CAPÍTULO 46

Embarazos

-Quinn… - llamaba Rachel a la rubia en voz baja, meneando suavemente su hombro. – Quinn, ¿estás dormida? – insistía nuevamente, esta vez con un movimiento más firme. - ¿Quinn?

-¿Qué quieres, Rachel? – decía al fin la rubia, más dormida que despierta, intentando mantener unos segundos de atención en su mujer en mitad de aquella noche.

-¿Te molesto?

-No, dime que pasa… - dijo la rubia con tono cansado.

-Tengo hambre…

-¿Hambre? – preguntó incorporándose sobre uno de sus codos, buscando un reloj que le ubicara. – Rachel, ¿tienes hambre a las tres de la mañana? – preguntó incrédula, mirando a la morena tras encender una de las lamparitas para poder distinguirla.

-Mucha. – dijo totalmente desvelada.

-Y, ¿de qué tienes hambre? – preguntó resignada, sabiendo que aquella noche le tocaría levantarse a la cocina a por cualquier cosa.

-Tengo hambre de helado.

-Está bien, creo que en la nevera queda un poco de helado de chocolate. – dijo ya incorporada totalmente en la cama, sentada en el filo.

-No, de chocolate no, me apetece de vainilla. Mmmm, Quinn, que bueno… - dijo como si pudiera saborear ya aquel helado imaginario.

-Joder, Rachel, no tenemos helado de vainilla, ¿no puedes conformarte con el de chocolate?

-Pero… es un antojo, Quinn. – le recriminó.

-¿Y pretendes que salga a estas horas a comprarte helado de vainilla? Está todo cerrado. – dijo de mala gana, enfadada por haber sido sacada de su profundo sueño.

-Vale, no hace falta que vayas, ya iré yo… - dijo la morena tras unos segundos de silencio donde la barbilla comenzó a temblarle antes de que las lágrimas brotaran de sus ojos.

-Sabes que no voy a dejar que vayas tú.

-Me da igual, no quiero que hagas nada por obligación.

-¿Estás llorando? – preguntó incrédula.

-Sí, ¿Qué pasa?

-Cariño, no…no llores.

-Si lloro, Quinn, lloro porque mi mujer no me comprende. Estoy embarazada, tengo hambre a las tres de la mañana, he tenido ganas de hacer el amor a las dos y me apetece un maldito helado de vainilla.

-Claro que te comprendo, perfectamente, ¿vale? – decía la rubia con el tono de voz más dulce que podía, secando el llanto de Rachel. – Siento haber sonado borde, estaba más dormida que despierta. Ahora mismo voy a vestirme y a recorrerme toda la ciudad hasta que encuentre ese helado de vainilla y nos lo comamos las dos.

-¿Si? – preguntaba más relajada, mirándola como una niña pequeña.

-Por supuesto. – le sonrió mientras la besaba suavemente.

-Gracias.

-No tienes que dármelas, pero la próxima vez, prefiero que me despiertes para hacer el amor en vez de para comprar helado. – dijo con media sonrisa que divirtió a la morena.

-Me acabas de dar permiso, así que lo haré y no tendré ningún remordimiento por despertarte. – dijo recibiendo un beso en la mejilla de la rubia, que de mejor humor y con una sonrisa en los labios, se preparó para salir en busca del helado.

Quinn bajó las escaleras y buscó las llaves del coche, rezando para que la primera tienda a la que acudiera estuviera abierta y tuvieran el dichoso helado. Se estaba poniendo una chaqueta cuando el ruido en la cocina la asustó en un primer momento.

Se suponía que allí no debía haber nadie a esas horas, pero con paso cauto se asomó y vio en la cocina Beth bebiéndose un vaso de leche. La adolescente no parecía venir de la cama, todo lo contrario, estaba vestida y sin el menor rastro en su cara de haber dormido. Cuando Beth vio la sombra de su madre aparecer también se asustó, viéndose descubierta.

Se suponía que no debía salir, que al día siguiente tenía clase y ella se había escapado a escondidas y encima venía en mitad de la madrugada.

-Quinn… me has asustado… - dijo sin centrar la mirada en ella.

-Tu a mí también, pensé que había entrado alguien.

-No, solo soy yo… Verás, he salido un momento, porque se me olvidó algo del instituto y fui a pedírselo a un amigo, pero él no se encontraba muy bien y me ha pedido que lo acompañara al médico… Sus padres no estaban… - se excusaba sin ninguna credibilidad, sin ser capaz de mirarla sabiendo que aquella excusa era de las peores.

-Ya, bueno… - dijo la rubia tras mirarla unos segundos en silencio, sin mostrar ningún sentimiento en su rostro, Quinn tan solo se mantenía seria. – Yo voy a comprar helado, Rachel tiene un antojo. Acuéstate o no, no sé, como te apetezca… - siguió hablando con desgana.

Habían pasado dos días desde aquel incidente en el que todo se salió de control entre ellas. Es verdad que con aquellas fotos que Beth le había dejado a su madre parecía que todo se había solucionado y en cierta parte era así, pero las cosas habían cambiado mucho.

Quinn apenas hablaba con Beth y si lo hacía era para hacer lo que hacía unos segundos, dejarse llevar por el pasotismo y la desgana. No había enfados, no había broncas ni castigos, el llevarla y recogerla de clase se había terminado así como preocuparse porque llevara bien los estudios y su vida.

La rubia había empezado a ignorar a su hija y esta se había dado cuenta, por lo que no dudó en preguntarle, deteniéndola antes de que dejara la cocina para salir a comprar.

-¿Me odias?

-Por supuesto que no. ¿De dónde sacas eso? – preguntó Quinn impactada por aquella pregunta tan directa.

-¿Entonces? ¿Tan enfadada estás todavía por lo que te dije el otro día? Ya te pedí disculpas…

-Beth, ¿de qué hablas? Yo no estoy enfadada, me pediste disculpas y las acepté, igual que yo te pedí a ti perdón. Jamás podría odiarte, por muy mal que se pongan las cosas.

-Me ignoras, Quinn… - dijo mirándola a los ojos esta vez. – Llevas dos días en los que pasas de mi completamente. Pero si no me has dicho nada ahora mismo, sabiendo perfectamente que te acabo de mentir, que acabo de llegar y mañana tengo instituto… - exclamó viendo como Quinn agachaba la mirada.

-Yo solo intento dejarte espacio…

-¿Espacio?

-He estado encima de ti, tratando de hacerte ver que tienes que cambiar tu actitud, he sido muy pesada y no ha funcionado, quedó claro el otro día. No te ignoro, Beth, te observó y me preocupo igual o más, pero necesito encontrar la manera adecuada para comunicarme contigo, porque hasta ahora está siendo imposible. – le confesó. – Creo que estoy más cerca de ti y entonces retrocedemos diez pasos… No se me da bien hablar de mis sentimientos y parece que a ti tampoco, supongo que es algo que tienes mio aunque te moleste… Estoy aquí, para ti cuando me necesites, siempre, pero he decidido no meterme más en tu vida a menos que tú me lo pidas. No puedo hacerlo, porque llegamos a situaciones que duelen, muchísimo y no quiero eso, no por mí, sino por ti. – terminó para dar lugar a un extenso silencio en el que Beth parecía recapacitar y justo cuando Quinn iba a abandonar la cocina creyendo que no recibiría contestación por parte de su hija, la obtuvo.

-Pues te pido que te preocupes por mí, que no me ignores…No me gusta esa sensación de no importarle a nadie, de no importarte.

-Me importas, Beth, más que nada. – le aclaró.

-Pues demuéstramelo. Sé que no soy fácil, pero tampoco es sencillo acercarse a ti. No te prometo que deje de ser borde o de contestarte mal, porque hay veces que no puedo evitarlo, la situación me desborda, pero no te comportes conmigo como estos días… Me gustaría que nos llevásemos mejor, pero necesito más tiempo, necesito que mi cabeza y lo que tengo aquí dentro se calmen. – dijo señalándose el pecho. – Y sobre todo necesito que mi orgullo me deje seguir. ¿Es mucho pedir? – preguntó con el gesto algo angustiado, rompiendo esa barrera que Quinn había puesto entre ellas.

-No, no es mucho pedir, es comprensible. Quizás con el tiempo esto quede atrás.

-Esperemos que sea así… - estuvo de acuerdo. En cuanto vio cómo su madre parecía emocionarse, cambió radicalmente de tema, dando por zanjada la conversación. - ¿Rachel no tenía un antojo? Si fuera tú, me daría prisa si no quieres dormir en el sofá.

-Tienes razón, será mejor que vaya ya. Descansa. – dijo regalándole una sonrisa, una sonrisa que hacía dos días no dejaba ver. – Ah, por cierto, estás castigada, mañana es viernes pero no puedes salir y por supuesto me encargaré de llevarte al instituto. Ya sabes que no puedes salir hasta estas horas. – dijo sin mirarla mientras salía por la puerta, sin poder ver como su hija esbozaba una pequeña sonrisa, considerando aquel castigo el mejor que le habían puesto en mucho tiempo por todo lo que significaba.

Aquella noche, tanto Beth como Quinn pudieron dormir algo más tranquilas, pero había algo que seguía inquietando a la adolescente.

Enterarse de que la madre biológica de Rachel era Shelby, su madre, fue un shock. Jamás pudo esperarse algo así y menos saber que Rachel no recibió el mismo trato que ella tuvo, que su madre decidió que no quería estar cerca de su hija, al menos no siempre.

No podía dejar de pensar en ello y no paraba de tratar de buscar algo que le hiciera entender la actitud que Shelby tuvo con Rachel y precisamente a morena era la persona que recibía todas las preguntas y dudas que tenía como en aquel momento, cuando después de volver del instituto, tomaba el sol en una de las hamacas junto a la piscina y Quinn y Rachel conversaban algo más apartadas, buscando la sombra.

-Rachel. – llamó la adolescente a la morena, interrumpiendo lo que estuviera hablando el matrimonio, algo que no parecía ser de importancia, más bien pasteladas de colores por la sonrisa tonta que las inundaba al criterio de Beth.

-Dime.

-Mira, ya sé que crees que no tengo razón, pero he estado pensando… Mi madre o… la tuya, nuestra madre – decidió que aquel era el termino correcto mientras Quinn y Rachel se miraban a la espera de lo que fuera a decir. – al poco tiempo de estrenar tu Funny Girl, encontró trabajó en Washington y nos mudamos desde Nueva York antes de venir definitivamente aquí, seguro que fue por eso por lo que no pudo visitarte, pero estoy segura que no lo hizo a propósito, que fue algo de fuerza mayor por lo que no pudo estar tanto contigo. Fue eso, Rachel, mamá no era así…

-Beth, cariño, deja de pensar en eso ya… No te conté que Shelby era mi madre para esto. Es algo que tenías que saber antes o después. Yo no necesito que la excuses, tengo claro cómo se portó conmigo, pero eso no quiere decir que tu tengas que tener la misma opinión de ella que yo, al contrario, contigo fue ejemplar. Lo que pasó conmigo fueron decisiones de ella y al final mía, no hay que darle más vueltas. Yo estoy bien con eso ya, déjalo, por favor… - le pidió casi a modo de súplica.

-Pero es que…

-Beth – la cortó Quinn antes de que continuara con el tema. - A Rachel no le gusta este tema, creo que deberías dejarlo. Si quieres hablar con ella de Shelby, adelante – dijo buscando la aprobación de Rachel con la mirada, obteniéndola en una triste sonrisa. – Rachel estará encantada, pero no de porque se preocupó más o menos por ella, ¿está claro?

-Cristalino. – dijo de mala gana, levantándose de la hamaca, dirigiéndose directa a la piscina en el mismo instante que tocaban al timbre y Quinn se dirigía a abrir.

-No te enfades, Beth, si quieres hablar de ella, hablaremos, pero tú eras una niña cuando pasó todo eso, es imposible que sepas lo que pasó o lo que pensó Shelby en ese tiempo. – dijo Rachel.

-No estoy enfadada, entiendo que no quieras tocar el tema, no volveré a sacarlo para excusarla.

-Gracias. – le agradeció viendo como Beth parecía tomar impulso para tirarse a la piscina. - ¿Qué haces? ¿Te vas a tirar? – preguntó incrédula, viendo como con una sonrisa se tiraba de cabeza dentro del agua. – Oh, Beth, por Dios, debe estar helada… - dijo cuándo la chica asomó la cabeza.

-Está perfecta. ¿No quieres probarla? – dijo sonriendo traviesa mientras le salpicaba con sus manos.

-Estate quieta. – le exigió tratando de no mojarse ante la diversión de la adolescente, escuchando como su mujer, volvía a salir al jardín hablando con alguien.

Santana junto a Brittany y Quinn de la mano de la pequeña Maggie, que con dos años recién cumplidos iba feliz de la mano de su tia.

-¿Qué hacéis aquí? – preguntó la morena sorprendida por la visita.

-También me alegro de verte, Berry. – dijo Santana sentándose en una de las sillas donde estaba el matrimonio pasando la tarde.

-Hola, Rachel. – saludó Brittany imitando a su mujer. La única que se acercó a saludarla como correspondía y feliz era Maggie, que se desprendía de la mano de Quinn para llegar a ella.

-Hola, cielo. ¿Cómo está la niña más bonita de Los Angeles? – preguntó comiéndosela a besos, siendo correspondida con una risa que hizo sonreír a todas las adultas.

-Bien. Tía, ¿Está el bebé? – preguntó la niña con su lengua de trapo, señalando la barriga de la morena.

-Sí, aquí sigue tu prima, dando guerra.- dijo acariciando su barriga.

-¿Se mueve mucho? – preguntó Brittany recibiendo a su hija en brazos.

-Ayer y hoy bastante, pero no me quejo, me gusta sentirla. – dijo con una sonrisa esplendida.

-Maggie se pasaba el día moviéndose y dando patadas, llegó a hacerme daño alguna vez.

-A mí también me pasó eso, pero fue más al final del embarazo. – dijo Quinn, sin saber que desde la piscina Beth estaba atenta a lo que decían.

-No me extraña, Beth se quejaría desde ahí dentro que no la dejaras tranquila. Estuviste dando saltos hasta el último momento en el Glee Club. – dijo Santana.

-Me encontraba bien… - respondió la rubia encogiéndose de hombros. – Y los médicos no me dijo que no podía hacerlo.

-En fin… ¿Cómo está la embarazada? Ya que vivís aquí enclaustradas, hemos decidido venir a visitaros antes de que se nos olvide que tenemos dos amigas súper estrellas.

-No estamos enclaustradas, lo hacemos menos porque con el embarazo siempre hay fotógrafos. – se defendió Rachel. – Y estoy bien.

-Venga, no salís para nada y encima no trabajáis, ninguna de las dos, sois unas flojas. – dijo la latina molestando al matrimonio adrede. – Mirad, Britt, trabajando hasta el último mes.

-Yo también estoy trabajando. – dijo Quinn con el ceño fruncido.

-Mentirosa… - susurró Brittany.

-En serio, no estoy rodando ninguna película, pero acudo a eventos y tengo varias sesiones de fotos y publicidad pendiente… Y Rachel tiene que reposar, así que no me toques la moral Santana, porque si has venido para eso te puedes ir.

-Ya me está echando… - dijo negando con la cabeza. – Solo estamos comparando embarazos, unas son más flojas y otras más fuertes, no pasa nada. – decía burlonamente.

-Cuando te quedes embarazada me comentas que tal, mientras tanto no quiero oírte más.

-Veo que desvelarte en mitad de la madrugada para comprar helado te deja malhumorada para todo el día.

-¿Te has quejado a Santana de comprar helado? – preguntó Rachel molesta.

-¿Qué? No. – se defendió fulminando a la latina con la mirada. – Se lo he podido comentar de pasada hablando esta mañana por teléfono, pero yo no me quejo, cariño. Ya sabes que yo me tenía que buscar la vida cuando tenía un antojo y no quiero que tú hagas lo mismo. Lo hice encantada. – forzó una sonrisa que molestó a la morena y divirtió al matrimonio Lopez-Pierce y a Beth.

-Oye, niña, en vez de reírte de tu madre ven y entretén a mi hija. – dijo Santana mirando a Beth, que seguía metida en la piscina.

-A mí me hablas de otra forma y me lo pides bien, si no, sigues entreteniendo tú a tu hija. – dijo con el ceño fruncido.

-Tu hija es una rebelde, Quinn, contesta a cualquiera.

-Hombre, si le hablas como si fuera tu sirvienta, la entiendo.

-Beth, tienes que ser más amable, porque con esa actitud no vas a conquistar a ninguna chica. – le advirtió Santana.

-¿Y a ti quien te ha dicho que yo quiero conquistar chicas?

-Bueno, tendrás que probar para saber lo que te gusta.

-No tengo nada más que probar, con lo que ya he probado me basta para saberlo.

-Oh, Quinn, ¿has escuchado a Beth? Ya se ha acostado con un chico. Aunque teniéndote en cuenta a ti, ¿Qué vamos a esperar? Al menos no se ha quedado embarazada. ¿O sí?

-Pero ¿qué mierda estás hablando? Yo no he dicho nada, estás hablando tu sola. – dijo la adolescente con la cara roja de la vergüenza, sin saber que había caído en el juego de Santana, que se divertía a costa de ella.

-Déjala, San. – dijo Rachel intentando disimular la sonrisa al ver la cara de la chica.

-Quinn, te oculta algo, vas a ser abuela.

-No juegues con eso. – le pidió la rubia, poniéndose seria después de la broma.

-Oye, déjame en paz. Yo solo quería decir que me gustan los chicos, nada más. Deja ya mi vida amorosa y preocúpate por la tuya, porque no entiendo como Brittany te aguanta.

-Porque mi mujer me adora, ¿a quién va a encontrar mejor que yo?

-A cualquiera en menos de cinco minutos, no es una tarea muy difícil.

-Es verdad… En el trabajo el otro día un chico nuevo me dijo que el haría lo que fuera por mí, que me casara con él. – dijo la rubia inocentemente.

-¿Qué? – preguntó Santana borrando la sonrisa de su cara. - ¿Pero es mejor que yo, cariño?

-Cuidado, tita Santana, te noto cierto tono de miedo. – dijo mofándose de ella, alejándose de aquel lado de la piscina mientras se reía, al igual que hacia el resto al ver como el juego había sido cambiado a favor de Beth.