CAPÍTULO 54

Amores

Emma ya había cumplido su primer mes y a sus madres les parecía que el tiempo estaba pasando bastante rápido. La pequeña crecía sana y fuerte, pero no les dejaba un momento de respiro ni a Quinn ni a Rachel, a las que les estaba llevando un poco más de tiempo aquella nueva rutina en la que se había convertido sus vidas junto a Emma.

Tampoco se quejaban, para ser sinceros, tanto Quinn como Rachel sentían sus vidas completas y felices, sobretodo Quinn, que tras su conversación con Beth, había conseguido quitarse un gran parte del peso que soportaba sobre su espalda.

La adolescente parecía realmente cómoda por primera vez junto a ellas y cada vez más integrada en sus vidas. Había tardado en acercarse a su hermana, pero una vez que rompió todas las barreras, no podía disimular que adoraba a aquella personita. El trato a Rachel y a Quinn también había mejorado. Con Rachel nunca había habido ningún problema, pero ahora Beth mostraba su confianza en la morena, mientras que con Quinn, la comunicación antes tensa y en ocasiones inexistente había dado paso a una fluida, sin la sensación de estar exponiéndose demasiado al abrirse a su madre, incluso compartiendo momentos de risa que estaban sanando el corazón de la rubia con pasos de gigante.

Aquel día, aprovechando el buen día que avecinaba la llegada próxima del verano, Quinn y Beth salieron a dar un paseo con Emma. Rachel había tenido que reunirse con su equipo, ocupando aquella mañana en continuas charlas que tenían pendientes y donde concretarían algunas fechas para acudir a algún evento y así ir incorporándose a la vida pública poco a poco.

Terminado el paseo a media mañana, Quinn aprovechó para acercarse al supermercado y hacerse con algunas cosas que hacían falta en casa.

-Y yo que pensaba que los famosos no hacían la compra… - se quejó Beth, tirando del carrito de Emma mientras seguía los pasos de Quinn por el supermercado.

-Claro, porque los famosos no se alimentan, ni sus casas se ensucian o…

-No me refiero a eso. – la cortó. – Solo que pensaba que tendríais a alguien para que hiciera todo esto.

-Bueno, Kat nos ayuda de vez en cuando y ahora con Emma está viniendo más a menudo.

-Ya, pero no me sirve. Cuando supe que iba a vivir con vosotras me imaginé una casa llena de personas a nuestra disposición. Pensé que era la única ventaja de todo aquello, el no tener que mover un dedo, porque otro lo haría por mí. – dijo divertida al ver como Quinn escondía la sonrisa al mirarla.

-¿Creías que Rachel y yo vivíamos con una campanita pegada a nosotras para llamar al servicio para que cambiaran el canal de la televisión?

-Claro, sería genial. – dijo riendo junto a Quinn.

-Y muy aburrido también… - opinó la rubia, que ya ponía las cosas en la caja para pasar a pagarlas.

Mientras Quinn se entretenía metiendo las cosas en la bolsa antes de pagar, Beth le decía cosas a su hermana, que después de pasarse casi todo el paseo durmiendo se había espabilado y se mostraba atenta a la adolescente. Pero Beth dejó de prestarle atención a Emma cuando escuchó algunos cuchicheos detrás de ella.

Por simple intuición, se giró para ver como dos mujeres hablaban entre ellas mientras señalaban a Quinn y la miraban de arriba abajo, igual que hacia la cajera, que con la mirada no paraba de juzgar a la rubia. Una rubia que parecía ignorar su alrededor, ya que no dio ninguna muestra de estar percatándose de lo que ocurría, algo que llevaba haciendo ya demasiado tiempo, desde el mismo momento que saltó la noticia de la existencia de Beth.

-¿Tenéis algún problema? – dijo dirigiéndose a las dos mujeres con el ceño fruncido, enfadada por aquella actitud tan maleducada, poniendo en alerta a Quinn - ¿Y tú que, te pasa algo? – preguntó esta vez a la cajera.

-Yo ninguno… - dijo la cajera bajando la mirada.

-¿Qué pasa, Beth? – preguntó la rubia preocupada.

-Estas señoras, que no te quitan el ojo de encima mientras hablan sin saber, a lo mejor es que quieren una foto contigo…

-Nosotras no… - se intentaron defender las mujeres.

-Ah, no, que vosotras lo que hacíais era criticar de un tema del que no tenéis ni idea, es verdad… - dijo sarcásticamente. – Meteros en vuestras vidas y no en lo que no os interesa, que estoy segura que tú eres mucho peor madre que Quinn y solo porque sale en la tele te crees con el derecho a hablar.

-Beth, por favor, para. – le pidió Quinn sujetándola del brazo, viendo como algunas personas que estaban allí se mantenían atentos a la escena.

-No, no paro, no voy a dejar que nadie piense de ti lo que no eres. – dijo mirándola, ignorando a las mujeres, que ofendidas por todo lo que les estaba diciendo se defendían sin ningún fundamento.

-Creo que ya ha quedado claro que no opinas como ellas, ahora vámonos, por favor. – pidió de nuevo, aguantando la mirada retadora de Beth, que se mantenía desafiante, queriendo seguir y dejarle claro a todos los que estaban allí, que Quinn Fabray no era mala madre, pero la súplica en la mirada de la rubia junto a sus palabras le hicieron ceder. – Por favor, no necesito otro escándalo…

-Está bien, vámonos… - dijo suspirando.

-Bien… ¿Llevas tu a Emma? Yo llevaré las bolsas.

-Sí, no te preocupes. – dijo volviendo a empujar el carrito de su hermana y saliendo de aquel supermercado, no sin antes fulminar con la mirada a esas dos mujeres junto a la cajera.

Ambas se mantuvieron en silencio de camino al coche, donde Quinn aseguró a Emma dentro de este y ayudó a Beth a guardar en el maletero las bolsas y el carrito. Una vez dentro sabía que su hija no se callaría.

-Perdón si te he metido en algún problema ahí dentro, pero es que no entiendo que no hagas ni digas nada para defenderte de esa gente… - dijo una vez puso la rubia el coche en marcha.

-No me has metido en ningún problema y si no hago nada es porque simplemente prefiero ignorarlo.

-Es imposible que ignores todas esas miradas y los murmullos a tu alrededor… Me…me enfada muchísimo todo esto, a ti debería de afectarte más que a mí. No me creo que no lo haga.

-Me afecta, pero decido ignorarlo y punto, Beth, no creo que pueda defenderme mucho de lo que dicen si la mayoría de las cosas es verdad…

-¿Por qué dices eso? No es verdad nada de lo que dicen. – dijo molesta. – Ponlos en su sitio de una vez, joder.

-Vamos a dejar el tema, ¿vale? – le pidió con un suspiro, pasándose una mano por el cuello, cansada de todo ese asunto. – No empieces tú también con el tema porque me sobra con escuchar a Rachel todo el día. Me da igual lo que diga la gente, Beth, a mí lo que me importa es que tú te molestes en defenderme, que tu sepas la verdad, eso es lo único que me hace feliz y sentir orgullosa, lo demás es totalmente secundario.

-Como quieras… - se rindió. – No soy yo la madre aquí…

-Exacto, yo lo soy, así que no me contradigas. – intentó bromear con una sonrisa que se quedó en una mueca. La adolescente supo entenderla y dejó pasar el tema mirando por la ventanilla. - ¿Qué tal ayer el día con Puck?

-Bien… Empiezo a conocerlo y… nos lo pasamos bastante bien, es gracioso. – dijo encogiéndose de hombros. – A veces creo que yo soy más madura que él y entonces entiendo que me dieras en adopción un poco más… - dijo mirándola un segundo, viendo la sonrisa agradecida de su madre.

-Es Puck… No cambiará nunca…

-Dice que tiene novia y que se va a casar con ella. – dijo divertida.

-¿Ah, sí? No me ha dicho nada.

-Normal, la conoció hace dos días, literalmente. – dijo riendo.

-Que desastre de hombre… - dijo riéndose con su hija.

-Quinn. – dijo tras unos minutos de silencio en los que la música de la radio era lo único que se escuchaba.

-Dime.

-¿Puede venir Sam esta tarde a casa?

-¿Sam?

-Sí, Samantha, mi mejor amiga.

-Ah, Samantha, no sabía a quién te referías. Claro que puede venir, Beth, no tienes que pedirme permiso para eso, es tu casa. – le aclaró de forma cariñosa. – Nunca has traído a nadie…

-Es que tenemos que hacer un trabajo y he pensado en que venga a casa… Cuando pasó todo, cuando mi madre murió y fui a vivir con vosotras me distancié de todos, de los que más me querían y hace muy poco que he conseguido que me perdone, de hecho, fue la primera que me perdonó por como los traté a todos… Hace unos meses alejé a la gente diciendo cosas que no sentía y los herí y quiero demostrarle que confío en ella, que es mi mejor amiga. Ella piensa que no lo hago porque no me desahogué con ella ni le conté nada de lo que estaba pasando y bueno…

-Me alegro que hayas arreglado las cosas con ella. Los amigos son importantes y Samantha me demostró que es de las mejores cuando me llamó aquella noche porque no estabas en las mejores condiciones, a pesar de que no os hablabais fue a ayudarte.

-Lo sé… Por eso quiero llevarla a casa, para que sepa que no le escondo nada, simplemente no fue fácil para mí. Va a estar en la casa de dos estrellas, va a adorarme en cuanto os vea allí. – bromeó para quitar la seriedad a la conversación.

-Verás cuando Rachel le haga un tour por la casa en plan anfitriona perfecta. – dijo riendo. – Oye, Beth, creo que no hace falta que te lo diga, pero tus amigos son bienvenidos en casa, no hay problema porque los traigas, tanto a Samantha como a los demás que tienes.

-Lo tendré en cuenta. – agradeció con media sonrisa.

Las chicas llegaron a casa cinco minutos después de que lo hiciera Rachel, que justo cuando la puerta se abría, bajaba las escaleras tras ponerse ropa cómoda y terminando de sujetarse el pelo en una coleta.

-¿Cómo están mis chicas favoritas? – preguntó con una sonrisa acercándose a ellas, dejando un tierno beso en los labios de su mujer que era la que cargaba con las bolsas de la compra.

-Muy bien, pero creo que la pequeña ya te está echando de menos. – contestó Quinn entrando a la cocina, escuchando como Emma empezaba a quejarse y reclamar su hora de comida.

-¿Me echas de menos, mi amor? Mami también, no quiero separarme de ti, nunca, nunca… - dijo mientras la sacaba del carrito bajo la atenta mirada de Beth. – Hola, Beth, ¿Qué tal el paseo? – preguntó dándole un beso en la mejilla, gesto que la adolescente correspondió con una tímida sonrisa.

-Bien, aunque no es fácil ir escuchando a la pesada de tu mujer hablar de grupos de música que solo conoce ella.

-Alguien que me comprende… - dijo riendo mientras se sentaba en el sofá con Emma en sus brazos, preparada para darle de comer.

-Sois unas incultas musicales, no sabéis apreciar lo bueno, pero no importa, no volveré a hablar de música con vosotras… - dijo ofendida, asomándose desde la puerta de la cocina. – Beth, ayúdame con la comida si quieres que cuando venga tu amiga ya hayamos comido.

-¿Quién viene? – preguntó Rachel viendo como la adolescente obedecía a su madre.

-Samantha, la mejor amiga de Beth a hacer un trabajo.

-Que bien, que ilusión, ya era hora de que trajeras a tus amigos, Beth, tengo ganas de preguntarles cosas de ti… - iba diciendo la morena ella sola, escuchando la carcajada de Quinn, que al ver la cara de su hija al oír a Rachel no pudo evitarla.

En tiempo récord, Quinn y Beth prepararon la comida y se pusieron a comer junto a Rachel, que se había encargado de dejar dormida en el cuco que tenían en el salón a Emma.

La invitada de aquel día no se hizo esperar. Algo tímida e impresionada por estar donde estaba, Samantha se dejó guiar por la tranquilidad de tener a su amiga a su lado y la cercanía con la que esas dos estrellas la trataban, enseñándole esa casa que no se hubiera imaginado ni en sus mejores sueños, además de tener el privilegio de ser una de las pocas personas de ponerle cara a la recién nacida de la familia. Miraba a su amiga y no asimilaba del todo, a pesar de que ya sabía toda la historia, que su madre fuera Quinn Fabray, que estuviera viviendo en su casa y su hermana fuese la hija de ese matrimonio. Surrealista si se ponía a pensar que hasta hace unos meses su mejor amiga vivía a un par de manzanas de su casa.

A pesar de que el matrimonio le ofreció que se quedaran en el jardín haciendo aquel trabajo, Beth prefirió acomodarse en su habitación, donde no molestarían ni los posibles lloros de Emma les molestarían a ellas.

Rachel y Quinn aprovecharon la tranquilidad de la casa y el sueño de Emma para descansar. Pasar las noches en vela las estaba agotando. La morena dormitaba tumbada en uno de los sofás con su cabeza apoyada en las piernas de su mujer, que se entretenía en ponerse al día con un programa nuevo de fotografía que había instalado en su Tablet y sin perder de vista a su garbancito, que seguía profundamente dormida.

-Quinn, cariño, ¿Por qué no dejas eso y te tumbas conmigo un rato? – le pidió con el ceño fruncido, ya que los continuos movimientos de la rubia no la dejaban descansar tranquila ni pillar el sueño que tanto ansiaba.

-Es que no me apetece dormir ahora…

-Pero si me has dicho que tenías sueño.

-Y lo tengo, pero no me apetece dormir. – dijo encogiéndose de hombros.

-Que rara eres… - dijo cerrando los ojos para seguir buscando el sueño.

-Lo justo para que me quieras un poquito. – dijo sacando una sonrisa en Rachel. - ¿Qué tal ha ido la reunión? ¿Te han dado trabajo ya? – preguntó dejando la Tablet a un lado, pasando a acariciar el pelo de su mujer con adoración, observando su rostro.

-Si… - suspiró, sabiendo que Quinn no iba a dejarle dormirse su siesta, por lo que resignada, abrió los ojos para poder mirarla, todavía apoyada en sus piernas. – Algunos eventos, ya sabes, algún estreno el mes que viene… Bueno, y en dos semanas tengo una entrega de premios y me han dicho que estás nominada… - dijo sonriéndole.

-Es cierto, ni me acordaba… Tendremos que pedirle a Lindsey que cuide de Emma esa noche, aunque no creo que gane la verdad, pero bueno, al menos te tendré allí conmigo, ya empezaba a echarte de menos en las galas, se me hacen demasiado largas sin ti…

-No mientas, sé que disfrutas sin tenerme a mí al lado, pudiendo decirle a Olivia Wilde lo guapa y encantadora que es… - bromeó, sacándole la lengua, haciendo reír divertida a la rubia.

-Nunca superarás mi admiración por Olivia… No te preocupes, al final del día, a la única que quiero es a ti. – dijo besando sus labios.

-Me gustas que me digas esas cosas, haces que sienta que sigues queriéndome como el primer día. – dijo acariciando su mejilla.

-Te quiero más que el primer día, me has dado todo con lo que soñaba y más.

Dicho esto, Quinn volvió a besar a su mujer, sintiendo como esta sonreía en mitad del beso, justo antes de intensificarlo, un beso que llevaban bastante tiempo sin regalarse, un beso que sobretodo Quinn estaba echando de menos en su día a día.

Recorrió cada rincón de la boca de la morena, enloqueciéndola con su lengua y viendo que Rachel parecía receptiva, sacó una de sus manos a pasear, dirigiéndola a uno de sus pechos, pasando por su vientre y descendiendo peligrosamente, desapareciendo bajo los pantalones de la morena, que alertada por el calor de su cuerpo, detuvo la mano de Quinn con la suya rápidamente.

-¿Dónde va esa mano? – preguntó con la voz entrecortada.

-A uno de sus lugares favoritos. – dijo tumbándose al lado de su mujer en un rápido movimiento, con los ojos echando fuego con un simple roce de su piel.

-No es el momento… Beth y su amiga saldrán en cualquier momento… - le advirtió, tratando de frenar las manos de Quinn, que parecían haberse multiplicado.

-Lo necesito… Des de que nació Emma no te he rozado entre las visitas a todas horas y las noches pendiente a ella. He tratado de ser paciente, pero… estoy desesperada… - le confesó, sacando una sonrisa en Rachel. – No te rías… Entiendo que tu acabas de dar a luz y no tendrás ganas, pero yo estoy por empezar a darme duchas frías… - dijo contagiándose de la risa de su mujer.

-Tengo las mismas ganas que tú, te lo aseguro, pero ahora no es el momento… - dijo sin poder evitar que su garganta desprendiera un gemido al notar la rodilla de Quinn chocar con su entrepierna de forma traviesa. – No hagas eso. – le dijo al ver la sonrisa traviesa de la rubia. – No juegues con fuego porque puedes quemarte, Fabray…

-Estoy deseando quemarme, Berry, de bajar contigo al infierno. – sentenció volviendo a atrapar sus labios, dejando a Rachel sin aliento, devorando sus labios en una guerra de besos y caricias que estuvo en un par de ocasiones a punto de tirarlas al suelo.

Cuando Quinn, desatada y habiendo conseguido que la morena se olvidara del mundo, metía una de sus manos bajo la camiseta de Rachel, una tos totalmente intencionada y descarada las sacó de su gran burbuja, congelándolas en el sitio.

-¡Chicas, que rápido habéis terminado! ¿No? – dijo Rachel con cara de circunstancia, quitándose a su mujer de encima mientras se arreglaba el desastre que había hecho Quinn con su pelo.

-Nos faltan algunos libros, iremos a terminarlo mañana a la biblioteca… - informó Beth muerta de vergüenza, al igual que Quinn, que veía como la amiga de su hija las miraba con la boca abierta. – Sam ya se iba…

-Oh, ¿ya? ¿No te apetece quedarte un poco más? Tomate un refresco con nosotras. – ofreció Rachel, que parecía no ver la incomodidad del resto. – Estábamos aburridas, hablemos un poco, ¿verdad, cariño? – preguntó a su mujer intencionadamente. Quinn miraba a la morena alucinada. ¿Qué no estaban haciendo nada? Ella diría que estaban haciendo y mucho, algo demasiado bueno, pero no iba a llevarle la contraria y más con la mirada que le dedicó.

-Sí, Rach tiene razón, no estábamos haciendo nada, totalmente aburridas con Emma dormida… - dijo en un tono irónico que cualquiera hubiera cogido al vuelo. – Quédate Sam, si no tienes prisa, es pronto todavía.

-No quiero molestar… - dijo siendo precavida.

-No quiere interrumpir una escenita de sexo salvaje como la de hace un minuto.

-¡Beth! – le reprochó el matrimonio al mismo tiempo. – No hacíamos nada, solo un par de besos. Ojalá hubiéramos estado en una escena de sexo salvaje… - dijo Quinn, recibiendo un golpe en el hombro de la morena.

-¡Quinn! ¿Quieres callarte? – le pidió con el ceño fruncido.

-Sí, mi amor. – obedeció sumisa, a lo que Beth sonrió de forma burlona.

-Id saliendo al jardín, anda, voy a sacar unos refrescos. – dijo Rachel dando por finalizada aquella charla de locos que tenía en el punto de mira su vida sexual con la hija adolescente de Quinn y su amiga, a la cual habían visto dos veces en sus vidas.

A pesar de aquel primer momento embarazoso, las chicas estuvieron cerca de una hora hablando de todo, respondiendo preguntas sobre el mundo de la fama que aquella chica tenía y que ellas se encargaron de hacerle ver que no era todo siempre tan bonito, de la amistad de las chicas, que al parecer se remontaba a hacía más de seis años, cuando todavía eran unas niñas, de cómo les iba en el instituto y riendo con algunas ocurrencias que tenían. Pero las risas terminaron para dejar ver a la Beth más seria cuando el tema del baile de fin de curso se planteó.

-¿Por qué no vas a ir al baile? – le preguntó Rachel extrañada, viendo como Beth miraba hacia otro lado después de reprocharle a su amiga con la mirada que se fuera de la lengua.

-Porque no me apetece. – dijo encogiéndose de hombros. Quinn la observaba en silencio.

-Venga ya, a todas nos apetece ir al baile de fin de curso.

-Pues a mí no.

-Sí que le apetece, lo que pasa es que Jeremy no quiere ir con ella. – dijo Samantha.

-¿Te puedes callar? – le pidió Beth al mismo tiempo que Rachel preguntaba quién era Jeremy. – No es nadie.

-¿No tienes confianza con nosotras, Beth? – le preguntó la morena.

-Sí, si tengo confianza en vosotras, pero… - dijo con un nudo en la garganta, algo que su madre entendió y salió en su ayuda.

-Ey, si no quiere hablar del tema vamos a dejarla, no hay que hablar de esto si no estás cómoda… - le ofreció Quinn, mirándola con una mirada comprensiva. Fue todo lo que bastó para que Beth soltara un largo suspiro y hablara.

-Jeremy era mi novio.

-¿Cómo? – preguntó Rachel con los ojos abiertos de par en par, superando la cara de sorpresa de Quinn, que se había atragantado con el refresco.

-¿Tienes… novio? – preguntó Quinn casi sin voz.

-No, he dicho que era, no que lo sea. – dijo triste. – Cuando mi madre murió y vine a vivir aquí no solo aparté a mis amigos, sino que también lo aparté a él… Sé que no me porté bien, que vio cosas de mí, que no le gustaron, pero he recapacitado, le pedí perdón y no lo acepta…

-Es un imbécil. – dijo Rachel, a lo que Samantha asintió.

-No lo es, él es especial, creo que es mi chico, el indicado y lo he perdido… - dijo desolada.

-Eso no es así, eres muy joven, Beth, te queda mucho por vivir. Si ese chico sabe apreciar lo especial y lo increíble que eres, será para ti o no, ni siquiera eso te garantiza que termine siendo tu gran historia. Sé que ahora mismo, para ti lo es, pero no todos los amores salen a la primera. Míranos a Rachel y a mí, estuvimos con varias personas antes de darnos cuenta de que éramos la una para la otra…Bueno, hasta que Rachel se dio cuenta, yo lo tenía claro desde el primer momento en que la vi, a pesar de lo perra que fui con ella en el instituto. – dijo sonriendo ante la caricia que la morena dejó en su mano. – El amor es así, cariño, es sufrido, nadie puede decirte que el amor es fácil. ¿Quién ha pasado por la vida sin sufrir por amor?