CAPÍTULO 50

Bienvenida a mi mundo

Las semanas habían ido pasando tras el comunicado, semanas que se hicieron bastante intensas y largas para las chicas. Quinn temía que la noticia terminara perjudicando a Beth, que volviera a no centrarse en los estudios, a su actitud fría y distante y que comenzara a tener problemas con los compañeros. Por fortuna, nada de esto había pasado.

Beth no perdió el rumbo de nuevo, gracias a la ayuda de la dirección del colegio no notaba que los demás alumnos del colegio se acercaran a ella para cuestionarla, aunque las miradas y los murmullos a su paso eran constantes y la prensa le había tomado algunas fotos, pero nada exagerado, nada con lo que no pudiera vivir.

Sin embargo, la prensa si había perseguido a Quinn. La había perseguido, la había cuestionado y habían puesto en entre dicho su persona. En cuanto la noticia vio la luz, no tardaron ni dos días en sacar todo tipo de conclusiones y de historias traídas desde Lima o inventadas y por supuesto, que había dado a su hija en adopción fue tema mundial, dando por hecho que la relación entre madre e hija era desastrosa y estaba perjudicando en su matrimonio.

La rubia no se había pronunciado para nada, ni para bien ni para mal. Se negaba a participar en aquel circo y había prohibido a Rachel hacerlo. La morena veía desde un segundo plano como mentían sobre su mujer y su matrimonio y le dolía ver la cara de Quinn al ser consciente de lo que parte del mundo opinaba de ella.

A pesar de todo, la rubia se hacía la fuerte y no le daba importancia a nada, al menos delante de Rachel y Beth, evitando mostrar su sufrimiento.

-¿Que tal hoy en el instituto? - cuestionó la rubia a su hija entrando a la habitación de la adolescente que había llegado hacia unos minutos.

-Bien, como siempre, cansada de estudiar...

-Piensa que es el último esfuerzo antes de las vacaciones de verano. - la animó sin mucho exito.

-Queda más de un mes para eso.

-¿Como estás? - preguntó tras unos segundos de silencio.

-Bien, hoy no hay prensa delante de casa y bueno, a lo mejor al mundo se le olvida que tienes una hija adolescente que te odia y destroza tu vida con Rachel en unos días. - dijo ironicamente, sacando una sonrisa en Quinn.

-No me refería a eso, pero es bueno saberlo... Te lo pregunto en serio, me interesa saber como estás. He estado pensando y creo que nunca me he sentado contigo a preguntártelo. Shelby murió, tu madre y yo nunca me he parado a pensar como te has estado sintiendo sin ella... - dijo agachando brevemente la mirada ante la cara de sorpresa de su hija.

-¿A que viene eso ahora? - preguntó con el ceño fruncido.

-Hoy es... hubiera sido el cumpleaños de Shelby

-Lo sé... ¿Tú como lo sabes?

-Rachel.

-Claro... A veces no termino de asimilar que era su madre. - dijo algo pensativa. - Estoy bien, Quinn, no tienes que preocuparte por mi, no hace falta que hagas esto, que hablemos de mi madre.

-No me importa, reconozco que es raro y... no es mi tema favorito, pero estoy aquí si lo necesitas, igual que Rachel.

-Lo sé y os lo agradezco. Al principio fue... una mierda, porque me sentía completamente sola en el mundo, sin mi madre... La echaba de menos cada segundo, pero ahora me he calmado, duele de otra manera y... ya no me siento tan sola como antes. - dijo mirando a su madre a los ojos con algo de vergüenza. Le costaba muchísimo abrirse y mostrar sus sentimientos.

-Rachel y yo hemos estado hablando y como hoy era el cumpleaños de Shelby, hemos pensado que a lo mejor te gustaría al cementerio a hacer una visita. Nosotras vamos contigo.

-No, no hace falta, Quinn y menos con Rachel a punto de dar a luz. No tiene porque hacer esto, ni ella ni tu.

-Ella está dispuesta, si no la viera segura no dejaría que fuese y bueno, a mi no me importa llevaros, al fin y al cabo, era vuestra madre...

-¿Estás segura?

-Sí. - dijo mirándola a los ojos para que se convenciera.

-Está bien.

-Genial. Rachel se está vistiendo, en cuanto termine nos vamos.

Quinn salió de la habitación de su hija satisfecha, dirigiéndose a su cuarto para ayudar a Rachel, la cual, aquellos días andaba más cansada y pesada de lo normal, agobiada por haber salido de cuentas y no tener una perspectiva clara de que la pequeña Emma quisiera conocer su nueva vida.

Ya en el coche, sin la presión de paparazzis, pusieron rumbo al cementerio donde se encontraba Shelby guiadas por Beth, ya que no era la primera vez que la adolescente visitaba a su madre.

-Rachel, tendríamos que haber venido otro día. - se quejó Beth en la parte trasera del coche al escuchar a la morena resoplar.

-¿Porque? Hoy es un buen día para venir. No tienes que preocuparte por mi, solo estoy demasiado cansada porque tu hermana cada día pesa más y no quiere salir de aquí. - dijo acariciándose la abultada barriga.

-No culpes a mi garbancito, está muy cómoda con su madre. Además, no te quejes tanto que estoy segura de que en navidad ya estará con nosotras, cariño. - dijo escondiendo la sonrisa que amenazaba con salir al ver la cara de terror de Rachel.

-¿En navidad? Quinn, quedan más de seis meses para navidad, ¿como va a estar ahí tanto tiempo? Se suponía que debería haber nacido hace cuatro días y la vaga no quiere. - dijo cruzandose de brazos, consiguiendo la risa tanto de Quinn como de Beth.

-No te agobies, tonta, que en el momento menos esperado vendrá. - la calmó la rubia acariciando su pierna.

-No me gusta esperar.

-Ni a mi.

-Tú no tuviste que esperar. - le recordó Rachel con media sonrisa.

-No, es verdad, Beth venía con demasiada prisa y se adelantó. - dijo mirandola a través del espejo retrovisor. La adolescente miró por la ventana, esquivando la mirada de su madre. Seguía sin querer escuchar la historia que la rubia tenía preparada para ella, más que nada, por miedo a quedar decepcionada con ella, porque su miedo de que fue un estorbo para ella se confirmara.

-Ya hemos llegado. - dijo Beth tras unos segundos de silencio, esperando a que Quinn aparcara para salir del coche y ayudar a Rachel a salir de él. - ¿Tu no vienes? - preguntó al ver que Quinn no tenía intención de salir.

-No, no creo que deba. Es algo para vosotras, si me necesitáis estaré aquí. Yo vendré otro día.

-Como quieras. - dijo alejándose con Rachel algo molesta.

-No se lo tengas en cuenta, no debe ser fácil este momento para ella. - le pidió la morena.

-¿Eso te ha dicho?

-No, pero puedo imaginarme que venir aquí contigo y poder ecuchar algunas cosas no tiene que ser fácil, Beth, de hecho, para mí tampoco lo está siendo. - dijo con un hilo de voz.

-No tendrías que haber venido, te lo he dicho.

-Pero quiero hacerlo, también era mi madre a pesar de todo...

No hizo falta que dijera nada más. Beth notó el temblor de voz en la morena y sin pensarlo un instante cogió su mano con fuerza, transmitiéndole la calma y seguridad necesarias para ponerse delante de la tumba de Shelby, algo que hicieron en silencio durante unos largos minutos, hasta que Beth lo rompió.

-Hola, mamá. Feliz cumpleaños... - dijo casi en un susurro. - Siento que esta vez no lo hayamos podido celebrar comiendo en tu restaurante favorito y viendo un musical como te gustaba, supongo que tendré que acostumbrarme... Te he traído un regalo. - dijo dando un apretón en la mano de Rachel. - Quien te hubiera dicho que ibas a tener a tus hijas aquí juntas, ¿eh? Deberías habérmelo contado, todo, no esperar al último momento o esperar qeu otros me contaran cosas de ti, mamá... Me hubiera gustado saber que tenía una hermana y me hubiera gustado que me dieras tus razones para hacer lo que hiciste con ella. - dijo con la voz quebrada, mientras que Rachel a su lado, lloraba en silencio con las palabras de Beth. - Me gustaría entenderte, mamá... Me gustaría saber porque no quisiste a tu lado a alguien como Rachel, que te hubiera llevado a perderte el momento de ser abuela si siguieras aquí... Una de las pocas cosas buenas que me han pasado desde que te fuiste ha sido conocer a Rachel. Cualquiera soñaría con una hermana la mitad de increíble que ella. - dijo dejando que Rachel se aferrara a su brazo en agradecimiento. - Y bueno, aunque al principio te odié por dejarme con ella, ahora te agradezco que me dieras la oportunidad de conocer a Quinn... Por ahora sigo sin querer saber que le llevó a entregarme a ti, pero creo que me quiere de verdad, que ha sufrido sin mi y aunque es orgullosa como yo y no habla demasiado de lo que siente si no es con Rachel, lo intenta con todas sus fuerzas conmigo y no se ha dado por vencida cuando la he tratado como no se merecía.

-Porque te quiere... - interrumpió Rachel, viendo asentir a la adolescente.

-Te echo de menos, mamá... Te quiero. - terminó de decir Beth, observando unos segundos más la tumba de su madre y dispuesta a irse, pensando que Rachel no diría nada, pero la mano de la morena la detuvo, sorprendiéndola al ver que ella también le hablaría.

-Hola, Shelby... No sé muy bien que hago aquí. Creo que tener a Beth al lado ayuda y supongo que aunque hayan pasado los años, sigo buscando que me aceptes... Ahora, aquí delante, lo único que se me ocurre que puedo hacer es darte las gracias, las gracias porque has hecho feliz a la persona que más quiero. Gracias por darle una oportunidad a Quinn para que conociera a Beth y gracias por criar a Beth de la forma tan maravillosa en que lo has hecho... Quinn está orgullosa de ella y yo también, para que negarlo. - dijo sonriendo de medio lado, al igual que la adolescente, que se veía rodeada por el brazo protector de la morena. - Y... bueno, ya que estoy aquí, te diré que vas a ser abuela, aunque supongo que ya me habrás visto, no puedo disimularlo. - dijo señalándose la barriga. - Se llamará Emma, el nombre lo eligió Beth y estoy segura de que su hermana le contará como era su abuela Shelby para que pueda conocerla de algún modo. Intentaré venir a visitarte más a menudo... perdón por no ser lo que esperabas en la vida, mamá... - se despidió volviendo a dejar escapar las lágrimas, dando por finalizada aquella visita con un abrazo lleno de cariño y entendimiento con Beth, que al igual que ella, no podía disimular el llanto.

Apoyada en el coche las esperaba Quinn, que con un guiño de ojos y una sonrisa recibió a su mjer entre sus brazos mientras dejaba una caricia en la cabeza de su hija.

-Vaya, muchas gracias por hacer llorar a mis chicas, Shelby. - bromeó, sacando una sonrisa en las otras dos. - ¿Ha ido bien?

-Sí, nos hemos puesto un poco sensibles... - dijo Rachel mirando con gracia a Beth.

-Es normal. - dijo besando su frente.

-Oh, Dios.

-¿Qué? - preguntó la rubia algo asustada ante el nerviosismo que en un segundo se había apoderado de Rachel.

-¿Es normal esto? - preguntó asustada, señalando un charco que acababa de aparecer bajo sus pies.

-Dios, acabas de romper aguas, Rach.

-¿Como? Oh, Quinn, corre, llama a una ambulancia, estamos solas y el bebé va a nacer en un cementerio. - iba diciendo la morena poseída.

-Rachel, relájate. - le pidió Beth preocupada.

-Rach, mi amor, mírame, no pasa nada, vamos al hospital ahora y todo va a salir bien. Que hayas roto aguas no significa vaya a nacer en unos minutos, ni siquiera tienes contraccio...

-¡Oh, Quinn, como me duele! - dijo sujetándose la barriga.

-Vale, si tienes contracciones. - dijo empezando a ponerse nerviosa también. - Bien, Beth, detrás con Rachel, dale la mano y vigila la frecuencia de las contracciones.

Sin perder tiempo la rubia arrancó el coche, asegurándose de que Rachel y Beth estaban listas para poner rumbo al hospital. Durante el trayecto, a pesar de que madre e hija intentaban tranquilizar a la morena y sus gestos y quejidos de dolor, no conseguían nada, llenandode repente a Quinn de una inquietud y nervios que pocas veces había sentido.

Una vez en la sala de espera del hospital, mientras se llevaban a Rachel para monotorizarla y examinarla y esperaba junto a Beth a que la llamaran para entrar en el momento del parto, la rubia daba vueltas en su mundo. Se acercaba el momento, el momento de la verdad. Esta vez tendría que hacer frente a la mayor responsabilidad posible. Emma dependería de ellas, confiaría en ellas para salir adelante, para crecer y aprender, para ser querida.

-¿No deberías llamar a alguien? - preguntó una nerviosa Beth sacándola de sus pensamientos.

-Sí, tienes razón. Voy a llamar primero a Lindsey para que venga cuanto antes y se quede contigo mientras yo entro. - dijo sacando su móvil.

La mujer no tardó nada en plantarse en el hospital emocionada, repartiendo abrazos y una retaíla de frases con Beth a causa de los nervios, de la imapciencia por conocer al nuevo miembro de la familia, igual que les pasó a Santana, Britany y Brody, que sin dudarlo un instante fueron al hospital a dar apoyo a las chcias.

Ni los padres de Rachel ni la madre y la hermana de Quinn pudieron estar. El trabajo no se lo permitía, pero Quinn prometió mantenerlos informados en todo momento y ellos ir a conocer a la pequeña en cuanto tuvieran unos días libres.

Una enfermera llamó a Quinn, informándola de que había llegado el momento. Con las piernas temblando, los ánimos de sus amigos y una última mirada llena de lusión de su hija, la rubia llegó junto a su mujer después de ponerse una ropa ridícula antes de entrar.

-Hey... - dijo regalándole una sonrisa y cogiendo su mano para hacerle que estaba allí y no pensaba irse a ningún lado.

-¿Dónde estabas? Me has engañado, esto duele mucho más de lo que me dijiste, yo no puedo hacerlo. - decía la morena con ganas de llorar.

-No me han dejado entrar hasta ahora y ya sé que duele mucho, pero tú eres Rachel Barbra Berry y no creo que esto te pueda. Puedes con cualquier cosa y si tienes las mismas ganas que yo de ponerle cara a nuestra pequeña lo harás mejor que nadie.

-Oh, Dios, Quinn, otra vez... - dijo la morena retorciéndose de dolor, apretando la mano de la rubia tanto que esta juraría que le había roto algún hueso.

-Empuja, Rachel, vamos, con fuerza. - la animaba la doctora que estaba atendiendo el parto. - Esta niña tiene ganas de conoceros.

Y Quinn cayó en la cuenta de que ella también se moría de ganas de conocerla a ella. Se sentía impaciente por tenerla entre sus brazos, por verla junto a Rachel y poder presentarla al resto de la familia. Emma era la pieza que faltaba en su vida para llenarse por completo, por sentir la felicidad en estado puro, por transmitir con una simple sonrisa todas y cada una de las emociones que tuvo su cuerpo cuando un llanto inundó la estancia y Rachel se dejaba caer exhausta en la camilla, también llorando, pero en silencio al ver por primera vez a su pequeña.

-Aquí tenéis a vuestra niña. - dijo la doctora con una sonrisa, dejando al bebé en los brazos de Rachel, que embobada miraba a su hija.

-Quinn... es... la tenemos aquí... - dijo en un susurro, desviando un segundo su mirada para encontrarse con la emoción de su mujer.

-Lo sé y es preciosa... - dijo acercandose a ellas un poco más, dejando un intenso beso en los labios de Rachel.

-Hola, mi amor... cuantas ganas tenía de verte... y tu mami también. - dijo pasándola a los brazos de Quinn, que de pie, con su hija entre sus brazos mirándola a los ojos como si pudiera entenderla le habló por primera vez, acercandose hasta su oído para dejar un susurro.

-Bienvenida a mi mundo, Emma.


Hola!

Quería pasarme y dedicar un ratito a dar las gracias eternas por seguir la historia, por comentarla y por todos los mensajes bonitos que me dejáis tanto por aquí como en Twitter.

Por otro lado, también quiero aclarar que no pienso abandonar el fic. Sé que estoy tardando más de la cuenta en actualizar, pero estoy trabajando y no tengo demasiado tiempo. Espero que en un par de semanas vuelva a tener más tiempo, mientras tanto os pido paciencia (un poco más de lo que ya habéis tenido conmigo)

Un besazo y mil gracias por todo, sois geniales!