CAPÍTULO 51

Una buena madre

Cinco dedos en cada mano, cinco dedos en cada pie, pelo bastante escaso, pero apreciándose claramente que su color sería oscuro, piel más morena que la suya, provocando el mismo contraste que con su madre, boca perfecta, acompañada de unos labios perfectamente perfilados y que en ese momento mantenía su boca entreabierta, una nariz curiosamente pequeña y unos ojos que por lo poco que había dejado ver serían color chocolate.

Quinn no dejaba de observar a su hija en sus brazos, asegurándose que todo estuviera en su sitio, embobada con cada gesto, con cada sonido de la pequeña Emma, que en aquella primera hora de vida, ya había demostrado que podía llegar a ser bastante nerviosa y curiosa cuando decidía abrir sus ojos y mirar todo lo que la rodeaba.

Un sentimiento de orgullo y devoción llenaba tanto a Quinn como a Rachel, que veía llena de felicidad la mejor imagen que alguien podría regalarle, su mujer y su hija conociéndose.

-¿Has visto que no tiene mi nariz? – le dijo la morena a Quinn, con alivio.

-Sí, es más pequeña que la tuya. Yo pensaba que heredaría ese rasgo tuyo, pero parece que ha sido lo único que no tiene de ti.

-Gracias a Dios…

-Pues a mí me hubiera encantado que la tuviera, creo que tu nariz es encantadora. – dijo mirándola con una sonrisa que Rachel agradeció.

-¿Cuándo van a venir Beth y los demás? Hace un buen rato que estamos en la habitación, quiero que todos la conozcan.

-No pueden tardar mucho más, de hecho… ahí están. – dijo al escuchar algo de ruido fuera de la habitación.

Uno a uno fueron entrando, intentando mantener algo de silencio para no molestar a la recién nacida, que dormía plácidamente en los brazos de Quinn. Santana junto a Brittany, Brody, Lindsey y por último Beth.

Una Beth, que en cuanto puso un pie en la habitación sintió como el mundo se caía a sus pies. Jamás esperó esa reacción de su cuerpo al ver a Quinn con el bebé. Aquel pellizco en su corazón que con una mezcla de celos y pena le llevó a preguntarse qué diferencia había entre Emma y ella para que la rubia la apartara de su vida.

Pese a que su cabeza era un torbellino, intentó que no se reflejara en su cara, aunque sus acciones la delataron.

-Ven, Beth, mira a Emma, ¿quieres cogerla? – le ofreció Quinn feliz a su hija, sin notar en ningún momento nada extraño en la adolescente.

-No, mejor no. – dijo en un tono demasiado seco, tanto, que todos en el cuarto la miraron. – Yo… lo siento, tengo que irme. Mañana tengo un examen importante y es muy tarde ya, tengo que estudiar. – se excusó sin que nadie la creyera, y menos Quinn, que desilusionada agachó la mirada hacia Emma.

-Ah… bueno, pues déjame que te lleve…

-No te preocupes, Quinn, la llevo yo y me quedo con ella esta noche, ¿vale? – se ofreció Lindsey acercándose a la rubia. – No quiero que hoy te preocupes por nada que no sea Rachel o Emma.

-No hace falta que te quedes conmigo, Lindsey, puedo apañármelas yo sola.

-Pero es que la cama que tienen Rachel y Quinn para mí cuando me quedo en su casa es muy cómoda, lo hago por puro egoísmo. – dijo guiñándole un ojo a la morena, que observaba la escena desde un segundo plano hasta que Brittany se acercó para bombardearla a preguntas. – Déjame que vea a esta preciosidad. – le pidió la mujer a Quinn, que con cuidado le pasaba a Emma. – Hola, pequeña, por fin estás con nosotros. Llevamos meses queriéndote poner carita, sobretodo tus mamis y la verdad es que no has podido salir más bonita…

-Quita, déjamela a mí, que como sigas diciéndole esas cosas a la niña se nos hace una cursi. – se quejó Santana, siendo ella esta vez quien sostenía a la niña en brazos. – Ven con la tita San.

-Perdónala, Lindsey es una bruta. – se disculpó Quinn por su amiga.

-No te preocupes, ya conocemos a Santana.

-¿Qué te parece tu primera nieta, abuela Lindsey? – le preguntó consiguiendo que los ojos de la mujer se humedecieran.

-El bebé más bonito del mundo. Estoy orgullosa de ti, cariño, no sabes lo feliz que estoy por ti y por Rachel.

-Muchas gracias… - dijo recibiendo el abrazo de Lindsey.

-Y antes de que me ponga a llorar, me voy a ir antes de que a tu otra niña le dé un ataque de celos más notable. – dijo guiñándole un ojo tras dejar un beso en la mejilla de la rubia. – Rachel, cariño, mañana vendré con más tranquilidad. – dijo dándole otro beso. – Has sido toda una campeona, mami primeriza. Descansa mucho que estarás cansada, no dejes que estos irresponsables se queden mucho tiempo.

-No te preocupes, Lindsey, si se pasan estoy segura de que Quinn le dará una patada amablemente.

-No lo dudo. Cuidaros tú y el bebé.

Y dicho esto, buscó a Beth con la mirada, la cual, apartada del resto, prestaba más atención a su móvil que a lo que pasaba en la habitación.

-Vamos, Beth, que se hace tarde para que estudies.

La adolescente salió disparada detrás de Lindsey, sin pararse en nadie en concreto y despidiéndose con un simple adiós generalizado.

El camino a casa pasó entre intentos de conversación por parte de Lindsey, preguntando por los estudios de Beth y sus amistades, algo a lo que la adolescente contestaba sin mucho entusiasmo debido a que sus pensamientos se habían quedado en la imagen de Quinn sosteniendo a Emma con adoración.

Al llegar la cosa no fue distinta, Beth fue a darse una ducha mientras la mujer preparaba algo rápido para cenar las dos, transcurriendo la cena en silencio mientras veían la televisión, alargando esa cena unas horas.

Al cambiar de canal, un programa de prensa rosa apareció ante ellas hablando del tema estrella, aquel del que no se cansaban por muchos días que pasaran, criticando a Quinn Fabray por lo mal que lo había hecho al dar a su hija en adopción y llevarse mal con ella al no saber tener un equilibrio entre su matrimonio y su hija.

-Imbéciles… - susurró Beth, enfadada. Cada vez le molestaban más todas aquellas acusaciones hacia Quinn y las mentiras que contaban.

-¿Te molesta que digan esas cosas?

-Sí, porque no paran de hablar sin tener ni idea. Pero a Quinn parece no afectarle demasiado, no sé cómo lo hace.

-Que no lo parezca no significa que no le afecte.

-Ella dice que pasa de lo que diga la gente.

-De lo que pasa Quinn es de hacer sufrir a su familia, por eso se traga su enfado y su dolor. Conozco a Quinn como si fuera mi propia hija y sé que el tema le afecta y mucho, es lo más normal del mundo si gente que no sabe nada de cómo eres, te juzga sin saber que te llevó a hacer algo tan delicado.

-Se complica mucho, no entiendo porque no sale a defenderse… - opinó cambiando finalmente de canal.

-Quinn es complicada, ya deberías saberlo y me parece que tú has salido muy parecida a ella en ese aspecto.

-¿Yo? ¿Porque?

-Porque llevamos aquí tan tranquilas sin hacer nada un par de horas y si no recuerdo mal, tenías mucha prisa por salir del hospital y estudiar. – dijo mirándola con el ceño fruncido, viendo como la adolescente desviaba la mirada. – Tanta prisa tenías que ni has mirado a tu hermana…

-Es que no me acordaba que el profesor nos cambió el examen, lo he recordado al llegar aquí.

-Claro, que casualidad… - dijo con media sonrisa. - ¿Piensas que no he visto tu cara cuando has entrado y has visto a Quinn con Emma en brazos, cariño?

-No sé de qué hablas, no he puesto ninguna cara. Y sí que he visto a Emma.

-No, ni la has mirado y sé que te morías por hacerlo. Has estado este último tiempo ilusionada con la llegada de Emma y ahora, de un momento a otro te ha cambiado el chip.

-Porque no entiendo muchas cosas por más que lo intento… - confesó.

-A lo mejor, para entender tienes que preguntar, saber que pasó y que motivos hubo.

-No seas pesada tú también, Lindsey, por favor. Sé que quieres mucho a Quinn, pero no me la vendas como una santa.

-No te la estoy vendiendo, creo que Quinn hace méritos ella sola para ganarse tu confianza de una vez por todas, lleva haciéndolo desde que se separó de ti, luchando contra ella misma para ser mejor y recordándote cada día, aferrándose a tu recuerdo con las pocas fotos que tenía.

-Sí, creo que no vivía por estar pensando en mi… - dijo irónicamente, casi molesta.

-No quiero decir eso, claro que vivía, todo el mundo sigue adelante por muy difícil que se ponga la vida, pero Quinn trataba de seguir contigo en su corazón. Ese tatuaje que tiene lo demuestra.

-¿Qué tatuaje? ¿Esa B de Berry que tiene?

-De Beth, no de Berry. – le aclaró, sorprendiendo a Beth. – Y el día que ganó el Oscar, también estuviste allí, un trocito de ese premio te pertenece y si no me crees, revisa el video de cuando subió a recogerlo. No entiendo mucho de eso, pero supongo que está en el internet ese.

-Vamos a dejar el tema… Es tarde y estoy cansada…

-Déjame hacerte solo una pregunta. – le pidió ante el amago de la joven de levantarse y dejar el salón.

-Dime… - dijo con resignación.

-¿Por qué no quieres escucharla, Beth? – preguntó directa, mirándola a los ojos. La adolescente meditó la respuesta unos segundos en silencio para luego contestar con un hilo de voz.

-Porque me da miedo que no me guste lo que me cuente… Quinn me gusta, cada vez más la acepto en mi vida, pero me da miedo que algo que me diga haga que deje de gustarme.

-Hay que ser valiente, cariño. Claro que habrá cosas que te diga cuándo preguntes que no te gusten, pero tienes que asumir que no hay vuelta atrás y considerar si lo que Quinn te cuenta es comprensible para ti o no y a partir de ahí, construir una historia nueva con tu madre, Beth, porque te guste o no, Quinn Fabray es tu madre y te adora.

Tras unos segundos en silencio, Beth tan solo asintió, pensativa, camino de su habitación para seguir dándole vueltas a aquella conversación.

-Ah, Beth, que sepas, que la forma en la que estaba mirando Quinn a Emma cuando has entrado, es la forma que tiene tu madre de mirarte cada día, ni más, ni menos.

Y con aquella sentencia, Beth pasó un tiempo en su cuarto. Su cuerpo estaba allí, pero su pensamiento estaba todo en el mismo sitio, un hospital donde se encontraban Rachel, Quinn y Emma.

-Ten, ¿puedes dejarla en su cuna mientras me abrocho el camisón este tan feo? – le pidió Rachel a su mujer después de amamantar a Emma.

-Me la quedo yo un rato mejor, me gusta tenerla en mis brazos. – dijo mientras la acunaba. - ¿Qué tal llevas el pecho?

-No sé, es bastante raro, es una sensación extraña y me duele un poco, pero tendré que acostumbrarme.

-La enfermera ha dicho que es normal al principio. ¿Por qué no duermes y descansas? La enfermera volverá en unas horas y te va a despertar para volver a darle el pecho a Emma, necesitas recuperar fuerzas, cariño.

-Estoy bien. No sé si voy a poder quedarme dormida, solo quiero mirarla y asegurarme de que está bien.

-Está bien. Es fuerte y un poco llorona también. – dijo con media sonrisa.

-Sí, espero que cuando lleguemos a casa se calme, porque si no lo vamos a pasar mal.

-Merecerá la pena.

-¿Quieres hablar? – preguntó con cuidado, sabiendo que Quinn sabía perfectamente por lo que le preguntaba.

-Mejor no, no es el día. Hoy toca estar feliz por tener a mi garbancita aquí. Hoy no hay tema Beth.

-Llevas toda la noche pensando en ella y en su reacción, puedes hablar conmigo.

-Pero no quiero, Rachel, porque si empiezo a hablar, no sé si podré parar y soltaré todo lo que pienso y muchas veces me asustan mis pensamientos. Porque… cada día más me creo todas las acusaciones de mala madre que hacen sobre mí en los medios. ¿Cómo puedo ser buena madre si no soy capaz de acercarme a mi hija? No soy capaz de llegar a ella, ya se ha visto hoy, cuando no se ha dignado a ver a su hermana. Todo lo que tiene que ver conmigo lo deja a un lado.

-¿Por qué te machacas? No eres justa contigo misma.

-Sí, si soy justa. Y ¿sabes qué? Me da terror ser una madre nefasta para Emma, porque no creo que sepa ser buena madre, Rachel.

-Eres una madre excelente, mi vida, ¿me escuchas? – dijo al ver lágrimas en los ojos de su mujer. – Me da igual lo que diga el mundo entero, yo, que soy tu mujer y quien te tiene que importar, sé que eres una buena madre. Me han bastado estas horas que llevamos con Emma para confirmarlo, porque yo ya lo sabía de antes. Aunque no hayas podido estar con Beth hasta ahora eso no te convierte en mala madre. Las circunstancias fueron una mierda, Quinn, no pudiste estar con tu hija, pero eres buena madre y pienso repetírtelo hasta que tú te lo creas.

-Buen discurso para subir el ánimo. – dijo con una débil sonrisa tras unos segundos en silencio.

-Lo sé, soy la mejor, tienes suerte de estar casada conmigo.

-Sin duda. Eres lo mejor de mi vida.

-Te quiero y eres una buena madre.

-No hace falta que me lo digas en cada frase. – dijo riendo suavemente.

-Lo haré si es necesario.

Y Emma volvió a llorar, silenciando a sus madres, que trataban por todos los medios de calmarla y dejando a una Beth oculta con un nudo en el pecho, sintiéndose culpable tras escuchar parte de la conversación que Rachel y Quinn mantenían en el interior al que pretendía entrar para disculparse por su comportamiento de aquella tarde y poder estar con Emma.

Pero escuchar aquello le afectó, por lo que negándose a que la vieran así, decidió volver a salir del hospital, susurrando una frase que se quedó clavada a fuego en ella.

-Eres buena madre.