerpo, de la satisfacción, de la alegría de poder compartir con su familia ese momento.

-Una hermana, Beth. – dijo Rachel a la chica.

-Enhorabuena, Rachel. – dijo dejándose abrazar por la morena, que no dudó ni un instante en mostrarle su cariño.

-¿Puedo abrazarte yo? – preguntó Quinn en voz baja aprovechando que tanto Judy como Hiram y Leroy se habían perdido por el salón y solo Rachel podía escucharla. Beth lo pensó unos segundos, pero finalmente asintió, sacando una sonrisa todavía más reluciente en Quinn y Rachel.

-Gracias… - dijo la rubia sin creerse que por primera vez estuviera abrazando a su hija, cerrando los ojos para guardar aquel momento, su olor, la forma tan perfectamente torpe que tenían sus brazos para rodearla, su voz apagada en su cuello.

-No te acostumbres. – dijo seria, pero Quinn no pudo evitar reír.

El abrazo no duró mucho más. Beth se perdió en el jardín, volviendo a meterse en cualquier conversación que leía por el móvil mientras les hacía más caso a los perros que a las personas, pero a Quinn no le importó. ¿Cómo iba a hacerlo después de aquello?

El lugar entre sus brazos volvió a ocuparlo Rachel, que complacida y feliz por su mujer acariciaba su espalda con una ternura extrema.

-Creo que no he sido más feliz que en este momento en mi vida, Rach… - le confesó a su mujer en el oído, con sus manos alrededor de su cuello mientras acariciaba su cuello con delicadeza.

-Te creo. – dijo sonriendo sobre su cuello, dejándole un beso allí.

-Una niña, cariño… Es… perfecto. – dijo tratando de definir lo que le parecía todo aquello.

-He estado pensando nombres…

-¿Ah, sí? Sorpréndeme. – dijo aun envueltas en un abrazo que parecía eterno, pero las mantenía en paz.

-En realidad he pensado uno, pero sería compuesto, a ver qué te parece… Streisand Lupone.

-Estarás de coña ¿no? – preguntó la rubia separándose para mirarla a los ojos.

-No. – dijo encogiéndose de hombros.

-Rachel, como comprenderás, no le vamos a poner a la niña los apellidos de dos estrellas de Broadway por mucho que las admires.

-Te recuerdo que le pusiste a los perros los nombres de dos estrellas de la música.

-¡Son perros! ¿Cómo puedes ni siquiera comparar la situación?

-Bueno, a mí me gusta el nombre, queda bonito.

-Sí, precioso. – dijo irónicamente.

-La niña se va a llamar así. – dijo segura, viendo como Quinn se alejaba de ella.

-Ni lo sueñes, te pido el divorcio como se te ocurra traumatizar a nuestra hija con su nombre. Necesitaría un psicólogo desde su nacimiento.

-Muy graciosa. – dijo cruzándose de brazos. – Pero ya veremos quién sale ganando…