CAPÍTULO 47
Gracias por estar
Nathan y Tim. Dos personas que habían llevado un poco de diversión y relajación a la casa del matrimonio. Los dos chicos habían llegado el día anterior para pasar unos días en Los Angeles junto a su tia aprovechando unos días de fiesta en su colegio, insistiendo en querer conocer a su prima, a Beth, alguien totalmente inexistente para ellos hasta que había hecho aparición en la vida de Quinn.
La excusa principal de aquella visita no saltó de alegría al conocer a sus primos, de hecho, los saludó y con la máxima indiferencia los había ignorado la mayor parte del tiempo, pero justo en ese momento, cuando todos estaban en el jardín disfrutando de los rayos de sol, Nathan se acercó a Beth, quien tenía sus pies metidos en la piscina y tomó asiento junto a ella, manteniéndose en silencio.
-¿Qué quieres? – preguntó Beth resoplando, quitándose los auriculares tras ver que pasaban los segundos y el chico tan solo se mantenía a su lado.
-¿Escuchabas música? ¿Qué te gusta?
-¿Y a ti que te importa? – dijo la chica mirándolo mal.
-Solo era por conocerte un poco, no hablas mucho… A lo mejor nos gusta el mismo tipo de música. – dijo encogiéndose de hombros.
-Dudo que tú y yo tengamos gustos parecidos…
-Luego vamos a ir a la playa seguramente.
-Muy bien. – dijo seca, queriendo terminar con la conversación que el chico de doce años se empeñaba en mantener.
-La tia Quinn me ha dicho que podremos hacer surf. – dijo entusiasmado.
-¿Sabes surfear?
-Claro, la tia nos apuntó a un curso a Tim y a mí cuando éramos pequeños. Ellas también han dado alguna clase, pero no se les da muy bien… ¿Tú no sabes?
-No, tu tia Quinn no me pagó ningún curso de surf cuando era pequeña. – dijo con retintín, haciendo que por primera vez el niño la mirara.
-Seguro que si le dices que quieres aprender te apunta, es más, si quieres yo mismo puedo enseñarte algo luego.
-No, no hace falta. Ni siquiera voy a ir con vosotros a la playa.
-¿Por qué?
-Porque paso. No me necesitáis para continuar con la familia feliz.
-¿Por qué dices eso? – preguntó con el ceño fruncido.
-¿Por qué no me dejas en paz?
-Eres un poco borde… Podrías intentar ser más amable y no solo conmigo, con la tia Quinn igual. – le sugirió.
-Cuanto quieres y adoras a tu tia Quinn… Quizás tú la idolatres porque te ha dado todos los caprichos del mundo, pero a mi tu tia Quinn queridísima tia no me ha dado nada, bueno si, me dio en adopción. – dijo riendo irónicamente.
-Oye, no metas a la tia, eso que has dicho es injusto.
-¿Y tú qué sabes?
-Mi madre ha confiado en mí para contarme la historia de la tia, cree que soy lo suficiente mayor para poder saber la verdad, así que creo que se lo que digo. Mi tia es buena y te quiere muchísimo. Nunca la he visto tan feliz como lo está ahora y solo porque tú estás aquí, incluso tratándola a veces fatal.
-No, no tienes ni idea. Tu tan solo eres un niño mimado y consentido que le ha parecido guay venir a conocer a su prima perdida como aventura del fin de semana, pero yo no soy ningún mono que se va exhibiendo. Soy Beth y quiero que dejes de hablarme ahora mismo, sobre todo si es para defender y decirme lo perfecta que es la estúpida de tu tia. – dijo enfadada.
-Eres una imbécil. – dijo el chico alzando la voz mientras se levantaba, captando la atención de Quinn y Rachel, que atendían a Tim.
-A mí no me insultes. – le advirtió.
-Oye, ¿Qué pasa con vosotros? – dijo Quinn acercándose a ellos.
-Entonces no insultes tú a mi tia. Y decirte que eres imbécil no es insultarte es decir la verdad.
-Nathan, basta. – dijo la rubia al escuchar a su sobrino, algo alarmada al verlos pelear, sobre todo a Nathan, que nunca había alzado la voz más de lo debido.
-Es verdad, tia, no sé cómo la aguantas. Será tu hija, pero es insoportable y no tendrías que dejar que vaya hablando y diciéndote cosas que son mentira.
-Paso de aguantaros. Espero no tener que cruzarme contigo en todo lo que te quede por estar en esta casa. – dijo Beth abandonando el jardín.
-Lo mismo digo.
-Nathan, oye, cálmate.
-No, no me calmo. No me gusta que hablen mal de ti y menos ella.
-Beth lo intenta.
-¿Por qué la defiendes? Lleva meses aquí y mírala. No te entiendo. – dijo entrando a la casa, siguiendo el mismo camino que Beth.
-Al final pago yo el enfado. – dijo la rubia mirando a su mujer, que con una sonrisa comprensiva la miraba. - ¿Crees que debo hablar con él? Beth seguramente ni me abra la puerta.
-Espera un rato que se calme, luego te escuchará.
Rachel tenía razón. Su sobrino necesitaba dejar pasar el enfado para poder escucharla, así que viendo que ni Beth ni Nathan estaban dispuestos a ir a la playa, decidieron ir ellas con Tim, que al ser más pequeño no estaba enterado de algunos de los líos familiares y de los que no tenía culpa para que terminara quedándose sin coger algunas olas con su tabla de surf.
Ya duchadas y listas para la cena, Quinn decidió ir hasta la habitación que Nathan ocupaba siempre que iba a su casa. Tras unos toques en la puerta, vio que el chico estaba sentado frente a su ordenador.
-¿Puedo pasar? – preguntó precavida.
-Claro. – dijo cerrando el portátil, pero sin variar el gesto serio que lo llevaba acompañando desde la pelea con su prima.
-Tendrías que haber venido a la playa, Tim se ha aburrido un poco sin ti… - dijo sentándose a los pies de la cama.
-No me apetecía.
-Nathan…
-Se lo que vienes a decirme y creo que no tienes razón… Beth no se porta como debe, hasta yo lo sé que se supone que solo soy un niño.
-Parece que ya no eres tan niño… - dijo con ternura en su voz, mirándolo con media sonrisa. – Cariño, sé que Beth puede llegar a sacar de sus casillas a cualquiera, créeme, conmigo lo consigue casi cada día, pero te digo la verdad cuando digo que lo está intentando. Beth antes no se paraba a mantener una conversación conmigo, no me informaba de si se iba o venía, tan solo me gruñía y se quejaba. Las cosas van cambiando, muy poco a poco, pero lo hacen. Entiendo a Beth…
-¿Cómo puedes entenderla?
-Porque es mi hija, Nathan… Algún día serás padre y sabrás de lo que hablo, sabrás que a un hijo se le perdona todo o casi todo. Sé que Beth a veces parece borde conmigo, más de lo que debe, pero es su forma de defenderse, al igual que fue la mía cuando tenía su edad. No es fácil enterarte de todo lo que se ha enterado ella y procesarlo, se necesita un tiempo y ella más, porque en ese tiempo ha perdido a su madre, con la que ha estado toda su vida.
-Yo no reaccionaría así. – dijo cediendo un poco.
-Lo sé, cada persona es un mundo, pero he podido observar a Beth y al igual que yo, se deja llevar por el orgullo, le molesta que puedan sentir pena por ella y se siente engañada, porque hasta hace dos días no sabía que su madre era la actriz que iba a ver al cine…
-Son muchas cosas para digerir ¿no?
-Yo creo que si…
-Siento haberla llamado imbécil, pero me he acercado de buenas y no sé, se ha sentido atacada o algo simplemente por decirle que nos apuntaste a un curso de surf.
-¿Te gustaría que tu madre le pagara la consola que le pediste a otro?
-No. – dijo al tiempo que negaba con la cabeza. - ¿Está celosa?
-No lo sé, pero supongo que no le gustará escuchar que he pasado tiempo con vosotros mientras que a ella la acabo de conocer.
-¿Le pido perdón?
-Haz lo que creas conveniente. – dijo levantándose y dejando un beso en la cabeza del chico. – No tardes en bajar, la comida está casi lista.
-Vale. Voy…voy a pedirle disculpas si me deja… - dijo sacando una sonrisa en la rubia, que en la puerta se paraba unos segundos.
-Estoy orgullosa de ti, Nathan. Te estás convirtiendo en un hombre bueno y no sabes cuánto me alegro.
Nada más. No necesitó decirle nada más para ver la sonrisa tímida en su sobrino antes de cerrar la puerta y bajar a ayudar a Rachel con la cena. Ayuda que se convirtió más en una interrupción, ya que Quinn no paraba de entretener a su mujer con besos y caricias que se centraban en su barriga, donde al parecer de Rachel, no paraba de decirle tonterías que la mantenían con una continua carcajada.
-Estás fatal, cariño… - dijo Rachel mirándola con un brillo en los ojos que hizo sonreír a Quinn.
-Lo sé, se me está yendo la cabeza… Espero que mis hijas me cuiden cuando se me vaya del todo… - dijo volviendo a acariciar la tripa de Rachel.
-Tia, Beth no está en su cuarto, creo que se ha ido… - dijo Nathan interrumpiendo la escena entre sus tías.
-Al menos espero que está que está aquí me cuide, de la otra no sé si fiarme… - dijo suspirando, recibiendo un beso en los labios de su mujer para animarla.
-¿Estás seguro de que no está? – preguntó Rachel.
-La he buscado por todos lados y no está…
-No te preocupes, habrá ido con sus amigos. – dijo Quinn para tranquilizar a su sobrino, una explicación que estuvo lejos de tranquilizarla a ella misma.
No era la primera vez que Beth se iba sin avisar en plena noche, pero siempre se daba cuenta una vez que había vuelto, por lo que la preocupación no llegaba a hacer acto de presencia, pero aquella noche fue distinto y se pasó toda la cena pensando en donde podría estar, suplicando porque llegara antes de que se fueran a la cama.
Pero esa hora había llegado y Beth seguía sin aparecer.
-Rachel, voy a dar una vuelta con el coche a ver si veo a Beth… - dijo mientras la morena se desvestía para meterse en la cama.
-¿Crees que le haya podido pasar algo? – preguntó preocupada.
-No, claro que no. Solo voy a dar una vuelta alrededor del instituto a ver si la veo y me quedo más tranquila sabiendo donde está, ni siquiera le voy a decir nada.
-¿Quieres que te acompañe?
-No, estás cansada y yo no voy a tardar nada. Duérmete, ¿vale? No te preocupes, en un rato estoy aquí abrazándote. – dijo con media sonrisa, besando a Rachel y abandonando la habitación después de asegurarse de que la morena descansaba tranquila.
-Ten cuidado. – le advirtió Rachel dejándose vencer por el sueño, antes de cerrar sus ojos, escuchando la puerta principal cerrarse como último sonido del día.
Mientras tanto Quinn no tenía ni idea de dónde buscar a su hija para calmar la preocupación que se había instalado en ella, ese malestar de no saber dónde estaba y ser consciente de que la adolescente había dejado el móvil en su habitación de forma intencionada.
Buscó en los alrededores del instituto, la buscó en algunos locales que parecían estar de moda entre los jóvenes, en parques y en el último momento, cuando ya se agotaban sus ideas de donde podría encontrarla, pensó en la calle donde fue a buscarla la noche en que junto con Rachel tuvo que ir a por ella tras la llamada de una amiga.
Allí se suponía que vivía alguno de sus amigos, por lo que fue pasando casa por casa esperando escuchar el ruido de una fiesta o el rastro de algunos jóvenes que le hicieran saber que Beth podría estar ahí.
La casa con música a todo volumen saliendo de ella la encontró, al igual que a Beth. No supo cómo reaccionó, pero llegó a hacerlo, quizás por esa fuerza que tienen todas las madres, aquel instinto de protección.
Contra un árbol, un chico, el mismo que siempre estaba cerca de ella cuando la recogía en el instituto, mantenía acorralada a Beth, una Beth que asustada derramaba las primeras lágrimas cuando el chico llevaba sus manos a una nueva zona de su cuerpo que no quería que tocara.
Con los ojos cerrados con fuerza, Beth suplicaba que la dejara en paz, algo que se cumplió cuando una fuerza arrastró al chico a unos metros de ella. Al abrirlos para ver qué había pasado, vio a su madre, a Quinn, que con el control totalmente perdido seguía empujando al que se había atrevido meterse con su hija.
-¿Qué crees que haces, desgraciado? ¿En tu casa no te han enseñado modales? ¿Crees que puedes tocar a las mujeres cuando te dé la gana, que puedes tocar a Beth cuando te apetezca? – preguntaba mientras lo empujaba y el chico se defendía como podía, incluso de una bofetada que le dio de lleno en la mejilla.
-Quinn, para… - dijo Beth llorando, viendo como la situación se escapaba de su control.
-¿Eres Quinn Fabray? – preguntó el chico alucinado.
-Voy a hundirte, ¿me oyes? – dijo mientras volvía a soltar manotazos en los brazos y el pecho del chico, ignorando los llamados de Beth para que parara.
-Quinn, por favor, vámonos…
-Voy a encargarme de que pases lo que te queda de vida entre rejas, cabrón. Nadie, escúchame, nadie, toca a Beth sin su consentimiento y no me digas que no has hecho nada porque te he visto. – se adelantó a la réplica del chico.
-Mamá…
Fue lo único que escuchó Quinn, lo único que hizo que su mundo se detuviera durante unos segundos, que le hizo buscar la mirada de su hija para asegurarse de que por primera vez en su vida, la llamaba así, mamá.
-Déjalo ya, vámonos por favor. – le suplicó con la mirada, tratando de calmar su llanto. Quinn asintió, entrando en razón para luego volver al chico.
-Como vuelva a verte cerca de Beth te destrozo, te hundo, te borro del mapa con un chasquido de mis dedos. Me entero que has estado a menos de diez metros de Beth y se acabó, ¿Me has entendido? – dijo antes de apartarse de él con un último empujón, después de que el muchacho asintiera sin atreverse a hablar, intimidado por la mirada de aquella actriz que parecía una fiera.
-¿Estás bien? – le preguntó a su hija preocupada, acariciando su cara con las manos para que la mirara a los ojos.
-Sí, pero vámonos ya de aquí, quiero ir a casa. – dijo volviendo a llenar de calor el corazón de Quinn al ver como hacia propia su casa.
-Vámonos a casa. – dijo rodeando a su hija por los hombros al tiempo que esta rodeaba su cintura y buscaba la protección de su madre.
-¿Seguro que estás bien? – volvió a preguntar dentro del coche. - ¿Ha llegado a hacerte algo, te ha…?
-No ha legado a hacerme nada… solo me… me he asustado, pero estoy bien… Gracias.
-No tienes que darme las gracias, Beth. – dijo arrancando el coche.
-¿Cómo sabías que estaba aquí?
-No lo sabía, supongo que el instinto me ayudó a llegar a ti.
-¿Venías a echarme la bronca? – preguntó cabizbaja.
-No, solo quería saber dónde estabas… Estaba preocupada… - confesó, dejando entrar un silencio que se mantuvo todo el trayecto hasta su casa.
Quinn le dio un vaso de agua a su hija para que se recompusiera y sin hablar, la acompañó a su habitación, donde esperó paciente a que se cambiara la ropa y se metiera en la cama algo más tranquila.
-¿Estás más tranquila? – preguntó acariciándole el pelo, sin importarle que Beth se tomara aquel gesto de mala manera, algo que no pasó, si no que con la mirada lo agradeció.
-Si…
-Si te llega a hacer algo, si se hubiera atrevido a ir a más me hubiera vuelto loca, Beth, hubiera sido capaz de cualquier cosa.
-No ha hecho nada, llegaste tú…
-Prométeme que no vas a volver a verlo o a dejar que se acerque a ti.
-Te lo prometo, de verdad. – dijo mirándola a los ojos, haciéndole saber que no mentía en aquella promesa. – He llevado todas las cosas al límite estos meses, sobretodo contigo…
-No pienses en eso ahora.
-Mi vida es un desastre… - dijo soltando un sollozo.
-Puedes cambiarlo, cariño, estás a tiempo. Todo está en tu mano, eres tu quien decide. – dijo mientras seguía con aquellas caricias que tanto bien le estaban haciendo a su hija.
-Las cosas van a cambiar, tengo que cambiar… - dijo mirando a Quinn, que asentía contenta de escuchar aquello. - Tenía miedo esta noche… Yo nunca… nunca lo he hecho y… creí que me iba a obligar… - dijo avergonzada por confesar aquello.
-Escúchame, Beth. No tienes que sentir vergüenza por contarme esto. Solo tú eres la duela de tu cuerpo y tu decidirás con quien y cuando tiene que pasar. Y si quieres un consejo, hazlo solo cuando estés preparada y sea por amor… Yo no tuve eso y no te lo recomiendo… - dijo suspirando mientras la miraba con tristeza a los ojos. – Llegaste tú y tenerte es lo más maravilloso que he hecho nunca, pero acostarme con Puck solo por sentirme querida, por buscar cariño, es algo de lo que me arrepentiré toda mi vida… No hay nada como hacer el amor con la persona que quieres. No tengas prisa, todo llegará. – terminó diciendo con media sonrisa al ver a su hija pensativa. - ¿Por qué no intentas dormir? Descansa, creo que lo necesitas.
-Quinn, puedes… ¿puedes quedarte a dormir conmigo esta noche? – preguntó la adolescente, mientras Quinn sentía su corazón encogiéndose al ver a su hija más vulnerable que nunca.
-Por supuesto, claro que sí. Voy a decírselo a Rachel y vuelvo.
-No le digas nada de lo que ha pasado… Si quieres mañana, pero no la preocupes ahora, déjala descansar bien, está embarazada y…
-Está bien. – sonrió al ver la preocupación de su hija por su mujer. – Le diré que duermo aquí y me inventaré cualquier cosa. Ahora vuelvo.
No tardó más de tres minutos en los que aprovechó para cambiarse de ropa y volver a la habitación de su hija, apagando luces por el camino y asegurándose de que sus sobrinos dormían y Rachel volvía a caer en los brazos de Morfeo.
Se metió en la cama con cuidado, sin saber muy bien que hacer en un primer momento y supo que a Beth le ocurría lo mismo, por lo que dejando los miedos al rechazo a un lado, actuó con su hija guiándose por el corazón.
-Ven aquí, anda. – dijo animándola a que apoyara la cabeza en su pecho mientras ella rodeaba su espalda. – Descansa tranquila, estoy aquí y no voy a dejar que te pase nada nunca, Beth. – dijo dejando un beso en su cabeza, escuchando como su hija dejaba escapar el aire y se libraba de toda la tensión acumulada.
-Gracias por estar… - dijo con un hilo de voz, rodeando la cintura de su madre, dejándose vencer por el sueño mientras escuchaba latir con tranquilidad el corazón de su madre.
-Para ti siempre.
