CAPÍTULO 45
¿Feliz cumpleaños?
Nuevamente las barreras subidas al máximo nivel. En el último mes, cada paso hacia adelante que se había dado en la relación del matrimonio con Beth, habían significado tres atrás.
Aquella predisposición de Beth por hacer la convivencia más fácil se había venido abajo con la noticia que tuvieron que dar a los medios de comunicación del embarazo de Rachel.
Era algo inevitable, ya que no se podía ocultar más. Mediante un comunicado hicieron saber que esperaban un bebé, sin dar más explicaciones de las necesarias, simplemente que estaban felices de la próxima llegada de su primer hijo.
Los medios como era evidente, saltaron a la calle a por la imagen de las chicas, convirtiéndolas en el blanco durante semanas. Ser noticia suponía convivir con decenas de cámaras detrás del matrimonio cada vez que abandonaban su hogar, lo que terminó implicando de alguna manera a Beth.
Ella vivía con las chicas, salía con ellas si decidían comer en algún restaurante o acompañaba a la morena a dar algunos paseos que le beneficiaban en su estado. A pesar de que los responsables de prensa de Rachel y Quinn tenían orden directa de evitar que cualquier foto de Beth saliera en los medios públicos fue imposible.
Pudieron retirar las que mostraban a la rubia llevando o recogiendo a su hija del colegio, en las que se veían a las tres haciendo la compra como cualquier persona normal y algunas en las que salían a comer o a pasear, pero alguna de ella se escapó.
Los medios no habían dado la menor importancia a la presencia de la menor en esas fotos, pero a Beth parecieron molestarle mucho. No lo dijo, no se molestó en hacérselo saber a Rachel y Quinn, pero para ellas era evidente, ya que su cambio de actitud, aquella vuelta a mostrarse distante y borde, se dio desde el mismo momento en el que se vio junto a ellas en esas fotos.
Seguía habiendo momentos agradables junto a ella y eran esos momentos los que mantenía con fuerza a las chicas, que no podían evitar sentirse dolidas con la actitud de la adolescente. Convivir con ella esos meses no había sido nada fácil, pero la querían, mucho más de lo que lo hacían sin conocerla y no se daban por vencidas con ella, teniendo la esperanza de que lograrían hacer sentir a Beth parte de la familia que eran.
Para demostrárselo una vez más, habían señalado en el calendario la fecha de aquel día que comenzaba, el cumpleaños de Beth. Cumplía diecisiete años y las chicas se levantaban dispuestas a felicitarla y sorprenderla con algunos regalos que habían preparado.
La sorpresa se la llevaron ellas al descubrir que Beth no estaba en casa. La chica tuvo la delicadeza de avisar con una nota pegada en la nevera que ese día no pensaba ir al instituto y que no sabía a qué hora llegaría. Tanto Quinn como Rachel suspiraron, tratando de no tomarse a mal aquello, poniendo su energía en preparar una tarta para que Beth pudiera soplar las velas cuando llegara.
Debieron hacer caso a la nota. Eran más de las diez de la noche y Beth seguía sin aparecer y sin perspectiva de llegar o atender sus llamadas.
-Esta niña tiene mi paciencia al límite, te lo juro. ¿Dónde diablos se ha metido? – preguntaba Quinn enfadada.
Las chicas estaban sentadas en el suelo, Quinn apoyada en el sofá, mantenía entre sus brazos a Rachel, que intentaba tranquilizarla con caricias en sus manos mientras se acurrucaba en su pecho.
-No tengo ni idea…
-Un día entre semana, Rachel… - volvía a quejarse.
-Déjala, es su cumpleaños, estará celebrándolo con sus amigos.
-¿Todo el día? Además, no me dejas más tranquila diciéndome que está con sus amigos, ¿le has visto la cara al baboso ese que está con ella siempre que la recogemos en el instituto? Es un mafioso, igual que los que están siempre alrededor de él.
-¿Por qué no piensas en otra cosa?
-¿En qué? – preguntó cansada, suspirando mientras apoyaba su barbilla en la cabeza de la morena.
-En mí, por ejemplo… Últimamente me tienes abandonada…
-¿Eso piensas? Entonces no me conoces... Si me conocieras, sabrías que me paso la vida pensando en ti… - dijo besando su mejilla.
-¿Si?
-No lo dudes. Ahora compartes mi pensamiento con esta pequeña – dijo acariciando la abultada barriga de Rachel – y con ese elemento que hicimos entre Puck y yo. – dijo haciendo reír a la morena. – Pero mi pensamiento central eres tú. Siento que te sientas abandonada por mi… - dijo con tono de culpabilidad.
-Es normal, se nos están juntando varias cosas… Ni siquiera yo estoy tan pendiente a ti. Supongo que hemos hecho un curso acelerado de cómo ser madres que nos va a poner a prueba cuando venga el bebé.
-Entonces, no hace falta que pidamos el divorcio ¿no? – preguntó volviendo a hacer reír a la morena, que giraba su cabeza para poder mirarla. - Nos hemos abandonado, pero seguimos juntas y diría que con mucho amor…
-Momentos como este, compensan todo. Te adoro. Han pasado los años y con una simple mirada sigues haciéndome sentir especial.
-Porque lo eres. – dijo besando sus labios.
Rachel buscó una mejor postura entre las piernas de Quinn para poder continuar con el beso. Beso que se convirtió en besos que acompañaban de sonrisas y furtivas caricias que prometían algo más.
Desgraciadamente se quedó en eso, en promesa, porque la voz de una adolescente a la que no habían escuchado entrar las sacó de su burbuja.
-Menudo espectáculo. Podríais respetar un poco las zonas comunes y meteros en vuestra habitación a f…
-Ni se te ocurra terminar esa frase. – le advirtió Quinn, que con delicadeza, ayudaba a su mujer a levantarse junto a ella, consiguiendo frenar a tiempo a Beth, que con una mirada de desagrado se disponía a subir las escaleras. – ¿Dónde demonios has estado todo el día, Beth?
-¿Y a ti que te importa?
-Pues me importa y mucho. Porque es el cumpleaños de mi hija, con la que quiero celebrarlo, a la que le hacemos una tarta y nos preocupamos de que se sienta bien, pero resulta que ella desaparece para celebrarlo con a saber quién.
-Nadie os ha pedido que hagáis nada y yo no he celebrado nada. Hoy es un día como cualquier otro.
-¿Ah, sí? Pues para ser un día como cualquier otro te has hecho un regalazo sin ir a clase y presentándote aquí a las tantas, después de pasar de nuestras llamadas. – dijo con las manos en jarras, volviendo al enfado que minutos antes la mantenía en tensión.
-Mira, Quinn, a ver si te entra en la cabeza ya, yo hago lo que me da la gana y cuando me da la gana, que no eres nadie para decirme lo que tengo que hacer o no.
-¡Soy tu madre! – dijo alterada, acercándose a ella con el ceño fruncido.
-¡Mi madre está muerta! ¿Quieres que celebre el cumpleaños contigo? ¿Para qué? Todos los he pasado con mi madre y este año no está. Tu no vas a venir a sustituirla, ni tu ni nadie. – dijo mirando de reojo a la morena. – Eres una falsa, una hipócrita de mierda que después de diecisiete años se acuerda de la hija que dejó en cualquier puerta. – dijo viendo el dolor en la cara de Quinn. – Y tú, - dijo señalando a Rachel – no sé cómo te atreves a tener un hijo con ella. Estate atenta porque con lo buena madre que es, en cuanto te des la vuelta ha dado al bebé en adopción.
La tensión que reflejaba el cuerpo de Quinn salió de la peor forma. Una bofetada seca y certera en la mejilla de Beth que salió sin ni siquiera ser consciente, un acto reflejo que la dejó helada, observando como su hija se cubría la mejilla y mantenía la cara girada en la misma posición que la había dejado el golpe.
-¡Quinn! – exclamó Rachel acercándose a ellas con la boca abierta, sorprendida por la respuesta que había tenido su mujer.
-Beth… - trató de reaccionar la rubia, pero Beth no la iba a dejar.
-¡No me toques! Ni se te ocurra volver a tocarme en tu vida. – dijo con furia.
-Lo siento, no…
-Vete a la mierda. – dijo antes de darse la vuelta y subir las escaleras.
-Beth, espera un segundo, vamos a hablar como personas normales, por favor. – le pidió Rachel inútilmente.
El portazo que retumbó en toda la casa al meterse Beth en su habitación precedió al silencio que invadió el salón. Rachel miraba hacia las escaleras, preocupada por la adolescente, pero en cuanto se giró y vio los ojos invadidos de tristeza de su mujer, supo quién lo iba a pasar peor por lo que acababa de ocurrir.
-Cariño… - dijo acercándose a ella, dispuesta a tranquilizarla, pero Quinn se apartó con desgana, aun con la tensión reflejándose en todo su cuerpo.
-Ahora no, Rachel… - dijo saliendo por el jardín.
La morena lo entendió. Quinn necesitaba ese rato a solas para calmarse y organizar su mente, para llorar o para gritar, pero necesitaba hacerlo sola para luego hablar con ella. Por lo que Rachel la dejó ir, suponiendo que iría a dar un pequeño paseo a la playa, utilizando el murmullo del mar para callar sus pensamientos.
Antes de subir las escaleras cogió todo el aire que pudo y se armó de paciencia, pasando brevemente por su habitación para coger algo e ir directa a la habitación de Beth.
Ni siquiera pidió permiso para entrar, tan solo abrió la puerta despacio, encontrando a la adolescente mirándose la mejilla que había recibido el golpe en el espejo, lanzándole una mirada a través de este.
-Mira como me ha dejado la mejilla la histérica de tu mujer. – dijo señalándose, dejando ver a la morena un tono rojizo en la zona.
-Quinn se ha equivocado, se ha dejado llevar, pero no lo ha hecho para hacerte daño. – dijo tranquila.
-No vengas a defenderla, Rachel, porque entonces no te escucharé.
-Escuchas solo lo que te interesa, Beth… Quinn se ha equivocado, pero creo que la bofetada te la tenías merecida. – dijo viendo como la sorpresa inundaba el rostro de la adolescente al escuchar a Rachel hablarle tan claro.
-¿Encima? Podría denunciarla.
-Haz lo que creas, pero eres muy injusta con Quinn, tremendamente injusta. Dices cosas que hacen daño, creyéndote una verdad que has creado en tu cabeza, pero la única verdad es que hablas sin saber que pasó o que pensó Quinn para darte en adopción, porque te dio en adopción, no te dejó en ninguna puerta. – le aclaró, viendo como la chica agachaba la cabeza. – A veces las palabras hieren más que una bofetada y te puedo asegurar, porque la conozco, que a Quinn le ha dolido más ese golpe que a ti.
-Seguro…
-Beth, cariño, sé que es complicado entrar en una casa que no conoces y con alguien que acabas de descubrir que es tu madre, pero han pasado meses y es hora de que empieces a comportarte como una adulta. Te queda un año exacto para serlo y tu actitud es de una niña caprichosa a la que las cosas no le salen como quieren.
-¿Qué vienes a meterte conmigo? Para eso haberte quedado con tu mujer. Que sabrás tú de cómo me siento, mira como vivís, vuestra vida de lujo. – dijo moviendo los brazos.
-Sé exactamente cómo te sientes, Beth y creo que tienes mucha suerte.
-No me hagas reír.
-Lo digo totalmente en serio. Mi vida y la de Quinn no siempre ha sido así. Nosotras no hemos nacido con esta casa o esta profesión, lo que tenemos nos lo hemos ganado con esfuerzo y trabajo. Venimos de Lima, algo totalmente distinto a Los Angeles, si no hubiéramos arriesgado por nosotras mismas, nuestra vida estaría muy alejada del lujo. – le explicó con el ceño fruncido. – Esto, el lujo, esta casa, no da la felicidad, Beth… A mí la felicidad me la da mi familia, Quinn, el bebé, tu… Soy feliz y te aseguro que yo también he tenido épocas difíciles. Yo también soy adoptada…
-Sí, vaya sorpresa debiste llevarte al enterarte teniendo dos padres gais… - dijo en modo irónico.
-No, la sorpresa me la llevé cuando mi madre biológica apareció de la nada queriéndome conocer.
-¿Conoces a tu madre? – preguntó sorprendiéndose nuevamente.
-Tenía la misma edad que tu cuando supiste de Quinn… Yo era feliz con mis padres, sí, siempre me había preguntado cómo sería mi madre o que motivo tuvo para darme en adopción, pero nunca tuve especial obsesión por buscarla o conocerla. Pero un día apareció, era la profesora de coro de nuestra competencia y utilizó a un chico para llegar hasta a mí. No sabía cómo actuar, nos parecíamos bastante y teníamos los mismos gustos y me gustó, me gustó la idea de poder contar con mi madre, de poder hacer cosas distintas con ella. Me ilusioné para nada, porque unas semanas después me dijo que ella buscaba otra cosa, que no podía ser mi madre, que era demasiado tarde. – continuaba explicando la morena bajo la atenta mirada de Beth. Rachel desvió la mirada hacia un portarretratos con una foto de Beth junto a Shelby sin poder evitarlo y la chica se dio cuenta. – Ese mismo día, decidió que quería ser madre desde cero y adoptó a un bebé recién nacido, ilusionada por su nueva oportunidad y sin importarle que dejaba otra hija destrozada en el camino. – dijo conteniendo las lágrimas al observar a su madre en aquella foto. A Beth no le hizo falta más. Aquella mirada fija de Rachel hacia su madre le había hecho sumar dos más dos.
-Tienes que estar de coña… Es imposible… - dijo negando con la cabeza. - ¿Qué clase de broma es esta? – preguntó haciéndole saber a Rachel que había entendido el mensaje aunque la morena había intentado tapar la identidad de su madre.
-Shelby era mi madre, Beth. Volvió a aparecer en mi vida de vez en cuando para volver a marcharse cuando le apetecía hasta que me cansé. Le pedí que se olvidara de mí si pretendía continuar desapareciendo y no volví a saber de ella hasta que nos llamaron para ir a por ti…
-Eso es mentira. – dijo con las lágrimas a punto de caer de sus ojos. – Mi madre no haría eso. ¿Por qué me estás contando esto?
-No te lo cuento para ponerte en contra de tu madre. Por lo que sé ha sido una madre excelente contigo y eso es lo que tiene que contar para ti, lo que quiero que entiendas es que tienes suerte, mucha, porque tu madre biológica, a diferencia de la mía, está dispuesta a todo por ti, lo daría todo por ti y desde el día que te puso en manos de Shelby no ha parado de pensar en ti y de castigarse por eso. ¿Sabes que no quería tener hijos? Estuvimos a punto del divorcio por eso… Le encantan los niños, pero decía que no le iba a dar a otro lo que no pudo darte a ti… - contaba con ternura, viendo como los sollozos de Beth se hacían audibles. – Al final la convencí y sé que está feliz de esta barriga – dijo sonriendo – pero sé que lo hizo por mí, porque me quiere más de lo que nunca pensé que lo haría.
-Este cumpleaños está siendo una mierda… - fue lo único que dijo la adolescente secándose las lágrimas, haciendo reír a la morena.
-Creo que no es lo que ninguna esperábamos… Será mejor que descanses. En la cama tienes los regalos que compramos Quinn y yo para ti y en la nevera hay tarta si quieres. – dijo viendo como la chica ni siquiera se había dado cuenta de los paquetes envueltos que había allí. – Y esto es un regalo extra que voy a hacerte. – dijo entregándole un montón de sobres que Beth aceptó.
-¿Qué es esto?
-Quinn te escribía una carta cada año por tu cumpleaños, incluso este año ha seguido escribiéndola. No sabe que te las he dado, pero creo que te vendrá bien leerlas… Tu madre te quiere más que a su vida, Beth, deja las ideas equivocadas que tienes y aprovecha para conocer a Quinn, estoy segura que una vez que lo hagas no te arrepentirás… - dijo a punto de abandonar la habitación, pero antes de hacerlo se acercó a la chica y la abrazó con fuerza. – Feliz cumpleaños, Beth. Te quiero mucho. – dijo dejando un beso en su cabeza ante la mirada agradecida de la adolescente.
Sin perder más tiempo y sin arrepentirse por haberle entregado las cartas que su mujer guardaba como un tesoro a Beth, fue hasta su habitación esperando encontrarse allí con Quinn.
Allí estaba la rubia, sentada en el borde de la cama con la mirada perdida.
-Hey… - saludó Rachel la preocupación reflejada en su rostro.
-Hey… - contestó con media sonrisa.
-¿Cómo estás?
-Bien, no te preocupes. – dijo con un hilo de voz, sabiendo que no estaba convenciendo a nadie con su respuesta. - ¿Cómo está ella? – preguntó tragando saliva.
-Perfecta. Creo que a mí me diste más fuerte que a ella en el baile de promoción. ¿Eso significa que la quieres más? – trató de bromear, sacando una nueva pequeña sonrisa en la rubia.
-¿Por qué no te acuestas ya? Es tarde y tienes que descansar. – dijo acariciando su barriga totalmente triste. – Yo voy a… darme una ducha, he andado por la playa y voy a enjuagarme antes de dormir. – terminó diciendo para dejar un beso en la cabeza de la morena y encerrándose en el baño sin darle tiempo a replica a la morena.
Quinn necesitaba estar sola, necesitaba llorar, pero no quería preocupar a Rachel y mucho menos después del nuevo disgusto que acababan de darle. La única solución que encontró fue meterse bajo el grifo y tratar que el agua disimulara sus lágrimas y el ruido ahogado del dolor saliendo de su garganta.
No sabía cuánto llevaba allí, solo sabía que no podía parar de llorar, que la pena era más fuerte que ella, que su hija le dolía más que nada en ese mundo, pero no esperaba encontrarse con unos brazos reconfortantes rodearla, sujetarla y abrazarla con amor.
-Shh… Estoy aquí, contigo… - susurraba Rachel en su oído, dejando que el agua la mojara igual que a su mujer. – Todo va a ir bien, te lo prometo… - seguía susurrándole en un intento de calmarla, pero el llanto de Quinn cada vez era más pronunciado y a Rachel la mataba verla así. Lo único que supo hacer fue cantar en su oído, continuando con los susurros para hacerle saber a la rubia que podía contar con ella, que estaba allí pasara lo que pasara.
When you try not to look at me (Cuando intentas no mirarme)
Scared that I'll see you hurting (Asustada porque te veré sufriendo)
You're not hiding anything, no (Pero no estás ocultando nada, no)
And frankly it's got me worried (Y francamente, me tiene preocupada)
Nobody knows you better than I do (Nadie te conoce mejor que yo)
I keep my promises, I'm fighting for you (Mantengo mis promesas, estoy luchando por ti)
You're not alone (No estás sola)
I'll listen till your tears give out (Voy a escucharte hasta que tus lágrimas se agoten)
You're safe and sound, I swear that I won't let you down (Estás sana y salva, juro que no te fallaré)
What's hurting you I, I feel it too (Lo que te está hiriendo yo, yo lo siento también)
I mean it when I say (Lo digo en serio cuando digo)
When you cry, I cry with you, with you (que cuando tu lloras, yo lloro contigo, contigo)
I'm not going any place (No me voy a ir a ningún sitio)
I just hate to see you like this (Simplemente odio verte así)
No, I can't make it go away (No, no puedo hacer que se vaya)
Oh, but keeping it inside won't fix it (Oh, pero quedártelo dentro no lo arreglará)
I can't give you every answer that you need (No puedo darte cada respuesta que necesitas)
But I wanna hear everything you wanna tell me (Pero quiero oír todo lo que quiras decirme)
You need love tough enough to count on (Necesitas amar lo suficientemente fuerte para fiarte)
So here I am (Así que aquí estoy)
You're not alone (No estás sola)
I mean it when I say (Lo digo en serio cuando digo)
When you cry, I cry with you, oh (que cuando tu lloras, yo lloro contigo, oh)
You're not alone, oh no, baby (No estás sola, cariño)
En el transcurso de la canción, Rachel había conseguido sacar a Quinn de la ducha, secarla un poco y acostarse con ella en la cama sin necesidad de ninguna prenda cubriéndolas, solo ellas dos, piel con piel mientras la rubia se desahogaba.
-Beth tiene razón, soy una madre horrible, ¿Cómo te atreves a tener un hijo conmigo? – preguntó con la voz entrecortada, mirándola martirizada, con todos los fantasmas rondando por su cabeza.
-Porque Beth no tiene razón, lo sé yo y lo sabe ella, el problema es que no está preparada para admitirlo todavía.
-Mi hija me odia, Rach, Beth me odia y no te imaginas como duele. – dijo volviendo a llorar, abrazándose desesperada a su mujer, que con dulzura le proporcionaba el cariño y el calor que necesitaba.
-No es así, mi amor, los nervios y el orgullo puede con vuestro carácter, pero Beth te quiere, te lo juro.
-¿Y tú? ¿Tú me quieres? – preguntó mirándola a los ojos con la inocencia de una niña pequeña.
-Más que a mi vida. Eres lo mejor que tengo, sin ti, no sería nada, pero necesito a la Quinn fuerte y que todo lo puede a mi lado. No me gusta verte así… A partir de mañana te quiero optimista y tirando para adelante, ¿vale?
Quinn se limitó a asentir, dejándose querer por la morena, que llenaba su cuello de besos y pasó la noche abrazándola para sentirla cerca.
Beth por su lado, pasó su noche repitiendo en su cabeza el sonido de los sollozos de su madre, aquel llanto que había llegado hasta su habitación y había hecho mella en ella, sintiéndose culpable de la pena de Quinn y rememorando partes de algunas de aquellas cartas que Rachel le había entregado.
No sabía si abrirlas o no, pero la curiosidad pudo más y leyó una tras otra cada una de las diecisiete cartas que Quinn le había dedicado.
"Hola, cariño,
Soy mamá, tu mamá Quinn. Hoy es tu día, hoy hace un año que hice lo más importante que haré nunca, traerte al mundo. Si cierro los ojos, puedo sentirte entre mis brazos, regalándome una increíble e imperceptible sonrisa en cuanto te cogí. Que perfecta, cariño, que ser humano más maravilloso hicimos papá y yo…
Ha sido un año tan duro… Nadie parece acordarse de que estuve embarazada, nadie parece recordar que eres mi bebé y no puedo estar contigo. Yo si lo recuerdo y me enfada ver como todo el mundo ignora ese hecho, incluso tu abuela. No ha vuelto a nombrarte desde que salí del hospital, supongo que eso me deja claro que si no te hubiera entregado a Shelby, no hubiéramos podido volver a casa…
No tenerte duele, mucho, más de lo que imaginaba, pero me consuela saber que con Shelby tendrás un futuro, algo que yo no podría regalarte…
Sé que la he fastidiado, que intentar recuperarte dejando en mal lugar a Shelby fue el peor error que cometeré nunca. Lo siento, porque parece que he perdido la única oportunidad de tenerte en mi vida aunque fuera a ratos.
Se me fue la cabeza, supongo que vivir enfadada con el mundo no me ha dejado pensar con claridad, pero es tan duro aceptar que no soy lo mejor para ti…
Ahora tienes un año. Espero que Shelby haya preparado una fiesta con muchos globos y regalos que te hagan sonreír, mostrando esos dientes que ya deben haberte terminado de salir.
Como me gustaría estar contigo, cielo, poder darte un beso y decirte que te quiero, que cada día al despertar, en lo primero que pienso es en ti y en lo último que pienso antes de dormir es en ti.
Se feliz, Beth, crece fuerte y consigue todo lo que te propongas, yo seré feliz imaginándote lograr todos tus sueños.
Tu madre que te quiere con locura,
Lucy Quinn Fabray."
Aquella era la primera de las cartas, la que había hecho llorar a Beth, pero había muchas otras igual de emotivas y que evidenciaban que Quinn a pesar del paso de los años pensaba en ella.
"¡Hoy cumples tres años, felicidades! Este año es muy importante, entras al cole. Vas a pasar unos años fabulosos, vas a conocer amigos que serán para siempre y otros que dejarás en cuanto llegues al instituto, aprenderás y te formarás, estos años serán la base de tu futuro. Tu solo tienes que prestar atención a las profesoras, portarte bien y jugar, jugar mucho para aprender feliz."
"Diez años, Beth… No puedo creer que ya hayan hecho diez años desde que te tuve. Ya debes ser toda una señorita. A veces, cuando voy por la calle y me cruzo con alguna niña que puede tener tu edad, cierro los ojos e imagino que podrías ser tú. Son pequeños segundos de felicidad."
"Hoy cumples diecisiete años, por primera vez te tengo a mi lado y sin embargo para mí, sigues siendo mi pequeña Beth. Quizás es inútil escribirte esta carta pudiendo hablar contigo, pero por ahora parece complicado que mantengamos una conversación. De todas formas, las pocas que hemos tenido me han llenado el alma. Poder ver cómo has crecido, como eres, son cosas que parecían impensables para mi hace unos meses y ahora te observo en silencio, sin que te des cuenta y no paro de pensar lo preciosa que eres, lo divertida que pareces bajo esa capa de hielo y lo inteligente que eres a pesar de estar dejando de lado los estudios. Realmente espero que vuelvas con ganas a ellos algún día, por tu bien y para mi tranquilidad.
Si me paro a pensarlo, sé porque no te digo esto a la cara. Lloraré. No podré evitar que me veas llorar al tenerte delante de mí y pensar todas las cosas que me he perdido a lo largo de estos años. Tus primeros pasos, tu primer día de cole, tus fiestas de cumpleaños, tus sonrisas, incluso tus lloros a media noche o pasar noches en vela cuidándote o protegiéndote de los malos sueños.
Ojalá hubiera podido darte todo lo que tengo hoy desde el día en que naciste. No tuve esa suerte, pero no me quejo, solo puedo darle las gracias a Shelby por educarte y amarte, por cuidar de mi hija y terminar dándome la oportunidad de conocerte.
Por primera vez en mi vida empiezo a sentirme completa teniéndote a mi lado. Confío en que nuestra situación cambiará, que llegará el día que podamos sentarnos a hablar y avanzar y entonces, poder pasar todos los cumpleaños que pueda a tu lado."
Beth apenas durmió. Le fue imposible con aquel cumulo de sentimientos contradictorios inundando su cuerpo. Por la mañana, viendo que su madre no entraba a despertarla como cada mañana para recordarle que la llevaba al instituto, se arregló y empezó a desayunar, un trozo del pastel que las chicas le habían preparado el día anterior cuando Rachel apareció en la cocina.
-Buenos días. – saludó Beth.
-Buenos días, cariño, ¿Qué tal estás? – se preocupó por ella.
-Bien… ¿No va a llevarme al instituto hoy? – preguntó mirando hacia la puerta para ver si aparecía Quinn. Rachel torció el gesto levemente.
-No creo, está todavía metida en la cama… - le explicó, viendo como la chica bajaba la mirada con desilusión o eso pareció ver Rachel. – Ha pasado mala noche, le dolía la cabeza. – intentó excusarla sin saber que Beth la había escuchado llorar gran parte de la noche.
La adolescente no dijo nada más, cuando terminó de desayunar cogió sus cosas y justo cuando salía de la cocina, Quinn entraba, quedándose algo rezagada al ver que su hija todavía estaba allí. Beth la miró, observó sus ojeras y sus ojos hinchados durante unos segundos, tantos, que la rubia habló bajo la atenta mirada de su mujer, que no perdía detalle de la escena.
-Lo siento, Beth. Anoche perdí los nervios, no debí… - decía con un hilo de voz, sin mirarla, demasiado avergonzada para hacerlo.
-No tienes que pedirme perdón. Fui yo la que se pasó, quizás Rachel tenga razón y me lo merecía por bocazas… - dijo en el mismo tono que su madre, copiando su actitud.
-No pasa nada, posiblemente tengas razón, dejo mucho que desear como madre.
-Toma. – dijo entregándole un sobre que sacó de su mochila, ignorando el ultimo comentario de su madre que la miraba extrañada. – Anoche leí algunas cartas de cumpleaños atrasadas. – le explicó, provocando que Quinn, inmediatamente clavara su vista en la morena, que en ese momento miraba hacia otro lado. – No te enfades con ella, al fin y al cabo, solo ha hecho de medio de transporte para la receptora de las cartas. Yo tampoco he dormido muy bien esta noche y he encontrado esto. A lo mejor te ayuda a ponerte al día con algunos momentos.
Beth no dijo más. Salió de la casa sin esperar respuesta del matrimonio, que se miraba intentando descifrar que podía contener aquel sobre. La morena se moría por quitarle el sobre de las manos a Quinn y ver ella misma que había, pero era algo que pertenecía a la rubia.
Esta tampoco tardó mucho en mantener el misterio. En cuanto tomó asiento en uno de los taburetes sacó lo que contenía aquel sobre.
-Son fotos… - le comunicó a Rachel sin demorarse, comenzando a pasar y ver cada una de ellas.
Beth disfrazada, Beth soplando las velas en sus cuatro años, Beth con una sonrisa deslumbrante agarrada a una mochila en lo que parecía su primer día de clase, Beth de la mano de Shelby para ayudarse a andar, Beth sonriendo con tan solo dos dientes, Beth más mayor sin dientes, Beth en navidades, Beth con amigos, Beth haciendo el payaso con un chico.
Decenas de fotos que hacían un rápido repaso a la vida de la chica ante la emocionada mirada de su madre, que no perdía ni un solo detalle.
-Te lo dije, – habló Rachel acariciando su mano. – Beth te quiere.
