CAPÍTULO 52
El deber de ser madre
Estaban a punto de hacer dos semanas desde que el matrimonio volviera a su casa con la pequeña Emma.
Con la llegada del nuevo miembro a casa, las chicas hacían un gran esfuerzo por cambiar sus costumbres y adaptarse a Emma, la cual requería su tiempo al completo. Además, las visitas de amigos y los padres de Rachel no les dejaban ni un segundo para sentarse a respirar.
Lo que peor estaban llevando tanto Quinn como Rachel eran las noches. Eternas noches en las que la pequeña no parecía querer dormir bajo ningún concepto, pasando las noches llorando, tan solo tranquilizándose las horas que le tocaba alimentarse.
En cambio, durante el día, Emma parecía un bebé tranquilo, durmiendo hasta que la despertaban para comer o la molestaba alguna de las visitas, mostrando su queja con pequeñas protestas.
Por otro lado, estaba Beth, incapaz de acercarse a su madre para pedirle disculpas por su comportamiento el día del nacimiento de Emma. No encontraba la manera de hacerlo y eso la estaba alejando del matrimonio y de su hermana, a la que todavía no había tenido en brazos, conformándose con observarla a unos metros.
Rachel y sobretodo Quinn intentaban no presionarla, tratando de entenderla y dejando que pasara más tiempo fuera de casa de lo normal. Sabían que para Beth no debía ser fácil, pero necesitaban que se comunicara, no que actuara como lo estaba haciendo, encerrándose en ella misma nuevamente.
Aquel día, Quinn había tenido que acudir a una reunión con su equipo para organizar su agenda. A pesar de no estar rodando ninguna película, se acercaban algunos estrenos de películas en las que había participado y a los que tendría que ir.
Terminando de recoger la cocina tras cenar con Rachel, se dirigió a la habitación de Emma, donde Rachel la mecía sentada en un sillón tras darle el pecho.
-Me faltan horas en el día… - dijo la rubia apoyada en el quicio de la puerta, observando con media sonrisa como su mujer dormía a su hija con todo el amor del mundo. Rachel sonrió al escucharla.
-Creo que Emma nos la está robando, sobre todo por las noches… Como esta noche no nos deje dormir, no sé si voy a aguantar el día de mañana con los ojos abiertos. – se quejó volviendo a mirar a su hija.
-Lo sé, estoy igual que tú. – dijo acercándose hasta ellas para ponerse en cuclillas y quedar frente a ellas, acariciando con cuidado la mano de su hija.
-Vamos a probar a ponerla a dormir en la cuna. – dijo la morena levantándose del sillón, viendo que la pequeña dormía profundamente en sus brazos.
-Buenas noches, princesita. – dijo besando la cabeza de Emma, gesto que repitió su mujer antes de dejarla en su cuna.
-Déjanos dormir aunque sea una noche, cariño. – le pidió Rachel casi en una súplica que sacó una sonrisa en Quinn.
-Vamos a la cama, anda. – dijo rodeando a su mujer por los hombros para caminar junto a ella hasta su habitación. – Vamos a ver cuántas horas nos deja dormir hoy.
-¿Qué tal ha ido la reunión? He visto que venías algo preocupada. – dijo la morena sentándose en la cama mientras Quinn se ponía la camiseta que utilizaba como pijama.
-Ha ido bien, en un mes tengo el estreno. Hemos visto fechas y algunas cosas más. Al final tendré que ir seguro al estreno en Nueva York y aquí en Los Angeles y algún que otro más, pero han aceptado que no vaya a más de cuatro por ahora.
-¿Por ahora?
-Sí, ya sabes con Emma aquí no quiero tener que estar fuera mucho tiempo y bueno…
-¿Y qué? – le insistió, viendo como su mujer torcía el gesto.
-Rach… - resopló quejándose por la insistencia a que hablara, mientras tomaba asiento a los pies de la cama, tomándose unos segundos para contestar. – Los productores y algunas personas de mi equipo están nerviosos…
-¿Por qué? – preguntó preocupada.
-¿Qué crees? Por la prensa, por todo lo que dice en relación con Beth… La gente cada vez se está posicionando más en mi contra y temen que afecte a la recaudación de la película.
-Eso es una tontería. La prensa solo dice estupideces, eso no tendría que afectar a tu trabajo como actriz. Venga ya, Quinn, eres una de las mejores ahora mismo.
-Bueno, eso a la gente le da igual. Ahora salgo a la calle y me miran de reojo o me señalan y cuchichean como si fuera una persona horrible por dar a mi hija en adopción o cualquier cosa que hayan escuchado en televisión. – dijo desanimada. – Antes caía bien y ahora no.
-Pues defiéndete. – le pidió. – Toma medidas ya contra todos los medios que están machacando tu imagen, Quinn, si no lo haces por ti, hazlo por mi o por Beth. ¿Cómo te crees que me siento cada vez que enciendo la tele y me encuentro a gentuza criticándote sin tener ni idea?
-Rachel, ya lo hemos hablado, no voy a hacer nada… Muchas de las cosas que dicen de mí, la forma en que me miran algunas personas en la cola del supermercado o mientras me tomo un café, es lo mismo que he visto en mi reflejado en un espejo durante años. – dijo molesta con el tema. – Solo quiero que esto pare ya de una vez, que se olviden de mí y de Beth, para bien o para mal, pero que nos dejen en paz.
-Pero, Quinn… - se quejó con el ceño fruncido.
-Por favor… - le pidió mirándola a los ojos, suplicando por dejar el tema a un lado.
-Está bien, no más tema por ahora. – dijo Rachel tras un largo suspiro.
-Gracias.
-¿Sabes algo de Beth?
-No, he hablado con ella esta tarde y me ha dicho que vendría un poco más tarde. Es viernes, así que no creo que vaya a aparecer pronto.
-Creo que está celosa de Emma…
-No creo que sean celos, creo que piensa lo mismo que te he comentado siempre, ¿Por qué a ella no y a Emma si? Y me encantaría aclararle las cosas de una vez, pero últimamente, cada vez que me habla me rehúye, no sé, parece que me quiere decir algo y luego me mira avergonzada y se va.
-Que complicadas sois las Fabray… - dijo tumbándose en la cama.
-Deberías saberlo ya, llevas años con la peor de todas. – dijo siguiendo a su mujer y tumbándose junto a ella en su parte de la cama.
-Lo sé, pero me gusta lo complicado de mi mujer. No te cambio por nadie, Fabray. – dijo besándola tras acercarse a ella. – Por cierto, te toca a ti levantarte si llora Emma, cariño.
-Ah, no, yo necesito dormir, Rachel…
-¿Y yo no? – preguntó ofendida. – Llevas dos noches en las que ni te has despertado cuando ha llorado, tengo que ir yo a calmarla.
-Eso es mentira, sí que me he despertado. – se defendió. – Bueno, vamos a dormir, a lo mejor ni siquiera se despierta hasta que le toque comer. – dijo ante la mirada fulminadora de su mujer. – Buenas noches, cariño, te quiero, descansa. – dijo de carrerilla, dándose la vuelta para que Rachel no siguiera peleando. La morena negó con la cabeza sin poder evitar que una sonrisa la sorprendiera.
-Eres peor que una niña pequeña. – dijo en su oído, acercándose a ella para abrazarla por la espalda, buscando su calor para poder conciliar el sueño.
Un sueño que no tardó en llegar para las dos. Era verdad que necesitaban dormir, que estaban agotadas ante la reducida de horas que sus sueños habían tenido. Por eso, dos horas después de quedar profundamente dormidas, el sonido del llanto de su hija les parecía algo lejano, pero muy presente mientras salían de la soñolencia.
-Quinn…
-Voy… - dijo sin moverse.
-Quinn, la niña está llorando… - dijo dándole unos golpecitos en la espalda para que espabilara.
La rubia tardó varios minutos en ordenar a su cuerpo que hiciera algún movimiento, obligándose a ello pensando en su mujer. Rachel llevaba razón cuando decía que era ella la que se había levantado noches atrás, por eso, sabiendo que la morena estaba realmente cansada y aun así, tendría que despertarse totalmente para darle el pecho a la niña, salió de la cama intentando dejarle unos minutos más de sueño a Rachel.
-Ya voy a por ella, duerme un poco más, queda un buen rato hasta que le tengas que dar de comer. – dijo dejando un beso en su cabeza antes de abandonar la habitación, dejando a la morena tranquila, reconciliándose con Morfeo.
Todavía adormilada, Quinn se acercaba a la habitación de Emma algo intrigada, pues en cuestión de segundos, había dejado de escuchar el llanto inconsolable de su hija, algo extraño, ya que hasta que no llevaba un rato en los brazos de sus madres no solía calmarse.
La sorpresa invadió a Quinn cuando vio lo que calmaba a la pequeña. Beth, con su hermana entre sus brazos, le susurraba casi en silencio mientras Emma la miraba atenta, dejándose cuidar por aquella persona que la sostenía por primera vez en su corta vida.
-No llores, tienes que dejar dormir a tus mamás un poco más, pequeñaja… - logró escuchar Quinn, que emocionada por la escena, tuvo que recomponerse al verse descubierta por su hija mayor.
-Hola. – susurró también Quinn.
-Yo… lo siento, no quería… Acabo de llegar y la he escuchado llorando y… Toma, cógela tú, no he bebido ni nada, eh… - se excusaba torpemente, ofreciéndole a su madre a Emma al ver que se acercaba a ellas.
-No, no, quédatela un poco más, parece que le gustas y mucho. – dijo tranquila, cruzándose de brazos para impedir que el frío se apoderara de su cuerpo en mitad de la madrugada. – No deja de llorar tan fácilmente y menos por la noche, normalmente necesita unos cuantos paseos por la casa para calmarla.
Tras aquella muestra de confianza absoluta por parte de Quinn hacia su hija, el silencio las rodeó por unos minutos. Quinn mirando atentamente a sus dos hijas y la mayor de estas, observando a su hermana, llegando a fruncir el ceño en varias ocasiones. La rubia sabía que acabaría hablando, empezaba a conocer algunos gestos de ella y ese continuo mordisqueo de sus labios lo anunciaba.
-¿Cómo puedes dejar a alguien tan pequeño? – preguntó con un hilo de voz sin mirar a su madre, pero Quinn sabía muy bien que esa pregunta era para ella y que realmente Beth no lograba entenderlo.
-Con todo el dolor de tu corazón… - dijo tras unos segundos, con un nudo en la garganta. – Estás mirando a Emma y no entiendes como pude hacerlo contigo, ¿verdad? Emma es tu hermana y supongo que incluso pensar en dejarla lejos de nosotras te duele… Pues el día que seas madre, Beth, entenderás que el dolor es insuperable. Alejas a tu hija con el alma partida en dos… Nadie puede prepararte para lo que pasa cuando tienes un hijo, cuando lo ves en tus brazos y comprendes que ahora es tu deber. Nadie puede prepararte para el amor y el miedo que se siente, nadie te avisa de lo que es ser madre…
-¿Por qué lo hiciste, Quinn? – preguntó esta vez mirándola a los ojos. No había rastro de reproche, solo ganas, por fin, de saber la verdad. – Siento no haber querido hacer esto antes, pero ahora necesito saberlo, quiero escucharte… - le pidió.
-Ahora es muy tarde. – dijo cogiendo a una dormida Emma de los brazos de Beth. – Necesitas descansar, llevas todo el día fuera. – dijo viendo como su hija torcía el gesto, en desacuerdo total con la respuesta. Cuando ya iba a abandonar la habitación enfadada, su madre la paró. – Beth, mañana desayunamos juntas. Te contaré todo lo que quieras, yo también necesito que lo sepas…
Ni una palabra más, tan solo una sonrisa por parte de Beth, que se fue directa a su habitación con un guiño de ojos tranquilizador de su madre y unos nervios desbordantes ante la cercanía de conocer por fin su historia.
Quinn por su parte, se aferraba a Emma. Escuchar su respiración tranquila mientras su manita rodeaba uno de sus dedos la relajaba y le daba fuerzas para el día siguiente, cuando probablemente llegara el momento en que su hija dictaría si era culpable o inocente en aquella locura de ser madre.
